La búsqueda de nuestra propia Realidad

 

            Vamos a platicar un poco, esta noche, sobre los asuntos que mas nos interesan y por los cuales nosotros nos hallamos aquí.

            Hermanos: ciertamente, lo fundamental en la vida es llegar a tener realidad. En nom­bre de la verdad he de decir que todavía el humanoide es algo no logrado. Si observa­mos las especies inferiores que habitan sobre la faz de la Tierra (los animales unicerebrados y bicerebrados), podemos evidenciar, por sí mismos, que nacen completos. Un caballo, es completo; una vaca, da la leche y nace com­pleta, pero nosotros nacemos incompletos.

            Nuestro cuerpo se forma dentro del vientre materno, allí se gesta, y luego nace, crece, se desarrolla; la energía creadora lo hace surgir a la existencia. En su proceso de desarrollo, dentro del vientre materno, vemos cómo se van formando los diversos órganos, pero al nacer todavía no está completo; ni siquiera la fonta­nela frontal del recién nacido se encuentra cerrada. Eso que las gentes llaman aquí "la mollera", o "mollerita" del recién nacido, está sin cerrar. Si añadimos, a eso, su condición en que se encuentra, veremos que no es com­pleto.

            Ciertamente, y en nombre de la verdad (así lo reconocen los profesores de la Universidad de Medicina), el animal intelectual, dicen, es un mamífero racional. Y es verdad: no está completo. El germen que se desarrolló entre el vientre materno, por el hecho de haber nacido, no quiere decir que ya se ha comple­tado la criatura. El desarrollo de la criatura prosigue (en su sentido ordinario, como humanoide) hasta los veintiún años. Ahora com­prenderán por qué es peligroso, realmente, que el adolescente tenga relación sexual: el adoles­cente no ha completado su desarrollo, y no lo completa sino hasta los veintiún años.

            La energía creadora que lo hizo surgir a la existencia, esa energía que provocó la concep­ción del feto dentro del claustro materno, que lo trajo a la vida, esa misma energía tiene que desarrollarlo; pero sólo a los veintiún años el adoles­cente ha llegado a su completo desarrollo como humanoide. Pero eso no quiere decir que realmente, por tal motivo, su desarrollo total esté ya completo. No, como humanoide se ha desarrollado, mas no como hombre; el hombre debe ser he­cho, debe ser creado. Nosotros somos humanoides, pero no hombres; el hombre debe for­marse dentro del humanoide, como la ma­riposa dentro de la crisálida (en los tiempos antiguos, todo esto se entendía, todo esto se sabía).

            Hay algo muy bello que tenemos en nuestro interior, me refiero a la Conciencia, me refiero a la Esencia, a eso que se llama Alma. Ori­ginalmente la Esencia, o el Alma, o como uste­des quieran denominarla, vino de la Vía Láctea, hace muchos años, millones de años. La Esencia de cada uno de los aquí presentes, vino de la Vía Láctea y en la Vía Láctea reso­nará con la armonía del Universo. Posteriormente, pasó el disco solar, y prosi­guiendo por entre los planetas del sistema, llegó aquí al mundo, se desarrolló en el mine­ral, continuó en el vegetal, prosiguió en el animal y al fin se reincorporó en un organis­mo humano, o de humanoide. Pero la Esencia, desafortunadamente, debido a nues­tros errores, quedó envuelta en una serie de elementos indeseables.

            La Esencia es la Conciencia, y está envuelta o embotellada entre un cúmulo de elementos indeseables. Es necesario quebrantar tales elementos, para que la Esencia quede des­pierta. Una Esencia despierta, una Concien­cia despierta, tiene acceso a los mundos supe­riores de eternidad, una Conciencia despierta puede tocar o palpar las grandes realidades del Mundo del Espíritu Puro; una Conciencia despierta puede dirigir todas las circunstan­cias adversas de la vida; una Conciencia des­pierta no es víctima jamás de las circunstan­cias: puede dirigirlas a voluntad, puede originar nuevas circunstancias. Pero, para que la Conciencia despierte, los elementos indeseables que llevamos en nues­tro interior deben ser destruidos. Esos elemen­tos son: la ira, la codicia, la lujuria, la envidia, el orgullo, la pereza, la gula, etc. Es necesario elimi­nar tales elementos, y en vez de eso, crear algo diferente.

