El tarot y el juego de naipes

 

En la literatura oculta o simbólica, es decir, en la literatura basada en la aceptación de la existencia del conocimiento oculto, existe una cuestión de gran interés. Esta es el Tarot.
El Tarot es un juego de naipes que todavía se usa en el sur de Europa para jugar a las cartas y para decir la suerte. Se diferencia muy poco de los naipes comunes y corrientes, que no son sino un tarot simplificado. Tiene los mismos reyes, reinas, ases, dieces, etc.
El Tarot es conocido desde fines del siglo XIV, en que ya existía entre los gitanos españoles. Los naipes del Tarot fueron los primeros naipes que aparecieron en Europa.
Las distintas variaciones que se presentan en el Tarot consisten en el distinto número de cartas. Se considera que la reproducción más exacta del Tarot más antiguo es el llamado “Tarot de Marsella”.
Este Tarot consta de 78 cartas. De estas, 52 son cartas comunes y corrientes con una carta más con grabado en cada serie, a la que se llama el “Caballero”, y que se encuentra entre el Rey y la Sota. El conjunto está formado, pues, de 56 cartas divididas en cuatro series, dos blancas y dos rojas, a las que se denomina del modo siguiente: Varas (bastos), Copas (corazones), Espadas y Pentáculos o discos (diamantes).
Hay además 22 cartas numeradas con nombres especiales que quedan fuera de las cuatro series.

1.- El Prestidigitador
2.- La Gran Sacerdotisa
3.- La Emperatriz
4.- El Emperador
5.- El Hierofante
6.- La Tentación
7.- La Carroza
8.- La Justicia
9.- El Ermitaño
10.-La Rueda de la Fortuna
11. La Fuerza
12. El Hombre Colgado
13. La Muerte
14. La Templanza (Tiempo)
15. El Diablo
16. La Torre
17. La Estrella
18. La Luna
19. El Sol
20. El Día del Juicio
21. El Mundo
0. El Bufón

El juego de cartas del Tarot, según la leyenda, representa un libro de jeroglíficos egipcio, formado de 78 tablillas, que han llegado a nosotros de un modo milagroso.
Es bien sabido que en la biblioteca de Alejandría, además de papiros y pergaminos, había muchos libros como estos, formados por un gran número de tablillas de arcilla o de madera.
Sobre la historia de las cartas del Tarot se ha dicho que en un principio eran medallones grabados con dibujos y números, después placas metálicas, luego cartas de cuero, y finalmente cartas de papel.
Aparentemente el Tarot es sólo un juego de cartas, pero su significado interno es completamente diferente. Es un “libro” de contenido filosófico y psicológico, que puede leerse de muchos modos diferentes.
Daremos un ejemplo de una interpretación filosófica de la idea entera o contenido general del Libro del Tarot, su título metafísico por así decirlo, que nos mostrará claramente que este “libro” no pudo haber sido inventado por los gitanos analfabetos del siglo XIV.

El Tarot está dividido en tres partes:

La primera parte formada por 21 cartas numeradas del 1 al 21.
La segunda parte formada por una carta con el número 0.
La tercera parte formada por 56 cartas, es decir, por cuatro series de 14 cartas cada una.
La segunda parte es un eslabón entre la primera y la tercera, porque las 56 cartas de la tercera parte juntas, se consideran iguales a la carta con el número 0.

Imaginemos las 21 cartas de la primera parte colocadas en forma de triángulo, con siete cartas en cada lado; en el centro del triángulo un punto representado por la carta 0 (la segunda parte), y el triángulo dentro de un cuadrado formado por 56 cartas (la tercera parte), 14 en cada lado del cuadrado. Tenemos así una representación de la relación metafísica entre Dios, el Hombre y el Universo, o entre (1) el mundo nouménico (o mundo objetivo), (2) el mundo psíquico del hombre, y (3) el mundo fenoménico (o mundo subjetivo), es decir el mundo físico.

