Tao Te Ching (Segunda Parte)

 

L

Vivir es llegar y morir es volver. Tres hombres de cada diez caminan hacia la vida. Tres hombres de cada diez caminan hacia la muerte. Tres hombres de cada diez mueren en el ansia de vivir. ¿Cómo puede sobrevivir el décimo hombre? He oído decir que quien sabe cuidarse

viaja sin temor al rinoceronte ni al tigre, y va desarmado al combate. El rinoceronte no encuentra donde hincar  el cuerno, ni el tigre donde clavarle su garra, ni el arma donde hundir su filo. ¿Por qué? Porque en él nada puede morir.

LI

El Tao engendra. La virtud nutre. La materia conforma. La energía perfecciona. Por esto, de todos los seres no hay ninguno que no venere al Tao y estime la virtud. Esta veneración al Tao y la estima de la virtud no es impuesta sino una eterna inclinación espontánea. Porque el Tao los engendra, la virtud los nutre, los hace crecer, los perfecciona, los conserva, los madura y los protege. Engendrar y criar, engendrar sin apropiarse, obrar sin pedir nada, guiar sin dominar, esta es la gran virtud.

LII

Todo cuanto existe tuvo un origen, la madre del mundo. Quien conoce a la madre conoce a los hijos. Quien conoce a los hijos preserva a la madre y su vida no correrá peligro. Tapa los orificios, cierra las puertas, y vivirás sin fatiga. Abre los orificios, aumenta los trabajos, y estarás indefenso toda la vida. Ver lo pequeño es clarividencia. Conservarse débil es fortaleza. Usar la luz para volver a la claridad, y proteger el cuerpo de todo daño, es vestirse de eternidad.

LIII

Quisiera poseer la sabiduría para poder marchar por el gran camino sin temor a desviarme. El gran camino es llano pero la gente ama los senderos. La corte de todo tiene abundancia pero los campos están llenos de malas hierbas y los graneros vacíos. Vestirse ropas lujosas, ceñir afiladas espadas, hartarse de bebida y de manjares, retener grandes riquezas, es como el robo; no es Tao.

LIV

Lo que está bien plantado no será arrancado. Lo que está bien abrazado no será soltado. A los antepasados ofrecerán siempre sacrificios los hijos y los nietos  Si la cultiva en sí mismo su virtud será verdadera. Si la cultiva en su familia su virtud será abundante. Si la cultiva en su pueblo su virtud será grande. Si la cultiva en el Estado su virtud será poderosa. Si la cultiva en el mundo su virtud será universal Por esto, conoce a otros por sí mismo; conoce las familias por la virtud de su familia; conoce los pueblos por la virtud de su pueblo; conoce los estados por la virtud de su estado; conoce el mundo por la virtud del mundo. ¿Cómo saber que así se conoce el mundo? Por esto mismo. no se le puede despreciar

LV

Quien alcanza la mayor virtud es como un recién nacido. Los reptiles venenosos no le pican. Las fieras salvajes no le atacan. Las aves rapaces no le arrebatan. Tiene blandos los huesos y débiles los tendones, pero agarra firmemente. Ignora la unión de los sexos, pero posee la íntegra plenitud de su esperma. Grita todo el día, pero no enronquecer; es la perfecta armonía. Conocer la armonía es eternidad. Conocer la eternidad es ser iluminado. Intensificar la vida es nefasto. Controlar el aliento es fortaleza. Los seres, cuando han llegado a su madurez, empiezan a envejecer. Esto ocurre a todo lo opuesto a Tao. Y lo puesto a Tao pronto acaba.

LVI

Quien le conoce no habla y quien habla no le conoce. Tapa los orificios, cierra las puertas, suaviza las asperezas, disuelve la confusión atenúa los resplandores, se identifica con el polvo, esta es la unidad misteriosa. No se le puede atraer; no se le puede rechazar; no se le puede beneficiar; no se le puede perjudicar; no se le puede honrar; Por esto, es lo más valioso del mundo.

