Asanas, posturas sagradas II

 
La postura secreta

El material necesario (en los comienzos), además de la manta o de la alfombra en que se opera habitualmente, consiste en una almohada bastante larga y un cojín o, mejor, una manta enrollada.

Hay que sentarse en la almohada y deslizar bajo las nalgas la manta enrollada. Separar ampliamente los muslos. 

Doblar la rodilla izquierda y posar la pierna izquierda delante, de forma que el talón se coloque justamente en medio del cuerpo (bajo los órganos) y que el tobillo esté delante de la región púbica (ligeramente por debajo). Así, si se ha ejercitado en tomar la postura indicada en el ejercicio anterior, será necesario que se modifique un tanto, que se separe más los muslos, y situar el talón, hacia la derecha, verdaderamente en el centro y ligeramente deslizado bajo el perineo.
Doblar entonces la rodilla derecha y posar el pie derecho sobre el pie izquierdo, entrecruzados los tobillos. El talón derecho se encuentra también en el centro (o un poco hacia la izquierda; cubre, en parte, los órganos). La punta del pie derecho reposa en la pierna izquierda, o se mete ligeramente entre la pierna y el muslo. Los dedos del pie izquierdo pueden aparecer bajo la pierna derecha, por delante.
La única dificultad es la separación hasta el máximo, impuesta a los muslos (de lo que puede sobrevenir algún dolor en el pubis, dolor que será vencido después, ¡como los demás!).

Las manos se colocan sobre las rodillas. Es necesario que el busto se mantenga bien derecho. Se puede, a fin de ayudarse, apoyar la extremidad inferior de la columna vertebral contra un mueble.

Se mira fijamente ante sí, pestañeando lo menos posible. Se puede igualmente doblar la cabeza y contemplar fijamente el talón o incluso el ombligo. Es de rigor, absoluta inmovilidad.

La postura llamada perfecta en realidad es una variante de la postura secreta. Donde es preciso deslizar el talón izquierdo bajo el perineo, e incluso bajo el ano, y la planta del pie queda vuelta hacia arriba, y en ella reposan el muslo y la cadera derechos.

Hay que sentarse entonces como en la postura precedente tomando el pie derecho con la mano y colocándolo sobre la pierna izquierda; más exactamente, se le mete entre la pierna y el muslo izquierdos, haciendo que los dedos de los pies presionen la pantorrilla.

La manta enrollada bajo las caderas impide cierto “contoneo” y permite permanecer sin demasiado sufrimiento, a caballo sobre el talón.
Notemos que el éxito de estas posturas representa una victoria, y que toda victoria se paga. De unos a otros las dificultades varían mucho. Dependen, evidentemente, de ciertas particularidades anatómicas: largura o grosor de los muslos, adiposidad, etc. Pero más todavía de la voluntad y de la imaginación. Por la noche, antes de dormir, represéntate estas diferentes posturas y la manera de adoptarlas.

La postura porta-suerte o porta-ventura

Para algunos esta postura es más fácil de tomar que la postura secreta. El pie izquierdo se coloca a lo largo de la pierna derecha, el talón profundamente metido en el pliegue de la ingle (los órganos se sitúan entre la pierna y el muslo, detrás del talón). Dóblate y siéntate, tomando con la mano el pie derecho y ponlo sobre la pierna izquierda, la planta al aire. Levántate.

La dificultad está en mantener las rodillas fijas en el suelo. Pero no es insuperable. La almohada en que te sientas y la manta bajo las nalgas, facilitan tomar con corrección esta postura.

La postura heroica

Una variante de la postura porta-ventura. Situado el pie izquierdo a lo largo de la pierna derecha, se coloca el pie opuesto, la planta al aire, sobre el muslo, apoyando el talón contra el abdomen.

Puede también ponerse el pie derecho bajo el muslo o bajo la rodilla opuestos. Manténgase el busto bien recto.

Postura “heroica” que exige voluntad, pero que llega a ser muy agradable, pasado algún tiempo de práctica perseverante. Al principio durará un tiempo muy breve. Se aumentará progresivamente.

No hay que espantarse de eventuales dolores en las articulaciones. Estos dolores son pasajeros.

Swastikasana, la postura de tobillos entrelazados o postura próspera

Swastika significa "próspero" en sánscrito. Cuando se ejecuta esta postura el entrelazado de los tobillos da la apariencia de swastika.
Siéntate en una manta con cuatro pliegues. En esta postura se debe estar sentado con comodidad y con el cuerpo recto. Estira las piernas al frente. Dobla la pierna izquierda por la rodilla y coloca el talón contra la ingle del muslo derecho de tal manera que la planta del pie permanezca en estrecho contacto con el muslo. De modo similar, dobla la pierna derecha y sitúa el pie contra la ingle izquierda. Inserta los dedos del pie izquierdo entre la pantorrilla derecha y los músculos de los muslos. Esta postura es muy confortable para la meditación. Coloca las manos como en padmasana.