El triángulo representa a Dios (la trinidad) o al mundo nouménico.
El cuadrado (los cuatro elementos) representa al mundo visible, físico o fenoménico.
El punto representa el alma del hombre, y los dos mundos se encuentran reflejados en el alma del hombre.
El cuadrado es igual al punto. Esto quiere decir que el mundo visible entero se encuentra contenido en la conciencia del hombre, es decir, se origina en el alma del hombre y es su representación. Y el alma del hombre es un punto sin dimensiones que se encuentra en el centro del triángulo del mundo objetivo.
Se ve claramente que esta idea no podía haber aparecido entre hombres ignorantes, y se ve claro que el Tarot es algo más que un grupo de naipes para jugar y para decir la suerte.
La idea del Tarot se puede representar también por medio de un triángulo en el que se encuentra inscrito un cuadrado (el universo material) en el que se encuentra inscrito un punto.
Es sumamente interesante tratar de determinar la finalidad, el propósito y la aplicación del libro del Tarot.
En primer lugar es necesario observar que el tarot es una “máquina filosófica”, que en su significado y posible aplicación tiene mucho de común con las máquinas filosóficas que los filósofos de la Edad Media buscaron y trataron de inventar.
Hay una hipótesis según la cual la invención del Tarot se atribuye a Raimundo Lulio, filósofo y alquimista del Siglo XIII y autor de varios libros místicos y ocultos, que en realidad adelantó en su libro Ars Magna el esquema de una “máquina filosófica”. Con el auxilio de esta máquina era posible plantear preguntas y obtener respuestas a ellas. La máquina consistía en circulos concéntricos con palabras que designaban ideas de distintos mundos colocadas en ellos en un cierto orden. Cuando se colocaban ciertas palabras en una posición definida una en relación con otra para la formulación de una pregunta, otras palabras daban la respuesta.

El Tarot tiene mucho de común con esta “máquina”. Por su finalidad es una especie de ábaco filosófico.
a) – Ofrece la posibilidad de disponer en distintas formas gráficas (como el triángulo, el punto y el cuadrado antes mencionado) ideas que son difíciles si no imposibles de decirse en palabras.
b) – Es un instrumento de la mente que puede servir para ejercicio de la capacidad de combinar, etc.
c) – Es un instrumento para ejercitar la mente, para acostumbrarla a conceptos nuevos y más amplios, para pensar en un mundo de dimensiones superiores y para la comprensión de símbolos.

Para poder familiarizarse con el Tarot es necesario estar familiarizado antes con la idea de la Cábala, la Alquimia, la Magia y la Astrología.
Según la muy probable opinión de varios intérpretes del Tarot, este es una sinopsis de las ciencias herméticas con sus distintas sub-divisiones.
Todas estas ciencias constituyen un sistema único sobre el estudio psicológico del hombre en sus relaciones con el mundo nouménico (Dios el mundo del espíritu) y con el mundo fenoménico (el mundo físico visible).
El Tarot es por así decirlo, una combinación del Cábala, la Alquimia, la Magia y
la Astrología.
Los cuatro principios o las cuatro letras del Nombre de Dios, o los cuatro elementos alquímicos, o las cuatro clases de espíritus, o las cuatro divisiones del hombre corresponden a las cuatro series del Tarot: varas, copas, espadas y tentáculos.
Cada serie, cada lado del cuadrado que como un todo es igual al punto, representa uno de los elementos, o gobierna una de las cuatro clases de espíritus. Las varas representan el fuego o los duendes, las copas representan el agua o las ondinas del agua, las espadas representan el aire o las sílfides y los tentáculos representan la tierra o los gnomos.
En cada serie el Rey representa también, el primer principio o fuego, la Reina el segundo principio o agua, el Caballero el tercer principio o aire, y el Paje (la Sota) el cuarto principio o tierra.
El As también significa fuego, el dos, agua, el tres, aire, el cuatro tierra. Luego el cuarto principio, reuniendo en sí a los primeros tres, se convierte en el principio de un nuevo cuadrado. El cuatro se convierte en el primer principio, el cinco en el segundo, el seis en el tercero, y el siete en el cuarto. Después el siete es otra vez el primer principio, el ocho el segúndo, el nueve el tercero, y el diez el cuarto, completandose así el último cuadrado.
Las series negras (varas y espadas) representan las cualidades activas, la energía la voluntad, la iniciativa, y las series rojas (copas y pentáculos) representan las cualidades pasivas y la inercia.

Luego las primeras dos series, las varas y las copas, representan lo bueno, es decir, las condiciones favorables o las relaciones amistosas, y las otras dos, las espadas y los pentáculos, representan lo malo, es decir, las condiciones desfavorables o las relaciones hostiles.
De este modo cada una de las 56 cartas representa algo activo o pasivo, bueno o malo, que proviene o bien de la voluntad del hombre o que le llega a él del exterior. Además el significado de cada una de las cartas se complica de distintos modos por la combinación del significado simbólico de las series y los números.
Las 56 cartas juntas presentan por así decirlo, un cuadro completo de todas las posibilidades de la vida del hombre. Este es el principio sobre el que se basa el uso del Tarot para la adivinación.
Pero la significación filosófica del Tarot queda incompleta si no se cuentan las 22 cartas de la “Arcana Mayor”. Estas cartas tienen, en primer término, un significado numérico, y en segundo, un significado simbólico muy complicado. Tomadas en su aspecto numérico, las cartas forman triángulos equiláteros, cuadrados y figuras similares, que tienen cada una distintos significados, según las cartas de que están formadas.
El Tarot es una máquina verdaderamente filosófica, que aparta a la mente del vagar, dejándole en cambio iniciativa y libertad; es la matemática aplicada al Absoluto, es la unión de lo positivo y lo ideal, una lotería de pensamientos tan exactos como los números, quizá la concepción más simple y más grandiosa del genio humano.
Una persona encarcelada, que no tuviera otro libro que el Tarot, si supiera como usarlo, podría en unos cuantos años adquirir un conocimiento universal y estaría en posibilidad de hablar sobre todas las cuestiones con sabiduría sin par y con enorme elocuencia.
Al examinar las 22 cartas del Tarot en distintas combinaciones y el tratar de establecer las relaciones posibles y permanentes que existen entre ellas, encontramos que es posible disponer las cartas en pares, la primera con la última, la segunda con la penúltima, y así sucesivamente. Y vemos que colocadas en esta forma las cartas adquieren un significado muy interesante.
Dispuestas de esta forma, una carta explica a la otra y, lo que es más importante, se demuestra de este modo que las cartas pueden explicarse solamente juntas y nunca separadamente (como en el caso de las cartas 1 y 0).
Al estudiar estos pares de cartas, la mente se acostumbra a ver la unidad en la dualidad.
Las cartas se colocan de esta manera:

