Asanas, posturas sagradas

 

Desde la antigüedad las orillas del río Ganges y las cuevas del Sagrado Himalaya han sido el escenario de miles de yoguis que se retiraron de la vida cotidiana y se adentraron en la mística y la abstinencia con la finalidad de experimentar el Samadhí y de irrumpir en el vacío iluminador 

En Occidente, todos asociamos el yoga con un cierta gimnasia oriental, a través de cuyas posturas o asanas se consiguen grandes beneficios físicos y mentales. En realidad, el yoga es algo mucho más serio y profundo, y la cuestión de las posturas o asanas no es sino un punto dentro de la sagrada ciencia del yoga. Por tanto, practicar asanas sin profundizar en los demás aspectos del yoga resulta algo demasiado superficial e incompleto. Sin embargo, si verdaderamente queremos profundizar en la ciencia de la meditación debemos coger lo mejor del yoga y, en este contexto, el estudio y práctica de las asanas resulta imprescindible y trascendental.

El Maestro Samael resalta en su obra muchas veces la importancia de las asanas, especialmente cuando habla de la meditación y del tantra yoga. Como veremos los pasos que el yoga marca son los mismos que el Maestro señala para orientarnos en la ciencia de la meditación, las exóticas palabras con las que el Maestro define los diferentes estadios de la meditación vamos a encontrarlas en todo su esplendor y con todo lujo de detalles en el yoga de hace miles de años. 

La antiquísima sabiduría de la India explica que los estadios del yoga son ocho; yama, niyama, asana, pranayama, pratyahara, dharana, dhyana y samadhí.

Todos ellos se hallan integrados pero, por una cuestión de conveniencia pedagógica, se estudia cada componente como toda una ciencia en sí. 

Así como un árbol tiene raíces, tronco, ramas, hojas, corteza, savia, flores y frutos, y cada uno de estos componentes posee una identidad separada, pero cada componente no puede constituir él solo un árbol. Lo mismo ocurre con el yoga. Al igual que todas las partes reunidas conforman un árbol, así también los ocho estadios reunidos forman el yoga. 

Hablando en terminos metaforicos, se prodría decir que los principios universales de yama son las raíces, y las disciplinas individuales de niyama conforman el tronco. Las asanas son como varias ramas extendiéndose en distintas direcciones. El pranayama, que ventila el cuerpo con energía, es como las hojas que ventilan todo el árbol. Pratyahara evita que la energía de los sentidos fluya al exterior, igual que la corteza protege el árbol para que no se pudra. Dharana es la savia del árbol que mantiene firme el cuerpo y el intelecto. Dhyana es la flor que al madurar se convierte en el fruto que es el samadhí. 

A través de los ocho estadios del yoga el sadhaka (aspirante espiritual) desarrolla la comprensión y la sabiduría, dentro de su conciencia. Va avanzando paso a paso desde lo conocido, su cuerpo, hasta lo desconocido, el Espíritu, pasando por el puente que es el Alma.

La ciencia del yoga es una doctrina sistemática de enseñar al ser humano a ir con meticulosidad y eficacia en pos del encuentro con la divinidad que se halla en su interior. Desentraña al hombre desde su cuerpo hasta su interior. Avanza pasando del cuerpo a los nervios, y de los nervios a los sentidos. Desde los sentidos se adentra en la mente, controladora de las emociones. Desde la mente penetra en el intelecto, que guía la razón. Desde el intelecto, su senda conduce a la voluntad, y de ahí a la conciencia (chitta). La última fase va de la conciencia a su realm Ser, Atman.

Así, el yoga conduce al sadhaka (chela o discípulo) desde la ignorancia al conocimiento, desde la oscuridad a la luz y desde la muerte a la inmortalidad. 

Filosofía del yoga

El gran sabio hindú Patanjali es el exponente más antiguo de la filosofía del yoga y su obra ha sido el referente para los posteriores tratados de yoga. Se le considera como uno de los avataras del Señor. En el "Yanavalkia Smriti" deja atrever que fue Hiranyagarbha el maestro original del yoga. Es decir, que Patanjali fue sólo quien compiló o explicó los preceptos, las doctrinas y las enseñanzas yóguicas. 

En estas enseñanzas se define al yoga como un esfuerzo consciente y prolongado hacia la auto-perfección. El propósito del yoga son muchos, pero en especial es el de aquietar la mente para que ésta pueda reflejar sin ninguna distorsión al Atman que se halla presente en cada ser vivo. 

Los grandes Iniciados de la ciencia del yoga explican y recomiendan lo siguiente: 

"El yoga refrena los sentidos y controla la mente”

“Es necesario meditar regularmente”. 

“Es prudente observa y buscar dentro del interior de uno mismo”. 

“Tratemos de eliminar los defectos. Éste es el más difícil y verdadero sadhana o práctica espiritual". 

“La oración y la meditación son los grandes pilares de la religión.”

“La vida de servicio desinteresado y de sacrificio, acompañada de oración y meditación, constituye la forma más elevada de religión.”

