La Bella Helena

 

LA BELLA HELENA

 

 

            Platicaremos un poco sobre la bella Helena. Dice Homero que esta era la esposa de Menelao, afirma que se fue con París, que ese gran guerrero príncipe, la trajo a Troya.

            Sucedió que hubo una gran guerra, que duró veinte años. Mucho es lo que dice "La Ilíada" sobre aquella guerra, en la que Troya fue asediada por los griegos, "los aqueos melenudos", de "hermosas grebas y obscuras faces", como dijera Homero, etc., etc., etc.

            Describe, "La Ilíada", a Agamenón, "el que desde lejos manda"; a Ulises, el astuto guerrero, destructor de ciudadelas; a Héctor, el troyano; al anciano Priamo, a Eneas, a Helena, muchísimos personajes que en el fondo, resultan más atlantes que griegos o troyanos.

            Homero, obviamente, fue un gran iniciado. Afirman que era ciego y que vivía, pues, de la limosna pública, cantando sus versos de pueblo en pueblo, en toda la tierra helénica. Obviamente, la "ceguera" de Homero es mera­mente simbólica. Realmente, él no poseía nin­guna ceguera, tenía sus ojos muy buenos. Con esto de la "ceguera", únicamente se quería afirmar que no solamente veía las cosas del mundo físico, sino, además, las cosas de los mundos internos. Es decir, que era un gran iniciado, un gran clarividente. Bien vale la pena, pues, pensar un poco en esa Ilíada y en esa Odisea.

            En los tiempos de Homero, ya de Troya que­daban sino las ruinas. Y este hombre, basado únicamente en las tradiciones y en su potente clarividencia, escribió sus obras maravillosas. En cuanto a la bella Helena, no quiero negar que físicamente no haya existido, pero encaja dentro de un drama simbólico extraordinario.

            Hace algún tiempo, un alemán logró descu­brir las ruinas de la vieja Troya. No estaba Troya en Grecia, como antes se suponía; se le encontró en Turquía. Lo más curioso del asun­to fue que se descubrieron siete Troyas en el subsuelo, lo que indica que siete veces fue destruida la ciudadela. Tan pronto era arrasada, volvía a ser reedificada en el mismo lugar; por eso se pudieron catalogar, claramente, las siete Troyas.

            Prueba fundamental de que sí existió la bella Helena, está en el tesoro del anciano Priamo. Se dice que entre las riquezas halladas, está la corona de la bella Helena, así como su vajilla de oro y de plata y de piedras preciosas. De manera que, tiene realidad la bella Helena.

            El arqueólogo que hizo tan magno descubri­miento, no se sabe a dónde llevó tan ricos teso­ros. El gobierno turco quiso oponerse a que aquellas riquezas fueran sacadas de Turquía, pero el arqueólogo logró negociar, pues, con el gobierno aquel. Entiendo que esas riquezas fueron llevadas a algún museo impor­tante, tal vez al de Londres, tal vez al de París, al Louvre (esto último no lo sé, exactamen­te). Lo que sí sé, es que fue descubierto, pues, el tesoro del anciano Priamo y eso de por sí es bastante interesante.

            Resulta encantador todo ese relato que Eneas, el troyano, hace sobre su salida furtiva de aquella ciudadela: cómo sacó él sus Dioses Penates, cómo salvó a su padre, ya an­ciano; cómo sacó de entre el humo y el fuego de aquella ciudadela que ardía, a todos sus familiares; su viaje luego, hacia la anti­gua Hesperia. No hay duda de que todo eso es encantador. Quien haya leído "La Eneida", no puede me­nos que sentir un gran placer, al saborear, dijéramos, aquellos versos. Y Virgilio, que es el autor de "La Eneida", se manifiesta allí, pues, como un gran poeta. Un lenguaje muy rico, es el que usa también el poeta Virgilio.

