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El Gran Secreto

 
Este escrito forma parte de un artículo escrito por el insigne Rosacruz Alphonse Constant (Eliphas Levi) que, posteriormente, fué publicado como parte de su obra póstuma «El Gran Arcano del Ocultismo Revelado». Su lenguaje es  rebuscado, muy propio de los escritores europeos de mediados del siglo XIX, pero los conceptos que vierte son de gran interés,  razón por la cual lo publicamos para su deleite.


Sabiduría, moralidad, virtud: palabras respetables, pero vagas, sobre las cuales se disputa  desde hace muchos siglos pero sin haber conseguido entenderlas.

Querría ser sabio, mas  ¿tendré yo la certeza de mi sabiduría, mientras crea que los locos son más felices y hasta más alegres que yo?

Es preciso tener buenas costumbres, pero todos somos algo niños: las moralidades nos adormecen. Y es que nos enseñan moralidades tontas que no convienen a nuestra naturaleza. Hablamos de lo que no nos interesa y pensamos en otra cosa. 

Excelente cosa es la virtud: su nombre quiere decir fuerza, poder. El mundo subsiste por la virtud de Dios. Mas ¿en qué consiste para nosotros la virtud? ¿Será una virtud para enflaquecer la cabeza o suavizar el  rostro? ¿Llamaremos virtud a la simplicidad del hombre de bien que se deja despojar por los bellacos? ¿Será virtud abstenerse en el temor de abusar? ¿Qué pensaríamos de un hombre que no andase por miedo de quebrarse una pierna? La virtud, en todas las cosas, es lo opuesto de la nulidad, del sopor y de la impotencia.

La virtud supone la acción; pues si ordinariamente oponemos la virtud a las pasiones es para demostrar que ella nunca es pasiva.

La virtud no es solamente la fuerza, es también la razón directora de la fuerza. Es el poder equilibrante de la vida.

El gran secreto de la virtud, de la virtualidad y de la vida, sea temporal, sea eterna, puede formularse así:

El arte de balancear las fuerzas para equilibrar el movimiento.

El equilibrio que se necesita alcanzar no es el que produce la inmovilidad, sino el que realiza el movimiento. Pues la inmovilidad es muerte y el movimiento es vida.

Este equilibrio motor es el de la propia Naturaleza. La Naturaleza, equilibrando las fuerzas fatales, produce el mal físico y la destrucción aparente del hombre mal equilibrado. El hombre se libera de los males de la Naturaleza sabiendo sustraerse a la fatalidad de las circunstancias por el empleo inteligente de su libertad. Empleamos aquí la palabra fatalidad, porque las fuerzas imprevistas e incomprensibles para el hombre necesariamente le parecen fatales, lo que no indica que realmente lo sean.

La Naturaleza ha previsto la conservación de los animales dotados de instinto, pero también dispone todo para que el hombre imprudente perezca.

Los animales viven, por así decirlo, por sí mismos y sin esfuerzos. Sólo el hombre debe aprender a vivir. La ciencia de la vida es la ciencia del equilibrio moral.

Conciliar el saber y la religión, la razón y el sentimiento, la energía y la dulzura es el fondo de ese equilibrio.

La verdadera fuerza invencible es la fuerza sin violencia. Los hombres violentos son hombres débiles e imprudentes, cuyos esfuerzos se vuelven siempre contra ellos mismos.

El afecto violento se asemeja al odio y casi a la aversión.

La cólera hace que la persona se entregue ciegamente a sus enemigos. Los héroes  que describe el poeta griego  Homero, cuando combaten, tienen el cuidado de insultarse para entrar en furor recíprocamente, sabiendo de antemano, con todas las probabilidades, que el más furioso de los dos será vencido.

El fogoso Aquiles estaba predestinado a perecer desgraciadamente. Era el más altivo y el más valeroso de los griegos y sólo causaba desastres a sus conciudadanos.

El que hace tomar Troya es el prudente y paciente Ulises, que sabe siempre contenerse y sólo hiere con golpe seguro. Aquiles es la pasión y Ulises la virtud, y es desde este punto de vista que debemos tratar de comprender el alto alcance filosófico y moral de los poemas de Homero.

Sin duda que el autor de estos poemas era un iniciado de primer orden, pues el Gran Arcano de la Alta Magia práctica está entero en la Odisea.

El Gran Arcano Mágico, el Arcano único e incomunicable tiene por objeto poner, por así decirlo, el poder divino al servicio de la voluntad del hombre.

Para llegar a la realización de este Arcano es preciso SABER lo que se debe hacer, QUERER lo exacto, OSAR en lo que se debe y CALLAR con discernimiento.

El Ulises de Homero  tiene, en contra de sí, a los dioses, los elementos, los cíclopes, las sirenas, Circe, etc., es decir, a todas las dificultades y todos los peligros de la vida.

Su palacio es invadido, su mujer es asediada, sus bienes son saqueados, su muerte es resuelta, pierde sus compañeros, sus navíos son hundidos; en fin, queda solo en su lucha contra la noche y el mal. Y así, solo, aplaca a los dioses, escapa del mal, ciega al cíclope, engaña a las sirenas, domina a Circe, recupera su palacio, libera a su mujer, mata a los que querían matarlo, y  todo, porque quería volver a ver a Itaca y a Penélope, porque sabía escapar siempre del peligro, porque se atrevía con decisión y porque callaba siempre que fuera conveniente no hablar.

Pero, dirán contrariados los amantes de los cuentos azules, esto no es magia.  ¿No existen talismanes, yerbas y raíces que hacen operar prodigios? ¿No hay fórmulas misteriosas que abren las puertas cerradas y hacen aparecer los espíritus? Háblanos de esto y deja para otra ocasión tus comentarios sobre la Odisea.

Si habéis leído mis obras precedentes, sabéis entonces que reconozco la eficacia relativa de las fórmulas, de las yerbas y de los talismanes. Pero éstos apenas son pequeños medios que se enlazan a los pequeños misterios. Os hablo ahora de las grandes fuerzas morales y no de los instrumentos materiales. Las fórmulas pertenecen a los ritos de la iniciación; los talismanes son auxiliares magnéticos; las yerbas corresponden a la medicina oculta, y el propio Homero no las desdeñaba. El Moly, el Lothos y el Nepenthes  tienen su lugar en estos poemas, pero son ornamentos muy accesorios. La copa de Circe nada puede sobre Ulises, que conoce sus efectos funestos y sabe eludir el beberla. El iniciado en la alta ciencia de los magos nada tiene que temer de los hechiceros.

Las personas que recorren la magia ceremonial y van a consultar adivinos se asemejan a los que, multiplicando las prácticas de devoción, quieren o esperan suplir con ello la religión verdadera. Dichas personas nunca estarán satisfechas de vuestros sabios consejos. Todas esconden un secreto que es bien fácil de adivinar, y que podría expresarse así: «Tengo una pasión que la razón condena y que antepongo a la razón; es por eso que vengo a consultar al oráculo del desvarío, a fin de que me haga esperar, que me ayude a engañar mi conciencia y me de la paz del corazón».

Van así a beber en una fuente engañosa que después de satisfacerles la sed la aumenta cada vez más. El charlatán suministra oráculos oscuros y la gente encuentra en ellos lo que quiere encontrar y vuelve a buscar más esclarecimientos. Regresa al día siguiente, vuelve siempre, y de ese modo son los charlatanes los que hacen fortuna.

Los Gnósticos basilidianos decían que Sophia, la sabiduría natural del hombre, habiéndose enamorado de sí misma, como el Narciso de la mitología clásica, desvió la mirada de su principio y se lanzó fuera del circulo trazado por la luz divina llamada pleroma. Abandonada entonces a las tinieblas, hizo sacrilegios para dar a luz. Pero una hemorragia semejante a la que alude el Evangelio, le hizo perder su sangre, que se iba transformando en monstruos horribles. La más peligrosa de todas las locuras es la de la sabiduría corrompida.