Sukhasana, la postura fácil o postura del sastre

Sukhasana es una postura fácil y confortable para realizar la meditación, ya que lo más importante es que la cabeza, cuello y tronco forme una línea recta. Esto se consigue normalmente cruzando las piernas. Sin embargo, si es necesario, uno puede también sentarse en una silla.

Siéntate en el suelo con las piernas juntas y estiradas. Flexiona la pierna izquierda y coloca el pie izquierdo debajo del muslo derecho. A continuación, dobla la pierna derecha y sitúa el pie debajo de la pierna izquierda. Las piernas, pues, quedan cruzadas. 

Sitúa las manos en las rodillas y mantén el tronco y la cabeza erguidos. Puedes mantener la postura durante un tiempo indefinido, pero evitando las molestias excesivas en las extremidades inferiores.

Esta postura es la más adecuada para la meditación para aquellas personas que tienen muy rígidas las articulaciones de las piernas, y para las de edad avanzada. Predispone para las otras posturas de meditación. Dirige la mente al entrecejo y mantén una actitud mental de interiorización y serenidad.

Efectos: Dota de flexibilidad a las articulaciones de las piernas, sobre todo a la coxo-femoral, tonifica los nervios coxígeos y sacro, facilita la relajación.

Samana, la postura del asceta

Siéntate en el suelo con las piernas juntas y estiradas. Dobla la pierna izquierda y coloca el talón al lado de la ingle de la pierna derecha. Seguidamente, dobla la pierna derecha y coloca el pie derecho a lo largo de la pantorrilla de la pierna izquierda. Con la columna vertebral bien erguida, las manos se colocan la una sobre la otra, a la altura del plexo solar. La mente se dirige al entrecejo y la postura puede mantenerse por tiempo indefinido.

Efectos: Dota de elasticidad a las articulaciones de la rodilla y el tobillo; tonifica el nervio sacro; abastece de sangre la región pélvica; resulta muy apta para efectuar las técnicas de yoga mental.

Ardha-padmasana, la postura de medio loto

Es esta una de las posturas más apropiadas para la meditación, mucho más al alcance para la mayoría de las personas que la postura de loto, y muy estable y firme.

Siéntate en el suelo con las piernas juntas y estiradas. Flexiona la pierna derecha y coloca el pie sobre el muslo izquierdo. Dobla la pierna izquierda e introduce el pie izquierdo debajo del muslo derecho. Mantén el tronco y la cabeza erguidos. Las manos pueden colocarse en las rodillas o la una sobre la otra junto al abdomen.

Mukthasana o guptasana

Estira las piernas. Dobla la pierna derecha por la articulación de la rodilla y mantén el talón contra el hueso púbico, por encima de los órganos. Dobla ahora la pierna izquierda y colocar el talón por encima del derecho.

Vajrasana

Ponte de rodillas. Siéntate sobre los talones con la columna recta. 

Una variante consiste separar las piernas a cada lado del cuerpo. Para ello, sentado con las piernas juntas y estiradas, flexiona la pierna izquierda hacia fuera y hacia atrás, colocando el pie izquierdo al lado de la nalga izquierda. Después flexiona la pierna derecha hacia fuera y coloca el pie derecho al lado de la nalga derecha. Las manos se sitúan sobre las rodillas y el tronco y la cabeza permanecen erguidos. Si sentarse entre las pantorrillas te resulta demasiado incomodo, únelas y siéntate sobre ellas. Las rodillas deben estar juntas. Regula la respiración y dirige la atención al entrecejo. Se puede realizar esta postura varios minutos.

Efectos: ejerce un profundo masaje sobre la articulación de la rodilla, dotándola de vigor y elasticidad, tonifica las regiones coxigea y sacra. Fortalece los músculos de las caras altas de los muslos.

Bhadrasana, la postura occidental 

Si nos es difícil sentamos en el suelo, por falta de agilidad o porque ya tenemos una cierta edad, está totalmente recomendado meditar sentado en una silla. Es la postura del Budha del futuro, el Budha Maitreya, al que se representa de este modo. Pero aún es este caso, aunque estemos sentados en una silla, debemos mantener una postura correcta. La espalda debe estar perfectamente recta, acercando un poco los omoplatos, lo que permite desplegar el pecho y por otro lado disminuir la presión habitual que se hace sobre los órganos internos, a nivel del abdomen, como hígado y riñones. 