            Y así llegamos a la tierra de Calixto, donde la cruel Maga Circe, con sus yerbas, ha convertido a los hombres en cuerpos de bestias, de fieras… Bueno, pero para no ir tan lejos en todo éste terreno de la literatura, porque no nos alcanzaría esta noche, se nos iría platicando sobre la literatura de Homero, de Vir­gilio, etc., nos concretaremos a la cuestión de la bella Helena.

            Digo que, ciertamente, existió como mujer de carne y hueso, pero que esotéricamente ­es simbólica. Y claro, todo esto merece una ex­plicación.

            Fausto, por ejemplo, en alguna oca­sión hizo aparecer a la bella Helena. Algunos jóvenes muy curiosos, de aquella época, manifestaron el anhelo de conocer a la bella Helena; lo vieron por ahí y le dijeron que ellos querían verla físicamente. ¡Calcule usted: ya, después de muerta, hace tanto tiempo, y ellos querían verla! Bueno, Fausto era un gran mago y no tuvo inconve­niente alguno en invocar a la bella Helena.

            Dicen que salió de un recinto, y al volver a entrar otra vez, en el mismo, los jóvenes que aguardaban se sorprendieron al verlo de brazo con la bella Helena de Troya. Allí estaba, ma­terializada físicamente; parecía una mujer de carne y hueso. La describen con una belleza inefable, inconcebible. Afirman que la bella Helena que apareció ante los jóvenes, e invocada por el Dr. Fausto, tenía un cabello rubio que parecía una cascada de oro, que llegaba hasta sus pies; amplia fren­te, nariz recta, labios finos y delicados, ojos azules que parecían contemplar la aurora; de talle esbelto  delicado, de mediana estatura… Bueno, miró a los jóvenes y ya ellos sintieron que sus corazoncitos se les derretían, quisieron pues, que hubiera sido ella, realmente, de carne y hueso.

            El Dr. Fausto la presentó ante los jóvenes y después salió, otra vez, de brazos con ella, del recinto. Claro, ellos le solicitaron al Dr. Faus­to (como no había aparatos de fotografía en aquella época), la dejara pintar, pues algunos sabían pintar. El Dr. Fausto se negó a ello, pero les prometió una fotografía de la misma para después. Y ciertamente, cumplió su pa­labra.

            Era, pues, un gran esoterista el Dr. Fausto. Tiempo atrás, él había realizado otro prodigio semejante: había invocado, nada menos que ante Carlos V, al Emperador Carlomagno y a su esposa, ambos aparecieron físicamente, visibles y tangibles. Era pues, a todas luces, un gran Teurgo, poseía poderes extraordi­narios.

            Así pues, como he dicho, el simbolismo sobre la bella Helena reviste las más diversas versiones. Porque tenemos el caso de Simón El Mago. Este, a pesar de que era gnóstico (y que muchos lo consideran como el Padre de los gnósticos), cosa que no es verdad, se desvió por el camino de la magia negra. Afirmaba, Simón El Mago, que él estaba casado con la bella Helena; pero, ciertamente, la que acompañaba a Simón El Mago no era la bella Helena: era una prostituta que él había encontrado por ahí, muy hermosa y de apariencia majestuosa, y se llamaba Helena, y afirmaba el mago, que esa era la bella Helena.

            Vean ustedes todos estos simbolismos magníficos. Los griegos decían que la bella Helena era hija de Zeus tempestuoso "el que amontona las nubes", y de Leda, la Vestal griega. Nosotros no podríamos negarlo.

            Examinando, pues, este asunto a la luz de la mitología griega, descubrimos que Zeus tempestuosos, "el que amontona las nubes", no era otro que nuestro Padre que está en secreto y que Leda, la Vestal grie­ga, no es sino nuestra Divina Madre Kun­dalini. En cuanto a la bella Helena, pues cier­tamente es el Alma Espiritual de todo hombre que viene al mundo.

