Salomón y el Templo de Jerusalem

 

Introducción

Se puede asegurar, basándose en antiguas leyendas, que Abraham recibió de manos de Melchisedec el Santo Grial; mucho más tarde en el tiempo esta copa fue a dar en el templo de Jerusalén.

No hay duda de que la Reina de Saba sirvió de mediadora en este hecho. Ella se presentó ante el Rey Salomón. Con el Santo Grial y después de someterle a rigurosas pruebas le hizo entrega de tan “preciada joya”.

Muchos hombres y mujeres importantes llegaron a Jerusalén atraídos por la fama y logros de Salomón, pero nadie comparable a Belkis, la reina de Saba. Su visita fue anunciada por un mensajero dos días antes de su llegada. Salomón montado en un brioso corcel egipcio y al frente de un pequeño séquito fue a recibirla.

Se encontraba sentada en un carro impresionante, bajo un quitasol, mujer de alta estatura, y de belleza incomparable, piel de color miel, cabello trenzado de una negrura resplandeciente, llevaba diadema y manto azul, y sobre el velo que cubría la cabeza aparecía una guirnalda con flores cincelada. Se observaron detenida y silenciosamente un tiempo, hasta que ella habló con bastante soltura en lengua hebrea. 

Reina de Saba: ¿me encuentro ante el famoso Rey Salomón? 

Rey Salomón: Ese soy yo, admirada reina

Reina de Saba: Vengo de lejanas tierras, atraída por las maravillas que se cuentan de ti y de tu ciudad. Confío en que me aceptes como tu huésped durante unos días.

Rey Salomón: Israel siempre ha tenido fama de hospitalaria con los extranjeros, mucho más con los que vienen en son de paz.
 
La reina quedó asombrada frente a la grandiosidad del templo de Jerusalén y del palacio mandado construir por Salomón.

Más tarde el rey la recibió en palacio, sentado en su trono, y rodeado de un grupo de mujeres que entonaban hermosas canciones que hablaban de amistad y respeto, al tiempo que tañían sus arpas y cítaras y un humo perfumado se desprendía de los braseros encendidos, inundando el ambiente.

La Reina de Saba apareció vestida con una túnica verde cuajada de piedras preciosas, y detrás venían sus servidores portando grandes cofres con oro, recipientes de barro con piedras preciosas, y un sin fin de frascos de diferentes colores y tamaños, conteniendo perfumes y otros líquidos mágicos. 

Reina de Saba: Rey poderoso, considera que estos tesoros te son entregados como una prueba de reconocimiento a tu sabiduría. Porque he venido de muy lejos para escuchar tus palabras de oro. 

Rey Salomón: Caros son los presentes que has traído. Ahora escucha mi agradecimiento ¡Oh reina!. De Jehová es el poder, por eso a todos nos brinda la misma entrada y la misma salida; sin embargo somos pocos los que hemos encontrado la Sabiduría. Yo amo este don más que la hermosura y la salud, pues se ha convertido en una luz inextinguible. Ahora te digo, ¡oh Reina de Saba! Que habites en la “casa del Líbano” comas y bebas a mi lado, y luego, podrás formularme las preguntas y los enigmas que gustes. Mis labios te proporcionarán las respuestas, con el único propósito de que el resplandor de mis adivinaciones te permita seguir el mejor camino. 
Poco más tarde, durante la hora de la comida, la reina se sentó al lado de Salomón, rompiendo el protocolo establecido. 

Reina de Saba: Majestad si os dijera algo como esto: “sirvo de adorno a los ricos, soy harapo para los mendigos, comida de las abejas y la muerte de los peces, ¿qué me diríais?

Rey Salomón: Pues que estáis hablando del lino. Como vestido cubre a los ricos, y cuando está hecho unos harapos tapa parcialmente a los mendigos. En el momento que sólo es una flor, liban en ella las abejas. Pero al ser convertido en una red, sirve para sacar los peces del agua dulce o salada.

Reina de Saba: Es líquido y no brota de las nubes, ni sale de los ríos y los mares ¿a qué me refiero? 

Rey Salomón: Puede ser a las lágrimas o al sudor. 

Reina de Saba: En vuestra tierra y en la mía, majestad, hay tres cosas cuyos andares son muy hermosos y hasta nobles. 

Rey Salomón: Debéis referiros al león, cuya hermosura y nobleza le ha convertido en el rey de los animales. Parecida imagen ofrece el gallo que ha conseguido dominar sobre un gran corral, con lo que tiene a su merced un harén de gallinas. No anda detrás de los anteriores el macho cabrío, cuya fortaleza y experiencia le permite dirigir el rebaño, a semejanza de un soberano en el momento en que está arengando a su pueblo.

Reina de Saba: Me has contestado con gran rapidez. No creo que reacciones de la misma manera si te hablo de unas criaturas minúsculas, que a su vez son las más inteligentes que se pueden encontrar en la faz de la tierra. ¿sabrías responder a este misterio?

Rey Salomón: Claro que sí. Has descrito a las hormigas, nunca van solas, debido a que su poder lo consiguen agrupadas. Otros animales prodigiosos son las marmotas: a pesar de su aparente debilidad son capaces de perforar sus nidos en las rocas. Después se encuentran las langostas, que no necesitan ningún guía para volar perfectamente organizadas. Por último he de citar a las lagartijas, para las que no existen lugares inaccesibles, debido a que podrían entrar aquí mismo aprovechando la más pequeña rendija de las puertas.

Reina de Saba: Tendría que aplaudirte majestad, pero lo reservaré para otro momento, ya que pretendo plantearte unos enigmas más complicados. Si he venido a Israel es para conocer el alcance de tu sabiduría, y te aseguro que pienso conseguirlo.

La noticia de una reina extranjera llegada a Jerusalén, con la intención de desafiar la sabiduría del Rey Salomón, originó gran expectación; sin embargo pocos consiguieron estar presentes en el pórtico de la “casa del Líbano” cuando la Reina de Saba llegó dispuesta a plantear los siguientes enigmas, acompañada de un anciano de piel negra, barba blanca, elevada estatura y vestido a la usanza egipcia, ofreciendo todo el aspecto de un mago.