Con el tronco y las piernas formamos un cuatro, las piernas separadas cuelgan hacia abajo rectas, en algunas representaciones de Maitreya se cruzan en equis por el tobillo, y las plantas de los pies bien apoyadas sobre el suelo.

Las manos, brazos y cabeza en las mismas posiciones explicadas anteriormente.

Cuando la espalda está erguida, la mente se encuentra más clara y luminosa. Debemos pues vigilar el no estar encorvados hacia delante, ni hacia atrás, ni hacia la izquierda o derecha, sino permanecer rectos.
El mentón está horizontal y ejerce una ligera presión hacia la nuez de Adán o el cuello. En lo que concierne a los ojos, los dejamos simplemente reposar, sin fijarse en nada en particular, sin cerrarlos ni mantenerlos abiertos, simplemente semiabiertos de forma natural, relajados, sin tensión artificial. La dirección de la mirada varía, sin embargo, según el tipo de meditación que efectuamos. Sí ponemos en práctica a la pacificación mental, shiné, los ojos se dirigen en la prolongación de la mirada hacia el suelo.

Postura del león

Por la noche antes de acostarnos, la meditación nos prepara para el descanso, nos desembaraza de todas las preocupaciones. Si nos entregamos al sueño agitados física y psicológicamente, el sueño no será tan reparador como debiera. De manera que aprovechemos las últimas horas del día para recuperarnos efectivamente a través de la meditación. 

Esta postura es muy propicia para seguir con nuestras practicas esotéricas al acostarnos por la noche. Podemos concentrarnos en Morfeo. Es urgente tener fe y saber suplicar. Nosotros debemos pedirle a Morfeo que nos ilustre y despierte en los mundos suprasensibles. A esta altura comienza a apoderarse del estudiante una somnolencia muy especial, y entonces adopta la postura del león: 

Acostado sobre su lado derecho, con la cabeza apuntando hacia el Norte, recoge las piernas hacia arriba lentamente hasta que las rodillas queden dobladas. En esta posición la pierna izquierda se apoya sobre la derecha; luego coloca la mejilla derecha sobre la palma de la mano derecha y deja que el brazo izquierdo descanse sobre la pierna del mismo lado.

Posición flamígera o de estrella de cinco puntas

Asana. Acuéstese el estudiante sobre una alfombra. Abra sus brazos y piernas a derecha e izquierda hasta quedar como una estrella de cinco puntas. Relaje todo su cuerpo. No piense en nada, ponga la mente en blanco. Concéntrese el estudiante en su Dios interno, comience a orar el Padre Nuestro demasiado lentamente, pensando en el sentido de cada petición, adormézcase hasta llegar al sueño profundo meditando en cada palabra, en cada frase, adorando… adorando… adorando…

Los ojos deben estar cerrados para que las cosas del mundo físico no os distraigan. El sueño debidamente combinado con la meditación resulta muy indispensable para el buen éxito de la meditación.

Es necesario tratar de relajar totalmente todos los músculos del cuerpo y luego concentrar la atención en la punta de la nariz, hasta sentir plenamente el pulso del corazón en ese órgano del olfato, luego seguiremos con la oreja derecha hasta sentir el pulso del corazón en ésta, después continuaremos con la mano derecha, pie derecho, pie izquierdo, mano izquierda, oreja izquierda y nariz nuevamente, sintiendo plenamente el pulso del corazón por separado en cada uno de estos órganos donde hemos fijado la atención.

El control sobre el cuerpo físico comienza con el control sobre el pulso. El pulso del corazón tranquilo se siente de una vez todo en su totalidad dentro del organismo, pero los gnósticos pueden sentirlo a voluntad en cualquier parte del cuerpo, ya sea la punta de la nariz, una oreja, un brazo, un pie, etc.

El control del pulso o control del segundo corazón, se logra totalmente mediante la absoluta relajación de todos los músculos. Mediante la atención podemos acelerar o disminuir las pulsaciones del segundo corazón y los latidos del primer corazón.

El samadhí, el éxtasis, el satorí, se suceden siempre con pulsaciones muy lentas, y en el maha-samadhi las pulsaciones terminan. Durante el samadhí la esencia, el buddhata, se escapa de la personalidad, entonces se fusiona con el Ser y viene la experiencia de lo Real en el vacío iluminador.

Sólo en ausencia del yo podemos platicar con el Padre, Brahma. Orad y meditad, para que podáis escuchar la voz del silencio.

Esta posición de la estrella pentagonal es formidable por su honda significación, pero las personas que por alguna circunstancia no pueden meditar en esta posición, entonces que mediten colocando su cuerpo en posición de hombre muerto.

Savasana, postura de hombre muerto

Esta posición es especialmente aconsejable cuando nuestro cuerpo está muy cansado. Bien hecha, nos recarga rápidamente de energía.