            Pero el doble aspecto de las polaridades, es una tremenda realidad. El Bud­dhi, en relación con nosotros, está polarizada pues, en la forma de la bella Helena, pero en relación con las mujeres, a cambia la cosa: en relación con ellas, ya es el Bienamado. En todo caso, el Buddhi es el Alma Espiritual, y eso es obvio.

            La bella Helena de Troya, pues, viene a simbolizar al Alma Espíritu, y nos toca luchar para conquistar a esa Alma Espíritu, a ese Buddhi de los teosofistas, a esa Alma inmortal, a esa Walkiria. Uno se asombra en los mundos internos, cuan­do encuentra dentro del templo, no a una sola bella Helena, sino a muchas bellas Helenas, a las Walkirias. Uno a sabe que esas Walki­rias, cada una, corresponde a un Maestro. Cada Maestro, pues, es doble, cada quien tiene su Alma Humana, que es masculina; cada quien tiene su Alma Espiritual, que es femenina, a su Walkiria. Esa es la bella Helena.

            El mismo Dr. Fausto, pues, estaba casado con la bella Helena. Las gentes tomaron eso a la letra muerta, ¿no? Pero esotéricamente, quiere decirse que el Dr. Fausto había lo­grado a ese desposorio con su Walkiria.

            Antaño vemos, con Simón El Mago, una profanación a la bella Helena. Una prostituta que había conseguido él mismo, y dijo que "esa era la bella Helena". Con esto vemos perfec­tamente, en Simón El Mago, la profana­ción, la magia negra; porque la bella Helena, en sí misma, no es otra cosa sino la hija de Zeus tempestuoso, "el que amontona las nubes", y de Leda, la Vestal griega.

            Zoroastro se desposó con la bella Helena, el día de la Resurrección. Nietzsche, en su obra titulada "Así hablaba Zaratustra", le mencio­na. Zaratustra y Zoroastro, es el mismo. Recuerdo cómo comenzaba esa obra Nietzsche, refiriéndose a Zaratustra, diciendo: "Vengo a hablaros del Superhombre"… Y ese fue el error de Nietzsche: creer que a había llegado la edad del Superhombre, cuando todavía no se ha llegado al estado humano, al estado de hombre verdadero; un herror grave.

            Nos habla Nietzsche de la caverna donde Zaratustra meditaba. Y Dice que Zaratustra vivía en una cueva de ermitaño, y que una mañana, mirando al Sol naciente dijo: "¡Oh Rey Astro grandioso, hace diez años llegas dia­riamente a mi caverna. Si no fuera por ti, por mi águila y por mi serpiente, a me habría cansado de vivir en este lugar!" Y luego bajó de la montaña, Zaratustra, y encontró a un santo que le dijo: "¿A dónde vas, Zaratus­tra?" "Voy a la ciudad". "¿Y por qué vas allá?" "Por amor a la humanidad". Entonces le responde el santo: "¿No es acaso por amor a la humanidad que yo esto aquí, en este lugar? Yo entono cantos, los can­to, y así alabo a Dios, que es mi Dios"… Zaratustra dijo: "¡Me voy, no quiero quitar na­da!" Y aquel santo envolvió un látigo y se lo regaló a Zaratustra. "Toma -le dijo-, te doy este pequeño consejo: si vais donde la mujer, no olvidéis el látigo"… Muchos lo tomaron así, a la letra muerta, ¿no? Pero la cruda realidad de los hechos, es distinta: hay que tener un poquito de fuerza de volun­tad, cuando se quiere trabajar en la Forja de los Cíclopes. Pero los que no entienden de esoterismo, lo interpretan a la le­tra muerta.

            Bueno, lo cierto fue que llegó a la ciudad Zaratustra, y dijo: "Vengo a hablaros del Su­perhombre. El hombre no es más que un puente en el camino, un peligroso mirar atrás; todo le es peligroso, ha llegado la hora del Superhombre"… He ahí, pues, la gran equivocación de Nietzsche: hablándonos del Superhombre, cuando ni siquiera hay hom­bres sobre la faz de la Tierra. Porque lo que hay son humanoides, es decir, mamíferos intelectuales, pero no hombres, en el sentido completo de la palabra.

