La Reencarnación en las Religiones

La idea de reencarnación o palingenesia, término correspondiente del griego palin (de nuevo) y génesis (nacer), concepto por el cual entendemos que el alma de una persona que ha vivido en la Tierra puede volver a tener un cuerpo de nuevo, ya sea en nuestro planeta u en otro de características análogas, está recogido desde los tiempos remotos y encierra el mayor código de Justicia Divina. Encontrando una doctrina completamente consoladora, eminentemente justa, dando sentido a la vida al ser la llave que Dios nos da para nuestra felicidad futura. ( Libro de los Espíritus P.222)

Sócrates y Platón ya eran reencarnacionistas. En países orientales, cuna de estos preceptos, encontramos el Budismo diciendo que; en las vidas posteriores, tendrás las consecuencias de la actual (ley de acción y reacción). Los Druidas, sacerdotes celtas, defendían la inmortalidad del alma y la palingenesia. Los Egipcios eran uno de los pueblos más antiguos que compartían este pensamiento, con grandes conocimientos espirituales. Aunque al igual que Pitágoras, creían en la metempsicosis, siendo esto, que el alma de un hombre podía reencarnar en un animal, por lo tanto estarían retrocediendo dentro de la escala evolutiva. Esta teoría fue rechazada por muchos teólogos como Tertuliano, que compartía pensamientos reencarnacionistas. Fue un líder de la Iglesia y un prolífico escritor, aunque ha sido el Espiritismo quien mejor ha esclarecido esta cuestión. (“El Libro de los Espíritus” P.611 a 613).

En la actualidad encontramos más de treinta y siete religiones y filosofías que aceptan la reencarnación, dos tercios de la población mundial también comulga con esta idea, según estudios de National Geographic, y cada vez está más difundido por occidente.
Existe un temor en muchos opositores por no querer regresar a la Tierra, y situándonos en esta posición, no amamos la vida. Si la gran mayoría de las religiones y doctrinas del mundo defienden que somos espíritus inmortales habitando un cuerpo de carne. ¿Por qué no podemos habitarlo más de una vez?
Dentro de la Iglesia Católica, los primeros cristianos defendían la palingenesia, especialmente los gnósticos, con una visión mucho más introspectiva que retrospectiva, espiritualmente hablando. Orígenes (185 a 254 d.c.), considerado uno de los Padres de la Iglesia, se pronunció muy elocuentemente acerca de la reencarnación, creando una corriente muy fuerte dentro de la misma Iglesia de su época, junto con Santo Tomás de Aquino, fueron uno de los tres pilares de la Teología Cristiana. Dentro del pensamiento de este hombre esclarecido encontramos un punto erróneo, pues pensaba que encarnar siempre era un castigo, olvidando la necesidad de educación de las almas.

Se reunió un sínodo en Constantinopla, en el año quinientos cuarenta y tres, condenando la preexistencia del alma, pero sobre todo querían posicionarse en contra de Orígenes, aunque sería el II Concilio de Constantinopla, del año quinientos cincuenta y tres, el que marcó una fecha histórica, a partir del cual, la reencarnación queda proscrita de los fundamentos eclesiásticos, terminando con la controversia Origenista y abrazando los dogmas de cielo e infierno y las penas eternas. Este concilio fue llevado a cabo tras un contexto realmente curioso e interesante:
El Imperio Romano estaba dividido entre la zona de oriente (Constantinopla), donde residía el Emperador Justiniano y occidente (Roma) lugar en el cual localizamos al Papa Virgilio.
A Teodosia, la mujer del emperador, de extraordinaria belleza y que había sido cortesana, le incomodaban sus antiguas compañeras, ordenando exterminar a más de 500 mujeres, razón por la cual le decían que reencarnaría en esclava negra y tendría muchas muertes violentas para pagar sus pecados. Con gran pavor exigió al Cesar que condenase la reencarnación como doctrina herética, ya que ella no quería reencarnar, tras lo cual Justiniano ordenó al Papa que realizara un concilio en Constantinopla, obligándolo a ir cuando en realidad los concilios se realizaban en Roma. Además muy pocos obispos compadecieron y los que fueron, amenazados por el Papa, para quién los deseos de Teodosia eran ley, votaron tres votos a dos en contra de la preexistencia del alma. A partir de entonces más de un millón de personas fueron asesinadas por defender estos ideales.

Los fundamentos de la reencarnación los podemos observar en muchos de los pasajes de las Escrituras, pero antes de profundizar conviene examinar el origen de los Evangelios. Cristo no ha escrito nada y sus palabras fueron transmitidas de boca en boca. Fue desde el año 60 al 80 cuando aparecen los primeros escritos: Marcos, Mateo, Lucas y posteriormente Juan, no obstante se conocen entre veinte o treinta escritos apócrifos. Comenzaron formando iglesias y grupos cristianos y cada comunidad tenia sus Evangelios con disputas dogmáticas, hasta que Teodosio da la supremacía al Papa Dámaso para poner termino a estas diversidades de opinión, el cual confía a San Jerónimo para que en el año 384 realizara la traducción del Antiguo y Nuevo Testamento, que pasarían a ser las reglas de la Iglesia. Este Santo se encontraba, como él mismo decía, con tantas versiones como copias. Esta traducción oficial “La Vulgata” fue modificada en distintas épocas por orden de los pontífices, como hemos narrado anteriormente, y la mano del hombre quedará presente en los textos.

