Los misterios de la Vida y de la Muerte (parte2)

Resulta interesantísimo ver a esos gnomos o
pigmeos entre las rocas; parecen pequeños enanitos, con sus grandes
libros y su
lengua barba blanca. Obviamente, esto que nosotros decimos, que he dicho
en
pleno siglo veinte, pues resulta bastante extraño, porque la gente se ha
vuelto
ahora tan complicada, la mente se ha desviado tanto de las sencillas
verdades
de la Naturaleza,
que es difícil que ya pueda aceptar de buena gana estas cosas. Más bien
este
tipo de conocimientos los aceptan las gentes simples, sencillas,
aquellos que
no tienen tantas complicaciones en el intelecto.

En todo caso, quiero decirles que los
Elementales minerales, cuando ya ingresan en la evolución vegetal, se
hacen
interesantísimos. Cada planta es el cuerpo físico de un Elemental
vegetal; esos
Elementales de las plantas, tienen Conciencia, son inteligentes, y hay
grandes
esoteristas que saben manipularlos o manejarlos a voluntad. Resultan
bellísimos; quienes los conocen, pueden por medio de ellos actuar sobre
los
elementos de la
Naturaleza.

Un poco más allá de los Elementales
vegetales, tenemos a los Elementales del reino animal. Indubitablemente,
sólo
los Elementales vegetales avanzados tienen derecho a ingresar en
organismo
animales y siempre se comienza la evolución, en el reino animal, por
organismos
simples, sencillos, pero a medida que se va evolucionando, se va también
complicando la vida y llega el instante en que el Elemental animal puede
tomar
cuerpos orgánicos muy complejos. Posteriormente, se reconquista el
estado
humano que otrora se perdiera. Al llegar a este estadío, se le asignan a
los
Elementales, a la
Esencia,
a la Conciencia,
al Alma -como ustedes quieran definirla o explicarla- 108 existencias
nuevamente para su Auto-Realización Intima. Si durante las 108
existencias
nuevas no se consigue la Auto-Realización Intima del Ser,
prosigue la
rueda de la vida girando y entonces se desciende nuevamente entre las
entrañas
del reino mineral, con el propósito de eliminar -de la Esencia- los
elementos
indeseables que en una u otra forma se aderieron a la psiquis, y se
repite el
mismo proceso.

Conclusión: la rueda gira 3.000 veces. Si
en 3.000 ciclos, de 108 existencias cada uno, cada ciclo, no se
auto-realizan
las Esencias, toda puerta se cierra y la Esencia misma, convertida
simplemente en un
Elemental inocente, se sumerge entre el seno de la Gran Realidad,
es
decir, entre el Gran Alaya del Universo, entre el Espíritu Universal de
Vida o
Parabrahatman, como le denominan los indostanes, la Gran Realidad.

Esta es la vida, pues, de los que
descienden al interior de la
Tierra, después de la muerte. Vemos pues, que después
de la
desencarnación unos suben a los Mundos Superiores para unas vacaciones,
otros
descienden en las entrañas de la tierra y hay otros que se retornan en
forma
mediata o inmediata, se reincorporan, vuelven para repetir, de inmediato
también, su existencia aquí, en este mundo.

Mientras uno tenga que retornar o regresar,
pues tiene que repetir su propia vida. Ya vimos que la muerte es el
regreso al
punto de partida original; ya les expliqué también que después de la
muerte, en
la Eternidad,
en la Luz Astral,
dijéramos, tenemos que revivir la existencia que acaba de pasar. Ahora
les diré
que al volver, al retornar, al regresar, tenemos que repetir otra vez,
en el
tapete de la vida, o sobre el tapete de la existencia, toda nuestra
misma vida.

P.- Venerable Maestro: Usted nos ha hablado
del descenso de las Almas o Esencias al interior de la Tierra y de su
posterior
evolución, al salir del infernus, por los reinos mineral, vegetal y
animal,
hasta reconquistar el estado humano. También ha hablado de regresar esas
Esencias, después de la muerte. ¿En cual de los dos casos se refiere
usted a la Doctrina
de la
Transmigración de
las Almas?

R.- Bueno, en el primer caso mencioné
únicamente la ley de la
Transmigración de las Almas y aquéllas -Almas- que
cumplían
el ciclo de las 108 existencias, que les tocaba descender entre las
entrañas
del mundo y que posteriormente, muerto el Ego, volverían a evolucionar
desde el
mineral hasta el hombre. Esa es la
Doctrina de la Transmigración de las
Almas.