            Bueno, en todo caso, Zaratustra cumplió una bellísima misión en la antigua Persia. Cuando resucitó, se fusionó o integró completamente con su Walkiria, con su Alma ­Espíritu. ¿Por qué? Porque ese Buddhi, o Alma Espíritu, como dice la Blavatsky en "La Voz del Silencio", "es un vaso de alabas­tro, fino y transparente, a través del cual arde la llama de Prajna". Ese Buddhi es, pues la Walkiria, y obviamente, el Logoi Interior se reviste con el Buddhi, está contenido en el Buddhi, el Alma Espíritu.

            Al integrarse, pues, el Alma Humana de Zaratustra con su Buddhi o Alma Espíritu, es decir, al fusionarse con su bella Helena, en la cual estaba a completamente manifiesto el Logoi Divinal, quedó resurrecto, mirando a través de los ojos de ella, platicando con la palabra de ella: integro, unitotal.

            ¿Qué se hizo Zaratustra? Eso nadie lo sa­be; desapareció de aquella caverna, es un Maestro inmortal.

            Así pues, es bueno que ustedes vayan en­tendiendo lo que significa la bella Helena, en términos rigurosamente esotéricos.  Cuando uno logra la integración con su Alma Espíritu, dentro de la cual está el Logoi Divinal contenido, como en un vaso de alabastro, queda en uno constituida, en sí misma, la Piedra Filosofal y eso es bastante inte­resante.

            Es necesario saber, realmente, cuál es esa piedra bendita. Se dice, pues, que tal piedra está dotada de magníficos poderes, y eso es verdad. La ponen, o la explican los me­jores alquimistas como una pera o una manzana de oro (un fruto), una granada, algo precioso. Total, se dice que está for­mada por el color rojo púrpura, el carbunclo precioso, y la otra vertical, pues, del color del ámbar, un dorado. Se describe, más bien, como "Luna Potable".

            Algunos alquimistas describen, en forma poética, las maravillas o poderes de esa piedra bendita, de ese Carbunclo precioso, de ese Absoluto, de ese Sol del mi­crocosmos hombre, de esa estrella de sapiencia. Había cierto poeta que la pin­taba como "un árbol gigantesco". Decía que "hasta los cedros más grandes resultaban sim­ples hierbas, ante semejante árbol", y afirma­ba aquel poeta que "el tronco era de oro puro" y que "las ramas del árbol eran de plata". Todo eso es simbólico; la realidad es que aquella piedra bendita (como la Luna, dijéramos, potable) es doble en sus manifestaciones psíquicas. Porque si bien es cierto que en lo relacionado con la medicina universal resulta siendo el elixir extraordinario, el elixir magnífico de la Luna Potable, no es menos cierto que en la transmutación misma de los metales viles en oro puro, está más bien relaciona­da con los poderes del Carbunclo o Gema Roja.

            Si la miramos desde el punto de vista del elixir, del famoso elixir, incuestionablemente hay mucha tradición esotérica y alquimista sobre el mismo. Afirman, los mejores sabios, que tal elixir "tiene poderes extra­ordinarios", que tal elixir "puede sanar a los leprosos, curar a los ciegos, a los mudos"; que tal elixir "puede curar a los paralíti­cos", etc. Viejas leyendas afirman que "si se mezclan tres gotas de ese elixir con un poco de alcohol, puede devolver la belleza a una mujer anciana, rejuvenecerla", que primero, "ella tendrá que bañarse con hierbas aromáti­cas" y que luego, pues, tratará su cuerpo con esas tres gotas del famoso elixir, entre al­cohol", que "no habrá de secarse, sino que ante una llama tendrá que ir secando su cuerpo"… Es mucho lo que se afirma sobre esa medicina universal que cura to­das las enfermedades: "si se mezcla con el agua de lluvia de los cielos, los árboles, las plantas, se reproducen, y hasta plantas que están hechas a otros climas, cobran vida".