            Esos elementos indeseables que llevamos en nuestro interior, son una creación falsa, una falsa creación, y debe ser destruidos.

            Cada uno de nosotros carga en su interior una falsa creación. Necesitamos hacer una creación nueva dentro de nosotros mismos, y esto solamente es posible destruyendo nuestros defectos psicológicos, acabando con todos esos errores que llevamos en lo más profundo de nosotros mismos (acabar esos errores, acabar esos elementos, crear algo nuevo en nosotros).

            ¡Es posible crear algo nuevo, es posible crear los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser! Si cada humanoide aprovechara esa energía creadora que lo trajo a la existencia (esa ener­gía mediante la cual pudo llegar a tener un cuerpo de carne y hueso), si llegara a la edad de los veintiún años, y en vez de despilfarrar esa energía la aprovechara para crear sus Cuerpos Existenciales Superiores del Ser, la Esencia quedaría vestida con esos cuerpos, esa sería una creación nueva (más vale hacer una crea­ción nueva, que continuar con esa creación vieja que tenemos).

            La creación vieja que llevamos en nuestro interior, repito, está constituida por los agregados psíquicos, y esos agregados son nuestros defectos.

            Tenemos innumerables defectos. Realmen­te, aunque poseyéramos mil lenguas para hablar y paladar de acero, no acabaríamos de enumerarlos a todos cabalmente. Eliminar tales de­fectos, tales agregados, es lo indicado, y en vez de esos agregados, que parecen un ver­dadero enjambre de demonios en nuestra psiquis, en nuestro interior, crear, repito, los Cuer­pos Existenciales Superiores del Ser. Estos se crean con las mismas fuerzas con la que nuestro cuerpo físico fue creado, con la misma fuerza con la que se desarrolló entre el vientre materno, con la misma fuerza que lo hizo crecer desde niño, hasta la edad de los veintiún años. Tal fuerza se llama "sexual", es la energía del sexo.

            Así pues, en los tiempos antiguos las gentes eran mas sabias. En la Lemuria se vivía de doce a quince siglos. Había, en aquella época, tiempo suficiente para que la Esencia pudiera vestirse con los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser. Los lemures, después de la edad de los veintiún años, en vez de despilfarrar la energía crea­dora, la transmutaban; con esa energía creaban los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser. Y si demoraban en casarse muchos siglos, no importaba, porque vivían de doce a quince siglos. De manera que siempre, a la larga, podían darse el lujo de fabricar, mediante esa fuerza sexual, los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser.

            Hoy en día, la vida es muy breve. A los veintiún años comienza propiamente la juventud; antes de los veintiún años, está la adolescencia y la prime­ra y segunda infancia. Desgraciadamente, los adolescentes ya gastan esa energía, sin haber terminado, ni siquiera su desarrollo como hu­manoides. Si los adolescentes, en vez de despilfarrar esa energía, la ahorraran, y al llegar a los veintiún años la aprovecharan inteligentemente para crear los Cuerpos Existenciales Superio­res del Ser, tendríamos una cosecha de Maes­tros. Desgraciadamente, al llegar a la adoles­cencia, a la juventud, viene el despilfarro de la energía creadora, vienen los abusos sexua­les, etc.

            Hoy en día estamos de afán, ya no se vive de doce a quince siglos. Hoy en día, hay que crear los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser antes de que llegue la vejez, porque si lle­gamos a viejos y no hemos creado esos cuerpos, tendremos que desencarnar habiendo perdido el tiempo; nos encontraremos en el Mundo Astral, entonces, convertidos en algo que no tiene ningún valor, puesto que, ¿qué es la muerte? La muerte es una resta de quebrados. Cuando llega la hora de la muerte, ¿qué es lo que continúa en el más allá? Los valo­res. Ustedes saben que si hacemos una res­ta de quebrados, eso es lo que queda: los valores. Y la muerte es una resta de quebra­dos y lo que continúa son los valores.

