Meditación y sus obstáculos

¿QUÉ ES LA MEDITACIÓN?

Para algunas personas esta pregunta es quizás superflua o inútil. En realidad existen muchas ideas, opiniones, conceptos sobre este tema. 

Podemos empezar diciendo que la meditación es un ejercicio o más bien una sucesión de ejercicios que permite lograr una cierta tranquilidad interior. La meditación es pues un ejercicio práctico y también un estado interior. Un estado interior, en verdad, que no conocemos pues pasamos nuestro tiempo absorbidos en actividades de todo tipo. Además estamos prisioneros en una eterna carrera de búsqueda del placer y de la satisfacción, tratando de huir del dolor y de la insatisfacción. 

Nuestro estado interior es pues un estado de agitación permanente, donde el silencio no tiene lugar. Además, vemos la vida a través de una pantalla de pensamientos que falsean nuestras relaciones con el mundo, con nuestros semejantes y con nosotros mismos, es decir, con nuestro propio SER. Así es nuestra situación hoy en día. 

La Gnosis nos ofrece una maravillosa oportunidad de llevar a cabo un balance sobre nuestro estado de salud interior, sobre nuestras fuerzas, sobre nuestras debilidades y sobre la calidad de nuestras múltiples relaciones; es también un momento propicio donde debemos elegir, decidir en cual dirección queremos ir. Existen dos posibles direcciones. 

La primera dirección es fácil de tomar, pues nos conformamos con nuestra pequeña vida hecha de pequeños placeres egoístas, una vida donde se acumulan las ilusiones y las desilusiones, una vida donde las preocupaciones, el miedo y la agitación dominan y dominarán. 

La segunda dirección es diferente. Es la dirección del hombre rebelde que no acepta ni el conformismo ni la mediocridad. Los grandes Maestros nos invitan a recorrer este camino revolucionario iniciático. Este camino que nos lleva hacia la emancipación psicológica, hacia la libertad que necesitamos descubrir, capturar, experimentar. 

Hemos hablado, anteriormente, de la meditación como una sucesión de ejercicios, llevando a una tranquilidad interior, una serenidad interior. La práctica diaria de la meditación puede llevarnos a este estado de bien estar, pero este estado no es el verdadero estado de la meditación, es solamente una etapa. 

Pues cuando creemos al mental tranquilo pero no nos llega ninguna experiencia divina, es porque el mental no es ni calmo ni silencioso y que en el fondo continúa hablando, luchando. El estado de meditación implica no solamente un mental totalmente pasivo, sino sobre todo se verifica por la llegada de un elemento nuevo, de un elemento transformador. Es la esencia, la conciencia quien solamente ella es portadora de un estado místico, divino. La conciencia es el único, elemento a poder, a saber meditar. Tenemos entonces dos fuerzas opuestas. 

Hay lo que observa a través de un auténtico recuerdo de si frente a lo que es observado. Los pensamientos, las asociaciones mecánicas (los intrusos). Hay lo que está completamente atento frente a lo que es desatento, lo que es consciente y objetivo frente al inconsciente, subconsciente, infraconsciente y totalmente subjetivo. Hay el orden frente al desorden. 

Aquí tenemos la verdadera separación interior, la segregación interior auténtica. 

Experimentar la realidad de la meditación tiene sus exigencias, sus reglas, sus leyes. La primera de estas exigencias corresponde a una actitud nueva frente a las prácticas como frente a la vida, una actitud diferente que invita al meditante a concebir, capturar, aprehender la meditación, no sólo como una sucesión de ejercicios que realizarnos a ciertas horas del día, sino de tomar la meditación como una manera de vivir, una ética de vida. 

Los ejercicios de meditación no son entonces hechos aislados de la vida cotidiana, más forman un todo, un conjunto sólido mucho más armonioso. Esta ética de vida tiene como fundamento la disciplina mental. Pues como pretender calmar la mente a una hora precisa de la mañana o de la tarde, cuando durante el resto del día parecemos autómatas fascinados por las formas, preocupados, ilusionados por las cosas de la vida. Por el contrario, si adquirimos más seriedad, en lugar de pasar el tiempo soñando y hablando internamente, frenamos esta actividad mental desbordante y cansada, así actuando de esta manera nos preparamos construyendo poco a poco un cierto clima, una cierta atmósfera propicia a la introspección. 

Reducir nuestro coeficiente de distracción, reducir el cansancio y las múltiples pérdidas de energía que la identificación trae consigo. Esta energía ahorrada será de mucha utilidad para formar ese centro de gravedad que tanto necesitamos. 

El V. M. Samael nos invita a vivir una vida más ordenada, más armoniosa. Nos invita a vivir la filosofía de la momentaneidad como una ética de vida, con paciencia y tenacidad, estar presente en todo momento, de acuerdo a nuestros límites y posibilidades; poco a poco, traer la mente aquí en el presente, ir a buscarla en el país psicológico una y otra vez, hasta vencer. Un gran Maestro del budhismo Zen dijo: "si caminan, caminen; si comen, coman; si se lavan, lávense, más no duden". 