Los corazones corrompidos envenenan toda la naturaleza. Para ellos el esplendor de los bellos días es apenas un ofuscante tedio y todos los goces de la vida, muertos para estas almas muertas, se levantan delante de ellas para maldecirlas, como los espectros de Ricardo III:  «desespera y muere». Los grandes entusiasmos les hacen sonreír y lanzar al amor y a la belleza, como para vengarse, el desprecio insolente de Stenio y de Rollon. No debemos dejar caer los brazos acusando a la fatalidad; debemos luchar contra ella y vencerla. Aquellos que sucumben en ese combate son los que no supieron o no quisieron triunfar. No saber es una disculpa, pero no una justificación, puesto que se puede aprender. «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen», dijo el Cristo al expirar. Si fuese permitido no saber la oración del Salvador habría sido inexacta y el Padre nada hubiera tenido que perdonarles.

Cuando la gente no sabe, debe querer aprender. Mientras no se sabe es temerario osar, pero siempre es bueno saber callar. ¡Paz Profunda! 


Tao Te Ching

I

El Tao que puede ser expresado no es el verdadero Tao. El nombre que se le puede dar no es su verdadero nombre. Sin nombre es el principio del universo; y con nombre, es la madre de todas las cosas. Desde el no-ser comprendemos su esencia; y desde el ser, sólo vemos su apariencia. Ambas cosas, ser y no-ser, tienen el mismo origen, aunque distinto nombre. Su identidad es el misterio. Y en este misterio se halla la puerta de toda maravilla.

II

Todo el mundo toma lo bello lo bello, y por eso conocen qué es lo feo. Todo el mundo toma el bien por el bien, y por eso conocen qué es el mal. Porque, el ser y el no-ser se engendran mutuamente. Lo fácil y lo difícil se complementan. Lo largo y lo corto se forman el uno de otro.  Lo alto y lo bajo se aproximan. El sonido y el tono armonizan entre sí. El antes y el después se suceden recíprocamente. Por eso, el sabio adopta la actitud de no-obrar y practica una en sin palabras. Todas las cosas aparecen sin su intervención. Nada usurpa ni nada rehúsa. Ni espera recompensa de sus obras, ni se atribuye la obra acabada, y por eso, su obra permanece con él.

III

No ensalzar los talentos para que el pueblo no compita. No estimar lo que es difícil de adquirir para que el pueblo no se haga ladrón. No mostrar lo codiciable para que su corazón no se ofusque. El sabio gobierna de modo que vacía el corazón, llena el vientre, debilita la ambición, y fortalece lo huesos. Así evita que el pueblo tenga saber ni deseos  para que los más astutos no busquen su triunfo. Quien practica el no-obrar todo lo gobierna. 

IV

El Tao es vacío, imposible de colmar, y por eso, inagotable en su acción. En su profundidad reside el origen de todas las cosas. Suaviza sus asperezas, disuelve la confusión, atempera su esplendor, y se identifica con el polvo. Por su profundidad parece ser eterno. No sé quién lo concibió, pero es más antiguo que los dioses.

V

El universo no tiene sentimientos; todas las cosas son para él como perros de paja. El sabio no tiene sentimientos; el pueblo es para él como un perro de paja. El universo es como un fuelle, vacío, pero nunca agotado. Cuanto más se mueve, más produce. Quien más habla menos le comprende. Es mejor incluirse en él.

VI

El espíritu del valle no muere. Es la hembra misteriosa. La puerta de lo misterioso femenino es la raíz del universo. Ininterrumpidamente prosigue su obra sin fatiga.

VII

El cielo es eterno y la tierra permanece. El cielo y la tierra deben su eterna duración a que no hacen de sí mismos la razón de su existencia. Por ello son eternos. El sabio se mantiene rezagado y así es antepuesto. Excluye su persona y su persona se conserva. Porque es desinteresado obtiene su propio bien.

VIII

La suprema bondad es como el agua. El agua todo lo favorece y a nada combate. Se mantiene en los lugares que más desprecia el hombre y,.así, está muy cerca del Tao. Por esto, la suprema bondad es tal que, su lugar es adecuado. Su corazón es profundo. Su espíritu es generoso. Su palabra es veraz. Su gobierno es justo. Su trabajo es perfecto. Su acción es oportuna. Y no combatiendo con nadie, nada se le reprocha.

IX

Más vale renunciar antes que sostener en la mano un vaso lleno sin derramarlo. La espada que usamos y afilamos continuamente no conservará mucho tiempo su hoja. Una sala llena de oro y jade nadie la puede guardar. Quien se enorgullece de sus riquezas atrae su propia desgracia. Retirarse de la obra acabada, del renombre conseguido, esa es la ley del cielo.

X

Unir cuerpo y alma en un conjunto del que no puedan disociarse. Dominar la respiración hasta hacerla tan flexible como la de un recién nacido. Purificar las visiones hasta dejarlas limpias. Querer al pueblo y gobernar el Estado practicando el no-hacer. Abrir y cerrar las puertas del cielo siendo como la mujer. Conocer y comprenderlo todo usar la inteligencia. Engendrar y criar, engendrar sin apropiarse, obrar sin pedir nada, guiar sin dominar, esta es la gran virtud.

XI

Treinta radios convergen en el centro de una rueda, pero es su vacío lo que hace útil al carro. Se moldea la arcilla para hacer la vasija, pero de su vacío depende el uso de la vasija. Se abren puertas y ventanas en los muros de una casa, y es el vacío lo que permite habitaría. En el ser centramos nuestro interés, pero del no-ser depende la utilidad.

XII

Los cinco colores ciegan al hombre. Los cinco sonidos ensordecen al hombre. Los cinco sabores embotan al hombre. La carrera y la caza ofuscan al hombre. Los tesoros corrompen al hombre. Por eso, el sabio atiende al vientre y no al ojo. Por eso, rechaza esto y prefiere aquello.

XIII

El favor y la desgracia inquietan por igual. La fortuna es un gran dolor como nuestro cuerpo. ¿Qué quiere decir: favor y desgracia inquietan por igual ? El favor eleva y la desgracia abate. Conseguir el favor es la inquietud. Perderlo es la inquietud. Este es el sentido de «favor y desgracia inquietan por igual» ¿Qué quiere decir: la fortuna es un gran dolor como nuestro cuerpo? La causa por la que padezco dolor es mi propio cuerpo. Si no lo tuviese, ¿qué dolor podría sentir? Por esto, quien estime al mundo igual a la fortuna de su propio cuerpo, puede gobernar el mundo. Quien ame al mundo como a su propio cuerpo, se le puede confiar el mundo.

XIV

Se le llama invisible porque mirándole no se le ve. Se le llama inaudible porque escuchándole no se le oye. Se le llama impalpable porque tocándole no se le siente. Estos tres estados son inescrutables y se confunden en uno solo. En lo alto no es luminoso, en lo bajo no es oscuro. Es eterno y no puede ser nombrado, retorna al no-ser de las cosas. Es la forma sin forma y la imagen sin imagen. Es lo confuso e inasible. De frente no ves su rostro, por detrás no ves su espalda. Quien es fiel al Tao antiguo domina la existencia actual. Quien conoce el primitivo origen posee la esencia del Tao.

XV

Los sabios perfectos de la antigüedad eran tan sutiles, agudos y profundos que no podían ser conocidos. Puesto que no podían ser conocidos, sólo se puede intentar describirlos: Eran prudentes, como quien cruza un arroyo en invierno; cautos, como quien teme a sus vecinos por todos lados; reservados, como un huésped; inconstantes, como el hielo que se funde; compactos, como un tronco de madera; amplios, como un valle; confusos, como el agua turbia. ¿Quién puede, en la quietud, pasar lentamente de lo turbio a la claridad? ¿Quién puede, en el movimiento, pasar lentamente de la calma a la acción? Quien sigue este Tao no desea ser pleno. No siendo pleno puede quedar en lo viejo sin renovarse.