            Pero, ¿qué valores son esos? Valores positivos y valores negativos: los Yoes del bien y los Yoes del mal (los Yoes de nuestros defectos; todos esos son Yoes).

            ¿Qué es el Ego, pues? Una suma de Yoes. Y esos Yoes, ¿qué son? Elementos inde­seables, subjetivos. No todos los Yoes son malos; los hay buenos, pero no saben ha­cer el bien, hacen el bien cuando no se debe hacer; los Yoes del bien, no saben hacer el bien. Ustedes saben, por ejemplo, que el agua dentro del lavamanos, es útil; ustedes saben muy bien que el fuego, en la cocina, es bueno. Pero si el agua, por ejemplo, se sale del lava­manos e inunda la casa, será mala. Si el fuego se sale de la cocina y quema las cortinas de la sala, será malo. Así, "bueno" es lo que está en su lugar; "malo", lo que está fuera de lugar.

            Los Yoes buenos que tenemos dentro, no saben hacer el bien, hacen el bien cuando no se debe hacer. No lo saben hacer, y si lo hacen, lo hacen mal. Por eso es que es necesario aca­bar con los Yoes del bien y acabar con los Yoes del mal; empuñar la espada de la Jus­ticia Cósmica, pasar más allá del bien y del mal. Eliminar, digo, la creación equivocada que todos llevamos dentro, hacer una creación nueva. Eso es importantísimo.

            ¿Cómo haremos esa creación nueva? Pues, sencillamente, transmutando la energía creadora. En vez de andar en lascivias, en fornicaciones, aprovechar esa energía que puso nuestro cuerpo en la existen­cia, esa energía maravillosa que nos hizo cre­cer; utilizarla sabiamente, para crear los Cuer­pos Existenciales Superiores del Ser.

            Si no hiciéramos el trabajo, si no acabára­mos con esa creación equivocada que tenemos dentro (la de los Yoes), pues eso es lo único que continuará allá, en la Eternidad: ese montón de diablos. Pero si nosotros creamos los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser y eliminamos nuestros defectos psicológicos, re­cibiremos los principios anímicos y espiritua­les, y nos convertiremos en hombres de verdad, en hombres reales.

            Con la energía sexual, se pueden hacer ma­ravillas. Si transmutamos la energía sexual, con ella podemos crear el Cuerpo Astral. Uno sabe que tiene un Cuerpo Astral cuando puede usarlo, cuando puede viajar con él. Uno sabe que tiene un Cuerpo Astral cuando puede usar­lo, como las manos o como los pies. Ese Cuer­po Astral está sometido a veinticuatro leyes, es un orga­nismo maravilloso. Raras son las personas que nacen con un Cuerpo Astral; no es un implemento necesario para la vida, pero uno puede crearlo, puede fabricarlo. Quien se dé ese lujo, después de muerto se encontrará con que tiene una verda­dera personalidad astral, se encon­trará con que continúa vivo en esa región de los muertos.

            También puede uno darse el lujo de crear el Cuerpo Mental. Las gentes comunes y co­rrientes no tienen Cuerpo Mental. Como quiera que, realmente, cada defecto psicológi­co está personificado por un Yo, tenemos muchos Yoes en nuestro interior, y no uno sólo, y cada uno de los Yoes que tenemos, tiene su propia mente para pensar; de manera que nosotros tenemos muchas mentes. Quienes hablen, quienes digan que tenemos una sola mente, están equivocados. Necesita­mos crear una mente individual, y eso es posi­ble transmutando la energía sexual y eliminan­do en nuestro entendimiento, la multitud de Yoes que tenemos. Uno sabe que posee el Cuerpo de la Razón Objetiva, o de la mente individual, cuando verdaderamente aprende a pensar de acuerdo con los datos de la Conciencia.

