Los 10 Mandamientos develados (Parte II)

 
P.: Usted me deja apabullado con todas estas explicaciones que me da. La verdad es que no había caído en la cuenta de todo esto que usted me ha relatado. Ahora bien, llegados aquí, me gustaría mucho que me aclarase también el sexto mandamiento. Si más no recuerdo, este mandamiento dice: “NO FORNICARAS”. ¿Qué es esto?

R.: Amigo mío, permítame decirle que acerca de este mandamiento se han dicho muchas cosas y ha sido intencionalmente tergiversado. Este mandamiento originalmente quería decir: “No perderás tus aguas seminales o aguas genesíacas”. Esto era originalmente lo que entrañaba el término fornicación. Después las iglesias fracasadas, maliciosamente, buscando quedar bien con las multitudes, aceptaron que dicho término (fornicación) aludiese al hecho de “tener relaciones carnales”, o “tener vida sexual con alguien que no es nuestro cónyuge”. La realidad es que la fornicación no traduce “tener relaciones carnales o tenerlas con alguien que no es nuestro cónyuge”. La verdad original acerca de este término traduce: “acto por el cual el hombre pierde sus energías sexuales”. Al decir hombre debemos entender que es lo mismo para la mujer. La Biblia de antigua versión de Casiodoro de Reina (1569) y revisada por Cipriano de Valera (1602) nos dice en el capítulo titulado levíticos, versículos 16 al 18, lo siguiente: “Cuando el hombre tuviere emisión de semen, lavará en agua todo su cuerpo, y será inmundo hasta la noche. Y toda vestidura, o toda piel sobre la cual cayere la emisión de semen, se lavará con agua y será inmunda hasta la noche. Y cuando un hombre yaciere con una mujer y tuviere emisión de semen, ambos se lavarán con agua, y serán inmundos hasta la noche”. Lamentablemente, todo esto fue alterado por muchos exegetas de iglesias fracasadas y ahora se asocia la fornicación al hecho de tener relaciones sexuales con otra persona que no es nuestro cónyuge. Esto último está ya señalado en el noveno mandamiento que dice: “No adulterarás”. Por lo tanto no debemos confundir el sexto mandamiento con el noveno mandamiento. Fornicar es un delito aunque lo hagamos con nuestra esposa o esposo.

 

P.: Pero, oiga usted, los obispos católicos y rabinos hebreos dicen que estas leyes o prohibiciones se hicieron porque las gentes de entonces no eran muy aseadas y se necesitaba que entendieran la necesidad de asearse… ¿qué me puede decir usted?

R.: Lamento decirle que todo ello es una gran patraña intelectual de algunas iglesias caídas en desgracia. ¿Cree usted que las gentes no sabían los que era asearse en tiempos de Moisés?, ¿Cree usted, realmente, que Moisés iba a perder el tiempo dictando cátedras sobre la higiene corporal? No. No. No. La Biblia es altamente simbólica. Fue escrita por Iniciados para ser entendida por Iniciados, ya lo hemos dicho antes. La verdad acerca de este sexto mandamiento es mucho más profunda. Perder las aguas seminales es un delito muy grave. A ello se refiere San Pablo cuando nos dice: “Todo pecado será perdonado, menos aquél que atenta contra el Espíritu Santo”. El Espíritu Santo, amigo mío, es la fuerza sexual presente en toda la Naturaleza. El hombre de las antiguas razas que nos han precedido en el curso de la historia no fornicaba para reproducirse, aunque tenía relaciones sexuales con su mujer. Existió y sigue existiendo un método por medio del cual hombre y mujer pueden disfrutar del matrimonio y de la vida sexual (que es un legítimo derecho de la especie humana) sin llegar a la fornicación, es decir sin perder sus aguas seminales…

 

P.: Pero, ¿dónde está ese método?, yo jamás he oído hablar de ello…

R.: Debo aclararle que en la doctrina cristiana antigua todo esto estaba muy claro. Pero a raíz del concilio del año 1300 después de Cristo celebrado en Nicea y luego en el concilio de Trento celebrado en 1500, todo esto se tergiversó y se mutiló. Hoy existen muchas biblias cristianas pero mutiladas, y esto es muy grave…

 

P.: Y, ¿ustedes los gnósticos conocen ese método de vida sexual?