Cuando el cuerpo y la mente están constantemente sobrecargados, disminuyen la eficacia en la ejecución de sus naturales cometidos. La moderna vida social, la comida, el trabajo e incluso las denominadas distracciones, hacen difícil la relajación al hombre civilizado de hoy. No solamente le resulta difícil relajarse, sino que ha olvidado incluso el medio de que se sirve la naturaleza para recargar el cuerpo durante la relajación y el descanso. Incluso mientras descansan, la mayoría de los hombres siguen gastando una enorme cantidad de energía física y mental.

La mayor parte de la energía producida por el cuerpo se malgasta innecesariamente. Por cualquier motivo se malgastan enormes cantidades de energía en inútiles tensiones musculares.

No tiene ninguna utilidad aumentar la energía si va a ser malgastada sin sentido; ya que si aumentamos la producción sin controlar el desgaste inútil, habremos aumentado únicamente la magnitud de este desgaste. Por lo tanto, antes de aprender cualquier ejercicio físico o mental, debiera de aprenderse a observar la tensión muscular innecesaria y a relajarla. Todos los ejercicios de yoga se basan en este principio.

Todas las acciones físicas llevan tensión a los músculos. En ocasiones se observa esta tensión también durante el descanso, sin razón alguna. Cuando alguien aprende a conducir un coche, pone en ello una tremenda tensión física y mental. En sólo quince minutos se cansará, y los músculos le dolerán. Por otra parte, cuando un conductor experimentado conduce durante doscientos kilómetros, apenas siente fatiga, porque en este caso sus músculos han estado relajados durante la conducción. Aunque casi todos nosotros conducimos, solamente unos pocos saben hacerlo con perfecta relajación. Lo mismo puede aplicarse a los campos de las artes, pintura, música, etc. Todos los genios se relajan consciente o inconscientemente durante su trabajo; por este motivo resultan tan eficientes sus obras.

Antes de poder estudiar la relajación, es preciso conocer a su oponente, la contracción. Cuando deseamos ejecutar una acción, para completarla se suceden, una tras otra, cuatro cosas. En primer lugar, un pensamiento se destaca en la mente; digamos, coger un libro de la mesa. Esta onda de pensamiento se transmite al cerebro, y el cerebro envía un impulso a los músculos necesarios para ejecutar la acción, junto con una cantidad extra de energía pránica para estos músculos. El prana viaja por los nervios motores, enriquece los músculos y los impele a trabajar juntos en el mismo fin; finalmente, el libro está en las manos. 

Todas las acciones, conscientes o inconscientes, utilizan cierta cantidad de energía pránica. En la acción consciente, la mente consciente envía un mensaje a la mente subconsciente que inmediatamente obedece a la orden enviando el prana a la parte deseada. Cuando una acción es automática, esto es, cuando la mente consciente no juega ningún papel, la mente subconsciente asume todo el trabajo, enviando la orden y finalizando el cometido. Si la cantidad de energía pránica gastada es mayor de la que el cuerpo puede reponer, éste se siente débil. Esto es un modo de gastar energía.

Otro modo de gastar energía sin ningún movimiento muscular es a través de las emociones, tales como preocupación, aflicción, ansiedad, cólera y avaricia. Nadie está libre de emociones y solamente unos pocos pueden mantenerlas bajo control, al menos, dentro de un límite. Las emociones descontroladas pueden consumir rápidamente el prana almacenado en el cuerpo. Unos pocos minutos de cólera pueden costar más energía que un día completo de labor física. Observad una persona encolerizada; ved cómo todos sus músculos están tensos; notad su respiración irregular, su ceño fruncido y sus ojos inyectados. ¿Hay alguna parte del cuerpo inactiva durante esos momentos? Su corazón late con rapidez; la presión sanguínea aumenta; el sistema digestivo se altera. La explosión repentina de cólera produce un shock en el sistema nervioso. ¡Imaginad cuánta energía se necesita para restaurar el orden en los distintos músculos y órganos que estaban cooperando con las emociones! Este fenómeno no se limita a la cólera; todas las emociones tienen su influencia en el cuerpo. Para una persona que padezca de ansiedad y preocupaciones, ninguna cantidad de tónicos, inyecciones, vitaminas, o dieta equilibrada aportará solución a sus problemas.

Después de que la cólera, la preocupación y la tristeza han desaparecido, todavía hay otro "demonio" esperando engullir energía: se trata de la fatiga mental o tensión. Podemos comparar el desgaste de energía pránica producido por la tensión con el desgaste de agua que se produce al no cerrar un grifo y dejar que gotee hora tras hora. Del mismo modo permitimos que nuestro prana gotee en una continua tensión, lo que, a su vez, produce un desgaste y deterioro de nuestros músculos y órganos internos.