            El Cuerpo Mental es el Cuerpo de la Razón Objetiva. Hay dos tipos de razón, mis queri­dos hermanos. La primera es la Razón Subjetiva. Ella se fundamenta en las per­cepciones sensoriales externas; con los datos de los sentidos, elabora sus conceptos de conteni­do y así funciona: no puede saber nada de lo real de la verdad, del Ser, de Dios, porque sus procesos razonativos se basan en los datos de los cinco sentidos y nada más. Por eso Don Emmanuel Kant, el gran filósofo de Königsberg, en su "Crítica de la Razón Pura" demostró que la Razón Subjetiva (la razón ésta, común y corriente, que poseemos todos), nunca puede saber nada de la verdad, de lo real.

            Pero hay otra razón que bien vale la pena desarrollar en nosotros, me refiero, en forma clara, a la Razón Objetiva. La Razón Objetiva se tiene cuando se tiene un Cuerpo Mental, individual, y ese Cuerpo Mental hay que fabri­carlo y se fabrica con la energía sexual, me­diante la transmutación de la energía creadora.

            Quien posea ese Cuerpo Mental, tendrá Ra­zón Objetiva. La Razón Objetiva se funda­menta en los datos de la Conciencia, funciona con los datos que aporta la Conciencia. Hom­bres de Razón Objetiva son los sabios verda­deros, los iluminados. Uno sabe que posee un Cuerpo Mental, individual, cuando es capaz de recibir la sabiduría divina directamente, cuando es capaz de pensar sin necesidad de los informes de los cinco sentidos.

            Y hablando de la voluntad, ¿qué diremos? Las gentes comunes y corrientes no tienen una voluntad definida. Como quiera que tenemos dentro una creación equivocada, defectos per­sonificados por tales y cuales Yoes, obvia­mente cada uno de esos Yoes, cada uno de esos demonios pensantes que llevamos en nuestro interior, posee su "voluntad" propia. Así pues, tenemos muchas voluntades, no una sola voluntad. Necesitamos crear el Cuerpo de la Voluntad Conscien­te, para poder dirigir nuestros actos. Quien se dé el lujo de crear el Cuerpo de la Voluntad Consciente, podrá originar nuevas circunstan­cias, no será víctima de las circunstancias. Nosotros necesitamos crear ese cuerpo (el Cuerpo Causal, como se le llama tam­bién). Quien se dé el lujo de crearlo, obvia­mente se convierte en un Maestro.

            Un hombre con los Cuerpos Físico, Astral, Mental y Causal, es un hombre ya desarrolla­do. Los animales nacen completos, pero el humanoide nace incompleto: necesita desa­rrollarse, completarse, mediante trabajos cons­cientes y padecimientos voluntarios; necesita transmutar la energía creadora, para crear los Cuerpos Astral, Mental y Causal, y recibir los principios anímicos y espirituales (así se con­vierte en hombre); necesita eliminar la creación equivocada que lleva dentro, constituida por el Yo pluralizado (multitud de demo­nios, personificando errores, y que todo ser hu­mano lleva en su interior).

            Así pues, hay que desarrollar al hombre dentro de nosotros mismos; hay que crear al hombre, necesitamos de la disponi­bilidad al hombre; crearlo es indis­pensable.

            El Cuerpo Astral tiene sus leyes: está go­bernado por veinticuatro leyes. El Cuerpo Mental tam­bién es un organismo maravilloso, dirigido por doce leyes y el Causal está gobernado por seis leyes. EL Cuerpo Astral tiene su anatomía, su fisiología, su biología. Existe un procedimiento secreto que permite, al Adepto que desencarna, continuar viviendo aquí (en el mundo físico) con el Cuerpo Astral. Se puede materializar tal cuerpo, y vivir físicamente, convivir físicamente con las gen­tes, durante un año, después de muerto. Es un organismo completo; debe alimentarse también, y se alimenta cuando nosotros aprendemos a transformar las impresiones diversas de la vida, cuando aprendemos a transformarlas mediante una clave, muy sencilla, que consis­te en aprender a recibir con agra­do las manifestaciones desagra­dables de nuestros semejantes. Quien haga eso, con tales impresiones transformadas, podrá alimentar al Cuerpo Astral, para que se desarrolle plenamente.