Es decir, hagan una sola cosa a la vez, mas háganla bien. ¡Cuántos errores lamentables podríamos haber evitado! 

Viendo así la meditación como un todo compacto, vemos esta interrelación entre la vida cotidiana como una preparación dirigida a la introspección y los ejercicios de meditación mismos que nos dan la distancia, el desapego necesario con el cual se enfrentan los problemas diarios de la vida serenamente. 

Y así, a la pregunta qué es meditar, podremos responder: aprender a vivir.

LOS OBSTÁCULOS A LA MEDITACIÓN

1.- Los mayores obstáculos están en el interior de nosotros. 

Los numerosos años pasados en las filas gnósticas suelen transformarse en obstáculo a la meditación. Existe un fenómeno de acumulación de datos sobre la enseñanza gnóstica. Estas informaciones, no siendo masticadas y menos aún digeridas, se quedan en la memoria donde se amontonan. El estudiante puede entonces apropiarse de estos datos, haciéndolos parte de su propio patrimonio su propio saber, su propio conocimiento. Este saber intelectual se transforma con el tiempo en saber falsamente vivido, falsamente propio. La práctica de la gnosis viene a ser completamente inútil. Tengamos cuidado con esta trampa. Revalorizar la enseñanza es necesario, aplicar esta máxima del partir de cero es indispensable. "No sé nada, no soy nada". 

De todos modos el yo no sabe nunca nada, duda siempre, como tampoco el yo no es nunca nada. Está llamado tarde o temprano a convertirse en polvareda cósmica. "Vanidad de vanidad, todo es vanidad." 

2.- El desaliento, el desánimo. 

El desaliento tiene tres causas principales:
 
a) La impaciencia que es esa tendencia negativa a quererlo todo rápidamente, llegar a la meta. Tener ya resultados… 

Muchas veces esta impaciencia tiene sus raíces en el orgullo, en la auto-imagen exageradamente positiva que tenemos de nosotros mismos. El comenzar de cero puede ser de gran utilidad. El meditante no es un corredor de cien metros con sus esfuerzos cortos y violentos. Mas bien, el meditante se asemeja a un corredor de maratón, esfuerzos regulares, prolongados y constantes. 

b) Nuestras esperanzas son exageradas, desproporcionadas.
 
"Recibir mucho y dar poco". Lo mejor, es no tener ningún tipo de esperanzas, pues éstas abren las puertas a las ilusiones y éstas, a su vez, a las desilusiones. Además, las esperanzas monopolizan cierto tipo de energía que obstruyen los canales vitales, prohibiendo así toda clase de experiencia directa. 

c) La costumbre de compararnos

Un obstáculo mayor en el terreno de la meditación es la mala costumbre de compararnos a los demás. Esta comparación sistemática abre las puertas a dos sentimientos negativos: la envidia y la vergüenza. La envidia es la tendencia a querer parecer, a imitar, lo que más tarde se transforma en resentimientos y dolores. 

La vergüenza lleva al estudiante hacia los complejos y bloqueos de todo tipo. 

3.- La incapacidad de concentrarse. 

Este gran impedimento tiene dos causas principales. La primera causa es debida a la falta de toda disciplina mental en nuestra vida diaria. La segunda causa se refiere a los numerosos excesos que abundan en nuestro diario vivir. 

a) el exceso de alimentación impide todo tipo de prácticas. 

b) el exceso de trabajo profesional puede transformarse en obstáculo principal a nuestro avance espiritual por falta de energía. Esta situación particular puede ser también una prueba. 

c) el exceso de vida social lleva también al cansancio, al agotamiento del cuerpo físico y por otra parte fortifica la mente. Una vida social equilibrada es saludable. Un exceso de vida social nos debilita. 

d) Las diversas distracciones mentales, de las cuales somos muy aficionados, por ejemplo la lectura barata, el cine, la televisión, los computadores, etc… Todas estas costumbres producen agitación y desorden mental y en definitiva provocan el sueño de la conciencia. 

Así pues, si nosotros queremos el despertar de la conciencia, necesitamos reducir todas estas actividades que contaminan nuestra mente y la hacen más torpe, más inútil para todo tipo de práctica de introspección. 

Ser más independiente de la mente es nuestro propósito, nuestro objetivo. 

LA ATENCIÓN Y LA CONCENTRACIÓN 

Un impedimento a la meditación correcta es debido al poco desarrollo de esas capacidades mentales: La atención y la concentración. 

Estas dos facultades de la mente tienen como objetivo único: Observar. Observar sin críticas, sin juicios, sin condenación alguna 

El desarrollo de tales capacidades lleva al estudiante, al meditante posteriormente (algunos años) a la experiencia directa de la verdadera auto-observación (facultad de la esencia). La atención y la concentración observan sin emitir juicio. No son prisioneras de lo que perciben. Normalmente la primera fase de atención es muy corta. Rápidamente llega el proceso de la conceptualización. 

La atención se ubica antes del pensamiento en el proceso de la percepción. Así nuestros trabajos consisten en prolongar ese preciso instante de real atención. 