            En cuanto a la gema, en sí misma, es decir, en cuanto al Carbunclo Rojo, se afir­ma que con éste se puede realizar, dijéramos, la transmutación de los metales viles en oro puro. En todo caso, no debemos ol­vidar jamás que la Piedra Filosofal, en sí misma, viene a quedar completa con el matrimonio aquel que habrá de realizarse con el Alma Espiritual, que en los textos anti­guos se denomina "la bella Helena".

            Para nosotros, los hombres, la bella Helena reviste el atractivo aquel del polo contrario. Las hermanas que escuchan, dirán: "Bueno, ella es una mujer y nosotros somos otras; de manera que, ¿qué atractivo puede tener para nosotras?" Pues a esas hermanas les diré que la bella Helena asume el aspecto, pues, del bienamado, a cambia completamente: es el soñado "Príncipe Azul" de "Las Mil y Una Noche". De manera que el Alma Espiritual, para unos se polariza en forma masculina (para las mujeres); para nosotros los varones, toma la forma de la Walkiria. De manera que siem­pre es deseable el Alma Espiritual. Además, téngase en cuenta que, cuando ya en el Alma Espiritual está el Logoi Interior, el Al­ma Espiritual parece (como a dijo Elena Petrovna Blavatsky en "La Voz del Silencio") "un vaso de alabastro, fino y transparente, a través del cual arde la llama de Prajna", es decir, la llama del Logoi Interior.

            En mi libro titulado "Las Tres Montañas", hay algo que yo escribí y que los hermanos no han entendido. Dije que, en la Lemuria, des­pués que había desencarnado Litelantes, yo había tomado una nueva esposa (para se­guir adelante en el camino), una gigante y eso es interesante, ¿no? Bueno, la cuestión es que todos creyeron que era mujer de carne y hueso, la que había tomado. Esa no es de car­ne y hueso, esa es la bella Helena. Aquél que llegue a la Resurrección, se desposa con la bella Helena, y si es una mujer la que llega a la Resurrección, se desposa con el bienamado. En todo caso, con el Alma Espíritu.

            Quiero que observen ustedes las formas de operar: de éste lado, dijéramos, del río, está el Alma Humana con su vehículo; del otro lado del río, dijéramos, está el Alma Espíritu. Obviamente, el Dios Interno en su descenso tiene que revestirse con el Alma Espíritu. Obviamente, al verificarse la Resurrección, el Alma Humana y el Alma Espíritu tienen que fusionarse, integrarse completamente. Enton­ces queda la Piedra Filosofal.

            Cuando dice Simón El Mago que "él había encontrado a la bella Helena en un suburbio, por, allá, de Nínive" y que "era una prostitu­ta" (y realmente, él andaba con una tal He­lena, prostituta; muy imponente, pero prosti­tuta) se entrevé, claramente, que Simón El Mago, era un mago negro; eso es obvio.

            ¡Qué distinta es la bella Helena, con la que se desposó Zaratustra! El día de su Resurrección, se encuentra cara a cara con la bella Helena; ella le alcanza un cáliz, una copa, se acerca a él y luego ambos, pues, se fusionan, forman un solo Ser (íntegro, unitotal), queda él mirando con los ojos de ella, viendo al mundo, Resurrecto, porque de ella estaba ya el Logos. Después de eso los discípulos que fueron a buscar al Santo a no le hallaron en su caverna. ¿Qué se hizo? ¡Nadie supo hacia dónde fue Zaratustra!

