Archivo de la categoría: Cuentos y Reflexiones

El Don de las estrellas

Aléjate de la muchedumbre y de su afán infructuoso de fama y oro.
Nunca vuelvas atrás la vista, una vez que hayas cerrado tu puerta al deplorable tumulto de la codicia y la ambición.

Enjúgate las lágrimas del fracaso y el infortunio.

Pon a tu lado tu onerosa carga y descansa hasta que tu corazón haya recuperado la calma.
Consérvate en paz, es ya más tarde de lo que piensas, pues tu vida terrena en el mejor de los casos, no es más que un parpadeo entre dos eternidades.
Desecha todo temor. Nada puede dañarte aquí, sólo tú mismo.

Haz aquello que temes y aprecia con orgullo esas victorias.

Concentra tu energía, estar en todas partes es tanto como no estar en ninguna.
Sé celoso de tu tiempo, porque es tu mejor tesoro.
Recapacita sobre tus metas.

Antes de permitir que tu corazón se aficione demasiado a algo, examina la felicidad de que gozan los que ya tienen lo que tú deseas.

Ama a tu familia y ten presente tu ventura, piensa con cuánto afán la buscarías si no la poseyeras.

Haz a un lado tus sueños imposibles y lleva al cabo la tarea que tienes a tu alcance, por desagradable que sea. Todos los grandes éxitos resultan de trabajar y saber esperar.
Sé paciente. Los retrasos de Dios no son negativos.

Espera. Mantente firme. Ten presente que tu tesoro siempre está cerca.
Lo que siembres, bueno o malo, eso será lo que coseches.

Nunca culpes a los demás por tu situación. Eres lo que eres por decisión tuya, eso es todo.

Aprende a vivir en una pobreza honrada, si así debe ser, y ocúpate en cosas más importantes que en llevarte oro a la tumba.

Nada de hacer concesiones a la dificultad.

La ansiedad es la herrumbre de la vida, y cuando agregas las cargas de mañana a las de hoy, su peso resulta intolerable.
Aléjate de la compañía del quejumbroso y da más bien gracias por tus derrotas. No las sufrirías si no las necesitarías.
Aprende siempre de los demás. El que se enseña a sí mismo tiene por maestro a un necio.
Sé cuidadoso. No graves tu conciencia. Lleva tu vida como si tuvieras que pasarla en una palestra llena de gente chismosa.

Evita la fanfarronería, si ves en tí algo que te llena de orgullo, obsérvate más de cerca y encontrarás materia más que suficiente para humillarte.
Sé sensato.

Date cuenta de que no todos los hombres han sido creados iguales, porque no hay igualdad en la naturaleza. Sin embargo, jamás ha nacido un hombre cuyo trabajo no haya nacido con él.

Trabaja cada día como si fuera el primero, pero trata con ternura las vidas que tocas, como si todas debieran acabarse a medianoche.
Ama a todos, incluso a los que te repudien, el odio es un lujo que no puedes permitirte.
Busca a los menesterosos. Aprende que el que da con una mano recogerá siempre con las dos.

Consérvate en buen estado de ánimo. Por encima de todo recuerda que se necesita muy poco para llevar una vida felíz.

Mira hacia arriba. Camina siempre adelante. Aférrate a Dios con sencillez y recorre en silencio tu sendero hacia la eternidad, con caridad y con una sonrisa.
Cuando partas, todos dirán que tu legado fue dejar un mundo mejor que el que tú encontraste.


Vive en positivo!

Si prestas atención a lo que te pasa y sientes en este momento y haces lo que tu corazón te indica.
Si dejas de cerrarte y quejarte y tomas cada posibilidad que te da la vida como un aprendizaje.
Si vives intensamente cada momento, estarás sanando tu pasado y creando un futuro sorprendente.
Te sentirás tan bien que será un placer estar contigo, y además estarás ofreciendo un modelo a seguir a los que estan a tu lado.
Estarás contenido y sostenido por la vida, tu actitud positiva y alegre te permitirá resolver cualquier dificultad que se presente por difícil que sea porque estarás abierto a la energía que fluye del universo.

Publicado por Dra Elida Bentancor



La lucha del alma

Vivo sin saber que vivo
en una selva oscura
 que le llaman vida.
Vivo con fieras temibles
que ofuscan mi cuerpo
y dominan mi vida.
Fieras que asaltan mi mente
que no tienen llene
y siempre merodean
Lucho con valor troyano
pero siempre escapan
cuando están heridas.
Guerra que se libra a muerte
en cada momento
turbio de mi vida.
Siempre que no este yo ausente
porque si me yo duermo
sufro la agonía.
Vamos individuo ufano
graco disidente
¡no dobles la espalda!. 
Espera con paciencia el arma
que traerá la calma
y que Dios te envía.
Y de mano de una bella diosa
que empuña azarosa
el cayado en llamas.
Y esas bestias horrorosas
cuando creen que ganan
¡serán calcinadas!.