Cuando nos excitan las emociones bajas, la mente mantiene los nervios en constante acción y los músculos tensos, debido a estados mentales desenfrenados y descontrolados. En primer lugar, se malgasta una enorme cantidad de energía, debido a innecesarias actividades que no tratamos de detener ni de controlar y, en segundo lugar, mantenemos a nuestro organismo sometido a constante e inútil tensión. 

Permitiendo estos estados mentales y emocionales, incluso descansando los músculos están en tensión y cuando comenzamos la mínima tarea todo el sistema de músculos entra en acción, como si fuéramos a realizar el más extenuante de los trabajos. En tales condiciones, levantar un libro puede precisar tanta energía como la que sería necesaria para levantar a un hombre grueso; o escribir unas pocas páginas, producir tanto desgaste como si se tratara de escribir todo el libro, debido a nuestro constante desgaste de energía muscular. Observad cómo caminan algunas personas. Los músculos de sus hombros, brazos, piernas y estómago están innecesariamente tensos. También durante el sueño los músculos permanecen tensos y continúan gastando energía, aunque no nos demos cuenta de ello. 

Gastamos más energía en tener los músculos continuamente prestos para la acción, tensos, que en el trabajo útil realizado a lo largo de nuestra vida.

Para regular y equilibrar el trabajo del cuerpo y de la mente, es necesario aprender a economizar la energía producida por el cuerpo, lo cual constituye el principal propósito de la relajación.
Hay que recordar aquí, que nuestro cuerpo produce normalmente en un día, todas las sustancias y energía necesaria para el siguiente día. Pero a menudo ocurre que todas estas sustancias y energías se consumen en unos pocos minutos por medio del malhumor, cólera, irritación, etcétera, cuando alcanzan cierto grado de intensidad. En ocasiones, un simple rapto violento de cólera, puede destruir prácticamente todas las energías del hombre.

Este proceso de erupción y represión de las emociones violentas se convierte, a menudo, en un hábito regular, y el resultado es realmente desastroso no sólo para el cuerpo, sino también para la mente.
Durante la relajación no se consume prácticamente energía o prana, aunque algo se usa en mantener el cuerpo en condiciones normales, mientras el resto se está almacenando y conservando.

Durante la infancia el niño se relaja naturalmente; algunos adultos también poseen este poder de relajación. Tales personas son notables por su resistencia, fortaleza, vigor y vitalidad. Muchos grandes hombres de estado y sabios dependen de su poder de relajación, que les capacita para soportar la tremenda cantidad de trabajo y responsabilidad que pesa sobre sus hombros. Mahatma Gandhi y Swami Sivananda han sido algunos de los mejores ejemplos más recientes.

Observad un gato agazapado delante del agujero de un ratón, en actitud fácil y graciosa, sin ninguna tensión muscular o contracción, pero listo para la acción. Aunque exento de toda tensión en los músculos, el reposo del gato es un reposo vivo, que rara vez falla en el momento de la acción.

Los yoguis utilizan tres métodos para alcanzar la perfecta relajación. Estos métodos son a nivel físico, mental y espiritual. Ninguna relajación es completa hasta que el hombre alcanza el grado de relajación espiritual, que bien conocen los yoguis.

1. Relajación física. Todos sabemos que la acción es el resultado de un pensamiento originado en la mente consciente o subconsciente. Cuando deseamos ejecutar un acto, el pensamiento se genera en la mente, se transmite al cerebro y, simultáneamente, el cerebro telegrafía el mensaje a los músculos a través de los nervios, y aquellos se contraen. Del mismo modo que detrás de la contracción muscular hay pensamiento, también detrás de la relajación existe la vibración de un pensamiento. 

Igual que enviamos un mensaje para contraer los músculos, otro mensaje llevará la relajación a los músculos cansados. Este mensaje es conocido como autosugestión, o sugerir la relajación a los propios músculos y órganos.

2. Relajación mental. La constante tensión a que someten a la mente las innecesarias preocupaciones y ansiedades, se lleva más energía que las tensiones físicas. Durante la tensión mental se debe respirar lenta y rítmicamente durante unos minutos, concentrándose en la respiración. Poco a poco, la mente se calmará y se sentirá una sensación de ligereza, como si nuestro cuerpo fuera una pluma. En este estado se experimenta gran paz y bienestar.

3. Relajación espiritual. Sin embargo, tratando de relajar la mente, no se pueden desechar completamente todas las tensiones y preocupaciones, a menos que se llegue a la relajación espiritual.
Mientras el hombre se identifique a sí mismo con el cuerpo y la mente, habrá preocupaciones, temores, ansiedad y cólera, que, a su vez, comportan tensión. Los yoguis saben que, a menos que el hombre pueda sustraerse a sí mismo la idea del cuerpo y se separe de su ego, no tiene medio de obtener la relajación completa. 