            En cuanto a la Helena de Troya, aquella por la cual pelearon tantos ilustres varones, aquella que motivó tan tremenda contienda, induda­blemente es simbólica. No quiero decir que físicamente no haya existido; sí existió físicamente. En todo caso, surge una interrogante: aquella bella Helena que Fausto invocara ante los jóvenes que así lo solicitaron, y que apare­ció visible y tangible ante todos, ¿sería o no sería la Helena de Troya? Yo, sencillamente, me atrevo a afirmar que no era la de Troya, sino la misma bella Helena de Fausto. Si ella es, como así se afirma, Ginebra, la Reina de los Jinas; incuestionablemente, tiene poder para hacerse visible y tangible en el mundo físico, y por lo tanto, no es extraño que el Dr. Fausto haya conseguido, pues, hacerla visible y tangible ante aquellos jóvenes. Ese es mi concepto.

            Pero bueno, continuando adelante con estas disquisiciones, el alquimista debe esforzarse, ante todo, por despertar Conciencia, para poder verificar por sí mismo, investigar por sí mismo, todas estas grandes verdades de la Piedra Filosofal.

            Se nos ha dicho que la Ciencia de la Gran Obra sólo se puede entender cuando uno reci­be el Donum Dei, o sea, el Don de Dios para poderla entender. Más hay un proverbio muy justo que dice: "A Dios rogando y con el mazo dando". Si uno quiere, pues, llegar a convertirse en un investigador de la vida en los mundos superiores, si uno quiere llegar a poseer el Donum Dei, que le permita entender los Misterios de la Gran Obra, incuestiona­blemente necesita hacer algo por despertar Conciencia. Es claro que destruyendo al Ego se consigue despertar la Conciencia, mas con­vienen, también, ciertos coadyudantes úti­les que nos ayuden, pues, en ese proceso del despertar.

            Hay una Orden Esotérica en el Oriente, que se llama Epoptae. Esa Orden extraordinaria, no tiene representaciones en el mun­do físico; pero si uno se concentra en esa Orden, que es más bien tibetana, puede conseguir que lo saquen del cuerpo conscientemente, que lo enseñen a viajar conscientemente en las Regiones Astral y Mental. Los instructores, de tal Orden, no escatiman esfuerzos en ese sentido: su poder cons­ciente se transfiere a aquellas mentes que pien­sen en ellos, en los Epoptae. Ellos pueden venir para iniciarlo a uno, aquí, sacarlo del cuerpo, enseñarlo a viajar, conscientemente, en esas regiones. Resulta interesante: es una Orden Santa que no tiene, en el mundo físico, templos visibles ni nada por el estilo. Ella, la Orden Epoptae, está ubicada totalmente en los mundos superiores.

            El primer paso de esa Orden, será des­pertar a los estudiantes, enseñarlos a viajar consciente y positivamente por las Regio­nes Astral y Mental. El paso posterior será conducir, a los hombres que no tienen sacerdotisa, hacia la autorrealización íntima del Ser, o a las mujeres que no tienen esposo.

            Ya les he hablado a ustedes que, por ejemplo, en esa Orden hay elementos, algunos Maes­tros, que vienen a personificar, completamente, a Shiva, el Tercer Logos, y ha tam­bién otros que están polarizados en forma fe­menina y que representan totalmente a Shakti, o a la Isis, o al principio femenino eterno, para ser más claros.

            Claro está que un hombre, por ejemplo, que no tiene sacerdotisa, después de haber sido despertado por la Orden Epoptae, por los miembros de esa Orden, puede recibir como consorte, pues, a una Deva o Dakini, que está totalmente polarizada con la Shakti, o principio femenino eterno. Traba­jando con ella, esotéricamente, pues consigue la creación de los Cuerpos Existenciales Supe­riores del Ser, es decir, si todavía no tiene esos vehículos, o restaurar el fuego en esos vehículos, si ya los tiene. Y a su vez, una mujer que no tenga el consorte, puede re­cibir un Deva para el trabajo esotérico.