Ahora estoy hablando de la Doctrina del
Eterno
Retorno de todas las cosas, junto con esa otra Ley que se llama la
"Doctrina de la
Recurrencia". Si uno, en vez de descender entre las
entrañas del mundo, retorna en forma mediata o inmediata, aquí, al
mundo, es
obvio que tendrá que repetirse, sobre el tapete de la existencia, sobre
el
tapete del mundo, su misma vida, la vida que finalizó.

Ustedes me dirán que eso es demasiado
aburridor. Todos estamos aquí, repitiendo lo que hicimos en la pasada
existencia, en el pasado retorno. ¡Claro que sí es tremenda aburridor!
Pero los
culpables somos nosotros mismos, porque como ya les he dicho, un hombre
es lo
que es su vida; si nosotros no modificamos la vida, tendremos que
estarla
repitiendo incesantemente.

Desencarnamos y volvemos a tomar cuerpo
físico, ¿Para qué? Para repetir lo mismo. Y volvemos a desencarnar para
volver
a tomar cuerpo y repetir lo mismo, y llega el día en que tenemos que
irnos
"con nuestra música a otra parte", tenemos que descender entre las
entrañas del mundo, hasta la "Muerte Segunda". Pero uno puede evitar
estas repeticiones; estas repeticiones es lo que se conoce como la "Ley
de
Recurrencia": todo vuelve a ocurrir, tal como sucedió. Pero ¿por qué?
dirán ustedes, ¿por qué tiene que repetirse lo mismo? Bueno, esto merece
una
explicación.

Ante todo quiero que sepan que el
"yo" no es algo meramente autónomo o auto-consciente, o dijéramos muy
individual. Ciertamente, el "yo" es una suma de "yoes". La
psicología común y corriente, la psicología oficial, piensa en el
"yo" como una totalidad; nosotros pensamos en el "yo" como
una suma de "yoes", porque uno es el "yo" de la Ira, otro es el "yo"
de la Codicia,
otro es el "yo" de la
Lujuria, otro es el "yo" de la Envidia, otro es el
"yo" de la Pereza,
otro es el "yo" de la
Gula; son distintos "yoes", no hay un solo
"yo", sino varios "yoes" dentro de nuestro organismo.

Es obvio que la pluralidad del
"yo" le sirve de fundamento, pues, a la "Doctrina de los
muchos", tal como se enseña en el Tíbet Oriental. En apoyo de la
"Doctrina de los muchos", está el Gran Kabir Jesús. Dicen que él sacó
del cuerpo de María Magdalena siete demonios; no hay duda que se trata
de los
"siete pecados capitales": Ira, Codicia, Lujuria, Envidia, Orgullo,
Pereza, Gula. Cada uno de esos siete es cabeza de legión y como ya les
dije,
aunque tuviéramos mil lenguas para hablar y paladar de acero, no
alcanzaríamos
a enumerar todos nuestros defectos cabalmente.

Cada defecto es un "yo" en sí
mismo; así que tenemos muchos "yoes-defectos". Si calificamos de
"demonios" a tales "yoes-defectos", pues no estamos
equivocados.

En el Evangelio Crístico, se le pregunta al
poseso por su nombre verdadero y contesta: "¡Soy legión, mi verdadero
nombre es legión!" Así cada uno de nosotros, en el fondo, es legión y
cada
"yo-demonio" de la legión quiere controlar el cerebro, quiere
controlar los cinco centros principales de la máquina orgánica, quiere
descollar, subir, trepar al tope de la escalera, hacerse sentir, etc.

Cada "yo-demonio" es como una
persona dentro de nuestro cuerpo; si decimos que dentro de nuestra
personalidad
viven muchas personas, no estamos equivocados; en verdad, así es.

Así que, la repetición mecánica de los
diversos eventos de nuestra pasada existencia, se debe ciertamente a la
multiplicidad del "yo". Vamos a situar casos concretos: supongamos
que en una pasada existencia, a la edad de 30 años, nos peleamos con
otro
sujeto en la cantina -caso común de la vida-. Obviamente, el
"yo-defecto" de la Ira
fue el personaje principal de la escena. Después de la muerte, ese
"yo-defecto" continúa en la Eternidad y en la nueva existencia, ese
"yo-defecto" permanece en el fondo de nuestra subconsciencia,
aguardando que llegue la edad de los 30 años para volver a una cantina;
en su
interior hay resentimiento y desea encontrar al sujeto de aquel evento. A
su
vez, el otro sujeto, el que tomó parte del evento aquel trágico,
"cantinero", también tiene su "yo" -el "yo" que
quiere vengarse, que permanece en el fondo del subconsciente, aguardando
el instante
ese de entrar en actividad-.

Conclusión, llegada la edad de los 30 años,
el "yo" del sujeto, el "yo-ira", el "yo" que
formó parte de aquel evento trágico, metido en el subconsciente dice:
"Tengo que encontrarme con aquel hombre". A su vez, él dice: "Yo
tengo que encontrarme con ese". Y telepáticamente ambos se ponen de
acuerdo, y al fin se dan telepáticamente cita en alguna cantina, se
encuentran
físicamente, personalmente, en la nueva existencia, y repiten la escena,
tal
como sucedió en la pasada existencia.

Todo esto se ha hecho a espaldas de nuestro
intelecto, por debajo de nuestro intelecto, está por debajo de nuestro
razonamiento. Sencillamente hemos sido arrastrados a una tragedia, hemos
sido
arrastrados a la tragedia, hemos sido llevados, inconscientemente, a
repetir lo
mismo.

Ahora tengamos el caso de que alguien, a la
edad de 30 años, en su pasada existencia tuvo una aventura amorosa un
hombre
que tuvo una aventura con una dama. El "yo" aquel de la aventura
continúa vivo después de la aventura, y después de la muerte continúa
vivo en la
Eternidad. Al
regresar, al reincorporarnos en un nuevo organismo, aquel "yo" de la
aventura sigue vivo, aguarda en el fondo del subconsciente, en los
repliegues
más bien inconscientes de la vida de la psiquis. En momento de entrar en
una
nueva actividad, y al llegar a la edad de la aventura pasada, es decir a
los 30
años, dice: "bueno, ahora sí es el momento, ahora voy a salir a buscar
la
dama de mis ensueños". A su vez, el "yo" de la dama de sus
ensueños, el de la aventura, dice lo mismo: "este es el instante, voy a
buscar a aquel caballero". Y por debajo de la razón, los dos
"yoes" se las arreglan telepáticamente, ambos se hacen la cita y
arrastran cada uno la personalidad, todo eso a espaldas de la
inteligencia,
todo a espaldas del misnisterio de la intelectualidad, viene el
encuentro y se
repite la aventura.

Así que nosotros en verdad, aunque parezca
increíble, no hacemos nada, todo nos sucede, como cuando llueve, como
cuando
truena.

Un pleito que uno haya tenido por bienes terrenales, digamos, por nada
casi, el
"yo" de aquel pleito, después de la muerte sigue vivo y en la nueva
existencia sigue vivo, está escondido en los repliegues de la mente,
aguardando
el instante de entrar en actividad. Si aquel pleito fue a la edad de 50
años,
aguarda a que lleguen los 50 años y a la edad de 50 años dirá: "este es
mi
momento" y seguro que aquel con quien tuvo el pleito dirá también que
"es el momento", y se reencuentran para otro pleito similar y repiten
la escena. Entonces, nosotros realmente ni siquiera tenemos un libre
albedrío,
todo nos sucede, repito, como cuando llueve o como cuando truena.

Hay un pequeño margen de libre albedrío, es
muy poco. Imagínense ustedes, por un momento, un violín metido en dentro
de un
estuche: hay un margen muy mínimo para ese violín. Así es también
nuestro libre
albedrío: es casi nulo, lo que hay es un pequeño margen, imperceptible,
que si
lo sabemos aprovechar, puede suceder entonces que nos transformemos
radicalmente y nos liberemos de la
Ley de Recurrencia; pero hay que saberlo aprovechar.

¿Cómo? En la vida práctica tenemos que
volvernos nosotros un poquito más auto-observadores. Cuando uno acepta
que
tiene una psicología, comienza a observarse a sí mismo y cuando alguien
comienza a observarse a sí mismo, comienza también a volverse diferente a
todo
el mundo.

Es en la calle, es en la casa, es en el
trabajo donde nuestros defectos, esos defectos que llevamos escondidos
afloran
espontáneamente, y si estamos alertas y vigilantes, como el vigía en
época de
guerra, entonces los vemos. Defecto descubierto, debe ser enjuiciado a
través
del análisis, de la reflexión y de la meditación íntima del Ser con el
objeto
de comprenderlo. Cuando uno comprende a tal o cual "yo-defecto",
entonces está debidamente preparado para desintegrarlo atómicamente.

¿Es posible desintegrarlo? Sí es posible,
pero necesitamos de un poder que sea superior a la mente, porque la
mente por
sí misma no puede alterar, fundamentalmente, ningún defecto psicológico.
Puede
rotularlo con distintos nombres, puede pasarlo de un nivel a otro del
entendimiento, puede ocultarlo de sí misma o de los demás, puede
justificarlo o
condenarlo etc., pero jamás alterarlo radicalmente. Necesitamos de un
poder que
sea superior a la mente, un poder que pueda desintegrar cualquier
"yo-defecto";
ese poder está latente en el fondo de nuestra psiquis, sólo es cuestión
de
conocerlo para aprenderlo a usar. A tal poder en oriente, en la India, se le
denomina
"Devi Kundalini", "la Serpiente Ignea de nuestros mágicos
poderes". En la gran Tenochtitlan, se la denominaba "Tonantzin";
entre los alquimistas medievales recibe el nombre de "Stella Maris",
la "Virgen del Mar"; entre los hebreos tal poder recibía el nombre el
nombre de "Adonia"; entre los Cretenses se le conocía con el nombre
de "Cibeles"; entre los egipcios era "Isis, la Madre Divina, a
quien
ningún mortal ha levantado el velo"; entre los cristianos es María,
Maya,
es decir, Dios Madre.

Hemos pensado nosotros muchas veces en Dios
como Padre, pero bien vale la pena pensar en Dios como Madre, como Amor,
como
Misericordia. Dios Madre habita en el fondo de nuestra psiquis, es
decir, está
en el Ser. Podría decirles que Dios Madre es una parte de nuestro propio
Ser,
pero derivado.

Distíngase entre el Ser y el
"yo". El Ser y el "yo" son incompatibles, son como el agua
y el aceite, que no pueden mezclarse. El Ser es el Ser y la razón de ser
del
Ser, es el mismo Ser. El Ser es lo que es, lo que siempre ha sido y lo
que
siempre será; es la vida que palpita en cada átomo, como palpita en cada
Sol.

Así pues, Dios Madre es una variante de
nuestro propio Ser, pero derivado. Esto significa que cada cual, o
significa de
hecho que cada cual tiene su Madre Divina particular, individual.
Kundalini, le
dicen los indostanes, estoy de acuerdo con este término. Considero que
nosotros
podemos encontrar a la
Divina Madre Kundalini en meditación profunda, y
suplicarle
entonces que desintegre aquel "yo-defecto" que hemos comprendido
perfectamente, a través de la meditación. Las Divina Madre Kundalini
procederá
y lo desintegrará, lo reducirá a polvareda cósmica. Al desintegrar un
defecto,
libera esencia anímica, pues dentro de cada "yo-defecto" hay cierto
porcentaje de esencia anímica embotellada. Pero si se desintegra un
defecto, se
libera esencia anímica; si se desintegran dos defectos, pues de libera
más
esencia anímica, y si se desintegran todos los defectos psicológicos que
cargamos en nuestro interior, entonces liberamos totalmente la Conciencia.

Una Conciencia liberada es una Conciencia
que despierta. Una Conciencia despierta, es una Conciencia que podrá ver
oír,
tocar y palpar los grandes Misterios de la Vida y de la Muerte; es una
Conciencia que podrá experimentar
por misma y en forma directa, eso que es lo Real, eso que es la Verdad, eso que
está más
allá del cuerpo, de los afectos y de la mente.

Cuando a Jesús el gran Kabir, Pilatos le
preguntara cuál es la
Verdad,
guardó silencio, y cuando al Budha Gautama Sakyamuni, el príncipe
Sidharta, le
hicieron la misma pregunta, dio la espalda y se retiró. La Verdad es lo
desconocido de
momento en momento, de instante en instante; sólo con la muerte del Ego,
adviene a nosotros eso que es la
Verdad.

La
Verdad
hay que experimentarla, como
cuando uno mete el dedo en la lumbre y se quema. Una teoría, por muy
bella que
sea, con respecto a la
Verdad
no es la Verdad;
una teoría, digo, o una opinión, por muy venerable o respetable que sea,
con
relación a la Verdad
tampoco es la
Verdad. Cualquier idea que tengamos, con respecto a la Verdad no es la Verdad, aunque la
idea sea
muy luminosa. Cualquier tesis que nosotros podamos plantear sobre la Verdad, tampoco es la Verdad. La
Verdad hay
que experimentarla, repito, como cuando uno mete el dedo en la lumbre y
se
quema. Esta más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente, y la Verdad sólo puede
ser
experimentada en ausencia del "yo psicológico"; sin haber disuelto el
"yo", no es posible la experiencia de lo Real. El intelecto, por muy
brillante que sea, por muy hermosas teorías que posea, no es la Verdad. Como
dijera
Goethe, el creador del "Fausto": "toda teoría es gris y sólo es
verde el árbol de dorados frutos que es la vida".

Así que nosotros necesitamos desintegrar el
Ego de la psicología para liberar la Conciencia; sólo así podremos
llegar a
experimentar la Verdad.

Jesús el Cristo dijo: "Conoced la Verdad y ella os
hará
libres". Nosotros necesitamos experimentarla directamente. Cuando
alguien
consigue de verdad destruir el Ego, se libera de la Ley de Recurrencia,
hace de su
vida una obra maestra, se convierte en un genio, en un iluminado, en el
sentido
más completo de la palabra. Cuando alguien libera su Conciencia,
obviamente
conoce la Verdad.
Hay
que liberarla, y no es posible liberarla si no se disuelve el "yo" de
la psicología.

Quienes alaban al "yo", son
ególatras por naturaleza y por instinto. Al "yo" lo alaban los
mitómanos porque son mitómanos; al "yo" lo alaban los paranoicos,
porque son paranoicos y los ególatras porque son ególatras.

La vida, sobre la faz de la Tierra, sería
distinta si
nosotros disolviéramos el Ego, el "yo"; entonces la Conciencia de
cada uno
despierta, iluminada, irradiaría amor y habría paz sobre la faz de la Tierra.

La paz no es cuestión de propagandas, ni de
apaciguamientos, ni de ejércitos, ni de "O.E.A.S.", ni de
"ONUS", ni nada por el estilo; la paz es una substancia que emana del
Ser, que viene de entre las entrañas mismas del Absoluto. No puede haber
paz
sobre la faz del mundo, no podrá haber verdadera tranquilidad en todos
los
rincones de la Tierra,
en tanto los factores que producen guerras existan en el interior de
nosotros.
Es claro que mientras dentro de cada uno de nos haya discordia, en el
mundo
habrá discordia.

La masa no es más que una extensión del
individuo; lo que es el individuo, es la masa y lo que es la masa
exterior, es
el mundo. Si el individuo se transforma, si el individuo elimina de sí
mismo
los elementos del odio, del egoísmo, de la violencia, de la discordia,
etc., es
decir, si consigue destruir el Ego para que su Conciencia quede libre,
sólo
habrá en él eso que se llama "Amor". Si cada individuo de los que
pueblan la faz de la
Tierra
disolviera el Ego, las masas serían masas de Amor, no habrían guerras,
no
habrían odios; pero no podrá en verdad haber paz en el mundo, mientras
exista
el Ego.

Algunos afirman que desde el año 2.001 ó
2.007 en adelante, vendrá la era de la fraternidad, del amor y la paz.
Pero yo,
pensando aquí en voz alta, me pregunto a mí mismo, y hasta les pregunto a
ustedes: ¿de dónde van a sacar esa era de fraternidad, de amor y de paz
entre
"los hombres de buena voluntad"? ¿Creen ustedes acaso que el Ego de
la psicología con sus odios, con sus rencores, con sus envidias, con sus
ambiciones, con sus lujurias, etc., puede crear una edad de amor, de
felicidad,
etc., etc.? ¿Podría acaso darse ese asunto? ¡Obviamente que no!

Si queremos de verdad la paz en el mundo,
pues tenemos que morir en sí mismos, tiene que destruirse en nosotros lo
que
tenemos de inhumanos: el odio que cargamos, las envidias, los celos
espantosos,
esa ira que nos hace tan abominables, esa fornicación que nos hace tan
bestiales, etc. Más en tanto continúen existiendo tales factores dentro
de
nuestra psiquis, el mundo no podrá ser diferente; antes bien, se volverá
peor,
porque a través del tiempo el Ego se irá volviendo cada vez más
poderoso, más
fuerte, y conforme el Ego se manifieste con más violencia, el mundo se
irá
haciendo cada vez más tenebroso. Y al paso que vamos, si no trabajamos
sobre sí
mismos, llegará un día en que ya ni siquiera podremos existir, porque
unos a
otros nos destruiremos violentamente.

Si continuara robusteciéndose el Ego
indefinidamente, así como vamos, llegará el momento en que nadie podrá
tener
seguridad de su vida ni de su hogar. En un mundo donde la violencia ha
llegado
al máximo, ya nadie tiene seguridad de su propia existencia.

Así, creo firmemente que la solución de
todos los problemas del mundo está, precisamente, en la disolución del
"yo".

Cátedra dictada por el V. M. Samael Aun
Weor

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One response to “Los misterios de la Vida y de la Muerte (parte2)

  • ELS

    Esto a sido un verdadero despertar para mi, he descubierto cosas o practicas que podria atribuirle a mi esencia aun inconsientemente y todavia no se ni porque, pero me manendre descubriendolo, gracias!!!

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