El caracol universal

 

El Universo podría describirse como un cúmulo de espirales; y es que en el Orden del Universo, a través del tiempo y del espacio, descubrimos un movimiento de fuerzas antagónicas y complementarias (positivas y negativas, yin y yang) cuya dinámica sigue siempre un patrón espirálico visto de frente, y hélico visto de lado.

Cerca del 80% de las galaxias, incluyendo nuestra Vía Láctea, se están moviendo en esta universal forma de la espiral, así como las corrientes oceánicas y el viento sobre la Tierra, mareas, tornados, borrascas, turbulencias de los huracanes y todo tipo de fluidos, desde el café que removemos con la cucharilla, al agua que se va por el desagüe del lavabo; también este patrón de la espiral se observa en el crecimiento y en el desarrollo de las plantas (margaritas, girasoles, piñas, rosas…), en la estructura de las conchas marinas, del caracol, en la estructura helicoidal del DNA, en las huellas dactilares humanas, en la construcción de nuestras orejas, en la forma espiraloide con la que crece el cabello de nuestra cabeza (coronilla),etc.

Es manifiesto que la espiral siempre se origina y combina con otras fuerzas y leyes inteligentes. Exactamente, las espirales son inicialmente creadas por una fuerza centrípeta que se complementa con una fuerza centrífuga. La fuerza centrípeta se mueve desde la periferia hacia el centro, hacia la condensación y materialización, y al llegar a su estado de máxima contracción esta fuerza centrípeta se vuelve hacia su opuesto, actuando la fuerza centrífuga que se expande desde el centro hacia la periferia, tomando su curso de descomposición y desmaterialización. De esta manera, en una espiral la periferia es la región más expandida, mientras que el centro es la más condensada.

Por Ley de Analogías Filosóficas podemos decir que todo átomo es un verdadero Universo en miniatura. Consideremos que todo material está científicamente constituido por átomos maravillosos; fuera de toda duda, éstos son las partículas más pequeñas de los elementos. Cuando la ciencia moderna examina detalladamente el átomo descubre, también, la espiral en acción, ve que los electrones y protones no son partículas desunidas sino regiones dentro del campo espiraloide de la energía en movimiento conocida como átomo, donde la condensación de energía es particularmente densa o altamente cargada. En el caso del protón, esta energía condensada está cargada positivamente y localizada centralmente, en el núcleo. En el caso del electrón, esta nube espiral de energía condensada está cargada negativamente y localizada en la periferia del átomo. Además se comprueba que todo átomo es un trío de materia, energía y conciencia, pues para compensar el equilibrio de fuerzas positiva-negativa -ya que el protón es mucho más grande que el electrón-, los electrones se mueven a una velocidad mucho mayor que los protones. 

De manera que el átomo está constituido por un núcleo o sol muy radiante cargado positivamente de electricidad, alrededor del cual giran danzando felices los electrones planetarios infinitesimales, cargados negativamente. El átomo es todo un sistema solar en miniatura. Exactamente lo que el Sol es al sistema solar y el huevo fecundado al cuerpo humano, es el núcleo atómico con respecto a todo el Universo atómico. 

La espiral, patrón y símbolo

La espiraloide construcción del Universo ha dejado muchas señales en la forma humana. De hecho, la forma básica de construcción de los cuerpos es espiral y esta forma puede verse más claramente en el embrión humano. 

Así, las dos espirales más importantes complementarias y antagónicas del cuerpo humano funcionan en los sistemas nervioso y digestivo. Mientras el embrión está en el útero, la disposición del sistema digestivo es originalmente más contractiva, ya que está en la posición central del cuerpo, se ubica hacia adentro, mientras que el sistema nervioso estando en la periferia, es más expansivo. En la formación de estos dos sistemas, la acción de la espiral se combina con la Ley de Atracción de los Opuestos, de manera que entre los elementos nutritivos, que alimentan al embrión, cada uno es atraído irresistiblemente por su opuesto para combinarse y armonizar en forma espléndida todas las funciones del organismo humano; los elementos más expansivos como las proteínas, por atracción de fuerzas complementarias, son atraídos al sistema digestivo y consecuentemente este sistema se forma y convierte en un sistema más blando y expandido; en forma similar los minerales más contractivos o positivos como el calcio, atraídos hacia el sistema nervioso de la periferia, conforman una estructura dura y compacta, creando la espina dorsal. 