XVI

Alcanza la total vacuidad para conservar la paz. De la aparición bulliciosa de todas las cosas, contempla su retorno. Todos los seres crecen agitadamente, pero luego, cada una vuelve a su raíz. Volver a su raíz es hallar el reposo. Reposar es volver a su destino. Volver a su destino es conocer la eternidad. Conocer la eternidad es ser iluminado. Quien no conoce la eternidad camina ciegamente a su desgracia. Quien conoce la eternidad da cabida a todos. Quien da cabida a todos es grandioso. Quien es grandioso es celestial. Quien es celestial es como Tao. Quien es como el Tao es perdurable. Aunque su vida se extinga, no perece.

XVII

El gran gobernante pasa inadvertido por el pueblo. A éste sucede el que es amado y elogiado por el pueblo. Después, el que es temido. Y finalmente, el despreciado. Si no hay una confianza total, se obtiene la desconfianza. El gran gobernante practica el no-hacer y así, a la obra acabada sigue el éxito. Entonces, el pueblo cree vivir según su propia ley.

XVIII

Cuando se abandona el Tao aparecen la bondad y la justicia. Con la inteligencia y la astucia surgen los grandes hipócritas. Cuando no existe armonía entre los seis parientes, se necesita la piedad filial y el amor paternal. Cuando hay revueltas en el reino, se inventa la fidelidad del buen súbdito.

XIX

Rechaza la sabiduría y el conocimiento, y aprovechará cien veces más al pueblo. Rechaza la benevolencia y desecha la justicia, y el pueblo volverá a la piedad y el amor. Rechaza la habilidad y su provecho, y no habrá más bandidos ni ladrones. Pero estas tres normas no bastan. Por esto, atiende a lo sencillo. y genuino, reduce tu egoísmo, y restringe los deseos.

XX

Suprime el estudio y no habrá preocupaciones. ¿Qué diferencia hay entre el sí y el no? ¿Qué diferencia hay entre el bien y el mal? No es posible dejar de temer lo que los hombres temen. No es posible abarcar todo el saber. Todo el mundo se enardece y disfruta, como cuando se presencia un gran sacrificio, o como cuando se sube a una torre en primavera. Sólo yo quedo impasible, como el recién nacido que aún no sabe sonreír. Como quien no sabe adónde dirigirse, como quien no tiene hogar. Todo el mundo vive en la abundancia, sólo yo parezco desprovisto. Mi espíritu está turbado como el de un ignorante.

Todo el mundo está esclarecido, sólo yo estoy en tinieblas. Todo el mundo resulta penetrante, sólo yo soy torpe. Como quien deriva en alta mar. Todo el mundo tiene algo que hacer, sólo yo soy un inútil. Sólo yo soy diferente a todos los demás porque aprecio a la Madre que me nutre.

XXI

La grandeza de toda virtud reside en su fidelidad al Tao. El Tao es algo confuso e intangible. Es confuso e intangible, pero tiene formas. Es confuso pero brillante porque abarca muchas cosas. Es profundo y oscuro pero contiene una esencia. Esta esencia es verdadera. Desde los tiempos más remotos conserva invariable su nombre. Es el origen de todos los seres. ¿Cómo conocer el origen de todos los seres? Por esto mismo.

XXII

Lo humillado será engrandecido. Lo inclinado será enderezado. Lo vacío será lleno. Lo envejecido será renovado. Lo sencillo y puro será alcanzado, pero lo complicado y extenso causará confusión. Por esto, el sabio abraza la unidad y es el modelo del mundo. Destaca porque no se exhibe. Brilla porque no se guarda. Merece honores, porque no se ensalza. Posee el mando, porque no se impone. Nadie le combate porque él a nadie hace la guerra. ¿Son acaso vanas las palabras del antiguo proverbio: «lo humillado será engrandecido»? Por esto mismo, el sabio preservará su grandeza.

XXIII

Hablar poco es lo natural. Un huracán no dura toda la mañana. Un aguacero no dura todo el día. ¿Quién hace estas cosas? El cielo y la tierra. Sí las cosas del cielo y la tierra no pueden durar eternamente, ¿cómo las cosas del hombre? Así, quien sigue el Tao se une al Tao. Quien sigue la virtud, se une a la virtud. Quien sigue el defecto, se une al defecto. Quien se identifica con una de estas cosas, por ella es acogido. Pero a esto no se da suficiente crédito.

XXIV

Quien se sostiene de puntillas no permanece mucho tiempo en pie. Quien da  largos pasos no puede ir muy lejos. Quien se  exhibe carece de luz. Quien se  alaba no brilla. Quien se  ensalza no merece honores. Quien se  glorifica no llega. Para Tao, estos excesos, son como excrecencias y restos de comida que a todos repugnan. Por eso, quien posee el Tao no se detiene en ellos.

XXV

Antes aún que el cielo y la tierra ya existía un ser inexpresable. Es un ser vacío y silencioso, libre, inmutable y solitario. Se encuentra en todas partes y es inagotable. Puede que sea la Madre del universo. No sé su nombre, pero lo llamo Tao. Si me esfuerzo en nombrarlo lo llamo «grande». Es  grande porque se extiende. Su  expansión le lleva lejos. La  lejanía le hace retornar. El Tao, pues, es grande y el cielo es grande. La tierra es grande y también lo es el hombre. En el universo hay cuatro cosas grandes, y el hombre del reino es una de ellas. El hombre sigue la ley de la tierra. La tierra sigue la ley del cielo. El cielo sigue la ley del Tao. El Tao sigue su propia ley.

XXVI

Lo pesado es la raíz de lo ligero. La calma somete a lo agitado. Así, el sabio cuando viaja no se aleja de la caravana. Aunque pueda disfrutar de las cosas más excelsas, conserva su paz y se hace superior. ¿Cómo el dueño de diez mil carros puede obrar con ligereza en el imperio? Quien se comporta ligeramente pierde la raíz de su poder. Quien se ofusca, se pierde a sí mismo.

XXVII

Un buen caminante no deja huellas. Un buen orador no se equivoca ni ofende. Un buen contable no necesita útiles de cálculo. Un buen cerrajero no usa barrotes ni cerrojos, y nadie puede abrir lo que ha cerrado. Quien ata bien no utiliza cuerdas ni nudos, y nadie puede desatar lo que ha atado. Así, el sabio que siempre ayuda a los hombres, no los rechaza. El sabio que siempre conserva las cosas, no las abandona. De él se dice que está deslumbrado por la luz. Por esto, el hombre bueno no se considera maestro de los hombres; y el hombre que no es bueno estima como buenas las cosas de los hombres. No amar el magisterio ni la materia de los hombres, y aparentar ignorancia, siendo iluminado, éste es el secreto de toda maravilla.

XXVIII

Quien conoce su esencia masculina, y se mantiene en el principio femenino, es como el arroyo del mundo. Mientras sea como el arroyo del mundo la virtud eterna no lo abandonará, y retornará a la infancia. Quien conoce su propia blancura, y se mantiene en la oscuridad, es como ser el modelo del mundo. Mientras sea como el modelo del mundo, la virtud eterno no se alterará en él, y retornará a lo absoluto. Quien conoce su gloria, y se mantiene en la desgracia, es como el valle del mundo. Mientras sea como el valle del mundo la virtud eterna le colmará y retornará a la sencillez. Lo sencillo, cuando se divide, modela todos los útiles. El sabio, cuando gobierna  rige a todos los ministros y así conserva la unidad.

XXIX

Quien pretende el gobierno del mundo y transformar éste, se encamina al fracaso. El mundo es. un vaso espiritual que no se puede manipular. Quien lo manipula lo empeora, quien lo tiene lo pierde. Porque, en las cosas, unas van por delante, otras detrás. Unas soplan suavemente, otras con fuerza. Unas son vigorosas, otras débiles. Unas permanecen, otras caen. Por esto, el sabio rechaza todo exceso, evita lo pródigo y rebaja toda exhuberancia.

