El Cristo Interior y el Lucifer

 

 

 

Oh primer misterio, a quien hube en un momento de olvidar.

¿Quién me alejó de ti?

¿Quién separó nuestra mirada que era una y única, y desvió la mía, haciendo que tomara como propios los pensamientos de otro?

¿Cómo pasó semejante cosa, que ahora no recuerdo donde estaba y quienes eran mis hermanos, mis iguales, mis pares?

¿Quién o qué misterio es ese que lanzado fuera de nosotros haló de mí la intención y le dio individualidad y querer de crear?

¿Cómo, lo que no era conocido por mí en el principio, agregado a mí ahora, hace que crea que no soy lo que soy, y me convence de que lo que ahora veo soy?

Es como si mis miembros quisieran ser por sí solos, o como si mi lengua creyese ser alguien, y ellos me desconocieran.

Me acostumbré a verme manos y lengua, y me confundí buscando a aquello que solo en mi ignorancia existía con manos y lengua.

Bienaventurados los que sufren, porque no están saciados cuando la verdad como agua llega a ofrecerse a sí misma como bebida de restauración.

Benditos los que esperaron y no se enquistaron en la materia, conformándose con la pasividad de la monotonía del ritmo que en el movimiento existe.

Benditos los que no se durmieron en creencias, y que no se petrificaron en ideas.

Benditos los que no saciados con nada de lo que experimentaron, aún continúan en tu búsqueda.

Benditos los que te rechazaron sin reconocerte, porque ellos han sufrido desilusión por creer que otros eras tú.

¿Por qué anhelaba tus cosas y no te anhelaba a ti?

Debido a que solo veía tu manifestación con los ojos de la carne, con búsqueda de sensación quise tus prodigios y no a ti.

No quiero conocer tu obra y detallarla sin haberte conocido a ti.

Terrible reflejo de engaño el que hizo que mi consciencia se separara de la tuya.

Me miré a mi mismo, y me revestí de lo imperfecto del espejo en el fondo de la creación.

Pensé que era yo lo que veía, y detrás de mi fui corriendo, y al llegar solo un reflejo…

Ahora tú, Amor de Padre, entregado a ti mismo en mí me salvas.

Emanado de ti, tú eres tú.

La materia me hizo olvidar y nunca dio alimento a lo que de ti se ha desprendido, mas te reconozco por el sencillo hecho de que la inquietud de buscar al encontrarte ha desaparecido.

Fuente, alimento, inagotable palabra de amor.

Todo lo que la materia me ha negado, eso tienes tú.

Gracias a ti, la materia no tiene lo que me das.

Lo que de ti es en mi, hambre y sed ha tenido, pero ahora ni siquiera los rayos del astro sol me confunden.

Luz que no es luz material, consciencia de si mismo y no de mi mismo, ven y rescátame, porque estoy cansado de construir hacia arriba y en las formas, en el caos y la creación, cuando solo debí encontrarte dentro.

Aunque humano, de la misma sustancia soy que tú.

ImageConcupiscencia-Lucifer es el misterio responsable de lo que hemos creado en nosotros, es quien enciende la materia coagulada en nuestras vértebras para que tenga vida efímera y se manifiesten sensaciones que no son más que el choque de la materia con la materia, la reacción entre la materia.

Cristo es el discernimiento para darnos cuenta de ello, la luz.

Lucifer es nuestra concupiscencia, que atrapa al hombre verdadero en nuestros propios infiernos.

Quitando nuestra atención de donde Lucifer la tiene encerrada, permitimos que el Cristo en nosotros nos rescate.

Lucifer activa las pasiones, las sensaciones, las emociones, y Cristo es quien en nosotros nos permite el discernimiento, romper las amarras hipnóticas que tienen sobre nosotros los cúmulos de energía coagulada y condensada que corresponde a nuestros defectos, que se encuentran alojados en las vértebras de las columnas, en las cámaras de ellas.

El error está en trabajar con Lucifer en el deseo por el deseo, en la sensación por la sensación, es decir, sin el Cristo, sin la renuncia, sin el propósito de desapego, sin inspiración.

Mateo 16:25: “Porque el que quiera salvar su vida la perderá, y el que pierda su vida por causa de mí la hallará.”

Lucifer siempre encenderá la materia caótica, siempre lo hará, porque él es quien le da vida transitoria al recuerdo con la concupiscencia y la inclinación al pecado, y Cristo en nosotros es mediante el rezo, la súplica, la entrega y la renuncia, la Luz que nos da el Don del discernimiento, de darnos cuenta, de distinguir en la oscuridad de las cámaras donde se encuentra tal materia sin vida ni luz.

Lucifer se hace pasar por un “Divino Entrenador”.

Lucifer es escalera para subir y escalera para bajar, mas no es el camino sino donde ponemos los pies para pararnos erguidos.

Trabajar con Lucifer por Lucifer es un error que conlleva a la caída.

Trabajar con Lucifer en nombre del Cristo y por el Cristo es la clave.

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