En la practica de la ciencia del yoga, el progreso interno se produce principalmente de un modo gradual, silencioso e imperceptible, como el suave abrir del capullo que se convierte en flor durante las horas de la noche. Por lo tanto no es bueno el desanimo ni deprimirse con la idea de que no se estas progresando. 

Si se practica el yoga de la meditación, se tendrá un cuerpo y una mente sana y la voz será dulce, no ofensiva, el rostro será brillante y reflejarán la serenidad del Alma en su estado de libre acción. Los ojos se volverán brillantes y se permanecerá siempre calmado, tranquilo y pausado. Se estará siempre alegre, contento, sin miedo y desapasionado. 

Si se practica el yoga no se sentirá atracción por las cosas del mundo, a las cuales los humanos damos tanta importancia. Las cosas que antes nos molestaban no lo harán ya más, Tendremos una mente imperturbable.

Seremos capaz de llevar a cabo la introspección sin interferencias mentales egoicas. Tendremos una mente firme, aguda y sutil. Anhelaremos dedicarnos más a la meditación y la oración. Experimentaremos ver luces e imágenes, captaremos olores con cierto sabor divinos. 

La idea de que todas las formas son formas del Señor se arraigará en nosotros más y más. Sentiremos en todas partes la presencia de Dios. Tendremos una postura o asana muy firme que nos permitirá estar largo tiempo en la misma posición recibiendo la energía sublime del “prana”. Desarrollaremos un deseo ardiente de dedicarnos al servicio desinteresado por la humanidad."

Asanas 

Como nos dicen, en la meditación conseguir una buena asana es un punto fundamental. De acuerdo con el "Yoga Sastras", existen 84.000 asanas, de las cuales destacan 84. Asana significa postura. Las asanas pueden dividirse ampliamente en dos grupos principales: posturas de meditación y culturales. 

Algunos autores enseñan que las posturas básicas de meditación son cuatro o cinco, generalmente citan la postura del loto o padmasana, siddhasana, swastikasana, sukhasana y la conocida como vajrasana, la cual pueden utilizar aquellas personas incapaces de servirse de las cuatro principales. 

Estas posturas son las apropiadas cuando los estudiantes se sientan para los ejercicios de respiración y meditación. Uno tiene que ser capaz de sentarse en cualquiera de estas posturas de meditación durante una o dos horas sin moverse. 

En primer lugar, con ellas se consigue una posición erecta de la espina dorsal, se mantiene a ésta en su natural curvatura. En segundo lugar, acostumbrando al cuerpo a permanecer sentado durante largos períodos sin movimiento, se reduce al mínimo su proceso metabólico.
Esto va a contribuir notablemente a serenar la mente. Más aún, una espina dorsal derecha ayuda a los estudiantes a concentrarse, porque en la posición recta hay flujo estable de la corriente nerviosa o corriente de energía a través del cuerpo. Cuanto más quieta es la postura, más fácil resulta concentrarse y enfocar la mente en un solo punto. 

Seleccionada la postura que se prefiera, se empieza con quince minutos. Se aumenta gradualmente hasta una hora o dos. Se mantiene siempre la cabeza, el cuello y tronco formando una línea recta. Los beneficios de la postura dependen de la comodidad con que se realicen y para ello se necesita cierta flexibilidad que se adquiere con la continua repetición de la postura. El meditador debe esforzarse en mejorar poco a poco su asana e incluso antes de ponerse con ella a meditar la practicará en cualquier momento del día, mientras lee, escribe… preocupándose por mejorar cada movimiento. Sentarse en la asana cuantas veces sea posible es lo más adecuado. 

Sentarse

Ya tenemos una idea general y ciertas claves para empezar a meditar. Lo importante es empezar a practicar, entonces experimentaremos ciertos beneficios y no pocas dificultades que harán que abandonemos o empecemos a revisar este tema desde el principio poniendo más atención en muchos detalles básicos que se nos habían pasado desapercibidos. Comprenderemos porque la postura o asana es uno de los ocho puntos básicos, y toda una ciencia, dentro de la sabiduría yóguica y de la meditación.

Empezaremos a reconocer que sentarse para la meditación es toda una ciencia y un arte cuyo objetivo, muy importante, es permanecer inmóvil y derecho, con la espina dorsal recta, de manera que nuestro cuerpo descanse relajado pero firme y alerta. 

Todo el que lo haya intentado, sabe lo difícil que resulta algo tan simple como mantenerse sentado inmóvil y relajado. A los pocos minutos nuestra mente se distrae con pensamientos variados y la posición nos es molesta, nos movemos cada poco. 

