Juego de la Oca (o Jardín de la Oca)

Artículo extraído dehttp://www.masalladelaciencia.es 

¿Simple entretenimiento de mesa o recorrido iniciático? He ahí la cuestión. El Juego de la Oca o Jardín de la Oca esconde símbolos en muchas de sus casillas. Si los analizamos uno a uno y en su conjunto quizá descubramos cuál es el fin último de este singular tablero.

Casi todo el mundo ha jugado alguna vez al Juego de la Oca y… tiro porque me toca. Es un sencillo entretenimiento de mesa cuyo objetivo es recorrer las casillas y alcanzar la meta antes que los demás jugadores. Hay quien sostiene que ya existía durante la época de la Guerra de Troya, debido al descubrimiento del Disco de Phaistos (datado entre los años 1500 y 1700 a.C.) en las ruinas del Palacio de Creta. Esta pieza tiene dos caras, de 30 y 31 casillas, respectivamente, con dibujos diversos, entre los cuales se observan ocho pájaros. Una de las hipótesis (ver recuadro en la pág. 56) sobre el origen de este juego hace referencia a la Orden de los Pobres Caballeros del Templo de Salomón y atribuye a los templarios (Monográfico nº52 Templarios) la invención del juego que, en realidad, podría ser un plano secreto en el cual los freires identificaron sus encomiendas más ocultas bajo la figura de una oca. Por otra parte, hay que señalar que este juego se ha asociado al tramo más representativo del Camino de Santiago, el que transcurre entre los Pirineos y Compostela o incluso Finisterre (debido a ciertos elementos como los puentes que debían atravesar los peregrinos y la posada o el hospital en el que se alojaban). También se ha especulado con la posibilidad de que este entretenimiento de mesa se tratara de un medio de peregrinar a Compostela para quien no pudiera hacerlo físicamente. ¿Pero esconde algún mensaje esotérico este singular tablero? Analicemos el significado de los elementos que lo componen:

1. LA ESPIRAL
Es el símbolo más antiguo del mundo. Para muchas culturas representaba el ciclo nacimiento-muerte-renacimiento, es decir, la vida sin principio ni fin, la eternidad. Aparece en todas las latitudes del globo terráqueo: en India, África, China, América y, por supuesto, Europa. El movimiento rotatorio de la espiral está muy presente en la Naturaleza, sin ir más lejos en nuestra propia galaxia, si bien no fue descubierto hasta fechas recientes y gracias al uso de aparatos muy sofisticados. Nuestros antepasados tenían otros elementos a su alcance, como las conchas de los caracoles –en cuya espiral perfecta se inspiraron los griegos para establecer la medida áurea de la geometría–, algunas plantas y flores, los remolinos de viento y agua, los nidos de los pájaros, el ombligo, la coronilla de la cabeza, la propia capacidad humana para girar y formar círculos y los movimientos del Sol y la Luna observados desde la Tierra, que nacen, mueren y renacen. Todo ello quedó plasmado en las pinturas rupestres, en los petroglifos y en algunas representaciones de la Divinidad. Existen muchas teorías sobre el significado esotérico de la espiral e infinidad de figuras de todas las épocas, entre las cuales las celtas son las más numerosas y variadas. En relación al Juego de la Oca, cabe señalar que las casillas se corresponderían con las oquedades de la concha de un nautilus y que la espiral, al igual que la pata de oca, fue uno de los símbolos utilizados por los maestros de la piedra, los canteros.