XXX

Quien gobierna ateniéndose a Tao no acosa al mundo con las armas porque es un uso que tiende a retomar. Donde acamparon las tropas sólo pueden nacer espinas y zarzas, y tras los ejércitos, vienen los años de miseria. Así, el hombre bueno se conforma con lo obtenido sin usar la violencia. Y todo lo toma sin enorgullecerse, sin jactancia, sin obstinación, sin enriquecerse. Porque, las cosas, cuando han llegado a su madurez empiezan a envejecer. Esto ocurre a todo lo opuesto a Tao.

XXXI

Las armas son instrumentos nefastos. El hombre de Tao nunca se sirve de ellas. El hombre de bien considera la izquierda como sitio de honor, pero permanece a la derecha cuando porta armas. Las armas son instrumentos nefastos, no adecuados para el hombre de bien. Sólo las usa en caso de necesidad, y lo hace comedidamente, sin alegría en la victoria. El que se alegra de vencer es el que goza con la muerte de los hombres. Y quien se complace en matar hombres no puede prevalecer en el mundo. Para los grandes acontecimientos el sitio de honor es la izquierda, y la derecha para los hechos luctuosos. El segundo jefe se coloca a la izquierda, y el primer jefe a la derecha, que es el lugar reservado en los ritos fúnebres. Quien haya matado debe llorar con dolor y tristeza. La victoria en la guerra debe seguir el rito funerario.

XXXII

El Tao, en su eternidad, carece de nombre. Aunque mínimo en su unidad, el mundo no puede contenerla. Si los príncipes y los reyes pudieran permanecer en el Tao todos los seres se les someterían. El cielo y la tierra se unirían para llover dulce rocío El pueblo, sin gobierno por sí mismo se ordenaría con equidad. Cuando en el principio se dividió, dando formas  a todas las cosas, tuvo nombres. Con los nombres supo contenerse, y así, no corre peligro. El Tao es al universo como los riachuelos y los valles son respecto a los ríos y al mar.

XXXIII

El que conoce a los demás es inteligente. El que se conoce a sí mismo es iluminado. El que vence a los demás es fuerte. El que se vence a sí mismo es la fuerza. El que se contenta es rico. El que se esfuerza sin cesar es voluntarioso. El que permanece en su puesto, vive largamente El que muere y no perece, es eterno. 

XXIV

El gran Tao es como río que fluye en todas las direcciones. Todos los seres le deben la existencia y él a ninguno se la niega. Cuando realiza su obra, no se la apropia. Cuida y alimenta a todos los seres sin adueñarse de ellos. Carece de ambiciones, por eso puede ser llamado pequeño. Todos los seres retornan a él sin que los reclame, y por eso puede ser llamado grande. De la misma forma, el sabio nunca se considera grande, y así, perpetúa su grandeza.

XXXV

El que guarda la Gran Forma es el modelo del mundo. El mundo no sufre mal alguno y queda en paz, prosperidad y equilibrio. La música y los manjares detienen al caminante, pero lo que exhala el Tao no tiene sabor. Se mira el Tao y no complace a la vista. Se escucha el Tao y no complace al oído. Se bebe del Tao y es inagotable.

XXXVI

Quien quiera contraer algo, antes debe extenderlo. Quien quiera debilitar algo, antes debe fortalecerle. Quien quiera destruir algo, antes debe levantarlo. Quien quiera obtener algo, antes debe haberlo dado. Así es el misterio profundo. Lo tierno y lo débil vencen lo duro y fuerte. No debe salir el pez de la profundidad de las aguas. Ni deben exhibirse los objetos más valiosos del reino.

XXXVII

El Tao, por su naturaleza, no actúa, pero nada hay que no sea hecho por él. Si los príncipes y los reyes pudieran adherírsele, todos los seres evolucionarían por sí mismos. Si al evolucionar apareciera el deseo de obrar, yo lo mantendría en la simplicidad sin nombre. En la simplicidad sin nombre no existe el deseo. Sin deseos es posible la paz y el mundo se ordena por sí mismo.

XXXVIII

La virtud superior no se precia de virtuosa, esa es su virtud. La virtud inferior aprecia su propia virtud, por eso no tiene virtud. La virtud superior no actúa ni tiene objetivos que alcanzar. La virtud inferior actúa y tiene objetivos que alcanzar. La bondad superior actúa y no tiene objetivos. La justicia superior actúa y tiene objetivos. El rito superior actúa y, si no halla respuesta, la fuerza. Así, perdido el Tao, queda la virtud. Perdida la virtud, queda la bondad. Perdida la bondad, queda la justicia. Perdida la justicia, queda el rito. El rito es sólo apariencia de fidelidad y origen de todo desorden. El conocimiento es sólo flor del Tao y origen de la necedad Así, el hombre grande observa lo profundo y no lo superficial. Se atiene al fruto y no a la flor, rechaza esto y prefiere aquello. 

XXXIX

Lo que antiguamente llegó a la unidad: El cielo, en su unidad, obtiene la claridad. La tierra, en su unidad, se torna quieta. Los espíritus, en su unidad, se hacen poderosos. El valle, en su unidad, se vuelve lleno. Todos los seres, en su unidad, se reproducen. Los príncipes y los soberanos, en su unidad, pueden gobernar el mundo. Si el cielo no fuera claro, se descompondría. Si la tierra no fuera estable, se derrumbaría. Si los espíritus no fueran poderosos, perecerían. Si el valle no fuera pleno, desaparecería Si los seres no se procrearan, se extinguirían. Si los príncipes y reyes no destacasen, perderían el gobierno. Así, la nobleza tiene su raíz en la vileza. Lo alto tiene por fundamento lo bajo. Por esto los soberanos se llaman a sí mismos «el huérfano», «el indigno», «el pobre». ¿No es esto considerar al humilde como su raíz? El honor máximo es de aquel que no lo pretende. No se debe preferir ser como el jade, sino como el más vulgar guijarro.

XL

El retorno es el movimiento del Tao. La debilidad es la manifestación del Tao. Todos los seres han nacido del Ser y el Ser ha nacido del no-ser.

XLI

El espíritu superior que oye hablar del Tao, lo practica con diligencia. El espíritu mediocre que oye hablar del Tao, tanto lo conserva como lo pierde. El espíritu inferior que oye hablar del Tao, ríe ruidosamente. Y, por esta risa, se conoce la grandeza del Tao. Lo dice el proverbio: Iluminar con el Tao es como oscurecer. Progresar con el Tao es como retroceder. Engrandecer con el Tao es como vulgarizar. La virtud superior es semejante a un valle en su oquedad. El supremo candor es semejante a la ignominia. La vasta virtud es insuficiente. La virtud ya fundada es indolente. La virtud más pura es como un adulterio. El Tao es como un gran cuadrado que no tiene ángulos, como una gran vasija que se elabora lentamente, como un gran sonido de escasa tonalidad, como un gran cuerpo sin forma. El Tao es oculto y sin nombre. Pero el Tao es generoso y realiza todos lo seres.

XLII

El Tao engendra el Uno, el Uno engendra el dos, el dos engendra el tres. El tres engendra todos los seres. Todos los seres llevan la sombra a sus espaldas y la luz en los brazos. Y el aliento de la nada resuelve la armonía. Aquello que el hombre aborrece, la soledad, la pobreza, la indignidad, es el título requerido por los soberanos. Porque lo que se disminuye crece y lo que se engrandece es disminuido. Yo enseño lo que otros han enseñado: «el hombre violento no tendrá una muerte natural». Esta es la guía de mi enseñanza. 

XLIII

Lo más blando del mundo vence a lo más duro. La nada penetra donde no hay resquicio. Por esto conozco la utilidad de la no-acción. Enseñanza sin palabras. Eficacia en la no-acción. Pocos en el mundo llegan a comprenderlo.

XLIV

¿Qué es más íntimo a nuestra naturaleza, la fama o el propio cuerpo? ¿Qué es más apreciable, la salud o la riqueza? ¿Qué nos duele más, ganar una cosa o perder la otra? Quien mucho estima su nombre, despilfarra su amor. Quien mucho acapara, mucho pierde. Quien se contenta con poco nunca es agraviado. Quien se contiene no sufre peligros y vivirá largamente.