Reina de Saba: Es Tehrak, mi astrólogo. Si te pasó desapercibido en mi llegada, fue porque le gusta mezclarse con mis servidores para no llamar la atención. Él asumirá el papel de árbitro; de su boca saldrá el veredicto sobre la solución de los enigmas que me dispongo a proponerte. Oye el primer enigma que voy a plantearte:
“me encuentro sola en las selvas de mi país, la espesura es tan densa que he perdido el rumbo, hasta que rendida y agotada llego a un calvero. Me siento aliviada porque cerca hay un riachuelo; sin embargo al aproximarme a la orilla, me cierran el paso un leopardo de piel resplandeciente, que me mira con ojos asesinos, y una pantera blanca que ni siquiera me observa, ¿qué debo hacer? ¿y cuál de las dos terminará devorándome?”

Salomón sin detenerse a pensarlo, respondió de inmediato.

Rey Salomón: Esa espesura tan densa son tus dudas respecto a la religión que mantiene tu pueblo, pero en la que no crees. El calvero lo veo como mi ciudad de Jerusalén. El leopardo de mirada asesina es el dios pagano que te amenaza, porque en ningún momento te permitiría abandonarlo. La pantera blanca es Jehová, el Dios de Israel, al que consideras indiferente a tu suerte. El primero nunca podría devorarte, siempre que buscases la protección del segundo, Jehová, el Dios de Israel, con sincera fe.

La Reina de Saba miró a Tehrak, y éste movió la cabeza en señal de aprobación; dando por acertado la interpretación del primer enigma.
A continuación Belkis, la Reina de Saba tomó asiento, y sin separar sus ojos del rostro de Salomón, planteó el segundo enigma.

Reina de Saba: Siempre he estado orgullosa de los jardines de mi palacio, porque nunca han dejado de ofrecerme flores en todas las épocas del año. Pero una mañana descubrí una nueva flor. Deseos me asaltaron de preguntar cómo había podido crecer allí, cuando yo estaba bien informada de las semillas y las plantas que se cultivan en el jardín. Cogí la flor nueva, y cuando me disponía a oler más cerca la intensidad de su aroma embriagador, descubrí aterrorizada que se estaba marchitando en mis manos. Me alejé muy entristecida, y al volver horas después, pude comprobar que todo el jardín se había marchitado. ¿Puedes explicarme la causa de este daño?

Rey Salomón: Es muy sencillo ¡Oh reina! Te refieres a un suceso bastante reciente que sucedió en tu palacio. Una mañana descubriste que un siervo extranjero, muy atractivo y de modales corteses, se encontraba en tus aposentos. Te dispusiste a hablar con él, pero él te dio la espalda y antes de marcharse comenzó a insultarte y a proferir amenazas contra tu reino. A las pocas horas, te informaron que todos tus servidores se habían sublevado contra ti. Por fortuna tu guardia personal te continuaba siendo fiel y pudo detener la revuelta. En realidad si te hubieras fijado más en esos servidores que te rodeaban, hubieras evitado la sublevación.

El segundo enigma fue resuelto, y tras haber sido duramente probado, en su inteligencia, en su capacidad de análisis y reflexión y vistas todas sus facultades y sus obras, la reina de Saba le entregó a Salomón la “divina joya” convirtiéndose en el nuevo guardián del santo grial, y depositándose la sagrada reliquia en el templo de Jerusalén.

(Nota aclaratoria: El diálogo entre Salomón y la Reina de Saba experimenta variaciones según los autores)

Su padre, David. (1000-961 a. C.) 

Fue rey de Judá e Israel, fundador de la dinastía de Judá. El Antiguo Testamento recoge numerosos relatos de sus hazañas, en especial los libros de Samuel, Reyes y Crónicas.

David era el hijo más joven de un pastor (Isaí), en su juventud cuidaba los rebaños de su padre. Adquirió fama por sus aptitudes musicales y por su valentía, que alcanzó visos legendarios por su enfrentamiento contra el gigante filisteo Goliat. A medida que crecía su reputación, fue convocado a la corte, donde Saúl, primer rey de Israel, le nombró su escudero. Tras cubrirse de gloria en las guerras contra los filisteos, desposo a Mikal, hija de Saúl, y se ganó la amistad de Jonatán, su cuñado. Sin embargo, su creciente popularidad despertó la envidia del monarca, quien le expulsó de la corte. Pasó el siguiente periodo de su vida en el exilio.

David regresó a su país natal tras la muerte de Saúl, Jonatán y otros dos de los cuatro hijos del rey en una batalla contra los filisteos. Fue coronado rey de Judá y luego fue ungido rey de Israel, aproximadamente el 993 a. C.

A partir de entonces derrotó en rápida sucesión a filisteos, moabitas, arameos, edomitas y ammonitas, consolidó con ello el estado nacional independiente de Israel y amplió enormemente sus dominios. Una de sus principales conquistas fue la de la fortaleza jebusea de Sión, a la que convirtió en núcleo de su ciudad capital, Jerusalén, a menudo llamada ciudad de David. Allí construyó su palacio e instaló, bajo un tabernáculo, el Arca de la Alianza, con lo que Jerusalén pasó a ser el centro religioso y político de los territorios unidos bajo su persona. Los últimos años del reinado de David estuvieron marcados por los problemas familiares, sobre todo por la disputa con el mayor de sus hijos sobrevivientes, Adonías, surgida tras haber designado a Salomón (su hijo con Betsabé) heredero del trono.

David fue un guerrero valiente y un líder notable. Mostró una devoción religiosa a toda prueba, de ahí que David sea el símbolo del coraje y de las aspiraciones de su pueblo, cuyos profetas le consideraron el modelo del Mesías prometido. La tradición le atribuye la autoría de 73 poemas de salmos.

Quién era Salomón. Su vida

Rey de Israel que ocupó el trono entre los años 970 a 931 a. C. Era hijo del rey David y de su esposa predilecta Betsabé. El nombre de Salomón viene de "salom" que significa paz y salud, Salomón significa “el pacífico”. Dios había prometido a David que su posteridad reinaría después de él en Israel y que un hijo que le sucedería en el trono, construiría una casa en nombre del Señor.