Por tanto no es de extrañar la importancia que en el Zen dan al zazen. El ejercicio básico del Zen consiste en sentarse en relajación y dejar que se aquiete la mente. A eso se le llama zazen (“za" = sentarse). El zazen es algo así como permitir que un vaso de agua arcillosa se vaya aclarando. El agua se hará más clara por sí sola si dejamos de removerla durante un tiempo. La calma interior requiere quietud. En particular, los practicantes del Zen han descubierto que la mejor manera de controlar la mente es controlando el cuerpo. Cuando el cuerpo está completamente inmóvil la mente también se va aquietando.
El zazen formal se hace en postura sentada. Budha llegó a la Iluminación mientras estaba sentado. De las cuatro posturas, yacente, sentados, de pie y en movimiento, se considera la postura sentada como la más apropiada porque podemos permanecer quietos y vigilantes durante un periodo prolongado sin que ello nos fatigue. La espina dorsal erguida permite un estado de vigilancia y facilita que la energía fluya a través del cuerpo. La postura tradicional, la de loto completo, en la que cada pie se apoya sobre el muslo de la pierna contraria, es muy estable y equilibrada. 

Cuando alguien comienza a sentarse a meditar, al principio, y aunque tan sólo lo haga durante quince o veinte minutos, se encuentra con todo tipo de incomodidades físicas que producen distracción. Y a eso se añade el hecho de que la mente parece incapaz de permanecer concentrada en una sola cosa. Cuando nos quedamos quietos y vigilantes, la mente tiende a reaccionar, tratando al máximo de volver a conquistar una posición predominante y de control, entonces el practicante ha de limitarse a seguir quieto y a observarla con desapego. 

Con toda la importancia que tiene, el trabajar tan sólo con la mente no es suficiente. Antes debemos saber trabajar y dominar el cuerpo. Debemos aprender las posturas de meditación que son las más cómodas y eficaces para este fin. Si no adoptamos la postura correcta, uno podrá ignorar las quejas corporales hasta un punto, sin embargo, con frecuencia la incomodidad física demandará nuestra atención antes de que hayamos podido concentrarnos y, a menos que hagamos algo al respecto, no seremos capaces de continuar con nuestra práctica. Además, si no existe firmeza y quietud en la postura no se puede realizar correctamente ninguna técnica de respiración rítmica (pranayamas). Uno se da cuenta de que sólo cuando se ejecutan correctamente las asanas, la respiración pranayámica se instala fácilmente.

La mayoría de los occidentales, al principio, encontramos difícil sentarnos con las piernas cruzadas, y en las clases de meditación para principiantes rara vez se trata el tema de la postura con detenimiento. Esto hace que se desarrollen ciertos malos hábitos que luego costarán corregir y que nos van a incapacitar para proseguir con éxito los siguientes pasos de relajación de la mente, concentración, etc. Cuando nos sentemos a meditar, debemos aprender, como punto inicial, a dirigir la atención al cuerpo físico, hacia la asana, ésta es la primera base necesaria y el punto de partida para la práctica de meditación. No es posible meditar sólo con la mente. El cuerpo y la mente conforman una sola unidad. La toma de conciencia de nuestro cuerpo nos ayuda a desarrollar una buena postura física, ésta, a su vez, nos ayuda a que entremos en el mundo de la meditación. 

Características de una buena postura de meditación

Una buena postura de meditación es la que proporciona la mejor posición posible para la relajación física y la concentración de la mente. En dicha posición, debemos ser capaces de sentarnos completamente quietos por tanto tiempo como deseemos. Para relajarnos por completo, el sistema corporal deberá ser capaz de funcionar con un mínimo gasto de energía, al mismo tiempo, la mente tendrá que estar alerta y serena, para lo que es mejor mantener el cuerpo vertical. La posición sentada es la mejor, ya que el esfuerzo que las piernas realizan es mínimo. Los brazos y las piernas deberán encontrarse equilibrados, para evitar cualquier tipo de tensión.
Para meditar podemos sentarnos en una silla normal, sin embargo, es más fácil pasar un tiempo considerable inmóvil sentándonos en el suelo con las piernas recogidas cerca del tronco; esto minimiza el gasto de energía de los músculos y facilita la circulación sanguínea.

Los problemas con la postura

El problema que surge más frecuente al sentamos en una postura, en particular por un periodo largo de tiempo, es la incomodidad física. Tarde o temprano empiezan a dolernos las rodillas, o comenzarnos a sentir punzadas en el cuello y la espalda. Dichas molestias, en un principio, pueden estar relacionadas con la falta de práctica por no estar acostumbrados a sentamos quietos en el suelo. Sin embargo con frecuencia la causa de los dolores es simplemente la tensión, dado que los músculos se encuentran tensos o estirados cuando deberían estar relajados. Dicha tensión puede deberse a una postura mal equilibrada, que pone demasiada presión en ciertas áreas, o puede tener sus causas en nuestro estado emocional y mental. Por ello, todo meditador debe tener siempre en cuenta, durante todo el día, los dos primeros pasos de la meditación: yama y niyama. Sino cuando nos sentemos a meditar nuestro estado físico, mental y emocional estará demasiado alterado, disperso o lleno de mil y un preocupaciones que nos estorbaran continuamente. 