R.: Claro que sí lo conocemos pues nos ha llegado a través de la tradición Gnóstica milenaria que ha resistido el paso de los milenios, a pesar de haber sido perseguidos y quemados en la hoguera muchos paladines gnósticos. Pero no somos los únicos que conocemos ese método. Hay en la India, en Pakistán, en Nepal y en algunas otras regiones del mundo, gentes que conocen la fórmula mediante la cual el hombre y la mujer pueden unirse sexualmente sin llegar a la pérdida de las aguas sexuales. A esto se le llama en la India Tantrismo, Yoga Tántrico, Kundalini Yoga o Agni Yoga, etc. En otros lugares a este sistema se le llama caretza y hasta han existido sociedades científicas como la comunidad odeina que ensayaron este método en Estados Unidos de Norteamérica logrando resultados extraordinarios de los cuales sería muy largo hablar en esta entrevista. Todo ello reviste un capítulo aparte dentro de nuestros estudios.

 

P.: Pero, perdone usted la pregunta ¿existe placer sexual en este tipo de relación?

R.: No solo existe sino que además usted puede prolongar el coito durante mucho tiempo. En cambio, utilizando el sistema sexual ordinario que todo el mundo conoce, una vez llegado el clímax, la relación termina fulminantemente dejando un cierto desconcierto a los cónyuges y muchas veces un pequeño vacío que con los años se va aumentando y termina por crear tedio entre los cónyuges. Todo esto trae, más tarde, aparejada la desilusión y el adulterio tan común en nuestros días.

 

P.: ¿Y qué es lo que se busca con no fornicar?

R.: Pues simplemente que el ser humano vuelva a la Castidad científica. La misma que practicaban los antiguos profetas, santos, enviados y patriarcas del antiguo cristianismo. De esta manera el hombre y la mujer se reconcilian con las fuerzas divinas y se abre ante ellos de nuevo el edén del cual nos hablan las Sagradas Escrituras. Una pareja que no fornica comienza a desarrollarse espiritualmente y empieza a conocer realmente los misterios de la Naturaleza, de la vida y de la muerte. Así es como el ser humano se reconcilia con eso que llamamos: DIOS.

 

P.: ¡Qué interesante, muy interesante!, ¡increíble!… ¿Es eso lo que significa, en la Biblia, el que Adán comiese la manzana que producía el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, en el Paraíso terrenal?

R.: Efectivamente, la manzana simboliza a la sexualidad y tragarse la manzana significa caer en el delito de la fornicación. Se dice, simbólicamente hablando, que el hombre original, el Adán bíblico, tenía el derecho de alimentarse con el aroma de las manzanas del Edén, pero no debía tragárselas y eso fue lo que ocurrió.

 

A partir de ello se dice que la Serpiente (tentadora) descendió del Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal y Jehová la condenó arrastrarse por el suelo como castigo. Indudablemente que este es también un lenguaje simbólico. La Serpiente representa los Fuegos Sagrados del Espíritu dentro del hombre, tales Fuegos descendieron o se perdieron dentro del ser humano cuando este conoció y practicó la fornicación. A partir de allí el hombre perdió sus facultades espirituales de las cuales había sido dotado por haber sido creado a imagen y semejanza del creador. Se dice que luego Adán y Eva se dieron cuenta de que estaban desnudos y fueron arrojados del Paraíso por un ángel que Dios puso guardando la entrada de dicho lugar sagrado. Con esto se nos quiere decir que Hombres y Mujeres tenían condición angélica, pero cuando fornicaron perdieron su inocencia y sus poderes sobrenaturales y todo ello quiere decir que la humanidad perdió sus vestiduras sagradas que antes poseía y se apartaron del edén de la Conciencia o de las facultades que permitían que los seres humanos vivieran en armonía con la Naturaleza, con el Cosmos y con el Infinito que nos rodea.

 

P.: ¿Podría usted explicarme también el séptimo mandamiento, por favor?