La doctrina es clara y sencilla en sus principios esenciales de amor y fraternidad, eso nadie lo puede discutir, pero había un sentido oculto en los Evangelios, accesible a los discípulos y los iniciados, con un pensamiento mucho más profundo y una comprensión filosófica; entonces había razones para ocultarlo bajo el mito, el milagro y la parábola, lo que en su doctrina iba a chocar con las ideas reinantes y amenazar a las instituciones políticas y religiosas, por tanto las oscuridades del Evangelio fueron calculadas intencionalmente. Después la política se introdujo en el Evangelio, tras la conversión de Constantino, con lo que el pensamiento profundo se alteró.
Tras este análisis histórico de los textos, podemos comprender por qué, gracias a este sentido oculto de las parábolas, podemos identificar la enseñanza de la reencarnación en palabras de Jesús de Nazaret, cuando bajando del monte los discípulos le preguntaron: “¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?”. Jesús les respondió: “Es cierto que Elías debe venir y que habrá de restaurar las cosas, pero yo os digo, Elías ya vino y no lo reconocieron, sino que lo han hecho sufrir cuanto quisieron. Así también darán muerte al hijo del hombre”. Entonces los discípulos entendieron que hablaba de Juan Bautista. (San Mateo 17:9 al 13). Por lo tanto si Juan Bautista era Elías entonces el espíritu de Elías reencarnó en el cuerpo de Juan el Bautista.

También podemos identificar la transmigración del alma en el dialogo con Nicodemo: ”En verdad, en verdad os digo, nadie podrá ver el reino de Dios si no naciere de nuevo”. Pregunta Nicodemo: “¿Cómo puede el hombre nacer de nuevo siendo ya viejo?”. Explica Jesús: “Si un hombre no nace del agua y del espíritu no podrá entrar en el reino de Dios… (Juan cap3: 1 al 12). En ente pasaje se refiere Jesús claramente a la reencarnación: “Si no naciere de nuevo”.

Por otra parte cuando dice Jesús: “Si el hombre renace de agua y del Espíritu” aunque se crea que se refiere a lo que posteriormente seria el sacramento del bautismo, bajo este simbolismo, cualquier persona analítica identificaría la reencarnación. El cuerpo carnal está compuesto por un 70% de agua aproximadamente, con lo que al decir si el hombre no renace del agua se está refiriendo al cuerpo físico.
En otras circunstancias expone: “Lo que es nacido de carne, carne es y lo que es nacido de espíritu, espíritu es”.

Sólo queda aclarar la controversia con respecto a la “Resurrección”. La resurrección de la carne debemos entenderla como reencarnación, y la resurrección del espíritu, es la inmortalidad del alma. Cuando en los textos nos hablan de la resurrección de Lázaro, el caso de la hija de Jairo (Mateo 9: 18 al 26), y el hijo de la viuda de Naim (Lucas 7: 11 al 17); lo que ocurría técnicamente, era un fenómeno denominado catalepsia ( El Libro de los Espíritus P.422 a 424), por lo que no estaban realmente muertos, sino que permanecían adormecidos. Es contrario a la razón considerar que cuerpos volatizados, despedazados, incinerados…, puedan resucitar en un contexto material. Debemos analizar y mirar con los ojos del espíritu para comprender los textos. Cuando pretendemos estudiarlos literalmente, estamos sesgando nuestro libre albedrío, imponiéndonos barreras mentales de difícil superación tras el sepulcro.

“Nacer, Morir, Renacer de nuevo y progresar sin cesar, tal es la ley”.

Allan Kardec ilumina todas las religiones y filosofías. En la “Revue Spirite” (Mayo de 1858-Nº5 pag.136) nuestro ilustre codificador de Lyon, aclarando al diario L’Univers, dice que: “El verdadero carácter de esta doctrina es el de una ciencia y no el de una religión, y prueba de esto es que entre sus adeptos encontramos hombres de todas las creencias, sin renunciar a sus convicciones…”

León Denís nos dice: “El espiritismo no es una religión, aunque tiene consecuencias morales, pero aparece en el mundo con la antorcha en la mano y su luz va a iluminar y fecundar a todas las religiones. Es una creencia basada sobre hechos, progresa con la humanidad para unir a todos los seres elevándolos a una concepción cada vez más amplia de Dios, del destino y del deber”.

Sin pretender tener exclusivismo, los espíritus nos enseñan que podemos evolucionar por diferentes caminos. En la Tierra estamos encarnados espíritus con diferencia en evolución moral e intelectual, por eso encontramos diversidad de doctrinas, ya que según nuestra matriz espiritual, encajamos mejor en una creencia que en otra y lo que para una encarnación está muy bien, para otra puede resultar insuficiente. Entonces la persona buscará hasta encontrar lo que su razón pueda asimilar.Debemos ser consecuentes con nuestros pensamientos, ya que hay muchas religiones y poca religiosidad.

Querido lector con esta exposición puede sacar sus propias conclusiones, sin ánimo de ofender a nadie, pues todos somos realmente libres de pensar como nos plazca e identificarnos con el pensamiento acorde a nuestra conciencia.

Quería terminar con una frase de Mahatma Gandhi, alma ilustre que legó a la humanidad bendiciones como esta: “Para mi, las diferentes religiones son lindas flores provenientes del mismo jardín o son ramas del mismo árbol majestuoso, por tanto son todas verdaderas”.

Javier Gargallo

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