De todas formas, si simplemente mantenemos el cuerpo más erguido, sin encorvar la espalda, relajando el cuello y la cabeza, hallaremos que podremos mejorar nuestro estado mental. La relación entre el cuerpo y la mente, o entre la postura y las emociones también tiene un lado positivo: un estado emocional agradable naturalmente se reflejará favorablemente en la forma en que nos sentamos y movemos y viceversa. Así que al ejercitarnos con una asana, nuestro caos mental inicial se calma, tenemos mayor claridad, empezamos a sentir más ligero el cuerpo y más relajados y las constantes incomodidades que nos distraen se reducen gradualmente. Entonces nuestra espalda empezará a enderezarse, nuestro pecho a abrirse y nuestros brazos y hombros a relajarse. Es importante que por lo menos nos demos cuenta hasta que grado nuestro cuerpo normalmente se encuentra tenso y hasta qué grado esto nos influye. Una espalda más derecha y un pecho más abierto nos harán sentir más naturales y comenzaremos a adquirir un conocimiento intuitivo de lo que puede ser una buena postura de meditación. 

La postura como un método de meditación 

La postura, además de servir como una importante base para la salud física y para la práctica de meditación, puede ser vista como una especie de meditación en sí misma. Una buena postura de meditación puede ayudar a contrarrestar algunos de los obstáculos más comunes de la meditación. La tradición budista habla específicamente de 5 obstáculos (nivaranas), éstos son: 1. Deseo de experiencias sensuales. 2. Odio. 3. Pereza y letargo. 4. Agitación y ansiedad. 5. Duda e indecisión. 

Observemos por un momento el obstáculo de la "pereza y letargo". Algunas veces ya sea nuestra mente o nuestro cuerpo se encuentran pesados y somnolientos, sin ningún interés en la meditación. En esas ocasiones en que, una vez sentados, sentimos poco interés en la práctica de meditación, lo que nos conduce a un estado en el que estaremos totalmente dispersos, soñando despiertos, por lo menos podemos decidir pasarnos la sesión de meditación tratando de mantener una buena postura. Sin importar el que nuestra mente sea incapaz de tomar un objeto de meditación más sutil podemos, por lo menos, hacer un esfuerzo por mantenernos despiertos y por sentarnos correctamente. Si persistimos llevando la atención hacia nuestro cuerpo, teniendo cuidado de no arquear o encorvar la espalda, este primer obstáculo de la "pereza y letargo" se dispersará antes de terminar la sesión, siendo así capaces de avanzar hacia una definitiva técnica de meditación. 

Asimismo a través de la concentración en la postura es posible hacer algo con respecto a su opuesto, el obstáculo de la "agitación y ansiedad". La agitación física nos señala lo incómodo que hallamos el sentamos quietamente; de una manera similar cuando la mente experimenta ansiedad, no se encuentra en paz. Un método para contrarrestar la agitación física y mental es simplemente el determinar mantenerse sentado completamente quieto. Si no podemos hacer que la mente se mantenga firme, si lo podemos hacer con el cuerpo, si así lo decidimos. 

Entonces tomando como base la firmeza de nuestro cuerpo como el principal objeto de nuestra práctica de meditación, la mente agitada finalmente se tranquilizará y estará en paz.

La postura de meditación ideal 

La postura que refleja o conduce a un estado de conciencia superior es conocida, en la terminología tradicional del yoga, como asana. La asana ideal de meditación es la postura de loto completo. También hay diferentes variaciones que son casi igual de adecuadas. Entre las que describiremos, sin duda, habrá una posición que para empezar nos acomode, pudiendo mejorarla posteriormente de una manera gradual. Si nos resulta difícil sentarnos con las piernas cruzadas, es casi igual de adecuado sentarse en un banquillo pequeño de meditación. También puede usarse una silla normal, pero teniendo en cuenta que por muy habitual que nos resulte esta postura no sabemos sentarnos correctamente, hemos de educarnos en la silla, lo mismo que para sentarnos en el suelo con las piernas cruzadas. 

Ajuste de la postura de meditación 

Es útil aprenderse la técnica para el ajuste de la postura, dado que así cada vez que nos sentemos a meditar, tendremos una forma sistemática de evaluar nuestra postura. La mayoría de las veces no nos llevará más de unos pocos minutos, aunque otras veces necesitaremos pasar un poco más de tiempo. 

Técnica para el ajuste de la postura 

Escoger un banquillo o cojín y colocar las piernas, lo mejor posible, en la posición elegida.

La pelvis deberá ajustarse de tal modo que el ángulo que forme sea más o menos recto, sin llevarlo demasiado hacia atrás o hacia delante. La posición correcta de la pelvis pone a estos huesos en un máximo contacto con el cojín. 

El mantenernos conscientes en estos huesos nos permite elevar la columna vertebral ligeramente para así enderezarla, evitando la rigidez. Si hacemos una respiración profunda uno o dos veces, nuestro pecho al igual que la caja torácica se abrirá. Los brazos y hombros deberán relajarse, acomodando las manos sobre el regazo, de tal forma que no ejerzan presión alguna en la posición relajada de los hombros y brazos. Podemos colocar una mano sobre la otra, como en el dhyani-mudra, o en cualquier otra posición adecuada. 