La diferencia que hay entre la atención y la concentración, es la diferencia que hay entre estar atento y estar concentrado. Podremos estar atentos a varias cosas a la vez, pero podemos estar concentrados sobre una cosa a la vez. 

La atención es más amplia pero la concentración ayuda a fijarse en un solo objeto; sin embargo las dos se desarrollan a través de la práctica. 

En el ejercicio que vamos a realizar, utilizaremos nuestra respiración como punto de apoyo. Vamos a concentrarnos sobre la sensación que produce la respiración al entrar y salir por las aletas de nuestra nariz. Existe un punto matemático que debemos ubicar. Se utiliza la respiración por ser ésta disponible en permanencia. También es un fenómeno vivo que está en relación con el movimiento perpetuo de la creación 

LA MENTE 

La sustancia mental que corresponde al ser humano está habitada por intrusos, múltiples personajes que él mismo ha creado, ha fabricado. Estas energías negativas personifican nuestros errores, vicios, tendencias y malas costumbres. 

Nuestro cerebro está contaminado por estos intrusos que prohíben que esta energía cósmica universal fluya libremente en nuestro interior. De esta manera los agregados no dejan que los mensajes de lo alto lleguen a nuestra conciencia. 

¿Qué hacer con estos intrusos? ¿Qué hacer con el mental? Hablaremos sobre las actitudes correctas a adoptar. Terminaremos nuestra exposición con una práctica sobre la atención. 

¿Qué hacer cuando la mente se escapa? 

1) No hacer: Identificarse, es decir, irse con él en nuestro país psicológico. Ya no hay atención, solamente pérdida de energía y fortalecimiento de algún defecto. Ignorarlo o condenarlo. Eso implica conflictos y tormentos anteriores. 

2) Hacer:

· Desplazar, momentáneamente, nuestra atención sobre el objeto de distracción y observar (sin comentarios o análisis). 

· Volver a la respiración. A veces es suficiente. La mente también se puede tranquilizar contando mentalmente cada ciclo completo de respiración. Es decir, a cada inspiración y expiración contamos uno, al segundo ciclo contamos dos, esto hasta diez. Luego seguimos sin contar. 

· Cuando la mente es más fuerte, es necesario dialogar con ella. «Mente, ¿qué quieres? ¿qué buscas? ¿por qué no me dejas en paz?» etc. Hay que hablarle como alguien de exterior, como un intruso. Hacerle ver que sus preocupaciones no tienen ningún fundamento verdadero. Volver a nuestra respiración. 

Si vuelve la mente, entonces seremos firmes y tenaces. El mental debe entender quien manda y quien debe obedecer. Es necesario reducir a cero las dudas. Hacerle ver que se equivoca, que sus propósitos son vacíos, etc… Necesitamos ordenar el desorden interior. 

Podemos naturalmente pedir la ayuda de nuestra Madre Divina. En caso de necesidad, ella está siempre presente, dispuesta a auxiliarnos… La mente, tarde o temprano se cansa, toda idea fija tiene un fin. 

Lo importante en un principio es observar la actividad de la mente, su funcionalismo, guardando como punto de apoyo nuestra respiración. De esta manera, esta práctica no puede ser ni buena ni mala, solamente hay una realidad interior a constatar, a verificar. El solo hecho de realizar cotidianamente esta observación, va a favorecer, al cabo de un cierto tiempo (semanas, meses), una disminución de la actividad mental, lo que nos permite acercarnos al verdadero estado de meditación a partir del cual podemos pretender realizar prácticas más complejas como la observación, comprensión y disolución del yo, del intruso. 

Todos los obstáculos no existen para disminuirnos o abatirnos. En realidad estas dificultades deben ser tomadas como desafíos que sirven para crecer. 

Estos impedimentos se convierten entonces en verdaderos trampolines que nos conducen al hombre nuevo, al hombre rebelde, al hombre auténtico que duerme profundamente en nuestro interior. Ese hombre debe despertar y levantarse para transformarse en una herramienta útil para nuestro Ser y para nuestra humanidad doliente. 

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One response to “Meditación y sus obstáculos

  • Rolando Botello Rodríguez

    Hola, mi nombre es Rolando, soy de Colombia. Me interesé por todo esto del misticismo a partir de las Artes Marciales ya que en ellas encontraba un espacio para aquietar mi mente y fijarla en mi respiración o los movimientos necesarios en las prácticas. Por supuesto que no aprendí Artes Marciales bajo el modelo occidental que lo redicen a deporte y competencia. Hoy creo que se puede hacer misión desde la enseñanza de las AM, para enseñar sobre el más grande contrincante que tiene cada persona que es él mismo (su ego), para desafiar y vencer la pereza con una sana disciplina y para enseñar a respirar y a meditar. Creo que estos aspectos son inmensamente necesarios para el Pueblo Gnóstico, y creo que se está adoleciendo de ello. Bueno y sería una entrada para divulgar la doctrina o acercarla a las mentes jóvenes. He descubierto que muchos de los que se interesa por las Artes Marciales tienen urgencias, rebeldías, son inconformes espirituales. MI correo es yaro91@hotmail.com

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