            Así pues, la Orden esa, Epoptae, no tiene representaciones en el mundo físico, sino que es completamente suprasensible, y bien vale la pena ponerse uno en contacto con los miembros de esa Orden, para que lo entrenen en el manejo de los poderes Astral y Mental.

            Pero conviene siempre, acostarnos con la cabeza hacia el Norte. Si ustedes observan cuidadosamente la aguja de una brújula, ve­rán que siempre se orienta hacia el Norte; hay una corriente magnética que fluye de Sur a Norte. Si uno aprovecha esa corriente magné­tica, acostándose con la cabeza hacia el Norte, será maravilloso. Y si además se concentra uno en los Epoptae, podrá ser asistido y entonces acelerará su despertar. A lo que uno avanza por estos estudios, re­lacionados con la Gran Obra, comprende la necesidad del Donum Dei, de estar consciente en los mundos superiores, para saber por dónde va. Es lamentable tener que andar uno por un camino que no conoce, a ciegas. Pero si uno logra despertar en esas regiones, todo cambiará. El Donum Dei se recibe, pero es bueno esforzarnos también para poder reci­birlo.

            Se habla mucho, en los textos tibetanos, sobre el Phowua, propiamente, se dice "Fovú", o la transferencia de la Conciencia. Nosotros necesitamos apren­der a transferir la Conciencia a otras regiones, a otros mundos del cosmos, etc. ¿Es posible transferir la Conciencia? ¡Sí es posible! Pero, en este caso, ¿por dónde se escapa la Conciencia?, ¿cuál sería su puerta de salida? Pues el Brahmarandra. ¿Cuál es el Brahmarandra? La fontanela frontal de los recién nacidos, que está en el lugar que llaman "la mollerita"; ustedes saben muy bien que los huesos del parietal son los últimos en cerrarse. Pero allí ha una puerta por donde uno tie­ne que aprender a hacer salir su Conciencia. Esto del Phowua o Fovú, como le dicen, resulta interesantísimo, porque la Conciencia, libre del Ego, puede funcionar real­mente despierta, en los mundos superiores. Pero, para que la Conciencia pueda salir del Ego, escaparse del cuerpo sin el Ego, sin ese problemita del Ego, se necesita del Phowua, tiene uno que colocarse en un estado de meditación profunda, rogándole a la misma Conciencia que se escape por la fontanela frontal de los recién nacidos, por Brahmarandra (así se dice, esotéricamente), y no identificarse más, o mejor dicho, ser capaz de suspender todas esas asociaciones mecánicas de la mente y el deseo, recordándose a sí mismo, hasta pedirle ayuda a la Divina Madre Kundalini, para que ella sea quien saque a la Conciencia por Brahmaran­dra. Si la meditación es muy profunda, estoy seguro que la Madre Divina les dará el auxilio; ella podrá sacar a la Conciencia por Brahmarandra.

            Cuando la Conciencia sale por Brahmarandra, el despertar es magnífico, porque por Brahmarandra no puede salir el Ego. Entonces lo que se escapa es la Concien­cia y se escapa totalmente libre, para funcio­nar en los mundos superiores. Pero se necesita trabajar, mis queridos hermanos; porque si solamente escuchan ustedes la palabra y no la hacen, serían, como dice el Apóstol Santiago, igual "al hombre que se mira en el es­pejo y luego da la espalda y se va". Ha necesidad de que esto que ustedes están escuchando, lo hagan; que se pongan prácticos en el Phowua, que aprendan ustedes la Ciencia de la Transferencia de la Conciencia. Los tibetanos lo logran, pero a base de sacrificios y de esfuerzos.