Para ajustar la posición de la cabeza deberemos damos cuenta de que el cuello es una extensión de la columna. Si es necesario podemos mover la cabeza hacia atrás y hacia delante hasta que se sienta equilibrada. Deberemos sentir el punto en donde el cráneo encuentra equilibrio con la columna vertebral, moviéndolo un poco hacia delante, de tal manera que la mirada se encuentre dirigida hacia el suelo cerca de nuestro asiento, tratando de relajar la cara, el mentón, la lengua y la garganta. 

Finalmente tendremos que revisar cómo nos encontramos en esta postura, especialmente, la alineación del tronco. Es necesario comprobar que no existan faltas básicas como encorvamiento o arqueo de la espalda, y que se haga cualquier ajuste que sea necesario. Sentarse derecho no significa poner la espalda completamente derecha o tensa como el palo de una escoba sino que debe estar bien erguida manteniendo la curvatura natural de la espalda.

Sentirse bien en la postura no implica que la asana esté bien. Como dijimos la postura conlleva un equilibrio y simetría de todo el cuerpo. Sin embargo, no es posible asumir que la postura está correcta cuando se sienta correcta. Con frecuencia lo que se siente correcto es tan sólo lo que estamos acostumbrados a sentir. Entonces, si alguien nos pone en una postura mejor nos suele resultar poco familiar e incomoda. Esto hará que queramos regresar a la postura familiar, aunque sea incorrecta y hasta dañina.

Aunque hayamos practicado la meditación por largo tiempo no debemos usar como guía lo que se siente correcto o incorrecto, sino que debemos aplicarnos criterios más objetivos, tenemos que ser serios en revisar con detalle nuestra postura y aprovechar cuando asistimos a la meditación en grupo para poner toda nuestra atención en esos primeros pasos de la práctica en los que se nos insiste en revisar y relajar conscientemente nuestro cuerpo. 

Dolor

Si existe dolor, es signo de que la postura es incorrecta. Es obvio que habrán incomodidades pasajeras, sensaciones de malestar, picores, quejas y dolores que serán mejor ignorar pues sino nunca terminarán, y si no decidimos aguantar y llevar nuestra atención a otra parte nunca llegaremos a asentarnos. Estas molestias, como hemos dicho, están conectadas frecuentemente con cierta agitación interna, así como con una mente desasosegada que se incomoda y se obsesiona con molestias menores. Si nos identificamos con dicha agitación no podremos ni siquiera relajarnos y molestaremos a otras personas que se encuentren meditando en la sala. 

El ejercicio místico de Oriente

Es interesante notar la diferente manera de enfocar el ejercicio físico en Oriente y en Occidente. En Oriente quienes se ejercitan en el dominio de su cuerpo suele ser faquires o yoguis y en Occidente, atletas. En Occidente se considera el ejercicio físico como una manera de desarrollar el cuerpo, músculos y articulaciones; es una práctica que implica un continuo sufrimiento y esfuerzo.

Hay poco reconocimiento de que el ejercicio físico además de ser una obligación o un método de fortalecimiento corporal, pueda ser un camino de meditación que conduzca a un crecimiento psicológico y espiritual. Necesitamos imbuirnos de que la asana es un ejercicio corporal y un ejercicio místico para la meditación.

Para los místicos hindúes el cuerpo es la morada de Brahma. Estos sabios eran conscientes de que, aunque el cuerpo se va deteriorando, sirve de instrumento para alcanzar la realización, y por ello ha de mantenerse en buen estado.

Las asanas purifican el cuerpo y la mente y tienen efectos preventivos y curativos. Su número es incontable, responden a las diferentes necesidades de los sistemas muscular, digestivo, circulatorio, glandular, nervioso, así como de otros sistemas del cuerpo.

Ellas ocasionan cambios a todos los niveles, desde el físico al espiritual. La salud es un equilibrio delicado del cuerpo, la mente y el espíritu. Por la práctica de asanas las distracciones físicas y mentales del sadhaka desaparecen, y se abren las puertas del espíritu.
Las asanas proporcionan salud, belleza, fuerza, firmeza, ligereza, claridad de palabra y expresión, sosiego de los nervios y una alegre disposición. Su práctica puede compararse con el crecimiento de un árbol del mango. Si el árbol ha crecido sano y fuerte, su esencia se encuentra en el fruto. De igual modo, la esencia destilada de la práctica de asanas es el despertar espiritual del sadhaka.

La asana tiene una doble cualidad: la relajación y la atención. Nos conduce a un estado de atención sin tensión y de relajación sin embotamiento ni pesadez. Este estado hace que verdaderamente el cuerpo se convierta en un vehículo para el despertar de la conciencia. 
Con la práctica de la asana comienza la técnica del yoga propiamente dicha. Asana designa la conocida postura que los Yoga-Sûtra (II, 46) definen como “estable y agradable”. Lo importante es que la asana proporciona al cuerpo una estabilidad armónica y a la vez reduce al mínimo el esfuerzo físico. Se regulan los procesos fisiológicos, y se permite de este modo a la atención ocuparse exclusivamente de la conciencia.

Al comienzo, la asana es incómoda y hasta insoportable. Pero, después de algún adiestramiento, el esfuerzo de mantener el cuerpo en la misma posición se torna mínimo. Ahora bien, y esto es de importancia capital: el esfuerzo debe desaparecer. la posición meditativa debe hacerse natural; sólo entonces facilita la concentración. La postura logra la perfección cuando desaparece el esfuerzo para mantenerla, de modo que no haya ya movimientos en el cuerpo.

El asana como técnica característica de la ascesis india se encuentra descrita en las Úpanishad y aún en la literatura védica, pero la alusiones a ella abundan más en la Epopeya y en los Purâna. Actualmente, la asana desempeñan un papel de importancia creciente en la literatura del Hatha-yoga.

El Maestro Samael nos aclara perfectamente las posibilidades del Hatha-yoga: 

"El Hatha-yoga resulta kinder cuando sólo atiende a las necesidades físicas y practica gimnasia. Empero, el Hatha-yoga tántrico ya no es kinder, es de hecho y por derecho propio escuela de regeneración, puesto que se relaciona con el Maithuna y con todas sus shadanas tántricas o sabias posturas mágico-sexuales
(Gran manifiesto del tercer año de Acuario).

"Nosotros no condenamos los ejercicios yoguis. Estos son muy útiles y coadyuvan en el desenvolvimiento interior. Empero, toda yoga que no enseñe el Maithuna y las sadhanas tántricas blancas, está incompleta."
 (El Matrimonio Perfecto)

En la mayoría de los tratados del Tantra y del Hatha-yoga se encuentran listas y descripciones de asanas. El objetivo de tales posiciones de meditación es siempre lo mismo: “La cesación absoluta de la perturbación proveniente de los contrarios” (Yoga-sutra, II, 48).

Se obtiene entonces cierta “indiferencia” de los sentidos; la conciencia ya no está perturbada por la “presencia del cuerpo”. Se llega a la primera etapa, hacia la intimidad con la conciencia.

El yogui en el estado de asana puede compararse a una planta o una estatua divina, en ningún caso podría equipararse al hombre a secas, que por definición es móvil, agitado, arrítmico. En el plano corporal la asana es concentración en un sólo punto; el cuerpo está firme, concentrado en una sola posición. Pone fin a las fluctuaciones y a la dispersión de los estados instintivos y mentales, la asana termina con la movilidad y la disponibilidad del cuerpo, reduciendo la infinidad de posiciones posibles que puede adoptar el ser humano a una sola postura, arquetípica, iconográfica. 

La meta inmediata que salta a la vista es la desidentificación o la superación de la condición humana, que resulta del rechazo a conformarse con las inclinaciones humanas más elementales. El rechazo a moverse, a dejarse llevar por la impetuosa corriente de los estados mentales continuará con toda una serie de “rechazos” de todo tipo.

Las asanas del Hatha-yoga

Las asanas representan las piezas claves del Hatha-yoga. Hay tantas como imaginarse pueda, pero ninguna de ella resulta gratuita y todas, desde las más complejas a las más simples, han sido personalmente verificadas por los yoguis.

Todos ellos son beneficiosos aunque indudablemente una veintena de ellos son los verdaderamente fundamentales. Las asana permite un triple control: sobre el cuerpo, las energías y la mente. Hace posible el conocimiento directo y vivencial (no intelectual ni analítico) del propio cuerpo, sus grandezas y limitaciones, y se convierte en medio para rescatar niveles más profundos de consciencia, experimentar el placer de la neutralización sensorial. Tal es el estado de atención pura que conlleva la asana, que permite la captación del aquí y ahora.

Con la asana el cuerpo se hace soporte de meditación, instrumento de concienciación y aún escuela de vida, porque con esa atención directa con que sentimos debemos proceder en la vida cotidiana. Hasta lo que tiene de incómodo y doloroso la asana hasta su perfeccionamiento resulta útil, porque fortalece la voluntad y el carácter. Desde niño habría que comenzar a practicar las asanas.

Toda asana implica unos requisitos muy precisos (movimientos lentos al hacerlo y deshacerlo, respiración pausada, mente fija en una zona del cuerpo y otros), se combate con ellos esa impulsividad que bien lejos está de la auténtica espontaneidad. 

La asana colabora en la integración mente-cuerpo, es un medio para potenciar la unidad psicosomática y proporciona un bienestar tal que por ello el yoga físico gana continuamente en adeptos y practicantes desde los primeros días de práctica. La asana es útil para combatir la tensión acumulada a lo largo del día, es inductorio de relajación profunda y renueva unas energías gastadas o mal empleadas. Si la asana es realizado con plena atención pura, sus implicaciones son, desde luego, mucho más vastas que las meramente fisiológicas. 

La asana armoniza, trabaja sobre las energías, controla músculos y nervios, restablece funciones, equilibra los principios vitales del organismo, ejerce masaje sobre órganos internos, dota elasticidad la musculatura y las articulaciones, abastece de sangre todas las partes del organismo y reporta estabilidad psico-mental.

Debemos aclarar que los tratados normales de Hatha-yoga en Occidente están incompletos, y por mucho que intenten presentarse como una solución físico-espiritual son como un jardín sin flores puesto que les falta la clave principal que el ser humano necesita para regenerarse, les falta las asanas tántricas. Todas las asanas son técnicas preparatorias y adquieren su verdadero objetivo cuando se complementan con el Tantra.