Las intrigas de Adonías, hermano mayor de Salomón, precipitaron el advenimiento del hijo de Betsabé al trono de Israel y, Salomón fue ungido rey por el sacerdote Sadoc, en la fuente de Gihon. El pueblo lo aceptó con entusiasmo y Adonías imploró el perdón de su hermano, que le fue concedido en esta ocasión. Al poco tiempo volvieron las conspiraciones de Adonías, el sumo sacerdote Abiatar y Joab para arrebatarle el trono, Salomón actuó con energía y los conspiradores murieron o fueron expulsados. Salomón no era guerrero como su padre y su misión como gobernante consistió en mantener las conquistas y el prestigio de David, más con la habilidad y la diplomacia que con las armas. Contrajo matrimonio con la hija del rey de Egipto, asegurándose el apoyo de aquel monarca. Después de su boda organizó una gran manifestación religiosa en Gabaón , donde se hallaba emplazado transitoriamente el tabernáculo. Allí se le apareció Jehová una noche en sueños, y le dijo Dios: Pide lo que quieras que yo te dé. Y él pidió: da a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque, ¿quien podrá gobernar este tu pueblo tan grande? Y agradó al Señor, y le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia , he aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú. Y aún también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días. Y si anduvieres en mis caminos guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días. Cuando Salomón despertó vio que era sueño; y vino a Jerusalén y se presentó delante del arca del pacto de Jehová, y sacrificó holocaustos y ofreció sacrificios de paz, e hizo también banquete a todos sus siervos.

Y dio Salomón muestra de su sabiduría a todos los niveles (juzgó con acierto a su pueblo, embelleció las ciudades de su país, fortificó las ciudades fronterizas y estratégicas, mejoró el ejercito de Israel con el carro de combate, compuso 3.000 proverbios y sus cantares fueron 1.005 (fue el autor de los Proverbios , la Sabiduría y el Cantar de los Cantares ), y a nivel esotérico brilló como alquimista, mago e iniciado). La nota más saliente del reinado de Salomón fueron las construcciones que llevó a cabo, y la más importante fue la construcción de un templo a Jehová encargo dejado por su propio padre. Construyó además tres palacios: la casa del bosque Líbano, para reuniones oficiales, su vivienda en un segundo patio y otra habitación análoga para la hija del Faraón.

San Agustín dice de él: “Salomón tuvo la sabiduría en grado tan eminente, que de no haber caído, como cayó, dando con ello lugar a que se esperase al Cristo, habríase creído que se cumplía en él la promesa de Dios sobre la descendencia de David”.

La otra escena primordial de su vida, además de la construcción del Templo que lleva su nombre, fue su encuentro con la Reina de Saba, de estos dos aspectos hablaremos por separado un poco más adelante.

A nivel esotérico, nos dice Alice Bayley, el conocimiento hermético de Salomón personifica la sabiduría de la Tradición de todas las edades. 
Según el Talmud, Salomón era experto en Kábala, tenía profundos conocimientos de Alquimia y de Alta Magia (conocía a fondo la Teurgia y también la Goecía), de gran valor son las famosas Conjuraciones de los cuatro y de los siete, su famosa Clavícula y su Invocación (donde se hacen palpables sus profundos conocimientos esotéricos). El historiador judío Flavio Josefo, hizo especial mención a los trabajos mágicos y dotes sobrenaturales de este rey. Todo esto se encuentra asimismo reflejado en muchas tradiciones orientales que subrayan, entre otras muchas, sus facultades mágicas, como se indica frecuentemente, por ejemplo, en Las Mil y Una Noches. Los alquimistas medievales estaban convencidos de que conocía los procesos secretos de Hermes Trismegisto y que gracias a ellos llegó, no sólo a multiplicar los metales, sino también a fabricar la piedra filosofal. Por otro lado, y de acuerdo con los antiguos rabinos, Salomón habría sido, paralelamente, un Iniciado de las escuelas mistéricas, siendo su templo un lugar de iniciación que, al parecer, contenía numerosos emblemas paganos y fálicos.

Por desgracia Salomón se cayó en su última época, en gran manera por su funesta tendencia hacia las mujeres. Se dice que ante esta clase de seducción fracasó toda su sabiduría. Al no dar oídos sino a su pasión, y no respetar la ley, que prohibía ciertas uniones con mujeres extranjeras que pervirtieron el corazón de Salomón al querer rendir culto a sus dioses. Salomón por complacerlas se lo permitía y llegó al extremo de hacer construir al Este de Jerusalén lugares de culto a aquellas falsas divinidades. El Maestro Samael nos dice: 

Cuenta la leyenda de los siglos que Salomón hijo de David, Rey de Sión, levantó un templo a Moloch en el Monte del Oprobio. Dicen los Siete Señores del Tiempo que posteriormente el viejo sabio dedicó a tal ángel caído un bosque sagrado en el dulce valle de Hinnom… Fecunda tierra perfumada que por tal fatal motivo cambiara desde entonces su nombre por el de Tofet y la negra Gehena, verdadero tipo del infierno… ¿ Y que diremos ahora de Azazel, glorioso Querubín, hombre extraordinario de la Tierra Antigua? ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! Cuanto dolor… Esta criatura tan excelente también cayó en la generación animal… ¡Qué terrible es la sed de la lujuria sexual! El castigo reservado a su conducta pecaminosa empezaría después de su muerte, por respeto a su padre David y por los grandes méritos contraídos por el mismo; pero el reino pasaría a otro que no era hijo suyo y éste no conservaría más que una tribu, y aún esto en consideración a David y a Jerusalén, a la que Jehová había escogido".

"Su real Ser era Azazel, que es un egrégor que prestó grandes servicios a la humanidad. El bodhisattva de Azazel está caído actualmente (septiembre del 58 ); pero es lógico que en un futuro próximo ese bodhisattva se levantará del barro de la tierra. Raphael, a pesar de no figurar entre los Veinte Egrégores de la Montaña del Juramento, está caído por estos tiempos y lucha por levantarse. Raphael también es un egrégor. Todos los ángeles de familia, nación, tribu, etc., son egrégores".

En el Glosario Teosófico de H. P. Blabatsky, página 184, encontramos lo siguiente: “Egrégores (del griego Egrégori). Eliphas Levi los denomina ‘los príncipes de las almas que son los espíritus de energía y acción’. Cualquier cosa que pueda o no significar, los ocultistas orientales describen a los egrégores como seres cuyos cuerpos y esencia son un tejido de la llamada luz astral. Son las sombras (o los bodhisattvas) de los espíritus planetarios superiores cuyos cuerpos son de la esencia de la Luz Divina Superior. En el Libro de Enoch, se ha dado dicho nombre a los ángeles que se casaron con las hijas de Seth y tuvieron por hijos a los gigantes."

El Templo de Jerusalén

Fue el Templo destinado para guardar el Arca de la Alianza, y en su interior, el Santo Grial.

El Maestro Samael nos cuenta el origen y significado de este punto de luz:

El Séptimo entre los Diez sublimes Patriarcas antediluvianos es, fuera de cualquier suposición, totalmente diferente a los seis que en el curso de los siglos le precedieron… (Adam, Set, Enos, Cainan, Malalel, Jared), así como de los tres que le sucedieron (Matusalem, Lamec, Noé). Empero, es claro, que lo que más nos asombra en todo esto, es el sagrado nombre de Henoch, que traducido significa: “Iniciado, dedicado, consagrado, Maestro”. El Génesis Hebráico asevera en forma muy solemne que Henoch no murió físicamente en realidad, sino que “caminó con Dios y desapareció porque lo llevó Dios”.

Antiquísimas tradiciones esotéricas que se pierden en la noche de los siglos, dicen claramente que, estando Henoch sobre la cumbre majestuosa del Monte Moria, tuvo un Samadhí clarividente, en el que su conciencia objetiva iluminada, fue arrebatada y llevada a los Nueve Cielos citados por el Dante en su Divina Comedia y en el último de los cuales (en el de Neptuno) encontró el Patriarca la palabra perdida (Su Propio Verbo, su Mónada particular Individual).

Posteriormente quiso aquel Gran Hierofante, expresar esta visión en un recuerdo permanente e imperecedero… Así dispuso categóricamente, y con gran sabiduría, que se hiciera debajo de ese mismo lugar bendito, un templo secreto y subterráneo, comprendiendo nueve bóvedas sucesivamente dispuestas una debajo de la otra, entre las vivientes entrañas del Monte… Su hijo Matusalem fue ciertamente el Arquitecto encargado material de tan extraordinario Sancta…

No se menciona el contenido y destino específico, definido, de cada una de estas bóvedas o cuevas mágicas, en comunicación una con otra mediante una escalera espiraloide…

La última de estas cavernas es, sin embargo, la que absorbe toda la importancia oculta, de manera que las anteriores sólo constituyen la vía secreta indispensable, mediante la cual se llega a aquella en lo más profundo de la montaña…

En esa última, el “Penetral” o “Sancta” más íntimo, en el que el Patriarca Henoch depositara su más rico tesoro esotérico…
El “Vellocino de Oro de los antiguos”, el Tesoro Inefable e imperecedero que buscamos, no se encuentra nunca, pues, en la superficie, sino que tenemos que escarbar, cavar, buscar entre las entrañas de la Tierra, hasta encontrarlo…

Descendiendo valerosamente a las entrañas o Infiernos del Monte de la Revelación, encuentra el Iniciado el místico tesoro –su Mónada Divina- que para él conserva a través de los incontables siglos que nos precedieron en el curso de la Historia…

En el Capítulo II del Apocalipsis de San Juan, todavía podemos leer lo siguiente: ‘Al que venciere daré a comer del Maná oculto, y le daré una piedra blanca, y en la piedra un nuevo nombre escrito, el cual no conoce sino aquél que lo recibe’.

Construcción del Templo

Se nos dice que aquellos que tenemos inquietudes debemos tratar de comprender los mensajes que nos llegan desde los albores de los tiempos y desde lo más profundo del universo interior, grabados en las piedras y codificado en la estructura de los templos: la sabiduría universal. Por ejemplo, en Mesopotámia estas edificaciones pretendían ser la réplica del templo celestial, una contrapartida terrenal de la morada divina del Dios. Y como tales, constituían un vínculo entre el Cielo y la Tierra. Por eso debían erigirse exactamente en el mismo lugar, de acuerdo con el mismo plan e idénticos ornamentos que el templo anterior, que a su vez había sido réplica exacta de otra construcción aún más antigua que los propios dioses habían levantado, al crear un mundo, antes de que existieran los seres humanos.

De ahí que en la tradición de los constructores jamás se excluyera un elemento antiguo.

En el Libro 1º de Crónicas, el Rey David declaraba: “ Oídme, hermanos míos y pueblo mío: había decidido en mi corazón edificar una casa donde descansase el Arca de la Alianza de Jehová y sirviese de escabel a los pies de nuestro Dios. Ya había hecho yo preparativos para la construcción, pero Dios me dijo: ‘No edificarás tú la Casa a mi nombre, pues eres hombre de guerra y has derramado sangre. Tu hijo Salomón edificará mi Casa y mis atrios, porque le he escogido a él por hijo mío y yo seré para él, padre’.

