La búsqueda de nuestra propia Realidad (parte 2)

 
P.- Quiero preguntarle, Maestro, lo siguiente: ¿un hombre de setenta u ochenta años puede crear sus Cuerpos Solares?

            R.- Bueno, ya a esas horas de la vida, la cosa está grave: pero sí puede darse el lujo de luchar mucho por la desintegración del Ego, del Yo, del mí mismo. Y si empieza a trabajar sobre sí mismo, desintegrando todos los errores que lleva en su interior, en una nue­va existencia continuará su trabajo, podrá darse el lujo de crear los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser. Pero ante todo es necesario que ande en este conocimiento. No basta estudiar la Gnosis, es necesario que la Gnosis llegue a la Conciencia, al Ser; porque si la Gnosis se queda en la per­sonalidad (nada más), si se queda únicamen­te en lo exterior, en el intelecto, y no pasa a la Conciencia, entonces, en la nueva existencia, no se logrará ningún acuerdo de sus anhelos, de sus deseos de autorrealización. Pero si uno ama la Gnosis, esa Gnosis entra en la Concien­cia, y en una nueva existencia pues trabajará de verdad por su autorrealización. ¿Algún otro hermano quiere preguntar?

 

            P.- En este camino de la Gnosis, ¿es nece­sario llegar a derramar hasta la propia sangre?

            R.- Pues claro: nosotros no debemos dudar en derramar nuestra sangre, en el nombre de Nuestro Señor El Cristo (porque hay necesidad de destruir los Yoes; se refiere a matar los Yoes, a quebrantarlos, a reducirlos a cenizas). No olvide usted que dentro de cada persona hay muchas personas, que cada Yo es una persona, que cada Yo tiene mente para pensar, voluntad para hacer; que son muchas las personas que entran y salen dentro de nuestro cuerpo, y que nos manejan a noso­tros, sencillamente como simples marionetas, nada más. Somos robots, controlados por esas tantas personas que viven en nuestro interior. ¡Hay que destruirlas! ¿Algún otro quiere pre­guntar? A ver, hermana.

 

            P.- Hay un hermano que entró a la Gnosis y ya se quiere salir. ¿Por qué este hermano, que tiene tan poco tiempo, ya se quiere salir de las enseñanzas?

            R.- Porque está degenerado. Empezando porque ya ni usa todo su cerebro para pensar. Observen ustedes que, si en medio de una gran pachanga, ponemos una Sinfonía de Beetho­ven, no quedaría nadie de los invitados, ¿ver­dad? Ya a nadie le gusta la música de los grandes Maestros. Para que la humanidad llegara a apreciar esa música, habría que em­pezar por regenerar el cerebro.

            La raza está degenerada. En tiempos de la Lemuria se podía vivir de doce a quince siglos, por­que el ser humano estaba gobernado por otra ley, por otro principio, que era el principio que gobierna la vida de los hombres: el Prin­cipio Fulasnitamiano. Pero cuando la humanidad se degeneró, porque se desarrolló el Ego, se desarrollaron las pasiones, se desa­rrollaron los vicios, entonces ya el animal in­telectual quedó gobernado por la ley que go­bierna a los animales, que es el Principio Itoclanos. Total que, hoy ya no estamos gobernados por el Principio Fulasnitamiano, que es el de los hombres; hoy estamos gobernados por el mismo principio que gobier­na a los caballos y a los burros, que es el Prin­cipio Itoclanos.

            Uno se muere muy pronto, ya la vida casi no dura. En la Atlántida, por ejemplo, se vivía, no tanto como doce o quince siglos, pero sí por lo menos la mitad. En Egipto, ya la humani­dad se había degenerado tanto, que no alcan­zaba a vivir sino ciento cuarenta años. En la Edad Media se podía pasar de los cien años (ciento diez, ciento veinte); ahora, por estos tiempos, la gente se está mu­riendo entre los cincuenta y sesenta y cinco años. De manera que la gente ya casi no vive, ya casi no hay tiempo para fabricar los Cuerpos Existenciales Supe­riores del Ser; se mueren sin haber fabricado esos cuerpos y se continúa en el Mundo Astral, convertido uno en un montón de diablos, sin individualidad, sin nada. No tenemos una ver­dadera realidad; necesitamos crear esos cuer­pos y acabar con nuestros defectos para hacer­nos hombres, pero hombres de verdad. Y esto que estoy diciendo, puede ser comprobado. Si ustedes aprenden a salir del cuerpo físico a voluntad, podrán ver en el Astral a los desen­carnados. Es muy fácil salir del cuerpo físico, no hay sino que acostarse con la cabeza hacia el Norte, relajar bien el cuerpo, pronunciar el mantram FARAON, así: FAA-RRRA-ON, muchas veces, pero con la mente, y adormecerse uno, adormecerse, y cuando ya esté entre dor­mido y despierto, suavemente levantarse de su cama, pero sintiéndose siempre identificado con el Ser, y si lo hace así, el cuerpo quedará en la cama. Y fuera del cuerpo, si se le ocurre llamar a algún ser querido, de los desencarna­dos, a algún ser amado que murió hace algún tiempo, puede hacerlo, y verán ustedes que ese ser viene en distintas figuras, en distintas for­mas. ¿Por qué? Porque dentro de esa persona habían muchas personas, y esas muchas perso­nas son las que continúan en el más allá.