Así pues, en la relajación espiritual hay que sustraerse e identificarse a sí mismo como el ser Todo-penetrante, Todo-poderoso, Todo paz y gozo, que es la pura conciencia dentro de nosotros, porque todas las fuerzas de poder, conocimiento, paz y fortaleza están en el alma y no en el cuerpo. 

El hombre ha sido presa de todas las emociones depravadas de la mente al identificarse a sí mismo con la mente y el cuerpo, y el único medio para liberarse de sus garras es asentar su naturaleza real: "Yo soy la pura conciencia o Ser". Esta identificación con el Ser completa el proceso de relajación. 

Una postura muy recomendable para una total relajación es la de savasana o postura del hombre muerto.

Después de tantos esfuerzos, que requieren las otras posturas para siquiera ejecutarlas por unos instantes, la postura de hombre muerto parece muy simple, pero realizarla como debe ser no es tan fácil y también nos requerirá práctica y paciencia.

Tenderse como un cadáver es todo un arte y más para quien siempre está en tensión. Estamos perpetuamente tensos, incluso extendidos en nuestro lecho o en el sofá no nos relajamos debidamente. ¡Qué más durante nuestras actividades! Raramente nos presentamos naturales, nuestro semblante y nuestro cuerpo no es distendido. 

Savasana (postura cadáver) puede efectuarse extendido o sentado. La posición más recomendable para obtener un grado profundo de relajación física y psicomental es la de decúbito dorsal, boca arriba. Seleccione una superficie firme. Debe evitar una superficie excesivamente dura o blanda. Puede utilizar una manta doblada en cuatro, una alfombra o una moqueta. Extiéndase y trate de colocar su cuerpo lo más cómodo posible. Cuerpo relajado, brazos estirados a lo largo de los costados y pies tocándose por los talones, con las puntas de los pies abiertas, hacia los costados, en forma de abanico. La mandíbula inferior debe quedar un poco caída, de tal manera que, aunque los labios sigan en contacto, se separen los dientes superiores de los inferiores. Cierre los párpados, pero evitando cualquier presión sobre ellos. Sitúe la cabeza en el punto de mayor comodidad, evitando tensiones en el cuello. Regule la respiración y trate de hacerla serena y uniforme.

Dirija la mente a los pies y a las piernas, y siéntalos. No se trata de pensar, sino de sentir, de percibir. Sienta los pies y las piernas. Afloje todos los músculos de los pies y las piernas. Flojos, muy flojos, abandonados, más y más abandonados. Ahora tome consciencia del estómago y del pecho. Todos los músculos del estómago y del pecho deben sumirse en un estado de laxitud y abandono. Asimismo, revise los brazos, la espalda y los hombros. Todos los músculos de estas zonas se van poniendo flojos, muy flojos, completamente flojos, relajados, más y más relajados. Sienta el cuello. Los músculos del cuello blandos y suaves, sin tensión ni rigidez. Ahora revise atentamente las distintas partes de la cara. La mandíbula inferior, ligeramente caída, floja y suelta, abandonada; los labios, fláccidos; las mejillas, blandas; los párpados, relajados, profundamente relajados; la frente y el entrecejo alisados, sin tensión. 

Todos los músculos del cuerpo flojos, sueltos, abandonados, más y más abandonados, más y más abandonados. La respiración lenta, pausada, uniforme, y todos los músculos del cuerpo en un estado de profunda relajación, profunda relajación.

Persista en relajar más y más, insistiendo en sentir y aflojar las zonas que experimenta todavía tensas. A medida que espira, aflójese más y más, más y más. Las palabras mentales no son necesarias. Lo importante es ir tomando consciencia del cuerpo y sumiéndolo en relajación. Trate día a día de profundizar, como si también quisiera relajar los órganos internos. Sienta su cuerpo por zonas y en conjunto. Vigile la respiración, la lengua, los ojos. Acentúe más y más la relajación. Cada vez que el aire salga de los pulmones, abandónese más y más. Es como si la respiración respirara por uno mismo y nos dejáramos mecer por ella y nos sintiéramos más flojos y más abandonados. Es como una ola que va y viene, nos envuelve, nos relaja.

Cuando el cuerpo esté relajado, tiene que tratar de ir silenciando su mente, sin pugnar directamente con ella, sin crear tensión ni conflicto, ignorando los pensamientos intrusos. Debemos parecer un cadáver, sin pensamientos, sin molestias. Cuanto más se relaja el cuerpo y se hace pausa en la respiración, más se acalla y serena el contenido mental.
Puede dedicar a la práctica de relajación de veinte a cuarenta minutos. Antes de abandonarla, debe respirar varias veces profundamente, proponerse salir de tal estado e ir moviendo las diferentes partes del cuerpo poco a poco. 