Se construyó sobre el monte Moriah (el lugar donde Abraham fue a sacrificar a Isaac, es muy probable que dicho sacrificio tuviera lugar en el lugar que siglos más tarde paso a llamarse “la Roca”, en torno a la cual se levantó la octogonal Cúpula de la Roca, considerada en la Edad Media como la Casa Madre de los Templarios (también llamada capilla de San Juan), y que posteriormente, durante el dominio musulmán, se convirtió en la mezquita de El Aksa (para el Islam es sobre esta roca desde donde Mahoma subió a los Cielos); en ella también fue levantado el Altar de los Holocaustos del Templo de Jerusalén, a la misma altura que el Mar de Bronce, pero en la esquina nordeste. Se trata por tanto de un lugar impregnado de sacralidad, de igual importancia para las tres tradiciones monoteístas. “Se dice que Moriah se divide en dos partes: la primera, "mor", significa “destrucción de las formas” corporales aparentes, e "iah", significa “visión del Creador”. Cuando Salomón quiso alzar el templo, pidió ayuda al rey de Tiro, Hiram, ya que tal edificación requería un arquitecto experimentado en las técnicas y conocedor de la doctrina secreta de los números y de las formas. De ahí que el monarca enviara a Hiram Abiff el fundidor para que se hiciera cargo de la sagrada obra. Fue hecho con gran esplendor hacia el año 960 a.C., al menos en su forma primitiva, se gastaron en su construcción inmensos recursos, y fue el edificio más bello y esbelto de todo el mundo, en aquellos tiempos, ¡la gloria de Israel!, haciendo de Jerusalén el centro del mundo conocido, a donde todos acudían para ver el Templo y la sabiduría de Salomón (fue construido como el Tabernáculo, pero con todas las dimensiones dobles). Desde Fenicia se le proporcionó madera de cedro y de ciprés y se le enviaron trabajadores especializados (canteros y carpinteros). Su construcción tardó siete años. 

Forma y descripción del Templo

Era una construcción separada en tres partes:

1) La primera parte del templo (Ulám o Pórtico) donde estaba el altar o “Mar de Bronce” encima de diez sedes, baños y un conjunto de depósitos. Era un lugar de tránsito por donde se accedía a la siguiente división.

2) El templo principal (Hecal o “Santo”), cuya forma era enteramente rectangular, simbolizando el conjunto del mundo terrestre. En el centro se encontraba como elemento principal el Altar de los Perfumes, o del Incienso, cuya oblación representaba uno de los ritos más importantes de los realizados en el Templo. Dentro se encontraban diez candeleros de oro, con el altar de oro. Enfrente de dicho altar se hallaba: 

3) El “Santo de los Santos” (Debir), la cámara más interna y sagrada del Tabernáculo, razón por la cual simbolizaba al mundo celeste, en el centro era depositada el “Arca de la Alianza”, custodiada por las estatuas de dos querubines alados, y en cuyo interior eran guardadas las Tablas de la Torah (de la Sabiduría), testimonio vivo y permanente de la “alianza” entre Dios y el pueblo de Israel. En el Arca del Testamento, además de las Tablas con los Diez Mandamientos, también están la cisterna con el Maná y la vara de Aarón florecida.

El Debir tenía una forma cúbica perfecta, pues tanto su ancho, largo y alto medían exactamente veinte codos cada uno. Esa misma forma cúbica es la que San Juan en el Apocalipsis describe como la de la Jerusalén Celeste, a la que el Debir (y por extensión todo el Templo de Jerusalén) ciertamente simboliza.

El Debir era el lugar de manifestación de Shekinah, la “presencia real” de la divinidad. En Crónicas II dice: “Yo elijo y santifico esta casa para que en ella sea invocado mi nombre, y la tendré siempre ante mis ojos y en mi corazón”.

El Templo de Jerusalén estaba orientado mirando al Este desde el Debir, que se hallaba situado, por tanto, en el Oeste. Desde allí se podía contemplar el "elevarse del sol".

A uno y otro lado del Pórtico de entrada, en el exterior del Templo, se alzaban las columnas llamadas Jakin y Boaz, las cuales evocaban seguramente a aquellas otras que, según las leyendas masónicas, sobrevivieron al diluvio y en las que fueron grabadas todas las ciencias referidas al conocimiento y al saber tradicional heredado de la Humanidad primigenia.

El “Mar de Bronce”, que estaba situado en la esquina sudeste del atrio, cerca de la entrada del Templo, también se encuadraba dentro de un simbolismo cósmico, con él, se quería representar el “Océano celeste” (las “Aguas superiores”), ya que estaba repleto de agua hasta sus bordes, y su forma era enteramente redonda, como el Cielo. En Crónicas II nos relata que se usaba para las abluciones de los sacerdotes. Estaba soportado por cuatro grupo de tres toros cada uno también de bronce, que en total suman doce número de las constelaciones y signos zodiacales. Cada uno de esos grupos estaba orientado según los cuatro puntos cardinales, disposición que recuerda la situación que ocupaban las doce tribus de Israel en el campamento hebreo, las que también se correspondían con los signos zodiacales y los meses del año.

Se dice que el Templo de Jerusalén expresa arquitectónicamente las mismas nupcias que el Cantar de los Cantares (entre el Alma y el Espíritu), en este caso, entre la Tierra y el Cielo, pues su construcción se realizó conforme al modelo cósmico, según el cual el mundo terrestre aparece como el reflejo del mundo celeste, y en íntima comunicación con él. Geométricamente esa unión se expresa mediante dos triángulos entrelazados, figura conocida como “Sello de Salomón” o “Estrella de David”. El rey sabio no hablaba sino de lo que acontece en el corazón del hombre (sede simbólica de su templo interior) cuando este se reconoce a sí mismo en lo universal.

Dice la Biblia al respecto en Crónicas II: 

Estas son las medidas que dio Salomón a los cimientos de la Casa de Dios. La primera, la longitud, de sesenta codos, y la anchura de veinte codos. El pórtico que estaba al frente del edificio era de veinte codos de largo, igual al ancho de la casa, y su altura de ciento veinte codos; y lo cubrió por dentro de oro puro. Y techó el cuerpo mayor del edificio con madera de ciprés, la cual cubrió de oro fino, e hizo realzar en ella palmeras y cadenas. Cubrió también la casa de piedras preciosas para ornamento; y el oro era oro de Parvaim. Así que cubrió la casa, sus vigas, sus umbrales, sus paredes y sus puertas con oro y esculpió querubines en las paredes. Hizo asimismo el lugar santísimo, cuya longitud era de veinte codos según el ancho del frente de la casa, y su anchura de veinte codos; y lo cubrió de oro fino que ascendía a seiscientos talentos. Y el peso de los clavos era de uno hasta cincuenta siclos de oro. Cubrió también de oro los aposentos. Y dentro del lugar santísimo hizo dos querubines de madera, los cuales fueron cubiertos de oro. La longitud de las alas de los querubines era de veinte codos; porque un ala era de cinco codos, la cual llegaba hasta la pared de la casa, y la otra de cinco codos, la cual tocaba el ala del otro querubín. De la misma manera un ala del otro querubín era de cinco codos, la cual llegaba hasta la pared de la casa, y la otra era de cinco codos, que tocaba el ala del otro querubín. Estos querubines tenían las alas extendidas por veinte codos, y estaban en pie con los rostros hacia la casa. Hizo también el velo de azul, púrpura, carmesí y lino, e hizo realzar querubines en él.

Delante de la casa hizo dos columnas de treinta y cinco codos de altura cada una, con sus capiteles encima, de cinco codos. Hizo asimismo cadenas en el santuario, y las puso sobre los capiteles de las columnas; e hizo cien granadas, las cuales puso en las cadenas. Y colocó las columnas delante del templo, una a la mano derecha, y otra a la izquierda; y a la de la mano derecha llamó Jakin, y a la de la izquierda, Bohaz.

Hizo además un altar de bronce de veinte codos de longitud, veinte codos de anchura, y diez codos de altura. También hizo un mar de fundición, el cual tenía diez codos de un borde al otro, enteramente redondo; su altura era de cinco codos, y un cordón de treinta codos de largo lo ceñía alrededor. Y debajo del mar había figuras de calabazas que lo circundaban, diez en cada codo alrededor; eran dos hileras de calabaza fundidas juntamente con el mar. Estaba asentado sobre doce bueyes, tres de los cuales miraban al norte, tres al occidente, tres al sur y tres al oriente; y el mar descansaba sobre ellos, y las ancas de ellos estaban hacia adentro. Y tenía de grueso un palmo menor, y el borde tenía la forma del borde de un cáliz, o de una flor de lis. Y le cabrían tres mil batos. Hizo también diez fuentes, y puso cinco a la derecha y cinco a la izquierda, para lavar y limpiar en ellas lo que se ofrecía en holocausto; pero el mar era para que los sacerdotes se lavaran en él. Hizo asimismo diez candeleros de oro según su forma, los cuales puso en el templo, cinco a la derecha y cinco a la izquierda. Además hizo diez mesas y las puso en el templo, cinco a la derecha y cinco a la izquierda; igualmente hizo cien tazones de oro. También hizo el atrio de los sacerdotes, y el gran atrio, y las portadas del atrio, y cubrió de bronce las puertas de ellas. Y colocó el mar al lado derecho, hacia el sureste de la casa. Hiram hizo calderos, y palas y tazones; y acabó Hiram la obra que hacía al Rey Salomón para la casa de Dios. Dos columnas, y los cordones, los capiteles sobre las cabezas de las dos columnas, y dos redes para cubrir las dos esferas de los capiteles que estaban encima de las columnas; cuatrocientas granadas en las dos redes, dos hileras de granadas en cada red, para que cubriesen las dos esferas de los capiteles que estaban encima de las columnas. Hizo también las basas, sobre las cuales colocó las fuentes; un mar, y los doce bueyes debajo de él; y calderos, palas y garfios; de bronce muy fino hizo todos sus enseres Hiram-Abif al Rey Salomón para la casa de Jehová. Los fundió el rey en los llanos del Jordán, en tierra arcillosa, entre Sucot y Seredata. Y Salomón hizo todos estos enseres en número tan grande, que no pudo saberse el peso del bronce. Así hizo Salomón todos los utensilios para la casa de Dios y el altar de oro, y las mesas sobre las cuales se ponían los panes de la proposición; asimismo los candeleros y sus lámparas, de oro puro, para que las encendiesen delante del lugar santísimo conforme a la ordenanza. Las flores, lamparillas y tenazas se hicieron de oro, de oro finísimo; también las despabiladeras, los lebrillos, las cucharas y los incensarios eran de oro puro. Y de oro también la entrada de la casa, sus puertas interiores para el lugar santísimo, y las puertas de la casa del templo. Acabada toda la obra que hizo Salomón para la casa de Jehová, metió Salomón las cosas que David su padre había dedicado; y puso la plata, y el oro, y todos los utensilios, en los tesoros de la casa de Dios…

Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel, y los levitas tomaron el arca; y llevaron el arca, y el tabernáculo de reunión, y todos los utensilios del santuario que estaban en el tabernáculo; los sacerdotes y los levitas los llevaron…Y los sacerdotes metieron el arca del pacto de Jehová en su lugar, en el santuario de la casa, en el lugar santísimo, bajo las alas de los querubines…"

Se creía que el Templo de Jerusalén unía el Cielo y la Tierra y que los ritos que allí se desarrollaban reforzaban esta asociación; por tanto, cualquier desviación en el servicio del templo podía tener consecuencias catastróficas.

En el 587-586 a. C. fue arrasado hasta los cimientos por Nabucodonosor. Restaurado alrededor del 500 a. C. por Zorobabel, fue nuevamente destruido, para ser reconstruido una vez más por Herodes “El Grande”, no mucho antes del nacimiento de Jesús. El tercer templo fue abatido finalmente por los romanos en el año 70 d. C., ocupando en la actualidad su antiguo lugar la mezquita de la Cúpula de la Roca, en la Explanada del Templo. En el 638 D.C. Jacifis Omar dominó Jerusalén. A la hora de la oración de los mahometanos, salió al patio del templo y se arrodilló hacia la Meca.

La Piedra de la Fundación, como en las construcciones mesopotámicas, es el centro exacto del Cosmos, el eje o polo, y fue sobre esta Piedra donde estuvo Jehová cuando creó el mundo; de esta Piedra surgió por primera vez la Luz, Luz que iluminaba el Templo, que fue construido sobre la Piedra. De la superficie de esta Piedra se obtuvo, rascando, polvo para crear a Adán; bajo esta Piedra está enterrado Adán; en esta Piedra ofreció Adán el primer sacrificio; de esta Piedra vinieron las aguas del diluvio y bajo esta Piedra perecieron.

La sabiduría que el Rey Salomón plasmó en la construcción del Templo parece estar más allá de las mediciones y de los cálculos matemáticos. Probablemente los que más se han acercado a esa fuente que inspiró a Salomón hayan sido los masones, cuyos rituales dejan entrever un conocimiento esotérico milenario comparable al que configuró el Templo. Como ilustración de esta herencia espiritual tenemos los pilares de la masonería Jakim y Bohaz, que corresponden a los pilares del mismo nombre que sostenían al pórtico del Templo de Salomón y que Hiram-Abiff había hecho forjar en bronce.

Samael Aun Weor dice: "En el supremo instante del éxtasis, nosotros los hermanos, hemos entrado por las puertas del templo de Jerusalén. En este valle de amarguras sólo queda el muro de las lamentaciones. Sin embargo, el templo todavía existe en los Mundos Superiores. Nosotros nos paseamos llenos de dolor por sus patios y por sus corredores. Contemplamos sus olímpicas columnas con sus hermosos capiteles, y sus cámaras, y sus vasos de oro y de plata, y sus púrpuras, y sus reclinatorios. En el Sanctum Sanctorum del templo ya no resplandece la gloria del Señor Jehová. El santuario ha sido asolado. El santuario ha sido profanado. Ya no está allí el Arca de la Ciencia, con sus sagrados querubines acoplados, terriblemente divinos. Ahora sólo vemos, dentro del Sanctum Sanctorum del templo, al Señor de las Angustias.

Allí está su imagen sagrada. Imagen que tiene vida. Allí está la imagen del Adorable y los judíos se ríen de Él, y dicen: “Ese es el que soñó ser el Mesías prometido y nosotros no creemos en él”. Todos se ríen. El santuario ha sido profanado; el velo del templo se rasgó porque el Santuario ya había sido profanado. Al matar al Cristo se profanó el santuario. Nosotros los Hermanos del Templo, nos paseamos por el interior de él. El patio de los sacerdotes estaba lleno de deportistas y mercaderes. En esto terminó el sagrado templo de Jerusalén. La humanidad crucificó al Cristo y firmó, con sangre inocente, su propia sentencia de muerte.

La misericordia infinita nos concedió, sin embargo, un poco de tiempo más para que nos definiéramos por Cristo o por Jahvé, por la Logia Blanca o por la Negra.

Merecíamos todos haber sido destruidos por el espantoso y horrible sacrilegio. El Cristo asesinado, y el santuario profanado. Empero, la misericordia infinita nos dio un poco de tiempo más, para que estudiáramos la doctrina del Cristo y eligiéramos el camino".

El Constructor: Hiram Abif

La Biblia nos dice: “Y envió el Rey Salomón, e hizo venir de Tiro a Hiram, hijo de una viuda de la tribu de Neftalí. Su padre, que trabajaba en bronce, era de Tiro; e Hiram era lleno de sabiduría, inteligencia y ciencia en toda obra de bronce. Este, pues, vino al Rey Salomón, e hizo toda su obra.” Y en Crónicas II dice: “Yo, pues, te he enviado un hombre hábil y entendido, Hiram-Abif, hijo de una mujer de las hijas de Dan, más su padre fue de Tiro; el cual sabe trabajar en oro, plata, bronce y hierro, en piedra y en madera, en púrpura y en azul, en lino y en carmesí; asimismo sabe esculpir toda clase de figuras, y sacar toda forma de diseño que se le pida, con tus hombres peritos, y con los de mi señor David tu padre”.

El Maestro Samael nos explica: “Hiram Abif es el Maestro Secreto, el Tercer Logos (Shiva), el primogénito de la Creación, nuestro Real Ser Interior Divino, nuestra Mónada verdadera e individual. Necesitamos resucitarla porque está muerta dentro de nosotros, aunque esté viva para los mundos inefables.

Ciertamente todos asesinamos a Hiram (el Dios Mercurio, nuestra Mónada Divina), cuando comimos de la fruta prohibida en el Jardín del Edem… Por eso se nos advirtió: “si comiereis de esa fruta moriréis”.
Los tres espíritus inmundos a manera de ranas de los que habla el Apocalipsis en su capítulo 16, constituyen el yo psicológico de todo ser humano. Estos son Coré, Dathan y Abirám. Estos son los tres traidores. Estos son los tres rebeldes que llevamos dentro. El primero es el rebelde a la Naturaleza. El segundo, es el rebelde a la Divina Ciencia. El tercero, es el rebelde a la Verdad.

El primero es el demonio del deseo; el segundo es el demonio de la mente; el tercero es el demonio de la mala voluntad. El primero está metido dentro del cuerpo astral. El segundo está metido dentro del cuerpo mental. El tercero está metido dentro del cuerpo de la voluntad (cuerpo causal).

Todos los tres son el dragón negro de las tres cabezas. Estos son Sebal, Hortelut y Stokin, los tres traidores de Hiram Abif. Estos tres espíritus inmundos, son el yo, el ego, el mí mismo. Estos tres espíritus inmundos hacen señales: bombas H, aviones, cohetes, maravillas mecánicas para engañar a las gentes, y congregarlos para la batalla. Estos tres espíritus inmundos inventan la teoría materialista: el materialismo dialéctico, el materialismo histórico, etc.

Estos tres espíritus inmundos son eruditos en ciencia materialista, y se ríen de todo lo que tenga sabor espiritual. Estos tres demonios hacen maravillas en la Química, en la Física, en la Medicina, y engañan a las gentes con milagros y prodigios falsos.

En el cristianismo estos tres traidores son Judas, Pilatos y Caifás. Judas es el primero, aquel que vende al Cristo Secreto por treinta monedas de plata. Pilatos es el segundo; siempre se lava las manos y se declara inocente, nunca se reconoce culpable. Caifás es el tercero; jamás hace la voluntad del Padre; aborreció al Señor y todavía le sigue aborreciendo.

Escrito está con carbones de fuego ardiente en el libro maravilloso de todos los esplendores, que estos son los tres traidores que asesinaron a Hiram o mejor dijéramos Chiram-Osiris, el Dios íntimo de todo hombre que viene al mundo.

Debemos buscar con ansia infinita, dentro de nosotros mismos, a estos tres asesinos del Maestro secreto, hasta que al fin un día cualquiera, no importa la fecha, ni el día, ni la hora, podamos exclamar con todas las fuerzas de nuestra alma: ¡El Rey ha muerto, viva el Rey!