            Así pues, eso es muy fácil comprobarlo por sí mismos, si aprenden a salir del cuerpo físico a voluntad.

 

            P.- Maestro: ¿es posible que alguien pueda hoy vivir más de  cien años?

            R.- Hoy en día asombra que alguien llegue a los cien años, pero realmente, es casi nada lo que ha vivido. Pensemos en la Lemuria, donde se vivía de doce a quince siglos. De manera que la raza humana está degenerada, debido a que la Esencia quedó metida entre el Ego, se desarrolló el Ego, y el Ego acaba con la fuerza vital, destruye la fuerza vital, y entonces el or­ganismo se envejece rápido y muere. Nuestras enfermedades son producidas por el Ego.

 

            P.- ¿Cómo se puede lograr la regeneración del cerebro?

            R.- Pues la regeneración se logra transmu­tando la energía creadora. Los casados la trans­mutarán en la Novena Esfera, siguiendo por la senda del Matrimonio Perfecto; los sol­teros la podrán transmutar mediante el Prana­yama, o la podrán transmutar mediante el Vajroli Mudra (hay distintas formas de transmutación para solteros). Pero, en todo caso, hay que transmutar la energía creadora, no malgastarla, no despilfarrarla.

            Ahora, la creación de los cuerpos solamen­te es posible (únicamente) mediante el Sahaja Maithuna, es decir, siguiendo la senda del Matrimonio Perfecto. Porque el hombre repre­senta la fuerza positiva, la mujer la fuerza ne­gativa, y el Espíritu Santo es la fuerza neutra que los concilia a ambos. Mediante esas tres fuerzas, se puede crear, no solamente una nue­va criatura humana, sino que también se pue­de crear un nuevo cuerpo; eso es obvio. Las tres fuerzas hacen la creación; la fuerza positiva y la fuerza negativa y la fuerza neutra, pueden crear. Pero si van dirigidas hacia lu­gares distintos, no se daría ninguna creación. Para que surja una creación, se necesita que las tres fuerzas incidan, se encuentren en un mismo punto, y entonces hay una creación. Uno (solo) puede transmutar toda su energía creadora, pero en esa forma no puede crear tampoco un nuevo cuerpo; mas sí puede utili­zar esa energía para regenerar su cerebro totalmente. Si se sigue la senda del Matrimonio Perfecto, no solamente se va a regenerar el cerebro, sino que también se van a crear los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser, por­que va a trabajar con las tres fuerzas. ¿Hay alguna otra pregunta?

 

            P.- ¿Qué nos puede decir de la música moderna?

            R.- Pues la música actual es una música más bien infrahumana. Esa música está rela­cionada, pues, con las emociones inferiores y con las pasiones animales. Pero la música su­blime de los Maestros, puede ayudarnos tam­bién a sublimar la energía creadora. De ma­nera que esa música actual nos perjudica gra­vemente. Ya no saben nada, los músicos de este tiempo, sobre la sagrada ley del Eterno Heptaparaparshinok (la Ley del Siete). En los tiempos antiguos se construyó un aparato que se llamaba "Alantafan", que daba las cuarenta y nueve notas del universo (el siete multiplicado por sí mismo) y como resultado de eso, surgía el Sonido Nirioosnisiano del Uni­verso, la nota síntesis de la Tierra. Dos sabios antiguos, hermanos gemelos, iban al Desierto de Gobi, a escuchar siempre la nota clave del universo. Quien aprenda a manejar esa nota clave, puede salir del cuerpo físico a voluntad; quien aprenda a manejar esa nota clave, puede hacer maravillas y prodigios.