2. LOS NÚMEROS
Los números están presentes en todas las casillas del Juego de la Oca, aunque en algunos tableros no aparece escrito el último, el 64. La numerología del 1 al 9 establece una relación entre las cifras y los seres vivos y su entorno. Las tres escuelas más importantes de la Antigüedad que trabajaron con los números en su sentido esotérico fueron la pitagórica, la cabalística y la china, aunque no coincidieran en su tratamiento ni en el significado o valor que dieron a los números. Éstos aparecen también en el Apocalipsis de San Juan con claras connotaciones esotéricas. En el juego hay 64 casillas, las mismas que en el ajedrez y en las damas, igual que en el I Ching (MÁS ALLÁ, 174). La suma, la resta, la multiplicación y la división de los números dan lugar a diferentes lecturas según las culturas y las creencias. En el caso de tratarse de un tablero de adivinación, el intérprete otorga diferentes valores a cada una de las casillas del juego e interpreta hechos presentes, pasados o futuros. Debido a la importancia de los números en el juego existe una hipótesis según la cual el tarot (Monográfico nº51 Artes adivinatorias) sería una evolución del Jardín de la Oca. De hecho, resulta llamativo que los arcanos mayores sean en total 22, igual que las casillas más significativas de la Oca.

– Interpretación de los números:
1 (10): la unidad, Dios, el centro del Universo, el comienzo y el fin. El juego empieza en el 1 y acaba en el 1 (64, 6+4=10=1+0=1).
2 (11, 20): la dualidad, el día y la noche, arriba y abajo, lo masculino y lo femenino, el germen de la vida y también la discordia, la confusión y el Diablo.
3 (21, 30): el equilibrio, la Trinidad, padre-madre-hijo; las tres unidades: número, peso y medida.
4 (13, 22, 31, 40): la creación, el Universo, los puntos cardinales, los elementos de la Naturaleza, las estaciones del año y el alma humana con sus cuatro capacidades: pensamiento, ciencia, opinión y sentido.
5 (14, 23, 32, 41, 50): la inteligencia. Es un símbolo de lo sagrado, la salud, el intelecto, los sentidos corporales, los dedos de cada extremidad y la luz.
6 (15, 24, 33, 42, 51, 60): la fuerza divina, la creación del mundo, la belleza de la Naturaleza y el trabajo.
7 (16, 25, 34, 43, 52, 61): el poder espiritual, la virginidad, los sellos del Génesis, las notas musicales, los colores del arco iris y los días de la semana.
8 (17, 26, 35, 44, 53, 62): la Justicia, el infinito del equilibrio entre fuerzas antagónicas y el eterno movimiento cósmico.
9 (18, 27, 36, 45, 54, 63): la perfección, el Alfa y la Omega y las musas.

3. DE OCA A OCA
En el juego, aparecen 13 + 1 ocas –esta última, la Gran Oca que habita en el jardín de su mismo nombre– y constituyen un enigma o, al menos, una curiosidad porque no existe en tierras del Camino una mitología relativa a este animal y sí muchas relacionadas con osos, lobos o jabalíes. En el Antiguo Egipto, la oca era un animal vinculado al nacimiento y la muerte, el principio y el fin. El ánade –pato, ganso, cisne y oca– era considerado el animal más completo por dominar tres de los cuatro elementos de la Naturaleza: el Agua, la Tierra y el Aire. Asimismo, es un símbolo de defensa (las ocas del Capitolio avisaban con sus graznidos de la llegada de los enemigos). Los monjes-soldado eran también defensores de los peregrinos que acudían a Jerusalén y Compostela. Las ocas ocupan las casillas 5, 9, 14, 18, 23, 27, 32, 36, 41, 45, 50, 54 y 59, es decir, se alternan los cincos y los nueves, en un intervalo de cuatro y cinco casillas entre ellos, lo que suma nueve y nos conduce otra vez a la interpretación de los números. Por otra parte, a lo largo del Camino de Santiago y en todas las regiones nos topamos con lugares cuyos nombres no dejan de plantear ciertos interrogantes, por ejemplo: ríos Oca, Oka, Oza u Oça, Oja, montes de Oca, valles de Oca, Nanclares de la Oca, Villafranca de la Oca; valles y ríos de Anso y Ansón, la sierra de Ancares o Ançares; la población de El Ganso. Además, estas aves se encuentran representadas en ermitas, iglesias, catedrales, castillos y puentes del Camino. Asimismo, existe una teoría que afirma que los cátaros, huidos del País de la Lengua de Oc (Languedoc), dieron su nombre a sus nuevos lugares de asentamiento, pero lo cierto es que existían nombres “oca” anteriores a la persecución cátara.