XLV

La mayor perfección es de apariencia imperfecta, pero su acción es inagotable. La mayor plenitud es de apariencia vacía, pero su acción es inagotable. La mayor rectitud es en apariencia retorcida. La mayor habilidad es en apariencia torpe. La mayor elocuencia es en apariencia incongruente. El movimiento vence al frío. La quietud vence al calor. La quietud absoluta es la norma del mundo.

XLVI

Cuando el Tao reina en el mundo los caballos de guerra acarrean estiércol. Cuando no hay Tao en el mundo los caballos de guerra abundan en los arrabales. No hay mayor error que consentir los deseos. No hay mayor desgracia que ser insaciable. No hay mayor vicio que ser codicioso. Quien sabe contentarse siempre está saciado.

XLVII

Sin salir de la puerta se conoce el mundo. Sin mirar por la ventana se ve el camino del cielo. Cuanto más lejos se va, menos se aprende. Así, el sabio, no da un paso y llega, no mira y conoce, no actúa y cumple.

XLVIII

Por el estudio se acumula día a día. Por el Tao se disminuye día a día. Disminuyendo cada vez más se llega a la no-acción. Por la no-acción nada se deja sin hacer. El mundo siempre se ha ganado sin acción. La acción no es suficiente para ganar el mundo.

XLIX

El sabio no tiene un espíritu constante. Hace suyo el espíritu del pueblo. Ama a los buenos y también a los que no son buenos, y así consigue la bondad. Confía en el sincero y también en los que no son sinceros, y así consigue la fidelidad. El sabio vive en el respeto de todos. A todos reúne en su espíritu. El pueblo vuelve hacia él sus ojos y acerca sus oídos, y el sabio los trata como a niños.