Nunca debe abandonarse la relajación de manera precipitada. No se preocupe en absoluto por fenómenos que puedan presentarse durante la relajación y que son síntomas de un excelente grado de aflojamiento, fenómenos tales como sensación de peso y liviandad, de calor o frío, pérdida del sentido del tiempo o del espacio, sensación de caída abismal, pérdida de consciencia de un miembro o todo el cuerpo, sensación de desdoblamiento o despersonalización. No tiene absolutamente nada que temer. Al contrario, dé la bienvenida a tales fenómenos si se presentan, porque son signo de progreso en la relajación. Evite las interrupciones.

Efectos: Elimina la tensión física y mental, previniendo así contra todos aquellos trastornos que se derivan de ella y que son muy numerosos. Previene o ayuda a combatir neurosis funcionales y neurastenia, insomnio y estados de irritabilidad, fatiga, agotamiento, fobias, trastornos emocionales, tics, espasmos diversos, perturbaciones cardiacas, determinadas úlceras, depresión y otras alteraciones físicas y psicológicas. 

La relajación neutraliza las tensiones generadas por la sociedad actual. Neutraliza las influencias deteriorantes del mundo circundante: ayudándonos a recogernos y tranquilizarnos, permitiéndonos una renovación interior; es fuente de energías y protege contra tensiones y conflictos externos; estabiliza la acción cardiaca y es método eficaz para prevenir el infarto de miocardio y colaborar eficazmente en la recuperación de aquellas personas afectadas por el mismo; aumenta la capacidad de resistencia y rendimiento del organismo; previene o combate diversos trastornos psicosomáticos, como asma, úlcera, estreñimiento, aerofagia y otros; colabora en la inhibición de los procesos psicomentales y descansa profundamente el centro mental; aumenta la capacidad de concentración y colabora en el desarrollo de la atención pura; facilita la toma de consciencia del propio cuerpo, desarrolla el autocontrol, intensifica los procesos de interiorización, colabora en la reconciliación con uno mismo y ayuda a superar conflictos internos; resulta especialmente útil en situaciones difíciles, como pueden ser una larga convalecencia, momentos de máxima tensión, un accidente, una guerra, etc. Tiende a combatir la angustia en todas sus formas.

En todas las asanas una vez que hemos conseguido una buena relajación del cuerpo y de la mente hemos de mantenernos en un estado de lucidez, de alerta-percepción a la vez que nos vamos impregnando de sueño. Sin cierta dosis de sueño, las meditaciones resultan muy intelectuales y arruinan el cerebro. El sueño debidamente combinado con la meditación resulta muy indispensable para el buen éxito de la meditación.

Para finalizar, podemos comentar, que obviamente las asanas o posturas de meditación no son algo exclusivo de la cultura oriental.
Para hacernos una idea, vamos a mencionar unas pocas asanas propias de otras culturas.

Runas nórdicas

Si analizamos las prácticas de las runas nórdicas podremos evidenciar que en ellas existe pranayama, oración, meditación y cierta postura sagrada. Hay muchas runas, aconsejamos leer el libro "Curso esotérico de magia rúnica".

El Chac Mool azteca 

El Chac Mool del México azteca es maravilloso. Realmente el Chac Mool existió; fue un adepto encarnado, uno de los grandes Iniciados de la poderosa civilización serpentina del antiguo México y de la gran Tenochtitlán.

El sepulcro del Chac Mool fue hallado y sus restos encontrados. Así está fuera de toda duda de que el Chac Mool existió realmente. Si se observa la figura en que está acostado el Chac Mool, veremos que está acostado en la misma posición en que se acostaban los Iniciados egipcios cuando querían salir en cuerpo astral pronunciando el mantram FA-RA-ON. Empero, algo curioso aparece en el ombligo del Chac Mool: es una escudilla o recipiente como para recibir algo. Realmente el plexo solar es maravilloso y el Chac Mool le dejó a la humanidad una gran enseñanza.

Es necesario saber utilizar la energía solar depositada en el plexo solar. Conviene que los aspirantes se acuesten en decúbito dorsal, los pies sobre la cama, rodillas levantadas. Es claro que al poner las plantas de los pies sobre la cama, las rodillas quedan levantadas, dirigidas hacia el cielo, hacia Urania.