            Yo quiero que ustedes tengan un Cuerpo Astral y que puedan funcionar en todos los ámbitos del universo; que puedan, con ese cuerpo, viajar a cualquier lugar de la Tierra: que puedan asistir, con ese cuerpo, a la Gran Logia Blanca. Yo quiero que ustedes tengan un Cuerpo Mental, para que ustedes aprendan a recibir el conocimiento de su propio Ser, en forma directa; para que no dependan más de los cinco sentidos, para que puedan experi­mentar la verdad. Yo quiero que ustedes ten­gan un Cuerpo de la Voluntad Consciente, para que no sean víctimas de las circunstancias, para que puedan originar nuevas circunstancias.

            Hay necesidad de hacer una creación nueva dentro de nosotros mismos, es indispensable crear al hombre dentro de sí mismos, pero tam­bién se hace indispensable eliminar la creación equivocada que llevamos en nuestro interior: la ira, la codicia, la lujuria, la envidia, el or­gullo, la pereza, la gula… Todos esos defec­tos están personificados por demonios vi­vientes. En el Egipto antiguo, a tales demonios se les denominaba "Demonios Rojos de Seth". Así pues, debemos acabar con esos Demonios Rojos para libertar el Alma, para libertar la Conciencia, y en vez de esa creación equivocada, fabricar los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser.

            Hay que hacer la Gran Obra, pero hacerla con amor. Y después de recibir este conoci­miento, hay que compartirlo con nuestros semejantes, llevar la enseñanza a todos los rin­cones del mundo, fundar por donde quiera, grupos de gentes que estén, en verdad, dispues­tas a estudiar todo el cuerpo de doctrina.

            Es necesario que ustedes comprendan que el Sol está haciendo un gran ensayo: el Sol quiere crear hombres. Durante la época de Abrahán, hubieron bastantes creaciones de hombres; en los primeros ocho siglos del cris­tianismo, también hubo bastantes hom­bres, que fueron creados; en la Edad Media, unos cuantos fueron creados, pero en esta época las creaciones han sido muy pobres.

            El Sol está haciendo un ensayo, pero como quiera que las creaciones han sido muy pocas, va a destruir esta raza y la va a destruir den­tro de poco, con un gran cataclismo. Es bueno que ustedes sepan que una raza no dura más que lo que dura un año sideral. Así como la Tierra tiene su año, que consiste en la vuelta de la Tierra alrededor del Sol, en 365 días y algunas fracciones, con minutos y segundos, así también existe un año sideral. Y es que nuestro Sistema Solar, junto con nuestra Tierra, viaja alrededor del Cinturón Zodiacal (ese viaje equivale a unos 25.968 años, ese es el tiempo que dura una raza). Nuestra raza empezó después del "Diluvio Universal"; entonces se inició un viaje que comenzó en el Signo del Aguador, pero el viaje está concluyendo porque ya el Sistema Solar regresó, otra vez, al Signo del Aguador. Durante el trayecto, los Polos de la Tierra se van desviando, y ya sabemos que, en estos mo­mentos, el Polo Geográfico no coincide con el Polo Magnético. En estos instantes, si un avión viaja hacia el Polo, dirigido por la aguja magnética, al descender sobre lo que se consi­dera exactamente el Polo, nos hallaremos con que ya no está el Polo en ese lugar, porque ya no coincide el Polo Magnético con el Polo Geográfico: los Polos se están desviando hacia el Ecuador. A ello se deben los cambios en los climas, las alteraciones en la primavera, las alteracio­nes en el verano, etc., y pronto los ejes de la Tierra se habrán revolucionado.

            Añádese, a ese acontecimiento insólito, la venida de "Hercólubus": un gigantesco monstruo que viene a devorarse la Tierra. Está ya a la vista de todo los telescopios del mundo, forma parte de un Sistema Solar muy lejano, que se llama Sistema Solar de Tylo. Hercólubus es seis veces más grande que Júpiter y pasará por un ángulo del Sistema Solar. Cuando esto sea, se precipitará la revo­lución de los ejes de la Tierra, y el fuego de los volcanes, atraído por la fuerza de gravedad de Hercólubus, incendiará al mundo, y el agua completará la tragedia: los mares cambiarán de lechos, y estas tierras sobre las cuales noso­tros estamos viviendo, quedarán en el fondo de los mares.

            El viaje está concluyendo; solamente faltan unos pocos grados, verdaderamente, para que el viaje llegue a su final. Y es bueno que uste­des entiendan eso: que el viaje está conclu­yendo y que una raza no dura más que lo que dura el año sideral.

            Ahora bien, así como la Tierra tiene sus cua­tro estaciones (Primavera, Verano, Otoño e Invierno), así también el año sideral tiene cuatro estaciones: Primavera, la Edad de Oro; Verano, la Edad de Plata; Otoño, la Edad de Cobre; Invierno, la Edad de Hierro. En estos instantes, estamos en la Edad de Hierro, en el Invierno; la humanidad ha lle­gado al colmo de la perversidad y las creacio­nes humanas son pocas, han sido pocos los éxitos en el tubo de ensayos de la Naturaleza; la gente ha perdido todo interés por la inte­ligencia solar, y cuando la gente pierde todo interés por la inteligencia solar, el Sol también pierde interés por la gente y se da el lujo de crear una nueva raza, para el experimento en el laboratorio de la Naturaleza.

            El Sol quiere crear hombres, pero no es po­sible hacer esa creación si nosotros no coopera­mos con el Sol. Dentro de nosotros están los gérmenes de los Cuerpos Astral, Mental y Causal, que si se desarrollan, nos convertimos en hombres. Pero es necesario que se desarrollen; no pueden desarrollarse si nosotros no coope­ramos con el Sol. Necesitamos cooperar con el Sol, mis estimables hermanos, si es que que­remos el desarrollo de los Cuerpos Existencia­les Superiores del Ser.

            Es necesario entender la necesidad de coo­perar; pero voy a concretar, en forma práctica, lo que estoy diciendo. ¿Qué son los Yoes? Entidades psicológicas que viven en el fondo de nosotros mismos. Los hay buenos, los hay malos; los hay útiles, los hay inútiles, pero son subjetivos e inhumanos, nuestra Con­ciencia está embotellada entre esos Yoes. Necesitamos pulverizarlos, reducirlos a cenizas y eso es posible si nosotros nos encontramos siempre en estado de alerta percep­ción, alerta novedad. Es en el terreno de la vida práctica donde debemos autodescubrirnos, porque en relación con aquellos que nos rodean, los defectos que llevamos escondidos afloran, y si estamos aler­tas, los vemos. Defecto descubierto, es un Yo descubierto, un Yo que tiene mente para pensar, que tiene "voluntad", que tiene deseos, es una entidad viviente, que vive en nosotros, diabólica. Si nosotros nos proponemos destruirla, la destruimos. Lo pri­mero que interesa es descubrir, para lue­go desintegrar.