            La música actual nada tiene que ver con la nota clave, ni con la ley sagrada del Eterno Heptaparaparshinok. Es una música que sólo sirve para desatar las pasiones animales; esa música es propia de una raza que está degene­rada. ¿Alguna otra pregunta?

 

            P.- ¿No se puede alargar el tiempo de vida, mejorando la comida, por ejemplo?

            R.- Pues se han hecho muchos ensayos, y sin embargo vean: Eisenhower murió rodeado de médicos, con dietas maravillosas. Stalin murió rodeado de camarillas de científicos, ¿y qué? Yo he conocido vegetarianos extra­ordinarios, que han ido muriendo poco a poco por debilidad. La mejor manera de poder uno alargar la vida, es despertando Conciencia. Si uno despierta su Conciencia, puede nego­ciar con los Señores del Karma y vivir bastantes años, los necesarios como para poder darse el lujo de fabricar los Cuerpos Existenciales Su­periores del Ser. Ahora, quien llega a autorrealizarse de verdad, obviamente puede, por tal motivo, recibir el Elixir de Larga Vida, que le permita vivir sobre la faz de la Tierra millones de años. El Conde Cagliostro actuó, durante los siglos XVII, XVIII y XIX, en Euro­pa, y todavía en 1.939 volvió a Europa, y volverá en 1.999 (está vivo). Cagliostro, que creen algunos que murió en una cárcel, y otros que murió por allí, en duelo con otro espadachín, se equivocan: está vivo. Todo el que llegue de verdad a autorrealizarse, puede vivir millones de años. Sólo autorrealizándose, se puede alargar la vida… ¿Hay alguna otra pregunta? ¡Hable, hermano!

 

            P.- Cuando usted dice: "salir en Cuerpo Astral", ¿se debe entender que uno posee un Cuerpo Astral Lunar y que con ese vehículo puede viajar por las regiones suprasensibles?

            R.- Sólo el hombre tiene cuerpos; el ani­mal intelectual no tiene cuerpos. Eso de que tiene "Cuerpo Astral Lunar", no es así. El animal intelectual lo único que tiene por dentro, son demonios; es un montón de diablos, pero no tiene más. Cuando uno dice: "salir en Cuerpo Astral", habla en forma con­vencional. Son los Yoes, que se penetran y compenetran entre sí. La Esencia va allí em­botellada y puede escapar y salir y viajar y co­nocer el Mundo Astral (hasta cierto punto: no mucho, pero hasta cierto punto). Lo que en alguno de mis libros dije sobre "Cuerpos Lunares", me refería era a los Yoes y a los tres principales demonios que todo el mun­do lleva dentro, que son: el demonio del deseo, el demonio de la mente y el demonio de la mala voluntad, que hacen las veces de Astral, Mental y Causal, pero que no son sino demonios. De manera que, prácticamente, el animal intelectual no tiene ninguna clase de cuerpos: ni solares, ni lunares, ni nada; es un montón de diablos que hay que volver polvo, para que la Concien­cia quede libre y pueda ver, oír, tocar o palpar las grandes realidades del universo. ¿Hay alguna otra pregunta?

 

            P.- ¿Qué tiempo, exactamente, dura o per­manece el Alma en el cuerpo de una persona, después que fallece?

            R.- Bueno, se nos ha dicho que el fuego sostiene toda la creación, pero que cuando el fuego se retira, la creación se acaba. El fue­go, en nosotros, es la Esencia es el Alma, es la Conciencia, que está metida entre el Ego. Cuando esa Esencia se retira, el cuerpo fa­llece (pero cuando se retira definitivamente; porque puede retirarse a viajar, como lo hace durante el sueño. Pero cuando definitivamen­te se retira, el cuerpo fallece, no fallece antes). Y para que fallezca el cuerpo, los Angeles de la Muerte tienen que cortar el "Cordón Pla­teado". Cuando lo cortan con la hoz, el cuerpo fallece. De manera que, muerto el cuerpo, el Alma tampoco está allí, entre el cuerpo (está afuera). Precisamente, muere el cuerpo porque el Alma se va (el Alma es la Esencia, o la Conciencia). ¿Hay alguna otra pregunta?