Los primeros cátaros perseguidos lo fueron en el norte de Francia, en Champagne, la región de las catedrales góticas, y llegaron a la Península por el Camino Francés. Excepto por sus creencias religiosas, no existía relación entre ellos y los cátaros del Languedoc ni en lo referente a la lengua, ni a la cultura. Sin embargo, sí existió en algunas zonas del Pirineo de Huesca y Navarra una comunidad denominada “agote” (MÁS ALLÁ, 207), discriminada por oscuras razones difíciles de esclarecer y obligada durante una época a llevar sobre el hombro izquierdo una marca roja en forma de pata de oca. Carpinteros y canteros, se sabe que los agotes trabajaron para los maestros constructores y puede que fueran suyas las marcas de cantero en forma de pata de oca –simple o doble– que a menudo aparecen grabadas en las construcciones. Otra interpretación está relacionada con la veneración de las vírgenes negras (MÁS ALLÁ, 219) del Camino, que subsiste, a pesar del empeño de algunos en desmentir su relación con la Diosa Madre, creencia primigenia de los seres humanos y que tanto el fundador del Císter, Bernardo de Claraval, como sus protegidos, los templarios, promovieron en toda Europa a partir del siglo XII. En este caso, la oca representaría la sabiduría de lo femenino y estaría relacionada con las creencias, ampliamente extendidas en nuestras tierras, en las lamias, las xanas, las mouras, las ayalgas, las dones d’aigua, las damas blancas y demás entes femeninos de largos cabellos rubios y pies de… oca.

4. EL PUENTE (CASILLAS 6 O 6 Y 12)
El puente une dos orillas y permite al peregrino atravesar el río que le impide continuar su camino. Es también la unión entre la vida y la muerte; el mundo material y el espiritual; la aventura, la liberación. El puente como símbolo del paso hacia un nivel superior, de la unión entre el cielo y la tierra, está presente en numerosas tradiciones y es común a varias religiones. En la cristiana supone una alegoría importante, pues Cristo es Dios y es hombre; es el “puente” entre lo humano y lo divino, y a través de Él los creyentes alcanzarán la vida eterna. Su representante en la Tierra es el Pontifex, que literalmente significa “constructor de puentes”, si bien existen discusiones al respecto. El título no es exclusivo de la religión católica, puesto que ya lo utilizaban los sacerdotes romanos.

5. LA POSADA (CASILLA 19)
La posada, el hospital de peregrinos, es un lugar de descanso en la andadura para recuperar las fuerzas perdidas y, asimismo, un espacio de introspección para conocerse a sí mismo. En el tarot significa aislamiento y separación afectiva. En el juego se halla en una posición temprana y no vuelve a aparecer, por lo que significa el momento de reflexión y decisión para proseguir la senda hasta el final.

6. LOS DADOS (CASILLAS 26 Y 53)
Los dados significan la fortuna buena o mala del jugador. De ahí que ciertos hechos de la vida dependan del destino. La suma de sus cifras en ambos casos es 8, y el ocho es el símbolo del infinito.

7. EL POZO (CASILLA 31)
En algunas tradiciones el pozo repleto de agua transparente es un augurio favorable, el útero de la vida. Los antiguos judíos, por ejemplo, esperaban a sus futuras esposas junto a un pozo. Por el contrario, si está vacío, el presagio es adverso porque significa oscuridad, desesperación, el Hades. Sin embargo, el pozo tiene un doble simbolismo, ya que el agua que contiene es un elemento de purificación, es decir, el bautismo, práctica utilizada antes del cristianismo en Persia, India, Babilonia, Egipto y Grecia para liberar de los males morales e iniciar al neófito en el culto. Como fórmula iniciática, representa la pertenencia a un grupo. En el juego, el pozo se halla hacia la mitad, lo que significa que el iniciado ha recorrido la mitad del Camino y ha sido admitido en la congregación.

8. EL LABERINTO (CASILLA 42)
De nuevo encontramos aquí la espiral, que es uno de los símbolos esotéricos más antiguos de la humanidad. De forma cuadrada o rectangular, aparece en una tablilla de Pilo (siglo XIII a.C.) y en los sellos de las tumbas del Antiguo Egipto. De forma redonda o circular, se observa en el siglo VII a.C. entre los etruscos, en las monedas de Cnosos y en el famoso laberinto del Minotauro en Creta (MÁS ALLÁ, 179 y 217). Existen laberintos en los suelos de iglesias y catedrales como las de Chartres (MÁS ALLÁ, 223), Amiens, Lyon, Reims o Poitiers, también llamados “caminos a Jerusalén”. Se afirmaba que recorrerlos era una forma de realizar la peregrinación a Tierra Santa sin tener que ir hasta allí. Sin embargo, parece que no se trata de la Jerusalén física, sino de la celeste mencionada en el Apocalipsis de San Juan. El laberinto simboliza la superación de una prueba, la vida y el camino hasta llegar al centro, Dios. Es el paso a través de las tinieblas para alcanzar la luz, la superación de la ignorancia para adquirir el conocimiento, la victoria de la inteligencia sobre el instinto.

9. LA CÁRCEL (CASILLA 52)
En principio, la cárcel supone la pérdida de la libertad y el jugador que cae en esta casilla pierde tres turnos. Sin embargo, en clave esotérica puede representar la ascensión mística del alma una vez desprovista de su prisión material. A este respecto, no hay que olvidar que Cristo resucitó al tercer día. Pero no sólo Él lo hizo. También Mitra –dios de la luz solar de origen persa cuya religión fue adoptada por los romanos y compitió con el cristianismo hasta el siglo IV– murió y resucitó al tercer día. Y, antes que ellos, Osiris permaneció tres días en el sepulcro hasta su resurrección.

10. LA MUERTE (CASILLA 58)
Se encuentra a tan sólo cinco casillas del final del Camino y simboliza la muerte seguida de la resurrección, el paso a un mundo superior situado al otro lado de la puerta del Jardín de la Oca. En el juego, si se cae en dicha casilla, ha de volverse al principio y recomenzar la partida. Para algunos simboliza la posibilidad de empezar de nuevo y revisar y enmendar los errores cometidos durante el Camino.

Se han expuesto algunas de las diversas deducciones, claves y relaciones místico-esotéricas que se atribuyen al popular Juego de la Oca o, mejor dicho, Jardín de la Oca. Puede que sea simplemente un juego, puede que se trate de un tablero de adivinación o de una guía de espiritualidad y autorrealización. En cualquier caso, cada cual que interprete su significado y que lo utilice de la manera que más le convenga.

Disco de Faistos

El recorrido premia al primero que cruza la meta del jardín allí donde un inocente pasatiempo de sobremesa se convierte en un código secreto que ha estado vinculado a la religión egipcia, al Palacio de Faistos en Creta, a la Guerra de Troya, a la religión de los antiguos celtas, a los caballeros Templarios o al Camino de Santiago. Y, lo más enigmático de todo: nadie sabe con certeza quien lo inventó, ni para qué. Les invitamos a adentrarse en los secretos del Juego de la Oca.

 

La Oca ¿Un juego egipcio?

 

Un equipo de egiptólogos ha descubierto recientemente en las excavaciones de Luxor un extraño juego de mesa junto a las tumbas de dos nobles de la Vigésimo Octava dinastía (3.400 años de antigüedad). El hallazgo, que presenta ciertas similitudes con el Juego de la Oca, formaba parte de un ajuar funerario y estaba compuesto de varias piezas talladas en marfil.


Aunque todavía se desconocen las reglas del juego, se sabe que recibía el nombre de “Senté”. ¿Cabe la posibilidad de que este pasatiempo de los antiguos pobladores del País del Nilo fueran los creadores de la Oca? ¿Y si, en vez de ser un simple juego, se tratara de una auténtica guía mística para el tránsito hacia la otra vida?


Esto sería posible si tenemos en cuenta que en el Antiguo Egipto, la Oca era un animal vinculado al nacimiento y a la muerte. Se la asociaba simbólicamente con el sol: los egipcios pensaban que la oca era el sol que nacía del huevo cósmico. También estaban consideradas como mensajeras de los dioses. Las ocas eran las aves que volaban entre el cielo y la tierra manteniendo un simbólico nexo de unión entre el ser humano y el mundo de los Dioses.

 

El Disco del palacio de Faistos en Creta

 

Otros opinan que el origen del juego de la Oca data de hace 2.000 años y procede de un disco de arcilla, plano y grabado por sus dos caras, denominado “Disco de Faistos”, cuyo nombre deriva del Palacio de Faistos en la isla de Creta donde fue hallado. El citado palacio tenía una extensión de 8.300 metros cuadrados, construido hace unos cuatro milenios, se cree que fue un gran centro ceremonial donde diariamente se sucedían los cultos y los rituales mágicos.

 

Disco de Faistos

Las primeras ruinas fueron halladas en una excavación llevada a cabo en el año 1.900 por miembros de la Escuela Italiana de Arqueología. Ocho años más tarde se encontró el Disco de Faistos, una pieza de arcilla de poco más de 20 centímetros de diámetro y un solo centímetro de espesor. El disco tiene un total de 45 dibujos agrupados en casillas y distribuidos en sus dos caras. Muestran imágenes de hombres, de animales y de objetos, pero, lo más curioso es que se repite el símbolo de un ave. ¿Podría ser una oca? No lo sabemos con exactitud.

Los expertos no se ponen de acuerdo acerca del significado del disco. Para algunos es algo parecido a una partitura musical que contiene ideogramas para cantar un himno. Otros piensan que es un oráculo basado en la observación de las aves. Hay quién lo ve como un elemento astronómico. Por supuesto, hay quienes aseguran que es un primitivo juego de la Oca.

 

La Leyenda asegura que el juego nació en Troya

 

Entre los griegos la oca era un animal venerado. En el aspecto práctico de la vida diaria, se la consideraba un buen vigilante y se decía que podía llegar a ser el mejor soldado, ya que, cuando vigilaba, era insobornable. Desde un prisma espiritual, la oca era para los helenos la manifestación de la fuerza espiritual que le daban los dioses a los seres humanos para enfrentarse a las adversidades de la vida.

Por todo ello, no es casual que, aunque no hay datos que lo corroboren, existe una vieja leyenda que dice que el Juego de la Oca nació en Troya. Al parecer, los guerreros griegos se aburrían tanto durante el largo sitio de Ilión que inventaron numerosos juegos para distraerse.

Uno de esos juegos se desarrollaba sobre un tablero decorado con numerosas imágenes cotidianas. Sobre ese tablero se desplazaban unas piedras que hacían la función de fichas. El movimiento de las piezas respondía a la puntuación que determinaban las tabas o huesos de cordero que actuaban de dados. Siguiendo este método, los jugadores completaban un sendero marcado en el tablero. El inventor de este juego fue Palámendes, nieto de Poseidón.

 

La Oca para los antiguos Celtas

 

Tampoco hay pruebas de la existencia de un supuesto Juego de la Oca entre los Celtas. Sin embargo, sabemos que para este pueblo mágico la oca tenía un significado muy especial. Este animal era el mensajero del otro mundo. Sus plumas se empleaban para confeccionar amuletos de protección contra los ataques de los espíritus impuros.

Los druidas veían en la oca un símbolo metafórico del camino de la perfección que todo ser humano debía recorrer para lograr elevar su espíritu y alcanzar el paraíso. Por todo ello, ¿No os parece una hermosa metáfora del juego de la Oca que hoy conocemos? Tal vez fuesen ellos quienes lo inventaron.

 

La Oca y Los Templarios

 

La Orden de los Caballeros del Temple fue creada en 1118 por nueve caballeros europeos en el fin de vigilar los santos lugares de Jerusalén. Se especula que aquellos hombres, medio monjes y medio guerreros, concentraron todo su interés en proteger la vida secreta de Jesús y, al mismo tiempo, se apropiaron de los tesoros del mítico Templo de Salomón. Su poder se expandió por Europa y se dice de ellos que fueron los primeros banqueros.

Una hipótesis asegura que los caballeros templarios necesitaron codificar información sobre su orden de manera que sólo ellos lo entendieran. Fue así como, según algunos, se les habría ocurrido crear un aparentemente inocente juego de mesa cuyas casillas, por un lado, tendrían un significado místico o religioso, y, por otro, uno más materialista. El tablero del conocido pasatiempo sería algo así como un plano secreto de los asentamientos templarios, de los lugares seguros y enclaves de tesoros.

En cuanto a la parte mística o religiosa se refiere, para muchos el Juego de la Oca es un auténtico camino de espiritualidad. Piensan que se trata de una guía para vivir adecuadamente y entender mejor la muerte terrenal. Vinculan las casillas con las numerosas pruebas que tiene que superar el ser humano y su espíritu antes de alcanzar el paraíso.

Según esta teoría, el perfeccionamiento espiritual sólo se lograría si el camino de la vida se ha cubierto como es debido. De esta forma, y, tal como sucede en el juego, uno se puede salvar de la muerte, situada en la casilla 58. Al superarla, el jugador puede alcanzar el camino del jardín del Edén o de la vida eterna que le espera al final en la casilla 63.

Siempre siguiendo las teorías más místicas relacionadas con este juego, la casilla de la muerte, al obligarnos a comenzar de nuevo el juego, nos indica metafóricamente que debemos regresar al inicio de nuestros días para subsanar los pecados o errores de nuestra existencia y retomar el camino correcto. Para los esoteristas, este reinicio de la partida es como el perdón cristiano que nos brinda una segunda oportunidad.

 

¿Está vinculado el Juego de la Oca al Camino de Santiago?


El Camino de Santiago es una de las rutas más veneradas por los cristianos y conduce a la tumba del apóstol. El trayecto que debe cubrirse para alcanzar Compostela no está exento de interés porque reúne determinadas singularidades religiosas, místicas y telúricas, circunstancias que, por cierto, ya cono conocieron los templarios.

Es más, se cree que fueron los propios Caballeros de la Orden del Temple quienes tenían localizados los lugares exactos donde se obraba la transmutación mágica y espiritual a lo largo de la ruta. Por este motivo habrían podido idear un tablero que, reflejando su experiencia en el Camino de Santiago, obligara al jugador a avanzar paso a paso mientras sorteaba los peligros.

Las ocas del juego templario serían entonces salvoconductos o lugares seguros. También podrían ser recintos, pueblos o caminos donde hubo asentamientos templarios que, como sucede en el salto “de oca en oca”, facilitarían la tarea del peregrino.

Ahora bien ¿Qué serían entonces las otras casillas? Los lugares iniciáticos, pero también aquellos de los que conviene apartarse, caso de la posada, la cárcel o la muerte.

 

Un invento renacentista

 

Los menos soñadores aseguran que el Juego de la Oca es, en realidad, un invento del Renacimiento italiano. Pudo nacer, al igual que las primeras barajas del Tarot y otros pasatiempos de salón, en el siglo XVI en Italia, y, de allí, pasaría a toda Europa.

No ha faltado quién haya atribuido su invención al propio Leonardo da Vinci. Ninguna prueba, sin embargo, vincula al artista florentino con este pasatiempo. En cambio, sí se sabe que Francisco de Médicis, Gran Duque de la Toscana, que nació en 1541, encargó varias reproducciones del tablero del Juego de la Oca para regalarlas a altos mandatarios de las cortes europeas.

En cualquier caso, ahora, cada vez que echemos “una partidita” a La Oca, seguramente miraremos este modesto juego de mesa, que forma parte de nuestro entorno cotidiano desde la infancia, con unos ojos muy diferentes.

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