El aspirante en esta posición se imaginará que la energía del sol penetra por su plexo solar haciendo vibrar y rotar de izquierda a derecha como las manecillas de un reloj cuando lo miramos de frente. Este ejercicio puede hacerse una hora diaria. El mantra básico de este centro magnético es la vocal U. Esta vocal se puede vocalizar alargando el sonido así: UUUUUUUU. Un plexo solar bien despierto anima a todos los chacras del organismo maravillosamente.

Giros de los derviches

También existen determinadas posturas de meditación que no son estáticas. Por ejemplo, de la cultura musulmana son muy conocidas las danzas de los derviches. Reshad Feild, describe una escena del ritual giratorio de los derviches, de la siguiente manera:

Comenzó a girar, muy lentamente primero, sus brazos cruzados sobre el pecho. Poco a poco los giros se hicieron más rápidos; luego fue extendiendo los brazos mientras el ritmo aumentaba y el sonido del tambor se hacía más intenso… Estaba en perfecto equilibrio, con la cabeza levemente inclinada hacia atrás y a la izquierda. Sus ojos relucían… En el momento de mayor intensidad, el derviche detuvo su girar de manera repentina. No parecía estar mareado. Simplemente se detuvo, cruzó los brazos sobre el pecho e hizo una profunda reverencia.

Cuando los giros se hacen más rápidos el derviche despliega los brazos, y los mantiene abiertos, la mano izquierda palma arriba para recibir la gracia de Dios y la derecha palma abajo para pasarla a la tierra. Mientras gira, su mente se concentra en meditación en Dios y en su girar está en calma completa con una firme intención dirigida siempre hacia Dios.

Las inclinaciones y postraciones

Otro aspecto a mencionar son las inclinaciones y postraciones, muy típicas durante las liturgias de los diferentes cultos.

El pranayama egipcio, precisamente se caracteriza por sus postraciones al final del mismo. Concretamente después de realizar seis pranayamas completos, (inhalación-retención-exhalacion por las dos fosas nasales), el devoto se arrodilla en tierra. Coloca las palmas de las manos en el suelo tocándose entre sí los dedos pulgares. Inclinado hacia delante, postrado en tierra, con la cabeza hacia Oriente, apoya su frente sobre el dorso de sus manos, al estilo egipcio. Esta posición se acompaña de la mantralización, por siete veces consecutivas, del mantra RA.

En el culto católico, los monjes de diferentes órdenes han observado, tanto durante el culto como durante sus oraciones privadas o meditaciones, toda una serie de posturas místicas como son las inclinaciones, genuflexiones (de rodillas), postraciones, giros, etc.

Asanas principales de la iconografía hinduista y budista

Las asanas yoguicas, las podemos ver en la rica iconografía hinduista y budista. Deidades, budas y santos son representados en las posturas más variadas, en correspondencia a la enseñanza de la que son transmisores. Las principales asanas iconográficamente son, por orden alfabético:

-Alidhasana (también llamada ardhaparyanka), o postura tensa que se adopta al disparar un arco, soportando todo el peso con la pierna derecha (cuando se hace con la izquierda, se llama pratyalidhasana o natyasana).

– Ardhapadmasana o “de medio loto”, se denominan así a todo un conjunto de posturas en las que no se cruzan totalmente las piernas; por ejemplo, sentado sobre el suelo con las piernas dobladas y pegadas pero sin cruzarse, o semidobladas formando un rombo.

-Bhadrasana o “virtuosa”, más popularmente conocida como “la europea”, "la occidental"; cuando el personajes aparece sentado en un tronco o cualquier otro asiento, con las piernas colgando relajadamente, las rodillas separadas y los pies abiertos o cruzados por los tobillos. Característica del Budha Maitreya.

-Lalitasana, relacionada con el erotismo, aunque es una postura relajada, sentada con una pierna doblada sobre el asiento y la otra colgando; cuando la figura se encuentra en el suelo, una pierna se pliega hacia el hombre y la otra se dobla en el suelo (cuando el personaje es un noble o se sienta sobre un trono, se llama rajalilasana o “postura real”).

-Padmasana, o “postura del loto”, propia de los personajes en meditación, con las piernas entrecruzadas horizontalmente de manera que las plantas de los pies miren hacia arriba. Paryankasana, parecida a la anterior, pero que indica la naturaleza esotérica de la divinidad, pues sólo se ve una pierna, mientras la otra permanece oculta bajo la ropa.

-Pratyalidhasana, que indica desapego por lo material; es un postura erguida, cuando el personaje está de pie con la pierna derecha ligeramente flexionada.

-Sopashryasana es la postura sentada en cuclillas, con los tobillos cruzados, en la que los ascetas pasan mucho tiempo, para lo que se atan las rodillas al cuerpo con un trozo de tela patta.

-Yogamaharajalilasana o “gran postura real de yoga”, en la que las posiciones estáticas y dinámicas se combinan.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: