El principito

Lo más importante a saber, es que el principito, como bien
lo dice la palabra es un niño. Ese niño representa a nuestro ser interno, que
realmente es un niño. Dice en la Biblia algo así, "hasta que no seáis como
niños, no entrarán jamás al Reino de Los Cielos", tenemos que volvernos
niños, es decir encarnar esa parte divinal que tenemos dentro; es príncipe
justamente porque es el Hijo en la Tríada Divina. El principito quiere conocer
gente y cosas. El ser, toma cuerpo físico en esta tercera dimensión, únicamente
con el fin de aprender y autorealizarse.

El narrador, por ejemplo es un adulto que intenta razonar y actuar como un
niño, pero sabe que en realidad no lo es, que lo ha perdido pero intenta
recuperarlo. Es nuestra propia imagen, nuestro reflejo en la historia, el
personaje que nos identifica dentro de la novela y que nos hace ver cómo
deberíamos ver las cosas y cómo en realidad las vemos. Nosotros hemos perdido
todos los poderes, sentidos, valores, etc, a causa del ego. Que es justamente
lo que simbolizan los baobabs (al Ego en cuestión), los baobabs son unos
árboles, pero que son puramente simbolismo de los ramificaciones del ego.

“Cada nuevo día, me aportaba algún otro dato acerca del planeta, la partida, el
viaje. Durante el tercer día me enteré del drama de los baobabs. Fue gracias al
cordero, pues el principito me preguntó inquieto, como invadido por una gran
duda:



-¿Es cierto que los corderos comen arbustos?


-Sí, claro. Comen arbustos.


-¡Ah! ¡Qué alegría me da saberlo!


No me era posible comprender por qué era ello tan importante para el
hombrecito. Pero el principito agregó:


-De modo que comen también baobabs, ¿verdad?


Recordé al principito que los baobabs no son simples arbustos, sino grandes
árboles y que aún llevando consigo una tropilla de elefantes, no acabarían con
un sólo baobab.


La imagen de tropa de elefantes, hizo mucha gracia al principito:


-Habría que ponerlos unos sobre otros…


Luego observó sabiamente:


-Los baobabs, antes de crecer, comienzan siendo pequeños.


-¡Claro que sí! Lo que no entiendo es por qué sugieres que tus corderos coman a
los pequeños baobabs?


-¡Bueno! ¡Vamos! -contestó el principito como si allí estuviese la prueba. Tuve
que realizar un gran esfuerzo inteligente para acercarme por mis propios medios
al problema.


Como en todo sitio, también en el planeta del principito, existían hierbas
buenas y de las malas que resultaban naturalmente de semillas buenas y de malas
semillas. Ocurre que las semillas son invisibles y duermen en el secreto de la
tierra hasta el instante en que a una de ellas se le ocurre despertarse.
Lentamente comienza a estirarse creciendo tímidamente hacia el sol. Si se trata
de una planta mala, se la debe arrancar inmediatamente, en cuanto se la
reconoce como tal. Precisamente en el planeta del principito, había semillas
terribles. Eran las de los famosos baobabs. Podría decirse que el suelo estaba
infestado. Si un baobab no es arrancado a tiempo, ya no es posible luego.
Invade y perfora con sus raíces todo el planeta, pudiendo así producirse un
estallido.


“Es cuestión de disciplina”, decía el principito. “Cuando por la mañana uno
termina de arreglarse, debe proceder cuidadosamente a la limpieza y orden del
planeta. Hay que arrancar con regularidad a los baobabs apenas son distinguidos
entre los rosales, a los que se parecen mucho cuando son muy jóvenes. El
trabajo es fácil, pero muy aburrido”.


Me aconsejó un día, que intentara lograr un espléndido dibujo, para que entrara
bien en las cabezas de los niños de mi tierra. “Si algún día viajan-decía-
podrá serle de mucha utilidad. En algunas cosas, no es un inconveniente
importante dejar el trabajo para otro momento. Pero si se trata de los baobabs,
siempre es una catástrofe. Conocí en una oportunidad un perezoso habitante de
un planeta que descuidó tres arbustos…”


Dibujé aquél planeta según las indicaciones del principito.


Me desagrada ser moralista; pero verdaderamente el peligro de los baobabs es
poco conocido y los riesgos por quien pudiera llegar a extraviarse en algún
asteroide son tan importantes, que, en una excepción que me permito, salgo de
mi reserva y os digo: “Niños, cuidado con los baobabs!”


Trabajé largo rato sobre el dibujo, a fin de prevenir a mis amigos de semejante
peligro. Quizá os preguntéis: “¿Por qué no hay en este libro, otros dibujos tan
grandiosos como el de los baobabs?” La respuesta es que intenté hacerlos pero
sin éxito. En cambio con los baobabs, lo que me impulsó fue sencillamente la
urgencia.”