Las Doce Llaves de Basilio Valentín

Basilio Valentín, uno de los grandes alquimistas centroeuropeos. Fue monje benedictino en Erfurt (Prusia). Estudió medicina y utilizó el antimonio como medicamento. Realizó interesantes investigaciones sobre metalurgia y amalgamas y describió la forma de preparar el ácido clorhídrico. De entre sus obras, publicadas en 1600, destacan El carro triunfal del antimonio y Tratado químico filosófico de los metales y de los minerales.
Su obra, Le Dernier Testament, fue publicada primero en Ein kurtz summarischer Tractat, von dem grossen Stein des Uralten…, Eisleben, 1599 sin ilustraciones y nuevamente en Leipzing en 1602 con algunos grabados, probablemente realizados en cobre, de las Doce Claves.
Las doce claves son en realidad secretos alquímicos. Todos los libros de Alquimia están escritos en clave, quien no conoce la Magia Sexual no puede entender los libros de Alquimia.
Todo el tecnicismo de los libros de Alquimia hay que buscarlo en las gónadas. Las obras de Alberto el Grande, Raymundo Lulio, Sendivogios, Paracelso, Nicolás Flamel, sólo se pueden entender con la clave suprema de la Magia Sexual. Los laboratorios alquimistas medievales representas los órganos creadores.
En la Gnosis tenemos la clave para descifrar esos secretos. Aunque, debido al estado embrionario en que se encuentra la humanidad todavía no puede comprender el significado de estos tratados, tales como la Biblia, el Libro de los Muertos, los Vedas y el Zend-Avesta o el Corán y el Bhagavad-Gita. Libros que son eternos porque fueron elaborados con la sabiduría del fuego.
Las doce claves de Basilio Valentín representan todo el trabajo alquímico que debe realizar el ser humano en sí mismo. Como siempre se ha buscado su interpretación en forma literal y externa, muy pocos imaginan que en estas claves se encuentra la llave para la autorrealización íntima del Hombre.
PRIMERA CLAVE: “Que la esposa púdica sea unida a su esposo. La corona del rey hecha de un metal flavo. Libra a continuación el rey al hambre de un lobo vivaz. Haz esto tres veces y consume al lobo por un fuego muy violento. El rey saldrá con ello puro de mancha y de su propia sangre te podrá renovar”.
El lobo representa al yo, que al ser desintegrado por medio del fuego (transmutación) es fortalecido el rey, nuestro ser. Aristóteles dice en “Luz de las Luces”, que el Mercurio debe ser cocido en un triple recipiente de vidrio muy duro”. Refiriéndose a las gónadas, las cuales contienen el mercurio. Este es nuestro sagrado magisterio del Fuego. Trituración entendemos aquí por Magia Sexual, y fuerza de voluntad. Es claro que hay que solidificar tres veces porque nosotros somos un trío de cuerpo. Alma y Espíritu.
SEGUNDA CLAVE: “Dejadas sus vestiduras, que el Sol con Diana sean desnudos uno con otro, para el himeneo deseado, que dos luchadores se haga el precioso baño de la esposa, para que ella lave en el su cuerpo en atención al esposo, los combatientes combatieren, y cuando su ardor marcial haya cesado, tendrán un bello trofeo de su lucha”
Entre las dos columnas (individuos) se halla el gran arcano. En cada caduceo hay dos serpientes, la manifestación dual de la unidad, la unidad al desdoblarse da origen a la femineidad receptora y productora en toda la naturaleza.
Basilio explica: “Por otro lado, en este designio, ningún triunfo puede ser alcanzado si el rey no hubiere adjuntado a su agua su naturaleza enérgica y su fuerza y le haya abandonado la llave de su propio color a tal punto que sea destruido por ella y se vuelva invisible, por este cambio el debe volver a su forma invisible, no obstante con disminución de su esencia natural y perfeccionamiento de su cuerpo.”… “Esta es la rosa de nuestros maestros, de color púrpura, la sangre roja del dragón descrito por muchos artistas.”
Se refiere a abandonar la falsa personalidad, pensamientos y todo aquello que la reviste para trabajar con pureza, los dos luchadores, idá y pingalá se enfrentan para magnetizarse sabiamente en el ascenso de las fuerzas engendradoras.
TERCERA CLAVE: “Proveniente de la roca, que el dragón helado sea unido al águila: Uno quemará sus plumas, el otro fundirá sus nieves. Preserva bien tu azufre con la sal celeste para que el gallo devore al zorro malicioso. El pájaro ahogado en la onda retornará vida al fuego, y a su vez, morirá bajo los colmillos del zorro”.
En el centro un dragón, con la cola retorcida. Arriba una zorra come un ave. Y sobre ella, un gallo le pica el cuello, quien quiera hacer subir por el canal medular el alma del mundo debe trabajar con el azufre (fuego), con el mercurio (Agua) y con la sal (Tierra filosófica)
En Le Dernier Testament, pág. 219 dice: “Tercera clave: toma entonces una buena parte de espíritu de nitro y tres partes de espíritu de sal común, echa estos dos espíritus juntos en una cucúrbita un poco caliente, sobre el polvo de oro descrito arriba, , después ponle un capitel y el rematero bien sellados como debe ser, después, teniendo mecido y agitado diversas veces tu oro, como anteriormente fue hecho en la arena, y repitiendo la destilación cuanto más mejor, tu verás que el oro se vuelve, poco a poco, más volátil y que finalmente destilará y ascenderá hacia arriba. Porque, por solo una repetición y destilación de tu oro, la solidez y fijeza de su cuerpo se desliga y divide en todos sus miembros, los cuales son de este modo desechos uno con el otro y restituidos, tan abiertos que el oro así atenuado, deja enseguida ir su alma a un juez particular.
Pero observa que, después de que este trabajo esté terminado, es necesario que separes, con cuidado constante tu oro, el cual destiló todos los puntos salinos, por destilación al baño maría, lo más suavemente que te sea posible, a fin de que no destile nada del color del oro, y que no tenga más pérdida. Después, con prudencia y juicio toma tu oro, o los cristales de oro donde separaste el agua y ponlos en una escudilla de barro propia para reverbar, ponla en el fuego y dale, primeramente un fuego lento, y moderado durante un hora, hasta que todo lo que hay de corrosivo sea separado completamente, y entonces tendrás un polvo de oro de un bello color escarlata, tan sutil y bello que es hermoso a la vista.
Pon en un matraz limpio este polvo de oro y échale encímale espíritu reciente de la sal común, el cual, anteriormente, haya sido reducido suavemente, siguiendo el orden en el cual, te he instruido en mis toques de mano. Cierra el matraz y ponlo en calor moderado, porque así el espíritu adulzado de sal no puede ya disolver y romper el polvo de oro como había hecho antes, tanto más que su corrosividad y acritud le fue reducida por el espíritu de vino que le dio esa gran dulzura.
La sustancia semi-sólida, semi-líquida, tiene un Mercurio puro, claro, blanco y rojo, y un azufre semejante. Además posee esa sustancia dos clases de sal: una fija y una volátil. Esta materia prima de la Gran Obra, es el Semen de nuestras glándulas sexuales.
Con nuestra ciencia y mediante el FUEGO, transformamos esta maravillosa sustancia, para que al final de la obra, sea millones de veces más perfecta.
Deja el matraz en este calor no violento, hasta que el espíritu de la sal sea teñido de color de un soberano grado, bello, transparente y bermejo como rubíes. Retira dulcemente, por inclinación el espíritu teñido y ponlo otra vez sobre tu oro tantas veces que el espíritu necesite para no teñirse más.
Después, pon en un alambique todo el espíritu teñido y separa toda la humedad al baño maría con calor moderado y en el fondo del alambique se te volverá el azufre del oro un polvo bello, delicado y sutil, de gran mérito y valor, que es una materia con la cual se puede, por medio de un rápido y corto procedimiento, teñir la plata en u más alta perfección”.
Aquí enseña primero a purificar el oro con el antimonio, segundo, preparar el agua regia para el baño del rey sin faltar la disolución, y tercero, la extracción del azufre alquímico del oro.
“Pero yo exhorto a discípulos míos, ya que la naturaleza les ha dejado un camino más corto, a guardarlo y seguirlo ahora. Recelando de que ellos no se precipiten en una extrema pobreza si se divierten a extraer el mercurio del oro, cuando el habría sido reducido en la destrucción y ruina de sí mismo lo que no fue practicado por los antiguos, ya que esto es contranatural.»
Pero observa, sobretodo, que este espíritu mineral se encuentra en otros metales, aunque todavía, se encuentre paralelamente e incomparablemente siendo mas eficaz en el espíritu de un cierto mineral, donde puede ser extraído y preparado con mucho menos trabajo y despilfarro…”
«Y, por lo tanto, el astro del oro no se encuentra solamente en el oro, de manera que solamente por la adición del espíritu de mercurio y del azufre áureo, la piedra filosofal pueda ser hecha…»
La sal disuelve y coagula todas las cosas. La tierra es de la naturaleza de la sal, y por ello se disuelve en el agua, y se coagula en el agua. Los continentes salen de las aguas saladas de la mar, y vuelven al mar. Nuestra tierra filosófica, es decir, nuestro cuerpo humano, debe reducirse a las sales seminales, para elaborar con esas sales el Niño de Oro de la Alquimia Sexual. La sal se halla en la orina y en el sudor.
El azufre es un principio grasoso y aceitoso que une a la sal y al mercurio indisolublemente. El azufre tiene parte de la solidez de la sal, y parte de la volatilidad del mercurio. El azufre abunda en las grasas y en las axilas
El mercurio es un licor espiritual aéreo y raro, es el águila volante de la Filosofía, es nuestro Caos. El Mercurio se encuentra en la sangre, Médula, humor acuoso, hueso, músculo, etc. Raymundo Lulio, dice: —“¡OH hijos míos! Aprended a serviros de esa materia venerable, porque os lo advierto, bajo la fe del juramento, que si no sacáis el mercurio de esos dos metales, trabajaréis como ciegos en la oscuridad y en la duda”.
«Para que ahora cumpla lo que falta de mi promesa y cuente mas de lo que ha sido dicho y se contiene en mis doce claves, debes saber que ninguno filósofo está enteramente obligado a trabajar con el metal del oro…»
«Ahora, en este momento, es necesario que aprendas que tal alma o azufre áureo, tal sal y espíritu se encuentra mas fuerte y virtuoso en Marte y Venus y, así como, en el vitriolo, como también Marte y Venus se pueden reconducir como por retrogradación en vitriolo muy virtuoso y eficaz, en dicho vitriolo metálico se encuentran ahora bajo un cielo los tres principios, a saber el mercurio, el azufre y la sal y, de cada uno de ellos se puede particularmente sacar y obtener con poco trabajo y tiempo, como podrás comprender. Ya te he referido en el presente una sucinta explicación de un vitriolo mineral que se encuentra en la Hungría, bellísimo y de alto grado.»
CUARTA CLAVE: “Toda carne aquí abajo, proviene de la tierra, al cabo de poco tiempo retornará a cenizas; la sal saldrá de allí, por medio de la cual reaparecerá al día la carne así disuelta, tú que de esta manera quieres ver las formas pasadas, entrega a la sal a la vez el azufre y el mercurio”.
Es en el crisol donde la materia prima de la Gran Obra sufre con infinita paciencia la pasión del señor. En el erótico crisol de la alquimia sexual muere el ego y renace el “Ave Fénix” de entre sus propias cenizas: INRI, “In Necis Renaceré Integer” (En la muerte renace intacto y puro)
Los principios de todos los metales son: la Sal, el Mercurio y el Azufre. Cada uno por sí solo no podría dar origen a los diversos metales, pero unidos crean, así la piedra filosofal contiene inevitablemente estos tres principios.
El fuego es el Azufre; el Mercurio es el Espíritu; la Sal es la maestría de la Alquimia, el amor.
De las doce claves, sólo tres fueron explicadas por Basilio, quien abandona la descripción de las restantes claves ya que, según su entender, era un trabajo contranatural porque esta vía puede ser hecha con ventaja por medio del vitriolo en donde él describe en lenguaje claro el respectivo modus operandi.
Rogerio Bacon afirma: “Naturaleza contiene a Naturaleza, Naturaleza se alegra con Naturaleza, Naturaleza domina a Naturaleza y se transforma en las demás Naturalezas”.
QUINTA CLAVE: “La tierra por ella misma no produce nada, es el espíritu quien abastece y sostiene la vida. Toma su origen de los astros luminosos. De allí todos los metales extraen sus cualidades. La piedra Hercúlea se une con amor al hierro, así nuestro león ama a nuestro mercurio”.
El león representa al hierofante, la ley, el rigor, el signo de la omnipotencia divina; quien ama a aquellos que trabajan con el mercurio y desarrollan sus virtudes.
Los metales representan los cuerpos del ser humano, el primero que transmutamos en oro es el cuerpo de la Conciencia.
El segundo metal que hay que transmutar es el cuerpo Etérico. Los cuatro cuerpos del pecado son remplazados por cuatro cuerpos celestiales, que sirven de templo al Espíritu Triuno e inmortal. En este trabajo de alquimia, las substancias espirituales se vuelven corpóreas, y las substancias corpóreas se vuelven espirituales.
El Génesis es un tratado de Alquimia Sexual. , fecundamos nuestro Caos con el Fuego Sagrado del Kundalini, cuyo resultado es una serie de transmutaciones tátwicas dentro de nuestro propio laboratorio orgánico, hasta realizar el Rey Sol, el Maestro de transmutaciones metálicas, dentro de las profundidades vivas de nuestra conciencia interior.
Así pues, todos los metales de la Tierra pueden ser descompuestos en el Mercurio, porque el mercurio es la materia prima de todos los metales. Este Mercurio es el Semen espermático, en el cual pueden descomponerse todos los metales, porque ese es el elemento de donde salen todas las cosas.
SEXTA CLAVE: “Hembra y macho unidos hacen germinar la semilla. Que entonces neptuno prepare los baños requeridos, después de que el macho devore su nevoso cisne a fin de que dos pierdan y recobren su vida, cuatro vientos soplarán y el rey, por el fuego, se unirá lleno de amor a su esposa querida”.
La Magia Sexual solo se puede realizar entre esposo y esposa, en hogares legítimamente constituidos. Marido y mujer forman una polaridad completa positivo – negativa. Pero cuando el hombre entra a otra mujer, o la mujer entra a otro varón para practicar Magia-Sexual, se forma una doble polaridad que resulta absolutamente negativa.
La doble polaridad no tiene poder para transmutar la energía sexual. La doble polaridad no puede fecundar el Mercurio de la filosofía secreta, con los fuegos solares. La doble polaridad no puede despertar el Kundalini.
Esta clave representa encantamiento, equilibrio, unión amorosa de hombre y mujer. Lucha terrible entre el amor y el deseo. Es enlazamiento. Representa la lucha entre el espíritu y la bestia animal.
Antes de poder transmutar los metales, hay que reducirlos primero a su materia prima. Así también, antes de que el hombre pueda redimirse de sus pecados y entrar en el reino de los cielos, hay que primero reducirlos a su materia prima, para luego transmutarlo en el hombre celestial de que nos habla San Pablo. Es como tener una estatua que para darle una forma completamente nueva, debe primero reducirse a su materia prima descomponiéndola en los mismos elementos de que está compuesta. Y posteriormente se le puede dar la forma anhelada. “Cambia las Naturalezas y hallarás lo que buscas”. Si queremos sublimar nuestras bajas pasiones, debemos primero ser castos para reducir todos nuestros metales a su materia original.
SÉPTIMA CLAVE: “Primavera, verano, otoño, agua, sal de los sabios, componen nuestro caos a calentar al sol. Sin embargo de los astros, no has puesto pesos justos, ninguna propicia brisa cumplirá tus deseos. Del firme sello de Hermes, cierra el vidrio, por temor a que tu materia no sea presa del errante viento”
El trabajo interno debe realizarse de acuerdo a la ley y no caprichosamente y debe permanecer alerta desde el principio hasta el final, de la primavera al invierno, en épocas de progreso y de crisis. El Padre que está en secreto es inmortal, omnisciente, pero sin autorrealización, no puede dominar el físico, ni tiene soberanía sobre los elementos, en cambio una mónada autorrealizada es poderosa, por eso en el libro de los muertos egipcio el devoto se dirige a Horus diciendo: “Yo te fortifico tus piernas y tus brazos”. A su vez el devoto le pide que fortifique sus tres cerebros (Intelectual, emocional, motor).
OCTAVA CLAVE: “Para pudrirse las semillas a la tierra se confían. Nuestros cuerpos son puestos en la tumba, más para volver a salir. Así, todos los elementos se encuentran en cada uno, si puedes, como conviene, de uno extraer los otros”
Está relacionado con el arcano 8 del tarot, que se refiere a los procesos de la vida y de la muerte en la piedra filosofal, cincelada con el martillo de la inteligencia y el cincel de la voluntad. La octava llave es una alegoría alquímica, clara y perfecta de los procesos de la muerte y resurrección que se suceden inevitablemente en la preparación esotérica de la piedra filosofal que está entre las columnas Jachin y Boaz.
Para elaborar el Elixir Rojo y el Elixir Blanco, necesitamos inevitablemente de una sustancia donde la Sal, el Azufre y el Mercurio se hallen totalmente puros y perfectos, porque la impureza y la imperfección de los compuestos se vuelve a encontrar en el compuesto, por eso es necesaria la putrefacción, la muerte de los elementos indeseables de nuestra psiquis.
Empero, como a los metales no se les puede agregar sino substancias extraídas de ellos mismos, es lógico que ninguna sustancia extraña pueda servirnos, por lo tanto dentro de nosotros mismos tiene que encontrarse la materia prima de la Gran Obra. Nosotros perfeccionamos ésa sustancia según arte y es el Fuego Sagrado de nuestro laboratorio orgánico.
NOVENA CLAVE: “Haz que de un triple corazón crezcan tres serpientes vivas, después enciérralas juntas en un vaso de cristal. Venus hace admirar la graciosa cola del pavo, y alegra tus ojos como un cisne blanco como la nieve. Favorito de Saturno, un cuervo negro seguirá, y después del ala del águila presentará sus plumas”.
El descenso a la novena esfera era en los templos antiguos la prueba máxima para el hierofante, ahí resplandece el signo del infinito, el santo ocho, en el cual se halla representada la lucha entre el corazón, la mente y el sexo. La lucha es terrible: cerebro contra sexo; y sexo contra cerebro, pero lo más doloroso es aquello de corazón contra corazón. Hay que saber entender, hay que saber aprender a sufrir, a ser resignados. Los que no lo son fracasan, porque la autorrealización íntima cuesta, sólo así puede retemplarse la espada y conquistar el corazón de Venus (El cisne).
DÉCIMA CLAVE: “La luna ayuda a Hiparión con sus rayos. Mercurio sufre el daño, y él perecerá si no le das prontamente su Jamsuf. Tú que comprendes este verso da gracias a Jehová de que un tal entendimiento sea otorgado a los mortales”.
El universo entero es producto de la energía creadora; sin ese poder no se puede plasmar en el universo; sin energía creadora no hay universo, por eso es el principio plasmante de toda la naturaleza
UNDÉCIMA CLAVE: “Como Orfeo a Eurícide, el hermano desposará a la hermana, y de sus cuerpos se verterá la sangre. Júntala al humor cálido del padre y de la madre, después cierra con cuidado el globo de los adeptos. Entonces el fiero león de prolífero cuerpo contemplará, feliz, su numerosa prol.
Representa la persuasión, las mujeres con gran serenidad sobre los leones. Necesitamos transformar el plomo de la personalidad en el oro del espíritu, este trabajo sólo es posible en el laboratorio del alquimista. La clave está en dos palabras: solve et coagula, la transmutación de los instintos animales en voluntad. La pasión sexual en amor. Los pensamientos lujuriosos en comprensión.
DUODÉCIMA CLAVE: “Si el león generoso devora la serpiente, mercurio te dará flores a millares. La piedra sin fermento no puede producir oro, pero teñirá mucho unida a él por ingreso. Por ella verás todo lo que está oculto, y Dios será propicio a satisfacer tus deseos”.
Así como el león transforma a la serpiente en su propia carne cuando la devora, así también, el poder de Devi Kundalini, el fuego sagrado transmutado, elimina todos los defectos, los errores. He aquí el arcano 12, quien posee el oro fermentado puede tener la dicha de Ser realmente.
Hemos descubierto la piedra filosofal, el Elíxir de larga vida, la cuadratura del Círculo y la clave del movimiento perpetuo. En el manuscrito Azoth de Basilio Valentín se encuentra el secreto de la Gran Obra. Las doce llaves secretas es la energía creadora del logos, cuando la rosa florece en la cruz de nuestro cuerpo.
Los Alquimistas Medioevales escondieron el Gran Arcano entre innumerables símbolos y alegorías esotéricas, para salvarlo de la profanación y para evitar que sean quemados vivos en la hoguera de la inquisición.