Kland

http://letrasdekland.obolog.com/lucha-alma-270716


La llamada al Titán

Extraído de: http://letrasdekland.obolog.com/

Oh poderoso titán
levanta la cabeza del lodo,
cuanto hace que yaces alli
entre ese sueño de hierro y delirio.

Demaciado tiempo
entre el sonido sordo del ayer,
demaciado tiempo entre el olvido del SER.

Tu padre se cansa de llamarte:
¡Hijo recuerda tu hogar!,
levanta la frente, esclavo del deseo
levanta tu faz, hijo perdido.

Oh poderoso Titán
la noche de los siglos te cubre,
tu origen alto has olvidado
¡vuelve a las memorias del glorioso pasado!.

Tu madre te parió
entre las llamas radiantes del sol,
tu padre te bautisó
entre la luz omniciente del SOY.

Te buscaron una noble cuna
y una casa nueva te abrigó,
un pequeño barco azul
como sobria escuela, tu mentor.

Creciste magnánimo y libre
terrible poder de ti fué floreciendo,
¡Ay por los villanos y crueles!
su vida entre tus manos se fue deteniendo.

Pero el poder corrompe y ciega
si no hay en tu interior sabiduria,
y tus entrañas se llenaron de placer
al conocer la tentación de la caida.

Oh poderoso Titán
ruedas en el fango ya hace mucho,
y en cada giro una cadena vas forjando.

¡Levanta la cabesa del lodo!
la aurora del SER te esta llamando,
tu padre a la verdad te esta empujando
y tu madre no deja de llorar por ti…..

Kland


Oración de Indios Sioux (Norteamérica)

¡Oh gran espiritu!

Cuya voz escucho en el viento,

Cuyo aliento da vida al mundo.

¡Escuchame!

Vengo a ti,

uno de tus muchos hijos

soy débil y pequeño

necesito tu fuerza,

y tu sabiduría

déjame caminar entre las cosas hermosas,

y haz que mis ojos admiren

la puesta del sol dorada.

Haz que mis manos respeten

lo que tu haz creado,

y que mis oídos sean agudos

para oir tu voz.

Hazme sabio

para así reconocer la sabiduría

para así conocer las cosas que has escondido en cada hoja y en cada roca.

Busco tu fuerza,

no para ser superior a mis hermanos,

sino para ser diestro en combatir a mi mayor enemigo:

yo mismo.

Haz que siempre este dispuesto a ir hacia ti con las manos limpias y la vista recta.

Así, cuando la vida se apague como la luz del atardecer,

mi espiritu podrá ir hacia ti sin pudor alguno.


La leyenda de Toro Bravo y Nube Azul (Indios Sioux)

Cuenta una vieja leyenda, que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Azul, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.
– Nos amamos -empezó el joven.
– Y nos vamos a casar -dijo ella.
– Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, o un talismán; algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos, que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar la muerte.
– Por favor -repitieron-¿hay algo que podamos hacer?
El viejo los miró y se emocionó al verlos tan jóvenes, tan enamorados y tan anhelantes esperando su palabra.
– Hay algo – dijo el viejo- pero no sé, es una tarea muy difícil y sacrificada.
– Nube Azul -dijo el brujo- ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos. Deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de luna llena. ¿Comprendiste?
– Y tú, Toro Bravo -siguió el brujo- deberás escalar la montaña del Trueno. Cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas, y solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva…el mismo día en que vendrá Nube Azul ¡Salgan ahora!
Los jóvenes se abrazaron con ternura y luego partieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte y él hacia el sur.
El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con las bolsas que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas, eran verdaderamente hermosos ejemplares.
– Y ahora qué haremos -preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre?
– No – dijo el viejo.
– ¿Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne? -propuso la joven. – No -repitió el viejo- Harán lo que les digo: tomen las aves y atenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.
El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse por el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.
– Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón, si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse el uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure: ¡VUELEN JUNTOS, PERO JAMÁS ATADOS!

Un matrimonio perfecto es la unión de dos seres: uno que ama más, y otro que ama mejor. El Amor es la mejor religión asequible.

Hermes Trismegisto, el tres veces grande Dios Ibis de Thot, dijo: “te doy Amor, en el cual está contenido todo el sumum de la sabiduría”.

¡Cuán noble es el ser amado, cuán noble es la mujer, cuando en verdad están unidos por el vínculo del Amor! Una pareja de enamorados se torna mística, caritativa, servicial. Si todos los seres humanos viviesen enamorados, reinaría sobre la faz de la Tierra la felicidad, la paz, la armonía, la perfección.


La vida es un espejo (Mahatma Gandhi)

Le Preguntaron a Mahatma Gandhi cuáles son los factores que destruyen al ser humano. Él respondió así: La Política sin principios, el Placer sin compromiso, la Riqueza sin trabajo, la Sabiduría sin carácter, los Negocios sin moral, la Ciencia sin humanidad y la Oración sin caridad. La vida me ha enseñado que la gente es amable, si yo soy amable; que las personas están tristes, si estoy triste; que todos me quieren, si yo los quiero; que todos son malos, si yo los odio; que hay caras sonrientes, si les sonrío; que hay caras amargas, si estoy amargado; que el mundo está feliz, si yo soy feliz; que la gente es enojona, si yo soy enojón; que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido. La vida es como un espejo: Si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa. La actitud que tome frente a la vida, es la misma que la vida tomará ante mí. “El que quiera ser amado, que ame”.

Obstáculos

Voy andando por un sendero.
Dejo que mis pies me lleven.
Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorte la silueta de una ciudad. Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae.
Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta ciudad. Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.
Me imagino que todo eso está en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa.
Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso. Temo… dudo.
Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto… Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando.
Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado. Me sorprende un abismo que detiene mi camino. Me detengo. Imposible saltarlo
Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que está allí para construir un puente. Nunca he sido hábil con mis manos… Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo… y resisto.
Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado… descubro el muro. Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños…
Me siento abatido… Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca… No dejaré que el muro impida mi paso.
Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire… De pronto veo, a un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad.
Me recuerda a mí mismo… cuando era niño.
Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja: -¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?
El niño se encoge de hombros y me contesta: -¿Por qué me lo preguntas a mí?
 
Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras… Los obstáculos los trajiste tú.

El té

Un importante catedrático universitario se encontraba últimamente en extraños estados de ánimo: se sentía ansioso, infeliz y si bien creía ciegamente en la superioridad que su saber le proporcionaba, no estaba en paz consigo mismo ni con los demás. Su infelicidad era tan profunda cuan su vanidad. En un momento de humildad había sido capaz de escuchar a alguien que le sugería aprender a meditar como remedio a su angustia. Ya había oído decir que el zen era una buena medicina para el espíritu.

En su región vivía un excelente maestro y el profesor decidió visitarle para pedirle que le aceptara como estudiante.

Una vez llegado a la morada del maestro, el profesor se sentó en la humilde sala de espera y miró alrededor con una clara -aunque para él imperceptible- actitud de superioridad. La habitación estaba casi vacía y los pocos ornamentos sólo enviaban mensajes de armonía y paz. El lujo y toda ostentación estaban manifiestamente ausentes.

Cuando el maestro pudo recibirle y tras las presentaciones debidas, el primero le dijo: “permítame invitarle a una taza de té antes de empezar a conversar”. El catedrático asintió disconforme. En unos minutos el té estaba listo. Sosegadamente, el maestro sacó las tazas y las colocó en la mesa con movimientos rápidos y ligeros al cabo de los que empezó a verter la bebida en la taza del huésped. La taza se llenó rápidamente, pero el maestro sin perder su amable y cortés actitud, siguió vertiendo el té. El líquido rebosó derramándose por la mesa y el profesor, que por entonces ya había sobrepasado el límite de su paciencia, estalló airadamente tronando así: ” ¡ Necio ! ¿ Acaso no ves que la taza está llena y que no cabe nada más en ella ?”. Sin perder su ademán, el maestro así contestó: “Por supuesto que lo veo, y de la misma manera veo que no puedo enseñarte el zen. Tu mente ya está también llena”.

Por: Marc E. Boillat de Corgemont Sartorio

El sabio

Un sabio, cierta tarde, llegó a la ciudad de Akbar. La gente no dio mucha importancia a su presencia, y sus enseñanzas no consiguieron interesar a la población. Incluso después de algún tiempo llegó a ser motivo de risas y burlas de los habitantes de la ciudad.

Un día, mientras paseaba por la calle principal de Akbar, un grupo de hombres y mujeres empezó a insultarlo. En vez de fingir que los ignoraba, el sabio se acercó a ellos y los bendijo.

Uno de los hombres comentó:

– “¿Es posible que, además, sea usted sordo? ¡Gritamos cosas horribles y usted nos responde con bellas palabras!”.

“Cada uno de nosotros sólo puede ofrecer lo que tiene” -fue la respuesta del sabio-.