            La Conciencia libre conoce los Misterios de la Vida y de la Muerte; la Conciencia libre, por ejemplo, en el Oriente, guía a muchos difuntos que han resuelto seguir el "Sende­ro Breve" (creo que ustedes han oído, al­gunos, hablar del "Sendero Breve" y de la "Clara Luz"). Ha difuntos que resuelven retirarse del escenario de este mundo, algunos definitivamente y otros mientras pasa esta Edad de Hie­rro. Entonces trabajan, lo más que pueden, en la disolución del Ego (mientras están encar­nados), y después de muertos continúan su trabajo en los mundos superiores, hasta que logran desintegrar el Ego y se absorben en el Gran Océano. Pero claro, es muy di­fícil no regresar. Hay que aprender a cerrar matriz para no regresar, porque las matrices quieren agarrarlo a uno, y uno tiene que ser lo suficientemente fuerte para aprender a cerrarlas y escapar; tiene uno que resistir los aulli­dos del huracán. Muchos difuntos, por ejemplo, huyen despavoridos, van a esconderse entre alguna cueva, y cuando se refugian en esa cueva, huyendo de la tormenta y del huracán, el "Cordón Plateado" ha quedado amarrado a esa cueva. Esa "cue­va", ¿qué es? ¡Una matriz!

            Otros se devuelven, horrorizados enormemente, ante los aullidos del huracán; otros ante las espantosas visiones demoníacas, otros ante las pruebas del Padre Madre. No resisten y se regresan, van a pa­rar a alguna matriz. Pero si uno sabe permanecer sereno (y también si es ayudado), si se acuerda del Omnimisericordioso, del Señor de toda Compasión, etc., pues al fin logra entrar en un Reino Molecular Superior, donde puede ser instruido por los Devas. Su Madre Divina le ayudará a disolver los elementos inhumanos que le hayan quedado, hasta que por último se ve en el escenario cósmico, convertido en un simple elemental, o en un gran elemen­tal. En esas regiones de felicidad, puede quedarse para siempre, o sencillamente (mientras pasa esta Edad de Hierro, mientras pasa) regresa en la Edad de Oro, para entrar en una Escuela de Misterios y autorrealizarse.

            Ese es el "Sendero Breve". En el Tíbet, aquellos atletas del Phowua, es decir, de la Ciencia de la Transferencia de la Conciencia, ayudan a los que si­guen el "Sendero Breve"; les ayudan guiándolos, animándolos para que aguanten, etc., etc., etc.

            El Phowua es, pues, una Ciencia mara­villosa. No ha duda de que el Phowua, en última síntesis, nos confiere entre otras cosas ese Donum Dei, nos permite conocer la Cien­cia de la Gran Obra. Yo les he explicado, aquí, lo que es la Gran Obra; pero ustedes necesitan del Donum Dei para entenderla y es necesa­rio pues, que hagan las prácticas que les esto enseñando.

            En la meditación, uno debe escoger la posi­ción más cómoda. A algunos les parecerá me­jor meditar al estilo oriental, a otros les pare­cerá mejor sentarse al estilo occidental. No importa; pero sí importa que la meditación sea perfecta, que uno sea capaz de detener las aso­ciaciones mentales y del deseo, y de concentrarse internamente en la Divina Ma­dre Kundalini, rogándole que saque por Brahmarandra, a la Conciencia. Es­to es interesantísimo.

            De manera que la transferencia de la Con­ciencia, en última síntesis, nos lleva a comprender, por medio de la misma, lo que es la Gran Obra. Estudios ulteriores, son más tre­mendos. Por ejemplo: hay la ciencia aquella que se llama el Tunjug tibetano. Es claro que los iniciados del Tunjug tibetano son capaces, no solamente de lograr la transferen­cia de la Conciencia hacia los mundos superiores, sino que también son capaces de apo­derarse de otro cuerpo. Muchas veces se adueñan de un cuerpo de alguien que desencarnó, de una persona que murió ahogada. Si está todavía ese cuerpo jo­ven, si es capaz de resistir, se meten entre ese cuerpo, se lo apropian, para su uso personal, etc. Esos del Tunjug, si no se cuidan, po­drían convertirse en ladrones de cuerpos; por eso es un poco peligroso…

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