Tipos de asanas en el Hatha-yoga

Asanas de meditación y acción sobre las piernas.
Asanas de flexión de la espina dorsal hacia adelante.
Asanas de flexión de la espina dorsal hacia detrás.
Asanas de flexión lateral.
Asanas de control abdominal.
Asanas de inversión.

Al ser posturas estáticas trabajan a niveles muy profundos y pueden ser ejecutadas por toda clase de personas, cualesquiera que sean su edad o su grado de salud o enfermedad. Es así, naturalmente, el ejercicio ideal para gente mayor y enfermos. A través de la asana hay un mejoramiento orgánico. Todo asana es preventivo de determinados trastornos y, además, hace posible una saludable disciplina que robustece la voluntad y el carácter. Las posturas de yoga son utilizadas en Occidente por su doble efecto benéfico, a nivel físico y a nivel psicológico. Ciertamente, por la relajación que ocasionan infinidad de personas con ansiedad y angustia han encontrado un alivio en la práctica de las asanas.

Las asanas restablecen la armonía tónica básica, equilibran los impulsos nerviosos (los tónicos y los inhibidores), perfeccionan y regulan las diversas funciones del organismo, reactivan el funcionamiento de los órganos internos, pacifican el sistema emocional. 

No es posible pasar a exponer detalladamente cada aplicación fisiológica de cada asana. Sólo ese intento llevaría más de un volumen.

Asanas de meditación y acción sobre las piernas 

Las asanas de meditación son utilizados por todas las ramas del yoga. Son los apropiados para la concentración, la meditación, la repetición de un mantra y el pranayama. Todos ellos ayudan al recogimiento, al repliegue de la atención mental, a la neutralización sensorial y a la estabilidad psicomental. Exigen una respiración pausada y regular, la mayor estabilidad posible del cuerpo, la relajación neuromuscular, mantener la cabeza y el tronco, erguidos y una actitud mental de quietud. Con la práctica, una asana de meditación se vuelve confortable y puede ser mantenido con completa inmovilidad y total relajación neuromuscular. Ello requiere, no obstante, práctica perseverante y disciplina. Sólo la práctica hace posible el perfeccionamiento de una asana.

Todas las tradiciones místicas han observado posturas de meditación. En la India, y en Asia en general, se ha considerado que las posturas yóguicas de meditación son las más adecuadas para interiorizar la mente y conectarse con la conciencia. No hay nada de gratuito en tales posiciones. Son el resultado de milenios de investigación y tales esquemas corporales favorecen tanto la mente como las energías y aún el propio cuerpo. Para llegar a dominar estas posiciones se requiere asiduidad, paciencia y tener fe en que con un poco de esfuerzo uno puede conseguir muchas de las asanas que iremos describiendo. 

Se ha descrito que las asanas de meditación desencadenan los siguientes efectos:

-Dotan de elasticidad los músculos, nervios y articulaciones de las piernas, y mejoran el riego sanguíneo de las mismas.

-Aumentan el riego sanguíneo a la región pelviana desde las bifurcaciones de la aorta abdominal, estimulando los nervios coxígeo y sacro.

-Reducen considerablemente el consumo de anhídrido carbónico.

-Fortalecen el hueso sacro y tonifican las regiones sacra, coxígea y lumbar.

-Enseñan a mantener la columna vertebral erguida, lo que permite una respiración más libre y evita la opresión innecesaria sobre órganos internos.

-Estabilizan las corrientes psicomentales.

Aunque las asanas no pretendan directamente ser técnicas terapéuticas, en Occidente, sobre todo, se han utilizado para prevenir y corregir muchos trastornos. 

Cada una de estas asanas de meditación nos enseñan a prestar atención, a permanecer presentes en lo que estamos haciendo. Las asanas sólo pueden realizarse correctamente si ponemos atención en cada paso que realicemos. A continuación describiremos las asanas más importantes. Son posturas muy sencillas aunque su ejecución, dada nuestra poca flexibilidad, nos resulte bastante dificultosa. A veces, las diferencias de una a otra postura son mínimas. La forma de entenderlas es, más que siguiendo la descripción a nivel mental, animándonos a ejecutarlas físicamente, en el grado que podamos.

Padmasana, la postura de loto

Esta postura es también conocida con el nombre de kamalasana. Kamala, como padma, significa loto. Cuando la asana es ejecutada, presenta el aspecto del loto: de ahí el nombre más conocido de padmasana.

Muchos yoguis consideran que padmasana es la mejor asana para la contemplación. Los Rishis Gheranda, Saudilya y otros, tenían en elevado concepto a esta asana. La Padmasana es apropiada para personas delgadas y jóvenes.

Siéntate con las piernas juntas y estiradas. Flexiona la pierna izquierda y coloca el pie izquierdo sobre el muslo derecho, tan próximo como puedas al abdomen, quedando la planta del pie hacia arriba.
Seguidamente, dobla la pierna derecha y coloca el pie derecho sobre el muslo izquierdo, superponiendo, pues, la pierna derecha a la izquierda. Los talones quedan juntos, muy cerca el uno del otro. 