1. El Prestidigitador. – 0. El Bufón.
2. La Sacerdotisa. – 21. El Mundo.
3. La Emperatriz – 20. El Día del Juicio
4. El Emperador. – 19. El Sol.
5. El Hierofante. – 18. La Luna
6. La Tentación. – 17.
La Estrella.
7. La Carroza. – 16.
La Torre.
8. La Justicia. – 15. El Diablo.
9. El Ermitaño. – 14. La Templanza ( Tiempo ).
10. La Rueda de la Fortuna. – 13.
La Muerte.
11. La Fuerza – 12. El Hombre Colgado.

La primera carta, “El Prestidigitador”, representa al Superhombre, o a la humanidad entera, uniendo la tierra y el cielo. Su opuesta es “El Bufón”, la carta 0. Esta representa al hombre como individuo, al hombre débil. Las dos cartas juntas representan los dos polos, el principio y el fin.
La segunda carta, “La Gran Sacerdotisa”, es Isis, o el Conocimiento Oculto (Gnosis). Su contraria es la carta 21, “El Mundo” en el círculo del tiempo, en el centro de los cuatro principios, es decir, el objeto del conocimiento.
La tercera carta, “La Emperatriz”, es la Naturaleza”. Su contraria es la carta 20, “El Día del Juicio” o “La Resurrección de los Muertos”. Esta es la Naturaleza, su eterna actividad regeneradora y revivificadota.
La cuarta carta, “El Emperador”, es la Ley de Cuatro, el principio de la vida, y su contraria es la carta 19, “El Sol”, como expresión real de esta ley y como la fuente visible de la vida.
La quinta carta, “El Hierofante”, es la religión, y su contraria es la carta 18, “La Luna”, que puede entenderse como el principio opuesto, hostil a la religión, o como la Astrología, esto es, como la base de la religión. En algunas cartas antiguas del Tarot, en lugar del lobo y el perro, en la carta 18 hay un grabado con dos hombres haciendo observaciones astronómicas.
La sexta carta, “La Tentación” o el Amor, es el lado emocional de la vida, y la carta 17, “La Estrella” (El Mundo Astral), es el lado emocional de
la Naturaleza.
La séptima carta, “La Carroza”, es la Magia en el sentido del conocimiento incompleto, en el sentido de “la casa levantada sobre arena”, y su contraria, la carta 16, “La Torre”, es la caída que inevitablemente sigue a una construcción artificial.
La octava carta, “La Justicia”, es la Verdad, y la carta 15, “El Diablo”, es
la Mentira.
La novena carta, “El Ermitaño”, es la sabiduría, o el conocimiento y la búsqueda del conocimiento, y la carta 14, “El Tiempo”, es el objeto del conocimiento, o lo que se alcanza por el conocimiento, o lo que sirve de medida al conocimiento. Mientras el hombre no comprenda el tiempo, mientras el conocimiento del hombre no cambie sus relaciones con el tiempo, su conocimiento no valdrá nada. Más aún, el primer significado de la carta 14, “La Templanza”, señala el dominio de uno mismo o el control de las emociones como condición necesaria de la “sabiduría”.
La décima carta es “La Rueda de la Fortuna”, y su contraria es la carta 15, “La Muerte”. La vida y la muerte son una. La muerte sólo indica la vuelta de la rueda de la vida.
La décimoprimera carta es “La Fuerza”, y su contraria es la 12, “El Hombre Colgado”, Sacrificio, es decir, lo que da fuerza. Mientras más grande es el sacrificio del hombre mayor es su fuerza. La fuerza está en proporción con el sacrificio. El que puede sacrificar todo, lo puede hacer todo.

Extracto de un artículo de P.D. OUSPENSKY 

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