Capturar, aprehender, captar en forma íntegra, unitotal, la honda significación de los nueve Maestros que se fueron en busca de Hiram y de sus asesinos, es urgente, inaplazable.

Incuestionablemente ninguno de los nueve Maestros se fue por las regiones del Norte, sino que inteligentemente ordenados en tres grupos de a tres, se repartieron respectivamente al Oriente, al Mediodía y al Occidente. Ostensiblemente fueron estos últimos los que lograron descubrir la tumba y los asesinos.

Esta simbólica peregrinación esotérica de los nueve Maestros, se refiere específicamente en consecuencia, al peregrinaje individual que todo Iniciado tiene que efectuar en “La Segunda Montaña”, pasando por nueve etapas o grados sucesivos totalmente enumerados y definidos en las nueve esferas: Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno.

Podemos y hasta debemos emitir el siguiente enunciado: “Sólo mediante estas romerías íntimas de esfera en esfera, estaremos en condiciones de vivificar y hacer resurgir en y dentro de cada uno de nos al Maestro Secreto, Hiram, Shiva, el esposo de nuestra Divina Madre Kundalini, el Archihierofante y el Archimago, la Mónada particular individual, nuestro Ser Real…

Una cosa es ser Maestro y otra, por cierto muy diferente, alcanzar la perfección en la Maestría.

La leyenda nos dice que murió a manos de unos compañeros celosos a quienes había negado la divulgación de determinados secretos. Como consecuencia de la desaparición de Hiram, Salomón envió a nueve maestros en su busca. Nueve maestros, como los nueve primeros templarios, en busca del arquitecto de los secretos.

La Reina de Saba lleva el Grial a Salomón y antes de entregárselo, le pone a prueba. Oyendo la Reina de Saba la fama de Salomón, vino a Jerusalén con un séquito muy grande, con camellos cargados de especias aromáticas, oro en abundancia y piedras preciosas, para probar a Salomón con preguntas difíciles. Y luego que vino a Salomón, habló con él todo lo que en su corazón tenía. Pero Salomón le respondió a todas sus preguntas, y nada hubo que Salomón no le contestase. Y viendo la Reina de Saba la sabiduría de Salomón, y la casa que había edificado, y las viandas de su mesa, las habitaciones de sus oficiales, el estado de sus criados y los vestidos de ellos, sus maestresalas y sus vestidos, y la escalinata por donde subía a la casa de Jehová, se quedó asombrada.

Y dijo al rey: Verdad es lo que había oído en mi tierra acerca de tus cosas y de tu sabiduría; pero yo no creía las palabras de ellos hasta que he venido, y mis ojos han visto; y he aquí que ni aun la mitad de la grandeza de tu sabiduría me había sido dicha; porque tu superas la fama que yo había oído.

Bienaventurados tus hombres, dichosos estos tus siervos, que están continuamente delante de ti, y oyen tu sabiduría. Jehová tu Dios sea bendito, que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel; porque Jehová ha amado siempre a Israel, te ha puesto por rey, para que hagas derecho y justicia.

La leyenda nos dice que: “La Reina de Saba le envió a Salomón un león de jade del tamaño de un huevo de avestruz que contenía un mensaje oculto tras un jeroglífico, debía el rey extraer el pergamino sin romper la figura y descifrar el jeroglífico.

El rey manipuló la figurita de león durante mucho tiempo hasta descubrir el secreto del casi imperceptible mecanismo de rosca que permitía desencajar la estatuilla. El mensaje apareció dibujado en un papiro. El rey poeta, famoso por su mente incisiva y rápida y con una inteligencia aguzada, descifró fácilmente las imágenes. Salomón le había entregado su respuesta al jeroglífico de la Perla, encerrada en un cofre de cedro en cuya tapa figuraba, esculpido directamente sobre la madera, el Templo de Jerusalén. Para abrir este cofre, advertía Salomón, era conveniente aserrar la base de la figurita. La reina leyó de un tirón la hermosa misiva en la cual se encuentran las siguientes palabras: “tú, tan poderosa en riquezas como un torrente de oro puro, lloras tu soledad a la sombra del fúnebre ciprés, tu corazón está oprimido por la tristeza como bajo una roca implacable. Pero las estrellas, una noche, te hablaron, te relataron fielmente la grandeza del reino de Salomón, de su espíritu avezado en el estudio de los pergaminos, incluso de los más abstractos. También te describieron la justicia y la prudencia salomónicas famosas en todo el universo, y así ambicionas conocer a Salomón, comprobar su sabiduría y sagacidad. ¿Deseas un mensaje? Helo aquí, invitándote a surcar los mares hacia Judea, ¡oh Makeda! He resuelto el enigma…

El Maestro Samael nos confirma: “Ese cáliz lo tuvo la Reina de Saba, y ella se lo trajo a Salomón, pero antes de entregarle el cáliz, lo sometió a tremendas pruebas.

Salomón, en todas las pruebas, salió bien. La última prueba fue la definitiva: traía la Reina de Saba a veinticinco jóvenes de ambos sexos, varones y hembras, vestidos en forma igual, tanto las hembras como los varones, todos arreglados en la misma manera y con la misma moda. Los varones tuvieron el cuidado de rasurarse muy bien y hasta iban ligeramente pintados, de manera que no se sabía si eran hombres o eran mujeres. El Rey Salomón tenía que decir quiénes eran hombres y quiénes eran mujeres (ese era el problema que le planteó la Reina de Saba) pero Salomón Rey era muy sabio, les hizo a todos lavarse las manos, él conoció quienes eran hombres y quienes eran mujeres. Cada cual se lavó sus manos a su modo; entonces él decía: “Este es hombre, este es mujer”. Total, salió muy bien en la prueba y le entregó la Reina de Saba el Santo Grial.” 

La Reliquia Sagrada, el Santo Grial, en aquella época, llegó a manos de ese gran Maestro que fue Salomón, por méritos propios, y esa joya, símbolo de la Sagrada Alquimia, se guardó en el Arca de la Alianza, y ésta se depositó en el Santo de los Santos del Templo de Jerusalén.
Que Él siempre nos guíe y nos proteja a todos.

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