LVII

Con rectitud se gobierna el Estado. Con sagacidad se lucha en la guerra. Con la no-acción se conquista el mundo. Cómo lo sé? Por esto: Cuantas más limitaciones y prohibiciones haya, más pobre será el pueblo. Cuantas más armas, mas desorden habrá en el reino. Cuanta más astucia, mas hechos extraños ocurren. Cuantas más leyes y decretos, más ladrones aparecen. Por esto el sabio dice: Yo nada hago y el pueblo por sí mismo progresa. Yo quedo en  la quietud y el pueblo por sí mismo mejora. Yo no negocio y el pueblo por sí mismo se enriquece. Yo nada deseo y el pueblo por sí mismo vuelve a la sencillez.

LVIII

Cuando el gobierno es inactivo, el pueblo es diligente. Cuando el gobierno es activo, el pueblo es indolente. La desgracia reposa en la dicha, y la dicha reposa en la desgracia. ¿Quién conoce el punto medio? No hay una norma. La rectitud degenera en extravagancia y la bondad en monstruosidad. Mucho tiempo hace que el hombre se engaña por esto. Así, el sabio es recto pero no tajante, anguloso pero no hiriente, firme pero no insolente, claro pero no deslumbra

LIX

En el gobierno de los hombres y al servicio del cielo, lo mejor es la moderación. La moderación todo lo somete. Quien consigue pronto el sometimiento, acumula mucha virtud. Con la virtud acumulada, vencerá en todo. Venciendo en todo llegará a límites insospechados. Puede incluso apoderarse del reino. Poseyendo a la Madre del reino, puede durar mucho tiempo. Es el camino de la profunda raíz de la sólida base, del largo vivir y vista duradera.

LX

Se gobierna un gran Estado con el cuidado conque se fríen los pececillos. Si se gobierna el mundo con Tao, los manes de los muertos no usarán su poder. No porque los manes no se hagan espíritus, sino porque éstos no dañarán a los hombres. Los espíritus no dañarán a los hombres, y tampoco el sabio los daña. Si no se perjudican mutuamente, la virtud reúne a ambos.

LXI

Un gran reino es un cauce profundo hacia el que todo fluye. Es la hembra del mundo. La hembra, por su quietud, vence al macho y permanece abajo. Un gran reino se humilla ante el pequeño, y así lo posee. Un reino pequeño se humilla ante el grande, y así se engrandece. Uno vence humillándose y el otro quedando abajo. El gran reino desea reunir y criar. El pequeño reino desea servir. Para provecho de ambos y el logro de sus deseos, el más grande debe mantenerse abajo.

LXII

El Tao es lo más profundo de todos los seres. Es el tesoro del hombre bueno, y el amparo del que no es bueno. Las bellas palabras ganan honores, los bellos actos elevan al hombre. Así, al coronarse un emperador, y nombrar a sus tres ministros, mejor que llevar jade en las manos, y presentar la cuadriga, vale más cumplir con Tao. Los antiguos estimaban a Tao porque quien busca su posesión, aleja la culpa. Pero esto, es lo más valioso del mundo.

LXIII

Actuar y no actuar, realizar y no realizar, sabroso e insípido, grande y pequeño, mucho y poco, en todo rige la virtud. Acomete la dificultad por su lado más fácil. Ejecuta lo grande comenzando por lo más pequeño. Las cosas más difíciles se hacen siempre abordándolas en lo que es más fácil, y las cosas grandes en lo que es más pequeño. El sabio no emprende grandes cosas, y en ello está su propia grandeza. El que promete a la ligera merece poco crédito. El que todo lo encuentra fácil difícil le será todo. Por esto, el sabio en todo considera la dificultad, y en nada la halla. 

LXIV

Lo que está en reposo es fácil de retener. Lo que no ha sucedido es fácil de resolver. Lo que es frágil es fácil de romper. Lo que es menudo es fácil de dispersar. Prevenir antes de que suceda, y ordenar antes de la confusión. El árbol que casi no puede rodearse con los brazos, brotó de un germen minúsculo. La torre de nueve pisos, comenzó por un montón de tierra.  El viaje de mil [ li ], empezó con un paso. Quien actúa, fracasa. Quien tiene, pierde, Por esto, el sabio nada hace y no fracasa; nada posee, y nada pierde. El hombre suele malograr la obra cuando va a concluirla. Cuidando del final como del principio, ninguna obra se perdería. Por esto, el sabio aspira a no desear nada y a despreciar lo valioso. Aprende a no aprender, regresa por el camino que los demás ya han recorrido, y así, sin atreverse a obrar, favorece la evolución natural de todos los seres.