La columna vertebral y la cabeza deben mantenerse erguidas. Las manos descansan sobre las rodillas o entre los talones, la derecha sobre la izquierda. La rodilla y muslo derecho no deben separarse del suelo. Dirige la mente al entrecejo y cultiva una actitud de interiorización y quietud. Puedes mantener la postura varios minutos, evitando cualquier esfuerzo excesivo.

Tus piernas quedarán literalmente anudadas (y te costará trabajo desanudarlas). Los yoguis de la India cruzan las manos por detrás de la espalda y cogen cada uno de los dedos gordos de los pies con los de las manos. Pero es ésta una perfección poco accesible para un europeo.

Para poder realizar padmasana, generalmente se ha de comenzar con la práctica del medio loto, que consiste en colocar sólo uno de los pies sobre el muslo e introducir el otro debajo del muslo opuesto.

Efectos: Dota de extraordinaria elasticidad a las articulaciones y nervios de las piernas; fortalece y tonifica las regiones sacra y pélvica; favorece el plexo coxígeo y estimula el plexo esplénico; estimula las glándulas sexuales aumenta los jugos gástricos; combate el reuma y la artritis; mantiene el equilibrio de los diferentes elementos orgánicos.
Resulta la postura más ideal para la práctica del pranayama y la meditación; favorece la sublimación de energías; combate las fluctuaciones mentales y hace posible la interiorización.

Siddhasana, la postura perfecta

Sigue en importancia a la padmasana, la siddhasana. Algunos elogian esta asana al punto de considerarla superior a la padmasana, para el propósito de la meditación. Si se lograse dominio sobre esta asana, se adquirirían muchos siddhis (poderes siquicos). Muchos siddhas de antaño la practicaron. Por ello se le llama siddhasana.

La palabra siddha según el Glosario Teosófico de Blavatsky significa: santo, bienaventurado, afortunado; varón perfecto; ser humano que por su alto grado de perfección, saber y santidad ha alcanzado una condición semidivina; un ser semidivino, asceta, yogui o adepto dotado de poderes extraordinarios; vidente, adivino; se da igualmente este nombre a una jerarquía de Dhyân Chohans.

La palabra siddha en sánscrito, también, significa adepto, por eso a esta postura también se la conoce como la "postura del adepto". También se llama la "postura perfecta". Esta es una asana hermosa para la meditación

La forma de realizar esta postura es la siguiente: 

Siéntate en el suelo con la pierna derecha hacia la derecha y dobla la pierna izquierda. Coloca el talón izquierdo, hacia atrás, junto al perineo. La planta del pie permanecerá al lado de la cara interna del muslo derecho. Seguidamente flexiona la pierna derecha y coloca el talón junto al pubis. Los dedos del pie derecho se proyectan a lo largo de la pantorrilla izquierda. Los tobillos quedan cruzados. 

Mantén erguida la columna vertebral y apoya la barbilla sobre el esternón. Aminora el ritmo de la respiración y efectúa con las manos el jñana-mudra (símbolo de la sabiduría). Dirige la mente al entrecejo y mantén una actitud mental de serenidad. Empieza por mantener la postura de uno a varios minutos.

Efectos: Estimula el plexo sacro; abastece de sangre las regiones coxígea, sacra y lumbar; dota de elasticidad las articulaciones de las piernas y fortalece todos los músculos de las mismas; sirve de soporte para la práctica de la concentración y la meditación.

La postura perfecta es una de las posturas más difíciles del yoga.. La siddhasana es dura para un europeo que no se ha ejercitado en ella desde la infancia (como sucede entre los hindúes). Se precisan semanas y meses de esfuerzos perseverantes. Existe un ejercicio preparatorio para poder llegar a realizarla bien

Comencemos partiendo de lo más fácil a lo más difícil. Describimos a continuación otro método más fácil y detallado. Hay que sentarse en tierra, derecho el busto y separar las piernas cuanto sea posible.
Se dobla la pierna izquierda y, ayudándose con las manos, se sitúa la planta del pie pegando al muslo derecho, con el talón lo más cerca posible del pliegue de la ingle. Es esto lo más dificultoso. A fin de facilitar la operación, se puede colocar bajo las nalgas, hacia atrás, un pequeño cojín, o mejor, una manta plegada. Resultará así más cómodo mantener en el suelo la rodilla izquierda.

Se puede también situar el talón bajo el perineo (entonces la manta se impone). De esa forma el pie queda casi enteramente bajo el muslo derecho. Resulta un poco más duro. Con todo, algunos prefieren esta forma de proceder.

Esto no es más que una preparación. Más adelante se ejercitará en poner el pie derecho sobre la pierna izquierda. O, más bien, entre la pierna y el muslo izquierdos, continuando el pie izquierdo bajo el muslo derecho. La dificultad estriba entonces en mantener en el suelo la rodilla derecha. ¡Es difícil, pero se consigue!

 

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