            Observación, es indispensable: ob­servar nuestros propios defectos psicológi­cos, y después enjuiciarlos y por úl­timo desintegrarlos. A los espías, en la guerra, primero se les observa, segundo se les enjuicia y tercero se les fusila (así tenemos que hacer con los Yoes). Si un pensamiento de ira nos asalta, es un Yo que debemos primero observar, luego enjuiciar y tercero desintegrar. Y no es posible desinte­grar, ningún defecto psicológico, con la mente. La mente, por sí sola, puede rotular a cual­quier defecto con cualquier nombre que quiera, pasarlo de un nivel a otro, esconderlo de sí misma y de los demás, pero no acabarlo, no aniquilarlo. Se necesita de un poder que sea superior a la mente. Afortunadamente, ese poder existe. Quiero referirme en forma enfá­tica, al poder del Kundalini. Mediante la Di­vina Madre Kundalini, podemos nosotros pul­verizar cualquier defecto. Kundalini es Tonantzin, Kundalini es Isis, Kundalini es Ram Io; Kundalini es, también, Diana Cazadora, y es también Adonía, y es In­soberta, y es Rea, y es Cibeles, y es María: una parte de nuestro propio Ser, pero derivado. Si apelamos a ella, a esa parte de nuestro pro­pio Ser, y le suplicamos de corazón que desinte­gre el Yo que nosotros hallamos entendido, que hallamos comprendido, ella así lo hará: lo pulverizará, lo desintegrará. Y al fin, con ese procedimiento, podremos ir desintegrando, acabando con todos los Yoes que tenemos en nuestro interior, y un día, la Esencia estará libre.

            Así pues, eliminar esa creación equivoca­da, es necesario para hacer dentro de nosotros una creación nueva: crear los cuerpos de oro para el Cristo Intimo, levantar el Templo del Señor dentro de nosotros mismos (es un Templo de oro puro) y ese Templo estará formado por los Cuerpos Exis­tenciales Superiores del Ser, y esos cuerpos se formarán transmutando la energía creadora.

            Todo eso se lo enseñaremos en nuestras obras (todo el tantrismo). Les enseñaremos cómo transmutar esa poderosa energía, para poder crear los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser.

            En mis libros, he escrito lo que es esa Cien­cia. Existe "El Matrimonio Perfecto", existe "El Misterio del Aureo Florecer", existe "La Doctrina Secreta de Anáhuac". En esos libros se encuentra la clave para transmutar la ener­gía creadora y crear mediante ella, los Cuer­pos Existenciales Superiores del Ser y conver­tirnos en hombres.

            Así pues, eliminar lo inhumano, es necesa­rio y crear dentro de nosotros lo humano, es inaplazable, impostergable. Sacrificio por la humanidad es el tercer factor. Claro, si ama­mos de verdad a los seres humanos, levantare­mos la antorcha bien en alto, para mostrar el camino a otros.

            Hoy en día, así como estamos, no somos sino, sencillamente, humanoides (desgra­ciadamente). Ha llegado la hora de crear al hombre, de que surja el hombre, de que apa­rezca el hombre. Las gentes se siguen creyendo hombres, pero el hombre es el rey de la creación. ¿Cuál pue­de gobernarse a sí mismo? Y si no somos capa­ces de gobernarnos a sí mismos, ¿cómo podría­mos gobernar el universo? Y si el hombre es el rey del universo, ¿entonces no resultaría aca­so contradictorio decir que todos los que pobla­mos la Tierra somos hombres? Si eso fuera cierto, seríamos todos reyes de la creación, amos del universo y hasta ahora no somos ni siquiera amos de sí mismos: somos víctimas de las circunstancias, víctimas de nuestros propios errores.

            Hay necesidad de destruir esa creación equi­vocada que llevamos en nuestro interior y hacer una creación nueva. Bello es poseer un Cuerpo Astral, para explorar todos los rinco­nes del universo; bello es poseer una mente que pueda funcionar con los datos exclusivos de la Conciencia; bello es poseer un Cuerpo de la Voluntad, una voluntad individual que le per­mita, a uno, gobernar todas las circunstancias, hacerse amo (pero amo de verdad), amo del universo

            Hasta aquí mi plática de esta noche. Pero estoy dispuesto, naturalmente, a responder pre­guntas. Todos, cada cual puede preguntar, en relación con el tema, lo que bien quiera.

 

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