LXV

Los antiguos que seguían el Tao no esclarecían con ello al pueblo; lo conservaban, por el contrario, en su sencillez. Si un pueblo es difícil de gobernar, es culpa de los avispados. Quien gobierna con la inteligencia arruina el Estado. Quien gobierna sin servirse de la astucia enriquece el Estado. Conocer estas dos cosas es conocer la verdadera norma. Conocer esta norma es poseer la misteriosa virtud. La misteriosa virtud es profunda y extensa; es lo inverso a todas las cosas, pero por ella todo se armoniza.

LXVI

Los ríos y los mares son los reyes de los Cien Valles porque se mantienen abajo. Por esto, pueden ser reyes de todos los valles. Así, el sabio que quiere ser superior al hombre se rebaja en sus palabras. Para ser la cabeza del pueblo, se queda atrás. Así, el sabio permanece arriba y el pueblo no siente su peso. Conserva el primer puesto y no molesta al pueblo. Todo el mundo lo alza con entusiasmo sin cansarse de él. Como a nadie combate nadie le ataca.

LXVII

En el mundo todos dicen que soy grande y no lo parezco. Porque soy grande no lo parezco. Si lo pareciera hubiera dejado de serio, y hace mucho tiempo que sería pequeño. Poseo tres tesoros que guardo: el primero es amor, el segundo es moderación, el tercero es humildad. Por el amor puedo ser valeroso. Por la moderación puedo ser generoso. Por la humildad puedo ser el primero. Pero sin amor no se puede ser valeroso, sin moderación no se puede ser generoso, sin humildad no se puede ser el primero. De otro modo se camina a la muerte. Quien ataca con amor, vence. Quien se defiende con amor, es firme. Quien por el cielo es salvado, le protege el amor. 

LXVIII

El buen militar no es belicoso El buen guerrero no es irascible. El buen vencedor evita la guerra El buen conductor de hombres, se supedita a ellos. Esta es la virtud de no-combatir para poder conducir a los hombres. Este es el modo más perfecto de unirse a la norma del cielo.

LXIX

Dice un viejo proverbio militar: «Es preferible ser huésped que anfitrión. Es preferible retroceder un pie que avanzar una pulgada». A esto se llama progresar sin avanzar, rechazar sin usar los brazos, replicar sin herir, y vencer sin armas. No hay peligro mayor que desestimar al enemigo. Así se arriesga el tesoro. Por esto, el ejército más afligido por la guerra, alcanza la victoria.

LXX

Mis palabras son fáciles de comprender y fáciles de practicar. Pero nadie en el mundo las comprende, nadie las practica. Mis palabras tienen su fundamento y los actos tienen su dueño. Pero nadie los conoce y nadie me conoce a mí. Raros son los que siguen y éste es el máximo valor. El sabio oculta bajo pobres vestidos piedras preciosas en su pecho.

LXXI

Conocer y no saberlo, ésta es la perfección. No conocer y estimarse sabio, éste es el mal. Conocer el propio mal es liberarse de mal. El sabio no tiene mal; porque lo reconoce no lo padece.

LXXII

Si el pueblo no teme el peligro, le amenaza el peor peligro. No padezcas por tu casa estrecha, no padezcas por tu vida pobre. No permitas la pena y no la sufrirás. El sabio se, conoce y no se exhibe. Se ama a sí mismo pero no se a recia. Deja esto y sigue aquello.

LXXIII

El valor del osado le conduce a la muerte. El valor del prudente le conserva la vida. Uno es el perjudicado y el otro el beneficiado. Del que resulta dañado, ¿quién sabe los motivos del cielo? Esta es la duda del sabio. El camino del cielo es saber vencer sin combatir, responder sin hablar, atraer sin llamar, y actuar sin agitarse. Amplia es la red del cielo y de anchas mallas, pero nada se le escapa.

LXXIV

Sí el pueblo no teme la muerte, ¿Cómo atemorizarlo con la muerte? Pero si teme la muerte, lo que siempre teme, y el  que viola la ley puede ser apresado y matado, ¿quién se atreverá a hacer este mal? La muerte s6lo es propia de un verdugo. Quien mata en su lugar es como sustituir al carpintero en el uso de su herramienta, raro es que no se hiera la mano. 

LXXV

El pueblo tiene hambre porque los monarcas exigen muchos impuestos, Por esto tiene hambre. El pueblo se rebela porque el monarca actúa demasiado. Por esto se rebela. El pueblo no teme la muerte porque vive con dificultad. Por esto no teme la muerte. Quien vive con mucha dificultad no puede estimar la vida.

LXXVI

El hombre al nacer es blando y flexible, y al morir queda rígido y duro. Las plantas al nacer son tiernas y flexibles y al morir quedan duras y secas. Lo duro y lo rígido son propiedades de la muerte. Lo flexible y blando son propiedades de la vida. Por esto, la fortaleza de las armas es la causa de su derrota, y el árbol robusto es abatido. Lo duro y fuerte es inferior y lo blando y frágil es superior

LXXVII

El camino del cielo semeja a quien tensa el arco. Humilla lo alto y alza lo bajo. Rebaja lo que sobra y completa lo que falta. El camino del cielo es quitar al que le sobra y dar al que le falta. El camino del hombre, sin embargo, es muy distinto: quita al que le falta y añade al que le sobra. ¿Quién ofrece al mundo todo lo que le sobra? Sólo quien tiene el Tao. El sabio hace y no retiene, nada exige por su obra y oculta su sabiduría.

LXXVIII

Nada hay en el mundo tan blando como el agua. Pero nada hay que la supere contra lo duro. Lo blando vence a lo duro, lo débil vence a lo fuerte. Nadie desconoce esta verdad pero nadie la practica. Por esto el sabio dice: Aquel que asume todas las corrupciones de un reino, merece ser su soberano. Aquel que soporta todos los males de un reino, puede ser soberano del imperio. Las palabras de la Verdad parecen paradójicas.

LXXIX

Aunque la paz se haga entre grandes enemigos, persiste entre ambos el rencor. ¿Es esto un bien? El sabio prefiere la peor parte de un contrato, y no se querella con los demás. El virtuoso se atiene a lo acordado. El que no tiene virtud persigue su ganancia. El camino del cielo a nadie favorece, pero siempre beneficia al hombre bueno.

LXXX

Un reino pequeño, de poca población, no emplearía todas sus cosas. Los habitantes temerían la muerte y no se alejarían en largas expediciones. Aunque tuvieran bancos y carros, no los utilizarían. Aunque tuvieran armas y corazas, no las mostrarían. El pueblo volvería a ocuparse de anudar cuerdas. Y encontraría sabrosa su comida, buenas sus ropas, tranquilas sus casas, alegres sus costumbres. En dos reinos vecinos, tan cercanos que mutuamente se oirían sus perros y gallos, las gentes morirían muy viejas sin haberse visitado jamás. 

LXXXI

Las palabras veraces no son agradables, y las agradables no son veraces. El hombre bueno no gusta de discutir, y el que discute no es hombre bueno. El sabio no es erudito y el erudito no es sabio. El sabio no atesora, y ofreciendo a los demás, se hace rico. El camino del cielo beneficia y no perjudica. La norma del sabio es obrar sin combatir.

LXXI

Conocer y no saberlo, ésta es la perfección. No conocer y estimarse sabio, éste es el mal. Conocer el propio mal es liberarse de mal. El sabio no tiene mal; porque lo reconoce no lo padece.

LXXII

Si el pueblo no teme el peligro, le amenaza el peor peligro. No padezcas por tu casa estrecha, no padezcas por tu vida pobre. No permitas la pena y no la sufrirás. El sabio se, conoce y no se exhibe. Se ama a sí mismo pero no se a recia. Deja esto y sigue aquello.

LXXIII

El valor del osado le conduce a la muerte. El valor del prudente le conserva la vida. Uno es el perjudicado y el otro el beneficiado. Del que resulta dañado, ¿quién sabe los motivos del cielo? Esta es la duda del sabio. El camino del cielo es saber vencer sin combatir, responder sin hablar, atraer sin llamar, y actuar sin agitarse. Amplia es la red del cielo y de anchas mallas, pero nada se le escapa.

LXXIV

Sí el pueblo no teme la muerte, ¿Cómo atemorizarlo con la muerte? Pero si teme la muerte, lo que siempre teme, y el  que viola la ley puede ser apresado y matado, ¿quién se atreverá a hacer este mal? La muerte sola es propia de un verdugo. Quien mata en su lugar es como sustituir al carpintero en el uso de su herramienta, raro es que no se hiera la mano.

LXXV

El pueblo tiene hambre porque los monarcas exigen muchos impuestos, Por esto tiene hambre. El pueblo se rebela porque el monarca actúa demasiado. Por esto se rebela. El pueblo no teme la muerte porque vive con dificultad. Por esto no teme la muerte. Quien vive con mucha dificultad no puede estimar la vida.

LXXVI

El hombre al nacer es blando y flexible, y al morir queda rígido y duro. Las plantas al nacer son tiernas y flexibles y al morir quedan duras y secas. Lo duro y lo rígido son propiedades de la muerte. Lo flexible y blando son propiedades de la vida. Por esto, la fortaleza de las armas es la causa de su derrota, y el árbol robusto es abatido. Lo duro y fuerte es inferior y lo blando y frágil es superior 

LXXVII

El camino del cielo semeja a quien tensa el arco. Humilla lo alto y alza lo bajo. Rebaja lo que sobra y completa lo que falta. El camino del cielo es quitar al que le sobra y dar al que le falta. El camino del hombre, sin embargo, es muy distinto: quita al que le falta y añade al que le sobra. ¿Quién ofrece al mundo todo lo que le sobra? Sólo quien tiene el Tao. El sabio hace y no retiene, nada exige por su obra y oculta su sabiduría.

LXXVIII

Nada hay en el mundo tan blando como el agua. Pero nada hay que la supere contra lo duro. Lo blando vence a lo duro, lo débil vence a lo fuerte. Nadie desconoce esta verdad pero nadie la practica. Por esto el sabio dice: Aquel que asume todas las corrupciones de un reino, merece ser su soberano. Aquel que soporta todos los males de un reino, puede ser soberano del imperio. Las palabras de la Verdad parecen paradójicas.

LXXIX

Aunque la paz se haga entre grandes enemigos, persiste entre ambos el rencor. ¿Es esto un bien? El sabio prefiere la peor parte de un contrato, y no se querella con los demás. El virtuoso se atiene a lo acordado. El que no tiene virtud persigue su ganancia. El camino del cielo a nadie favorece, pero siempre beneficia al hombre bueno.

LXXX

Un reino pequeño, de poca población, no emplearía todas sus cosas. Los habitantes temerían la muerte y no se alejarían en largas expediciones. Aunque tuvieran bancos y carros, no los utilizarían.

Aunque tuvieran armas y corazas, no las mostrarían. El pueblo volvería a ocuparse de anudar cuerdas. Y encontraría sabrosa su comida, buenas sus ropas, tranquilas sus casas, alegres sus costumbres. En dos reinos vecinos, tan cercanos que mutuamente se oirían sus perros y gallos, las gentes morirían muy viejas sin haberse visitado jamás.

LXXXI

Las palabras veraces no son agradables, y las agradables no son veraces. El hombre bueno no gusta de discutir, y el que discute no es hombre bueno. El sabio no es erudito y el erudito no es sabio. El sabio no atesora, y ofreciendo a los demás, se hace rico. El camino del cielo beneficia y no perjudica. La norma del sabio es obrar sin combatir.

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