R.: Con el mayor gusto. Recuerde usted que el séptimo mandamiento nos dice: “NO HURTARÁS, lo cual equivale a decir: No robarás. Hurtar es un grave delito pues despojamos a los otros de aquello que probablemente les ha costado mucho sacrificio obtener. Pero, no olvide usted, que además existen muchas formas de robar. Por ejemplo, podemos robar a otros el amor de su vida, los alimentos que necesitan para vivir, los documentos que les permiten trabajar y ganarse la vida, el dinero que se han ganado con mucho sacrificio en sus trabajos u oficios, las ideas que alguien ha tenido originalmente y nosotros las usamos como si fueran nuestras, las cosas sagradas de un templo religioso, cualquiera que sea la religión, los documentos que constituyen la historia o el patrimonio nacional de un país, los bienes que alguien ha legado como herencia para una causa, etc., etc., etc. El robo es un delito muy grave porque constituye un atentado contra la ética del Ser. El SER interior de cada uno de nos no quiere jamás mancharse sus manos ante la Gran Ley Divina y para el Ser es bochornoso que el ser humano, su Alma humana aquí en la tierra, se manche con el delito del hurto. Todo lo que hace el Alma humana en la tierra repercute ante nuestro Ser porque se obstaculiza la misión que el quiere realizar a través de nosotros. De este modo, si el SER tiene un objetivo cualquiera y que desea cumplir pues entonces la Ley cobra al Alma humana sus delitos pasados o presentes y todo ello dificulta en gran manera que el Ser desarrolle sus planes en nuestro mundo físico.

 

P.: ¿Y, de que manera somos castigados cuando robamos o hurtamos?

R.: Pues sencillamente sufriendo en nuestras carnes lo que hicimos a otros antes. Es decir, si robamos a alguien su dinero, pues luego nosotros seremos robados igualmente. Y si el dinero que robamos a alguien privó a esa persona de un bien necesario para su vida, pues entonces nosotros pasaremos privaciones terribles en nuestra existencia actual o en la siguiente. Mire usted, existen muchos mendigos que deambulan por las calles del mundo, olvidados por la sociedad, hambrientos, sucios y hasta enfermos. Esos sujetos pueden haber sido en existencias anteriores presidentes de un país y haber robado el dinero de sus conciudadanos para construirse hermosas mansiones, llenarse de lujos de toda especie en su vida personal, etc., etc., y como quiera que eso es un delito de lesa majestad pues lo pagan llevando una o varias vidas miserables. Esa es la Ley.

 

P.: Entonces, ¿no debemos ayudar a los mendigos cuando los vemos en las calles de las ciudades?

R.: No, por favor. De ninguna manera. Es nuestro deber ante la Divinidad de ayudar a los pobres, desvalidos y mendigos. Obviamente no debemos dar limosnas a los mendigos que solo quieren dinero para beber alcohol o para comprarse drogas o estimulantes que atentan contra la salud. No. No olvidemos que ante la Gran Ley Cósmica: “Tanto Karma pagamos por el mal que hacemos, como por el bien que pudiendo hacer no hacemos”. De este modo es importante siempre hacer el bien cuidándonos de no estar cooperando con el delito.

 

P.: Y, ¿cómo sé yo cuándo coopero con un delito, si yo mismo no sé para qué va utilizar un mendigo mi limosna?

R.: Pues primero observando cuidadosamente el mendigo. A veces el mismo mendigo expele olor a alcohol y en tal caso es obvio que usa el dinero para el alcohol. Otras veces vemos en su piel cicatrices producto de inyecciones de drogas, etc., etc. En estos casos es fácil saber cómo reaccionar. Pero lo ideal es desarrollar la intuición amigo mío. Y para ello la Gnosis le ofrece muchas prácticas especiales para alcanzar tal facultad. Empero, más allá de estas consideraciones lo que cuenta es que ante Dios usted no sea una persona de corazón duro y haga el bien cada vez que pueda. En el fondo la persona que recibe la ayuda o limosna deberá rendir cuentas de lo que hace con esa aportación.

 

P.: ¿Podría explicarme un poco más por qué es tan importante no robar o hurtar?

R.: Claro que sí. Usted debe saber que cuando venimos a nuestra existencia traemos tales o cuales valores acumulados de nuestras existencias anteriores. Pues bien, esos valores los administra la Gran Ley en acuerdo con nuestro Real Ser interior particular. De esta manera, la Ley y el Padre saben cuál ha de ser nuestra posición social en este mundo, es decir, el Ser sabe hasta que punto merecemos tales o cuales bienes y en su momento y en su hora él nos ira dando todo aquello que necesitamos y merecemos. Pero, cuando nosotros no pensamos en el Ser, en la Gran Ley, y tan solo queremos hacer nuestros caprichos, pues entonces probablemente motivados por la envidia, la codicia, etc., llegamos a ser capaces de violar la voluntad del Padre y de la Gran Ley y es entonces cuando somos capaces de robar, hurtar, etc., etc., etc. Incuestionablemente que el Padre no tolerará esa conducta nuestra y mirará de castigarnos por querer ir contra lo establecido por la Ley para con nuestra persona.

 

P.: ¿Podría usted explicarme un caso de hurto o de robo de índole religiosa?

R.: Pues los hay muchísimos. Sin ir muy lejos usted debe recordar que cuando América fue descubierta por los europeos, hubo grandes saqueos en los templos religiosos de las culturas autóctonas. Los colonos europeos robaron el oro de los templos aztecas, mayas, incas, chibchas, etc. Recuerde usted también al terrible conquistador Francisco Pizarro que atravesó el corazón de Perú con su espada y obligó a los incas a entregarle todo el oro de sus templos y a llenarle una habitación de oro. Todo ese oro luego fue destinado a llenar las arcas de los reyes católicos de España y para engalanar las iglesias católicas de Europa. Eso es un robo de índole religiosa. Todavía hoy, en nuestros días, existen gentes que roban en las iglesias iconos artísticos de carácter religioso, estatuas de mártires, santos, profetas, etc., etc. Todo ello constituye un delito de robo religioso.

 

P.: Dígame ahora, si es posible, algo sobre el octavo mandamiento: “NO PRONUNCIARÁS FALSOS TESTIMONIOS NI MENTIRAS…”

R.: Con gran placer respondo a su inquietud. Primeramente recuerde usted que el SER es la verdad en nosotros. El SER es la porción de Dios que habita en nuestras profundidades y siendo él la verdad pues es la antítesis de la mentira, de la falsedad, es decir, del Yo. El Yo es lo falso, lo absurdo, lo antidivino, y es obvio que el Yo falsea todo lo que a nosotros concierne. Cada vez que nosotros faltamos a la verdad el Yo se fortifica, se hace fuerte en nosotros, se multiplica y por ello es obvio que nos alejamos del Padre que está en secreto. Cuando nosotros mentimos automáticamente existen fuerzas que nos alejan del Padre que es la auténtica felicidad. Así que resulta un contrasentido querer alcanzar la felicidad si por otro lado rendimos culto a la falsedad, al yo, a la mentira. Cuando una persona miente se está divorciando del SER y siendo el ser la belleza y la paz, pues entonces esta persona mentirosa atraerá sobre ella misma tristezas, penas, dolores, y fealdad física y anímica. Muchos rostros deformes tienen su causa kármica en haber utilizado vidas enteras abusando de las mentiras. A medida que nos alejamos del Padre caemos en el desorden de toda índole y ello implica el desorden Atómico y por ello no es de extrañar que vengamos mas tarde a la existencia con un rostro lleno de fealdad. Pero la cosa es más grave si tomamos en cuenta que con las mentiras podemos destrozar muchas vidas acarreando sobre nosotros peligrosísimos karmas de toda índole. Igual cosa nos sucede cuando levantamos falsos testimonios acerca de alguien o de algo. Indubitablemente que cuando levantamos falsos testimonios sobre alguien desvirtuamos la realidad que concierne a esa persona y podemos causarle gravísimos daños para toda su vida a nivel moral, sentimental, económico, social, religioso, etc., etc., etc. Igualmente cuando adulteramos la verdad sobre algo pues podemos alterar el curso que debería seguir un acontecimiento, según la Ley, y esto puede traer consecuencias irreversibles y duras consecuencias para mucha gente. Todo ello hemos de pagarlo kármicamente y de manera muy dolorosa.

 

P.: ¿Podría explicarme todo esto con un ejemplo?

R.: Pues es muy fácil. Imagínese usted que una dama, según la Ley Divina, está predestinada para contraer matrimonio con un personaje cualquiera. Pero, alguien, egoístamente, quiere a esa dama para sí y llega a ser capaz de decirle al novio de esa dama que ella es una fulana, que ama a muchos hombres, que es infiel, que es esto o aquello, etc., etc. Todo ello con el propósito de que el novio de la dama la abandone para entonces ese alguien buscarla y proponerle una nueva relación. Finalmente la consigue, pues la dama es abandonada por su primer novio. A partir de allí, ese personaje que ha desposado a esa mujer de la que hablamos, ha contraído un terrible Karma pues prácticamente le ha robado al novio original su prometida y esto deberá pagarse con profundo dolor sea en esta existencia o en una próxima existencia. Así es la ley. Otro caso muy evidente de falsos testimonios y mentiras lo tenemos en los políticos de nuestros días. Ellos prometen el cielo y las estrellas a las poblaciones de nuestro mundo y cuando llegan a la presidencia de sus países, se olvidan totalmente de lo prometido y administran sus países como si les pertenecieran, como si se tratara de negocios personales que ellos administran caprichosamente. De este modo roban, especulan, se hacen corruptos, criminales, etc., etc., etc. y todo ello atenta contra el octavo mandamiento.

 

P.: Me deja usted apabullado con esas respuestas….

R.: Pues a mi me alegra que usted vaya entendiendo todo esto. Por eso decimos que la Gnosis es una manera de vivir la vida inteligentemente.

 

P.: Hábleme ahora del noveno mandamiento, por favor….

R.: Amigo mío, el noveno mandamiento nos advierte de “NO ADULTERAR y esto tiene muchas implicaciones interesantísimas. Lo primero que hemos de saber es que este mandamiento es ante todo de índole sexual, aunque también tiene relación con otros actos de nuestra vida. El adulterio sexual está descrito muy gravemente en las Sagradas Escrituras tanto en el Deuteronomio como en el Levítico. Es en verdad contrario a la Ley mezclar nuestras energías sexuales con otro cónyuge que no es el nuestro. Sobre todo cuando la pareja conoce el arcano A.Z.F que constituye el Secreto Secretorum de los alquimistas medievales. Es importante que usted sepa que cuando un hombre y una mujer unidos en matrimonio adulteran, pues entonces la pareja comienza a recibir energías contrarias al amor, a la paz, a la armonía. Desgraciadamente las gentes de hoy en día se ríen de estas cosas pero los hechos son los hechos y ante los hechos tenemos que rendirnos. Observe usted que allí donde hay adulterio hay desgracias morales o físicas y es que al mezclarse sexualmente uno de los cónyuges con otra persona que no es su pareja, ese cónyuge toma el Karma de esa otra persona y, además, toma el Karma de todas las personas que hayan tenido relaciones sexuales con esa persona con la que ha adulterado. Ahora comprende usted mejor por qué el mundo en el que vivimos está cada día más y más lleno de dolor. Todo se debe a que la humanidad está terriblemente mezclada en sus Karmas sexuales y los hogares por ello no tienen derecho a la felicidad. Hay que decir también que las fuerzas sexuales están íntimamente asociadas al Espíritu Santo y cuando nosotros adulteramos pues prácticamente atentamos contra el Espíritu Santo que es quien gobierna la reproducción y el amor.

 

P.: ¿Me está usted diciendo que el Espíritu Santo tiene que ver con el sexo, la reproducción y el amor?

R.: Pues aunque le cueste creerlo es así. Por eso él es el gran fecundador de las vírgenes en todas las religiones. Recuerde que él fue quien fecundó a María según la tradición cristiana y en la India es Shiva (equivalente al Espíritu Santo en el cristianismo) quien con sus rayos de luz o sus fuegos fecunda a las vírgenes dentro de la doctrina hindú. Todas las trimurtis de todas las religiones tienen a una divinidad o fuerza sagrada relacionada con la reproducción, con el amor y obviamente con la alegría.

 

P.: Pero nuevamente le digo, a mí jamás se me habló de esto en mi religión….

R.: Nuevamente le repito que muchos textos sagrados antiguos que hablaban de estas cosas fueron mutilados o escondidos pues muchas religiones prefirieron pactar con el mundo y renunciar a sus principios, con tal de tener poder político o publico. Y eso ha sido muy triste pues la humanidad quedó ignorante de muchos aspectos secretos y sagrados en conexión con los principios religiosos.

 

P.: Y, ¿de qué otra forma podemos adulterar?

R.: Estimado amigo, el adulterio hoy en día es más popular que las patatas y las cebollas. Observe simplemente como se adulteran hoy los granos que se venden como comestibles. Observe usted como se está implantando el uso de alimentos transgénicos con el dizque propósito de que haya más alimentos para todos. Lo peor de todo esto es que esos alimentos van a adulterar también nuestras propias energías sexuales, nuestra simiente, pero eso no nos lo dicen, tal vez porque hay muchísimos intereses creados en torno a este tema. Casi todos los alimentos están hoy día adulterados. La leche esta mezclada con agua o con harinas en muchos países del mundo, las carnes de ganado vienen adulteradas al consumidor pues a las vacas se les priva de alimentos naturales y se les da alimentos antinaturales. Recuerde usted el mal de las vacas locas que azotó recientemente a Europa y hasta llegó a producir muertes humanas. Esos animales habían consumido piensos animales en lugar de consumir piensos vegetales. Todo esto se llama ADULTERIO DE LA PEOR ESPECIE y es castigado por la Gran Ley. Existe también adulterio cuando mutilamos de un libro algo que no queremos que otros vean. Por ejemplo, todo el mundo sabe que la Biblia cristiana ha sido adulterada muchas veces a través de los siglos. Igual cosa ha sucedido con otros Libros Sagrados como el Korán o el Bhagavad Gita. Muchos kalifas añadieron sus propios conceptos al Korán para complacer sus caprichos y saltarse las normas originales dejadas por Mahoma el Profeta. Igualmente muchos Papas cristianos han ido adulterando trozos de la Biblia para adaptar ese Libro Sagrado a sus conveniencias y eso lo saben los investigadores de estos temas, es algo que ha sido muy evidente. Cada vez que nosotros los humanos adulteramos textos religiosos o filosóficos caemos en el delito de ser adúlteros y en este caso con las cosas divinas. En el fondo de estas adulteraciones siempre está presente el YO y sus intereses particulares. El YO siempre quiere más y más sensaciones y más y más caprichos y esto lo lleva a adulterar las cosas originales buscando satisfacer caprichos o buscando nuevos placeres egoicos. Así es como actúa el Yo del adulterio. Pero el adulterio va mucho más lejos y llega hasta las cosas más triviales de nuestra vida cotidiana. Posiblemente usted conozca muchos abogados que han adulterado un texto original de una herencia o de un litigio cualquiera con el propósito de ganar el juicio que está entablado. Igualmente sabe usted que muchos periodistas adulteran las palabras que alguien pronunció con el propósito de crear un escándalo y mediante ese escándalo vender más y más periódicos. Obviamente detrás de todo esto está el Yo del adulterio y de la codicia que muchas veces van juntos. Así que, amigo mío, el adulterio es muy común en nuestros días y está ocasionando grandes daños a la humanidad.

 

P.: Bueno, ya que hemos llegado hasta aquí, ¿podría explicarme el último de los diez mandamientos?

R.: Con mucho gusto querido amigo. El décimo mandamiento nos advierte: “No codiciarás los bienes de tu prójimo”. Esto quiere decir que no debemos codiciar las cosas ajenas. La razón de este mandamiento está en el hecho de apartarnos de un yo verdaderamente maléfico llamado la codicia. La codicia es harta en desgracias, en guerras, en luchas familiares, en crímenes de toda especie en ingratitudes, en traiciones, etc., etc., etc. Es fácil darse cuenta de que hoy en día la codicia es el resorte de la acción de muchas gentes. Las gentes no queremos vivir nuestra propia naturalidad y no queremos aceptar la voluntad del Padre jamás. Mire usted, por ejemplo, existen muchos matrimonios que se han constituido en base a la codicia y no en base al amor. Eso es muy triste. Hoy se dice que el amor huele a cuentas bancarias y es cierto. Las jovencitas o los jovencitos no se casan, en muchos casos, por verdadero amor, sino pensando en los bienes materiales que el otro o la otra le van a dar una vez unidos en matrimonio. Esto es un atentado contra el Espíritu Santo. Por otra parte, la codicia no se satisface jamás. Siempre funciona con el proceso psicológico del más. La codicia siempre quiere más y más dinero, más poder, más influencia política o religiosa, más bienes materiales, más mujeres para adulterar, más atribuciones administrativas, más fama, más gloria, más aplausos, etc., etc., etc. Incuestionablemente que la codicia hace de nosotros personas monstruosas pues seríamos capaces de traicionar un ideal cualquiera simplemente por codiciar los bienes que vemos en manos de los otros. En el fondo de todo esto se esconde algo execrable llamado asimismo amor propio. El amor propio está en la base del orgullo y de la vanidad. El orgullo es interno y la vanidad es externa. Cuando somos codiciosos no tenemos nunca paz interior pues siempre estaremos codiciando el coche del año, la casa del vecino, la mujer del vecino, la fama de tal o cual amigo nuestro, la belleza física de los otros, la posición social de nuestros amigos o familiares, etc., etc., etc. Es un rosario de conflictos el que crea la codicia y lo peor de todo esto es que hoy en día esto es tan común y las gentes adormecidas ni siquiera piensan que son codiciosas. La mente humana funciona casi siempre con los resortes de la codicia y la comparación. Casi nunca estamos agradecidos con lo que la vida nos ha traído y estamos, en cambio, siempre buscando más y más dinero, cosas, bienes, etc., etc., etc. Esta es la triste historia que sostiene a esta llamada sociedad de consumo.

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