La formación de los brazos y las piernas es también espiral; en este caso podemos ver claramente como se procesa la Sagrada Ley del Heptaparaparshinok, la Ley del Siete, la cual pone orden en todo lo creado. Hemos de considerar la posición enrollada de las extremidades durante el período del desarrollo embrionario, así como en el recién nacido; de manera que en los brazos y piernas se observan 7 espirales logarítmicas orbitales, forma universal de cualquier completa espiral dentro del Universo. Veamos como se distribuyen las siete orbitas espirales en el brazo:

· tomamos la raíz del mismo, es decir, la región del cuello y del hombro, como primera órbita; 

· la región del hombro hasta el codo, la segunda órbita; 

· la del codo hasta la muñeca, la tercera; 

· desde la muñeca hasta los nudillos, la cuarta; 

· y las tres articulaciones de los dedos respectivamente, como la quinta, sexta y séptima órbitas.
Además, en este ejemplo y su extraordinaria organización se observa que de forma logarítmica:

– la distancia desde el hombro hasta el codo es aproximadamente la mitad de la distancia entre el hombro y la punta de los dedos; 

– la distancia entre el codo y la muñeca es aproximadamente la mitad de la distancia entre el codo y la punta de los dedos; 

– la distancia entre la muñeca y los nudillos es aproximadamente la mitad de la distancia entre la muñeca y la punta de los dedos;

– la distancia entre los nudillos y la primera articulación es la mitad de la de los nudillos a la punta de los dedos; 

– y la distancia entre la primera y segunda articulación de los dedos es aproximadamente la mitad de la primera articulación y la punta de los dedos.

De aquí a la eternidad, de aquí al inalterable espacio, por todos los lados en cualquier tiempo, la espirales logarítmicas aparecen y desaparecen en todas las dimensiones, dentro de la inmensidad del océano del Universo y en este mundo fenoménico, sentido, percibido y experimentado por todos en cada momento del día. 

Tanto la pequeña flor en el campo como el movimiento total de Universo, desde una sonrisa en nuestro rostro hasta la catástrofe natural en gran escala, todo, cada ser y cada fenómeno, está gobernado espirálicamente entre la expansión y la contracción, en la relación dualista yin y yang, y en el equilibrio entre el principio y el final. 

Por si fuera poco, la doble espiral es un símbolo muy antiguo que ha adoptado todo tipo de formas alegóricas, por ejemplo aparece en el Caduceo de Mercurio que lleva dos serpientes en espiral, conocidas en la tradición hindú como Idá y Pingalá. Aparece en el símbolo chino del Tai Chi, formado por las dos fuerzas opuestas pero complementarias del yin y del yang. Resultando que, también, las viejas tradiciones asocian la espiral al progreso y rotación del Universo, así como a la dinámica de la vida física y espiritual; muestra de esto es que la espiral fuera considerada en la antigüedad como símbolo del viaje de las almas tras la muerte.

 

El V. M. Samael nos hace referencia al caracol de la existencia dentro del la Ley de la Transmigración de las Almas, que nos dejara Krishna en la India. Esta ley lleva implícitas otras dos, que son la Ley del Eterno Retorno y la Ley de la Recurrencia, desarrollándose ambas sobre la línea espiral de la vida.
Puesto que, como hemos visto, Maha-Kundalini o, en otras palabras, la Madre Cósmica, la Madre Naturaleza, que ha creado todo el Universo o ha tomado la forma del mundo, ha realizado sus procesos sobre la base de la línea espiraloide, tan vivamente alegorizada en el caracol, es apenas normal que cualquier progreso interior en el microcosmos hombre, todo desarrollo íntimo se base también en la espiral de la vida. Hablando en forma personal, podemos decir que cada uno de nosotros es un mal caracol entre el seno del Padre. Lo cual podemos constatar recordando los tres mil ciclos de manifestación que se otorgan a cada alma para su autorrealización; en cada ciclo se disponen de 108 existencias humanas, las cuales se procesan en espiras, ya más elevadas, ya más bajas: he ahí el caracol. Incuestionablemente, aquellos que fracasan durante su ciclo de manifestación descienden dentro del reino mineral sumergido, al Averno Romano. Después de esta muerte segunda, la Esencia reasciende, nuevamente, a la luz del sol, evolutivamente, pero dentro de una octava superior a su anterior ciclo de manifestación. (Distingamos la espiral dentro de un ciclo y de ciclo a ciclo).

Para ver más imágenes de trasmigración de las almas clic acá

Ello significa que cada ciclo de manifestación, se procesa en espiras o curvas cada vez más altas dentro de la gran línea espiral del Universo. Si examinamos un caracol, veremos curva sobre curva, algo semejante a una escalera de tipo espiraloide, es evidente que cada uno de estos ciclos de manifestación se desarrolla en curvas cada vez más altas, según la Ley de la Octavas procesándose musicalmente con las notas DO, RE, MI, FA, SOL, LA, SI, en forma gradual. Si observamos cuidadosamente una escalera espiraloide, veremos una sucesión de curvas cada vez más altas en forma tal que van precedidas por las más bajas; esta formación, esta distribución de las curvas en la forma de cualquier espiral, es suficiente como para comprender que entre octava y octava, existen también pausas musicales. A cada una de estas pausas, corresponde un descenso abismal. Las tres mil vueltas de la rueda resuenan pues incesantemente como un todo único dentro de los ritmos del MAHAVAN y del CHOTABAN que sostienen el Universo firme en su marcha. 

Todo esto se corresponde con leyes mecánicas de la naturaleza, con el caracol lunar, siendo el camino solar, el camino de la revolución de la conciencia o autorrealización entregado a la humanidad de manera directa por el Avatara de Acuario, el V. M. Samael, el camino que nos permite palpar las espiras más elevadas donde se halla nuestro origen, nuestro Ser, mucho antes de que la propia dinámica de la naturaleza del Universo nos lo demuestre dentro de la infinitud del tiempo. 

La espiral histórica

Hasta la Historia, en sus diferentes períodos sociales, culturales y político-económicos, se desenvuelve dentro de una espiral, como lo estudió un orientalista japonés afincado en Estados Unidos llamado Michio Kushi. 

Ese estudio aprecia una aceleración social de la Historia con el paso de los diferentes periodos o edades históricas, que resumimos de la siguiente manera:

· Ahora hemos entrado en la Edad Actual, que durará unos 40 años.
 
· La llamada Edad Contemporánea, empezó durante la segunda mitad del siglo XIX. Han transcurrido desde entonces unos 120 años. 

· Antes fue la llamada Edad Moderna, que empezó hacia el siglo XVI. Su duración fue aproximadamente de 360 años. 

· Antes de ella, la Edad Medieval que duró unos 1100 – 1200 años, y que empezó aproximadamente en el siglo IV. 

· Antes de esa, hasta más de 20 siglos antes de Cristo, la Edad Antigua, de la que existen pocos registros de hechos históricos; estos tiempos antiguos resultan ya bastante misteriosos. 

En esta sucesión de periodos históricos, podemos comprobar que la Edad Antigua fue tres veces más larga en duración que la Edad Medieval, la cual fue tres veces más larga que la Edad Moderna, y así sucesivamente. Esto significa que la velocidad de cambio social y la velocidad de nuestras experiencias, están haciéndose cada vez tres veces más rápidas, a medida que avanzamos históricamente con la espiral que marcha hacia el centro. En otras palabras, en la Edad Moderna, las personas tenían experiencias tres veces mayores que las personas de la Edad Medieval. Sus vidas eran tres veces más ricas, ocupadas o aceleradas. Hoy, las personas están experimentando tres veces más que las personas de finales del siglo XIX, lo que significa nueve veces más que las personas de la Edad Moderna -en los siglos XVII y XVIII-. Sin duda, antiguamente las personas no tenían un ritmo de vida tan excitado como el actual.

Nuestras vidas, atiborradas de impresiones, estarían, aproximadamente, 81 veces más ocupadas que las de las personas de la Edad Antigua, o al menos así lo percibimos. Por tanto, de alguna manera todo se impregna cada vez de más velocidad y nos sentimos cada vez más ocupados, a pesar de que realmente no hagamos mucho (la fuerza mecánica de la entropía se está intensificando), pero nos sentimos muy ocupados. 

Esta espiral está yendo hacia el centro. ¿Por qué? 

1º.- Porque la duración de cada época se hace progresivamente más corta. 

2º.- Nuestra civilización se está haciendo cada vez más yang (yang significa actividad).

Ahora estamos en los últimos 40 – 50 años, como puede verse vamos hacia el centro, ésta es la edad de la descomposición. Todo se descompone, los sistemas políticos, económicos, de enseñanza, descomposición familiar, descomposición de las células -eso es cáncer -, o la descomposición de las ideas – así vienen muchas ideas fragmentadas de muchas clases-, no hay principio al que aferrarse. En el centro de los átomos, en el centro de los mundos es donde mayor presión se encuentra, llega un momento que la presión es tan alta que acaba estallando para mutar a otro estado diferente. También, es cierto que en el centro del núcleo atómico o de un torbellino rigen leyes desconocidas para otro contexto, se alteran las coordenadas espacio-tiempo y aparecen circunstancias impredecibles. A nivel histórico, puede decirse que existen evidencias de que se avecina una gran catástrofe o transformación, después de lo cual, si se permite una nueva manifestación de la historia de la humanidad en base a la Ley del Siete (siete razas ha de dar la Tierra), resucitarían todas las gloriosas civilizaciones esotéricas de la antigüedad pero en una espira de tipo superior, de acuerdo a la Ley de Recurrencia moviéndose en la espiral de la existencia.

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