El cordero, simboliza al Cristo, esa fuerza que encarnamos cuando llegamos a
estados superiores en el camino esotérico. Y el Cristo es el único que puede
eliminar las cabezas de legión, pues nosotros, ni la Madre Divina puede con
ellos, sólo con la Fuerza del Cristo.


Cuando habla de que comienzan siendo pequeños los boababs es porque primero comienzan
como una simple larva creada por un impresion que no puede ser digerida por el
estado dormido de nuestra conciencia, y luego al ser alimentados, se van
haciendo cada vez más grandes. Luego dice que "son invisibles, que duermen en el
secreto de la tierra", simboliza a la psiquis dentro nuestro y que sólo puede
ser vista con los ojos internos, porque se encuentra en otra dimensión. Y habla
también de que ni una tropilla de elefantes podría tumbar a estos árboles, porque no se eliminan con la fuerza sino con la voluntad, la paciencia y la comprensión.
Está muy claro cuando dice, es sólo cuestión de disciplina, disciplina en el
trabajo psicológico. En todo momento hay que tratar de estar concientes, en
recuerdo de si, en autoobservación, para ir "arrancando" a esos
baobabs, al yo psicológico.

Con respecto al "viaje a los mundos", está hablando de un viaje
interno, no físico, hacia esos mundos o dimensiones superiores, en donde está
alojada la parte divinal, la única parte decente que tenemos dentro.


El "piloto perdido", no estamos seguros, pero creemos que simboliza a
nosotros en nuestro estado deplorable, con la conciencia totalmente dormida,
los sentidos atrofiados, y de que a veces no sabemos hacia dónde ir, estamos
perdidos muchas veces hasta en el mismo camino esotérico.

El Zorro: Vivía en la tierra y fue la persona quien le enseño una lección al
principito la cual decía, que no hay que juzgar a las personas por su
apariencia física sino valorarlas por su mentalidad y por lo que eran realmente
en la vida.

El
ser humano siempre se ha comportado ritualmente, hasta el punto de que no
resulta exagerado afirmar que el rito es un elemento constitutivo de la
existencia humana.
El ser humano, social como es, necesita manifestaciones externas para
relacionarse con el mundo y sus semejantes. 
A través de los ritos, el ser humano guía su existencia y pone orden en su
vida, con frecuencia desordenada, y en la relación con los demás, con
frecuencia turbulenta. Un ritual es una acción. Pero lo que hay que tener en
cuenta, que vivimos cargados de rutinas, tenemos que salirnos de esas rutinas que
sólo llevan a la mecanización. Tenemos que dejar de ser máquinas. Pero con
respecto al ritual esotérico, es diferente.
Los rituales eran
importantes para el zorro quien sin ésto no podría vivir tranquilo en su vida.
El ritual viene a simbolizar la organización que debemos tener en el trabajo
espiritual, que todo debe estar organizado
de antemano.
Luego le dice un secreto:

"Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo
esencial es invisible a los ojos"
. Únicamente se puede ver la esencia de
las cosas con otros ojos, los ojos del corazón. La esencia de las cosas es la
razón de ser de las cosas, lo mismo que ocurre con el Ser. El Ser es el Ser, y
la Razón de ser del Ser, es el mismo Ser. Todo sale del Uno y todo vuelve al
Uno. Lo esencial es invisible a los ojos, puesto que la mente siempre está
metida en el medio, siempre tendemos a razonar todo, a filtrarlo por la mente,
y la mente está ocupada por el ego, y éste actúa siempre como traductor de todo
lo que vemos, sentimos, oímos, etc.

En el desierto, el principito conoce una serpiente que tiene el poder de
devolverlo a su planeta. Después de pensarlo, el principito se despide
emotivamente del narrador y deja que la serpiente lo muerda. El principito
queda blanco como la nieve y, cuando el narrador busca su cuerpo al día
siguiente, éste ya no está, ya que al morir vuelve a su planeta. El simbolismo
de la serpiente que se muerde su propia cola, es decir, que se ha autorrealizado, como el símbolo del ouroboros, de una serpiente o dragón que se muerde su propia cola, es decir que resucitó.

Daiana Pensa

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3 responses to “El principito

  • Ximena

    Siempre había sido que había algo en ese libro!

  • hermetio 13

    que esta es la verdadera interpretacion de una de tantas obras obras hermeticas y que lamentablemente los docentes en las aulas oficiales interpretan de una manera materialista. el creador sea contigo

  • marichelo

    Me encanta la interpretacion mas o menos suponia algo asi.

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