 

            P.- Maestro: el señor Lobsang Rampa ha­bla del "Cordón de Plata" y habla del "Cor­dón de Oro". ¿Qué dice usted sobre eso?

            R.- Cuestión de términos, porque realmen­te, hablar de "Cordón de Oro", eso solamente los Dioses. Porque los Cuerpos Astral, Mental y Causal en los Dioses, son cuerpos de oro, de oro purísimo, de oro de la mejor calidad; de oro tal, que ni las minas más ricas de la Tierra lo pueden producir. Los cuerpos de esa clase tienen un "Cordón de Oro", pero, ¿tener "Cor­dón de Oro"? ¡Eso es para los Dioses! Las gentes comunes y corrientes tienen un cor­dón lunar, el "Cordón de Plata"; eso es todo, ¿alguna otra pregunta? Pregunten todos, no quiero que nadie quede con dudas; quiero que se saquen aquí todas las dudas, de una vez y para siempre. A ver, hermana.

 

            P.- A mí me preocupa cómo llegar a la gente, cuando la gente no quiere escuchar.

            R.- Pues "a la brava" no puede llevar uno a nadie, ni al cielo. Dicen que "ni los zapatos a la fuerza entran". El que no quiere escu­char, pues no quiere escuchar; no podemos for­zarle a que escuche. Nosotros, cuando mucho, podemos darle la enseñanza, pero si él no la quiere recibir, pues "a la fuerza ni los zapatos entran". Uno cumple con dar las enseñanzas; si no la aceptaron, ni modo. ¡Hasta luego y ahí nos vemos!

            ¿Alguna otra pregunta? A ver, hermana, hable.

 

            P.- Maestro: ¿podría hablarnos un poco mas sobre ese instrumento que daba las cuarenta y nueve notas del universo?

            R.- El "Alantafan" es un instrumen­to que inventaron dos hermanos Iniciados, ge­melos, en la antigua China. Ellos descubrieron que el universo tenía cuarenta y nueve notas, y elaboraron un instrumento precioso. Ahí entraban en activi­dad muchos elementos. Actualmente, todos los aparatos de música no son sino degeneraciones o involuciones del Alantafan. Ellos hicieron experimentos como el siguiente (ha­ciendo vibrar ese instrumento que daba cuarenta y nueve no­tas, pues actuaron sobre muchas cosas; empe­zaron por actuar sobre una octava, por ejem­plo, desde el Do hasta el Si): hacían pasar, por ejemplo, un rayo coloreado del prisma solar a través de las notas musicales, y cambia­ba de color. Ellos aprendieron a sacarle la diapositiva al prisma solar. Las gentes actuales lo único que conocen es el prisma, pero lo conocen en su aspecto negativo. Aquellos sabios su­pieron sacarle la positiva al prisma solar, y utilizaron los siete colores fundamentales para hacer muchos experimentos. Entre esos, por ejemplo, se hizo pasar un color determi­nado del prisma (en su forma positiva) sobre un pedazo de bambú, y el pedazo de bambú se tiñó de inmediato con algún color. Se hizo pasar, dijéramos, el color azul (en su forma positiva) sobre el opio, y el opio cam­bió inmediatamente sus características químicas. Se combinaron las notas de la escala mu­sical con los colores del prisma, en su forma positiva, y esos colores cambiaron, de acuerdo con la escala musical. Así pues, los colores y también la Ley Sagrada del Heptaparaparshinok, se combinan; los sonidos y colores están combinados.

            La gente actual no conoce el prisma en su aspecto positivo; lo conoce únicamente en su aspecto negativo. Si conocieran el prisma en su aspecto positivo, harían maravillas con los siete colores del prisma solar. Y si aprendie­ran a manejar las cuarenta y nueve notas, se harían amos del universo. Esas cuarenta y nueve notas las daba el Alan­tafan, y esas cuarenta y nueve notas y la síntesis de esas cuarenta y nueve notas, es el Sonido Nirioosnisiano. Ese Sonido Nirioosnisiano es la nota síntesis de la Tierra, vibra aquí en el cerebelo de cada uno de ustedes. Si ustedes se acuestan en la noche, silenciosamente; si ustedes suspen­den sus pensamientos, si la mente de ustedes queda quieta y en silencio, y se proponen escu­char qué ocurre dentro de su cerebelo, sentirán un sonido muy sutil, que es el sonido ese del chapulín, del grillo; ese sonido es el Sonido Nirioosnisiano. Si ustedes aprenden a escucharlo, también podrán aprender a levantarle el volumen a voluntad, y cuando aprendan a levantarle el volumen, entonces las puertas de las percep­ciones estarán abiertas. Si ustedes logran levantarle el volumen a ese sonido, y luego, cuando esté resonando, se levantan de su ca­ma, podrán hacerlo con una facilidad extraor­dinaria, y podrán viajar, así fuera del cuerpo, hacia los lugares más remotos de la Tierra (la Esencia de ustedes podrá hacer su viaje). Los que tengan Cuerpo Astral, podrán viajar con su Cuerpo Astral; los que todavía no lo hayan fabricado, viajarán con la Esen­cia; la Esencia les permitirá ponerse en con­tacto con todos los rincones del universo. Pero hay que manejar esa nota clave; sólo hay un instrumento que da esas cuarenta y nueve notas. El piano, el violín, el arpa, no son sino degeneraciones de ese gran instrumento que aquellos dos hermanos, Iniciados de la antigua China, lograron crear.

            Yo conocí esos Misterios, mis queridos her­manos: los Misterios de la Orden del Dragón Amarillo. Yo tuve una existencia en China (o varias existencias), pero en una de esas tantas, en que me llamé Chou Lí, y en la que pertenecí a la Dinastía Chou, conocí los Misterios de la música y del color, y conocí las Siete Joyas del Dragón Amarillo. He recibido orden del Logos para enseñar, a los que va­yan surgiendo, a los comprensivos, esa doctrina antigua mediante la cual uno podía desembo­tellar la Esencia (a voluntad) para experimen­tar la verdad. ¿Hay alguna otra pregunta?

 

            P.- Maestro: ¿el Alma evoluciona igual con cuerpo de hombre que con cuerpo de mujer?

            R.- Pues voy a decirte una gran verdad: eso de "evolución", está fuera de orden. Voy a decirte por qué. Porque en los tiempos antiguos, la gente no estaba embotellada en el dogma de la evolución. En los tiempos anti­guos, la gente sabía que existía la Ley del Pén­dulo; sabían que un extremo del péndulo le­vantó a Egipto y que el otro extremo del pén­dulo levantó a los judíos. Cuando volvió el péndulo a cambiar, surgió la civilización grie­ga; cuando volvió a cambiar otra vez y pasó al otro extremo, levantó a la civilización árabe; cuando volvió al otro extremo, se levantó la civilización de los godos, etc. De manera que la vida se procesa de acuerdo con la Ley del Péndulo; todo se mueve de acuerdo con esa ley (hasta nuestros sentimientos, el corazón). La gente, por ejemplo, que está triunfante, victoriosa; que cree que va a conseguir mucho dinero y que progresará rápidamente, se en­cuentra con que, de la noche a la mañana, está en la miseria, en la ruina. ¿Cuándo? Cuando el péndulo cambie de lugar, cuando pase de un extremo a otro.

            Los incrédulos materialistas, enemigos del Eterno, que tanta bulla hicieron allá, en Ru­sia, ahora están cambiando, porque el péndulo está cambiando de posición, está yendo al otro extremo, y está comenzando en Rusia a surgir la espiritualidad. La mayor producción (ac­tualmente, por estadísticas) en materias de Parapsicología, está viniendo de la Unión So­viética; de manera que están entrando en la psiquis. Acaban los soviéticos, en este momento, de descubrir el Cuerpo Vital (con lentes y aparatos eléctricos especiales), y lo están es­tudiando. Ya lo bautizaron con el nombre de "Cuerpo Bioplástico" (esos no dan su brazo a torcer: no lo llaman Lingam Sa­rira ni Cuerpo Vital; ellos le pu­sieron el nombre de Cuerpo Bioplás­tico).

            Así pues, la Rusia de mañana puede ser terriblemente fanática, religiosa. Y viceversa: pueblos hoy en día demasiado espiritualistas, mañana serán materialistas. Todo está moviéndose de acuerdo con la Ley del Péndulo; la evolución, pues, no tiene razón de ser. Sin embargo, no negamos su existencia. Hay evo­lución en el germen que se desarrolla y crece, en el árbol que va ascendiendo y que por últi­mo echa ramas y frutos. Y hay involución en el árbol cuyas hojas se van cayendo y cuyos leños se van secando, hasta que al fin se convierte, pues, en un ca­dáver. Hay evolución en la criatura que se está gestando entre el vientre materno, en el joven que se está desarrollando, pero hay involución en el anciano decrépito y que al fin muere. Esas son dos leyes puramente físicas, mecánicas; lo interesante, para nosotros, es salirnos de esas dos leyes y meternos por el camino de la Revolución de la Conciencia.

            En el Arcano 10, está escrito todo. Por el lado derecho de la rueda del Arcano 10 del Tarot, vemos a Anubis evolucionando, subiendo, prendido a la rueda, y por el lado iz­quierdo desciende Tiphon, involucionando. Pero más allá, por encima de la rueda, aparece la Esfinge, que representa los Misterios Sagrados. Ese es el camino, el camino de la Revolución de la Conciencia. La cabeza de la Esfinge está coronada con una corona de nueve puntas de acero, que representa a la Novena Esfera. Quiere decir que en los Misterios del Sexo, está la regeneración del ser humano, está su redención, está su revolución.

            El sendero de la Esfinge no tiene que ver nada, ni con la subida ni con la bajada de la rueda; se aparta de la rueda, va lejos de la rue­da: es el "camino angosto, estrecho y difícil" que nos enseñó El Cristo. Por eso dijo el Gran Maestro: "Estrecha es la puerta y angosto es el camino que conduce a la luz, y muy pocos son los que lo hallan". Así pues, los gnósticos no marchamos por el camino de la evolución, ­ni queremos nada con la involución. Nosotros nos metemos por el camino de la revolución en marcha, de la rebeldía psicológica; por el camino de la Revolución de la Conciencia, por el camino angosto, estrecho y difícil que nos mostró el Divino Rabí de Galilea: Nuestro Señor El Cristo.

            Así pues, no es mediante la evolución que el Alma, que la Conciencia puede llegar a un autodesarrollo íntimo. ¿Que necesita un cuerpo? Sí, lo necesita, para poder trabajar, para poder autoconocerse (para eso estamos aquí).

            Fuera del cuerpo, el Alma recibe informa­ción, y esa información es necesaria para proseguir el camino con pleno éxito. Por eso, apren­der a salir del cuerpo físico es indispensable. En mi libro titulado "La Doctrina Secreta de Anáhuac", he escrito al final, una serie de ca­pítulos sobre "La Yoga del Sueño", con una didáctica detenida, minuciosa, que permitirá a cada uno de ustedes llegar a funcionar, cons­cientemente, en el Mundo Astral. Pero parece que los hermanitos no han estudiado esos ca­pítulos finales de "La Doctrina Secreta de Anáhuac". Allí está toda la técnica a seguir: una técnica nueva, una técnica que ustedes no conocen y que les servirá, hasta en los momen­tos más difíciles, como sistema para llegar al despertar. Pero hay que seguir esa técnica, que está en los últimos seis capítulos de "La Doc­trina Secreta de Anáhuac". Fuera del cuerpo, se puede recibir la información que se necesita; pero aquí, en carne y hueso, hay que trabajar muy duro para autodescubrirse.

            Si algunos hermanos quieren preguntar, pueden hacerlo con entera libertad. No quiero que lleven ustedes dudas por allá; es mejor que de una vez "desembuchen" aquí todo lo que tengan.

 

            P.- Maestro para poder protegerse uno…

            R.- ¿Protegerse de qué?

 

            P.- De las fuerzas negativas, de los Yoes de los demás, que nos perturban…

            R.- Pues voy a decirte que cada uno de no­sotros carga, en su interior, un verdadero enjambre de demonios. ¿Para qué preocuparnos tanto por los ajenos, cuando por dentro tene­mos toda una madriguera de demonios? ¡No vale la pena! Lo mejor es que trabajemos so­bre nosotros mismos.

 

            P.- Maestro: en materia de alimentación, ¿cómo ha de comer uno? Yo tengo entendido que cuando se ingiere la comida, ésta se procesa con las siete notas musicales (Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si).

            R.- Voy a decirles a ustedes una cosa: es cierto, cuando uno come, las siete notas musi­cales resuenan, pero resuenan naturalmente (y a todas horas están resonando, de acuerdo con la Ley del Eterno Heptaparaparshinok). Cla­ro que, cuando uno está mascando los alimen­tos, está la parte más dura y resuena el Do (y resuena porque tiene que resonar; mascando, triturando los alimentos, sale el Do). Al pa­sar por aquí, por todo esto de la laringe y toda esa cuestión, resuena el Re. Al descender, al caer pues a la región del estómago, se da el Mi; pero ya cuando se entra en el proceso del hígado y toda esa cuestión, resuena el Fa de la creación. Después que los principios vita­les entran en el torrente sanguíneo, la nota más elevada es el Si musical, es cuando ya se elabora ese elixir de vida maravilloso, que está en las glándulas endocrinas sexuales: el Exiohe­hari, el esperma sagrado, el azo­gue en bruto, como se dice en Alquimia.

            Así pues, tú no te preocupes por las siete notas, no pienses en eso; allí resuenan. ¡Tú, come tranquilo y ya! A ver, ¿algún otro tiene algo que preguntar?

 

            P.- ¿Hay algo de malo en que las mujeres nos arreglemos, en que nos pongamos bellas, digamos?

            R.- Bueno, voy a decirte una gran verdad: lo bueno, lo verdadero, lo bello, deben estar relacionados. El arreglo personal en la mujer, no tiene nada de malo, no tiene absolutamente nada de malo. El todo está en la actitud que uno asume. Si una mujer, por ejemplo, en el momento en que se está arreglando, por dentro está engreída de su consabida belleza, naturalmente, ha caído en el delito de la vanidad. Pero si solamente se arregla por decoro, se arregla por respeto al prójimo, se arregla para no andar con un horrible desaliño por la calle, pues nada malo está haciendo. Todo depende de la actitud psicológica. En todo caso, lo bello, lo verdadero y lo bueno, deben estar relacionados. El arreglo femenino jamás debe ser condenable.

            Uno tiene derecho a arreglarse, a vestirse bien. Porque, ¿qué diríamos de un hombre con los zapatos sucios, de un hombre con el tra­je todo roto, sucio? Bueno, pobre no es un de­lito, pero ser desaseado, sí es muy grave. Uno puede ser pobre, pero no desaseado. La camisa debe estar limpia, debe tener unos calcetines que no huelan a feo. De manera que, enton­ces, el arreglo personal no perjudica a nadie. Mas aún: uno debe arreglarse personalmen­te, no tanto por uno mismo, sino por respeto al prójimo. Yo podría presentarme aquí con de­saliño, de cualquier manera, pero vengo "medio arregladito". ¿Por qué? Por respeto a uste­des. Si yo viniera aquí en mangas de camisa, todo sucio, como el hombre que se acaba de levantar de la cama, ¿qué diríamos de eso? Que no estaría respetándolos a ustedes, estaría irrespetándolos. De manera que todos debernos arreglarnos, por respeto a nuestro prójimo. ¿Hay alguna otra pregunta?

 

            P.- Maestro: ¿qué representa la "Novena Esfera"?

            R.- La Novena Esfera representa al sexo. Nueve meses permanecemos dentro del vientre materno; nueve edades actúa la humanidad entre el seno de Rea, Cibeles (la Naturaleza). Así pues, la Novena Esfera es el sexo.

 

            P.- El trabajo en la Novena Esfera, ¿es un Ritual que debemos practicar?

            R.- El Ritual de la Novena Esfera lo vivimos todos, sí… De allí nacen las criatu­ras; el hombre nace de la Novena Esfera. Nace el mundo, ¿de dónde nace? ¿No es de la Novena Esfera? Ahora, en el Ritual prác­tico, el trabajo con la energía creadora, es en la Novena Esfera. La Tierra tiene nueve estratos; en el noveno estrato de la Tierra, está el signo del Infinito, que es un ocho colocado ho­rizontalmente: cerebro, corazón y sexo. La lucha es terrible: cerebro contra sexo, sexo contra cerebro. Pero si el sexo vence al cere­bro, entonces el Iniciado cae, como la estrella de cinco puntas, con el ángulo superior hacia abajo y los dos rayos inferiores hacia arriba (es el Arcano 16 de la Cábala, "EL Fracaso").

            Así pues, en la Novena Esfera es donde están las fuerzas del sexo. El signo del ocho, colocado en el centro de la Tierra, está tam­bién en nuestro organismo. Todos estamos organizados de acuerdo con el cerebro, corazón y sexo (he ahí el ocho, el símbolo del Infinito, la Novena Esfera). El trabajo en la No­vena Esfera, es el trabajo en la Forja de los Cíclopes. En la Novena Esfera están uste­des transmutando su energía creadora, y hay que transmutar esa energía para regenerarnos, para transformarnos, para crear los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser.

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