Hermes Trismegisto y los Siete Principios Herméticos

 
Hermes Trismegisto era el nombre que los griegos daban al dios egipcio (Hermes Toth). En el culto egipcio de Osiris, Toth era el gran consejero; que presidía las ciencias y se le atribuían la totalidad de un conjunto de obras que contenían prácticamente todo el saber de Egipto. Fue considerado un Dios lunar (con esta forma aparece representado algunas veces, portando una media luna encima de su cabeza de Ibis, pues simboliza el lado brillante de la luna que contiene la esencia de la Sabiduría creadora) e iniciador de los Misterios. Era el guardián de las puertas del inframundo y pesaba el corazón de los muertos para determinar su destino.

Más tarde los romanos lo vincularían a su dios "Mercurio", uno de los aspectos más conocidos es que los tres tenían la capacidad de moverse en el mundo de los dioses y de los humanos, servían de mediadores, hacían de puente entre dos realidades, " lo de arriba y lo de abajo".

De todas maneras, las informaciones acerca de la existencia de Hermes Trismegisto son sumamente confusas, cuando no contradictorias. Su identidad, se pierde en la noche de los tiempos remontándose al Egipto pre-faraónico, mucho antes de Moisés. Incluso se ha sostenido que Hermes Trismegisto fue un avatar, es decir, uno de los grandes maestros espirituales que, descendiendo de esferas superiores, se encarnan en la Humanidad para guiarla.

Según el pensamiento tradicional, Trismegisto fue dicho tal, es decir tres veces grande porque fue grande filósofo, grande sacerdote y grande rey en la época en que se supone que vivió, es decir, en el siglo XX a.C. Era un iniciado en los conocimientos secretos de la India, Egipto, Persia y Etiopía. Su nombre mismo significa "intérprete".

Sus enseñanzas pasaron de Egipto a Grecia y los griegos se encargaron de conservarlas y transmitirlas. Los neoplatónicos y los gnósticos difundieron este saber en el mundo romano y en el cristianismo primitivo, sirviendo de base para su propagación entre los árabes.

El "Corpus Hermeticum" se nutre, entre otras fuentes, de diversos textos tradicionales como lo son "El Kybalión"(y sus 7 principios), "La Hermética" (textos antiguos atribuidos a Hermes Trismegisto) o "El libro Egipcio de los Muertos".

Los siete principios herméticos.

"Los principios de la verdad son siete; el que comprenda esto perfectamente, posee la clave mágica ante la cual todas las puertas del Templo se abrirán de par en par".
(El Kybalion)

Los siete principios sobre los cuales se basa toda la Filosofía Hermética son los siguientes:

1.El principio de Mentalismo.

"El todo es mente, el universo es mental."

2.El principio de Correspondencia.

"Como arriba es abajo, como abajo es arriba."

3.El principio de Vibración.

"Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra."

4.El principio de Polaridad.

"Todo es doble; todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semi-verdades; todas las paradojas pueden reconciliarse."

5.El principio del Ritmo.

"Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso; todo asciende y desciende; todo se mueve, como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación."

6.El principio de Causa y Efecto.


"Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo con la Ley; la suerte no es más que el nombre que se le da a una ley no conocida; hay muchos planos de casualidad, pero nada escapa a la Ley."

7.El principio de Generación.

"La generación existe por doquier; todo tiene sus principios masculino y femenino; la generación se manifiesta en todos los planos."


La Tabla de Esmeralda

 
Por Hermes Trismegisto
 
«Es verdad, sin mentira, cierto y verdadero:

Lo que está abajo es igual a lo que está arriba, y lo que está arriba es igual a lo que está abajo; por esas cosas se hacen los milagros de una sola cosa. Y como todas las cosas son y proceden del UNO, por mediación del UNO, así todas las cosas han nacido de esa cosa única por adaptación.

El Sol es su padre y la Luna es su madre. El viento la ha traído en su vientre. La Tierra es su nodriza y su receptáculo. El Padre de todo, el Telemo del mundo universal está aquí. Su fuerza o poder permanece intacto, si es convertido en tierra. Tú separarás la tierra del fuego, lo sutil de lo grosero, suavemente, con gran destreza. Él sube de la tierra y desciende del cielo, y recibe la fuerza de las cosas superiores y de las cosas inferiores. A través de ese medio, tendrás la gloria del mundo, y toda oscuridad se apartará de ti.

»Es la fuerza, fuerte con toda la potencia, pues ella vencerá toda cosa sutil y penetrará en todo elemento sólido. De esta forma ha sido creado el mundo. De ella surgirán maravillosas adaptaciones, siendo tú el medio que las ofreces.

»Éste es el motivo por el que se me ha llamado Hermes Trismegisto, pues poseo las tres partes de la filosofía universal.

»De este modo está completo lo que he dicho de la Obra Solar»


Las siete reglas de Paracelso

 

PRIMERA Lo primero es mejorar la salud. Para  ello  hay  que  respirar con la mayor frecuencia posible, honda y rítmica, llenando  bien  los  pulmones,  al  aire  libre  o  asomado a una ventana. Beber diariamente  en  pequeños  sorbos,  dos  litros   de  agua, comer muchas frutas, masticar  los  alimentos  del  modo más perfecto posible, evitar el  alcohol, el tabaco y las medicinas, a menos que estuvieras por alguna causa grave sometido a un  tratamiento.  Bañarte  diariamente,  es  un  habito  que  debes  a tu propia dignidad.      
                                                           

SEGUNDA Desterrar absolutamente de tu ánimo, por mas motivos que existan, toda idea de pesimismo, rencor, odio, tedio, tristeza, venganza y pobreza.
Huir  como  de  la  peste  de  toda  ocasión  de tratar a personas maldicientes, viciosas,  ruines,  murmuradoras,  indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares e inferiores  por  natural  bajeza de entendimiento o por tópicos sensualistas que forman  la  base de sus discursos u ocupaciones. La observancia de esta regla es de  importancia  decisiva:  se  trata  de cambiar la espiritual contextura de tu alma.  Es  el  único  medio de cambiar tu destino, pues este depende de nuestros actos y pensamientos. El azar no existe.

 

TERCERA Haz todo el bien posible. Auxilia a todo desgraciado siempre que puedas, pero jamás tengas debilidades por ninguna   persona.   Debes   cuidar   tus   propias  energías  y  huir  de  todo sentimentalismo.

 

CUARTA Hay que olvidar toda ofensa, mas aun: esfuérzate por pensar bien del mayor enemigo. Tu  alma  es  un  templo  que no debe ser jamás profanado por el odio. Todos los grandes seres se han dejado guiar por esa suave voz interior, pero no te hablara así  de  pronto,  tienes que prepararte por un tiempo; destruir las superpuestas capas de viejos hábitos, pensamientos y errores que pesan sobre tu espíritu, que es divino y perfecto en si, pero impotente por lo imperfecto del vehículo que le ofreces hoy para manifestarse, la carne flaca.

 

QUINTA Debes recogerte todos los días en donde nadie pueda turbarte, siquiera por media hora, sentarte lo más cómodamente posible con los ojos medio entornados y no pensar en nada. Esto  fortifica  enérgicamente  el cerebro y el Espíritu y te pondrá en contacto con  las  buenas  influencias. En este estado de recogimiento y silencio, suelen ocurrírsenos  a  veces  luminosas  ideas,  susceptibles  de  cambiar  toda  una existencia.  Con  el tiempo todos los problemas que se presentan serán resueltos victoriosamente  por  una  voz  interior  que  te  guiara  en tales instantes de silencio, a solas con tu conciencia. Ese es el daimon de que habla Sócrates.

 

SEXTA Debes guardar absoluto silencio de todos tus asuntos personales. Abstenerse, como si hubieras hecho juramento solemne, de referir a los demás, aun de tus más íntimos todo cuanto pienses, oigas, sepas, aprendas, sospeches o descubras. por un largo tiempo al menos debes ser como casa tapiada o jardín sellado. Es regla de suma importancia.

 

SÉPTIMA Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el DIA mañana. Ten tu alma fuerte y limpia y todo te saldrá bien. Jamás te creas solo ni débil, porque  hay  detrás  de ti ejércitos poderosos, que no concibes ni en sueños. Si elevas  tu  espíritu  no  habrá  mal que pueda tocarte. El único enemigo a quien debes  temer  es  a  ti  mismo.  El miedo y desconfianza en el futuro son madres funestas  de  todos  los  fracasos,  atraen las malas influencias y con ellas el desastre.  Si  estudias  atentamente  a  las personas de buena suerte, veras que intuitivamente,  observan  gran parte de las reglas que anteceden. Muchas de las que  allegan gran riqueza, muy cierto es que no son del todo buenas personas, en el  sentido recto, pero poseen muchas virtudes que arriba se mencionan. Por otra parte,  la  riqueza no es sinónimo de dicha; Puede ser uno de los factores que a ella  conduce, por el poder que nos da para ejercer grandes y nobles obras; pero la  dicha  más  duradera  solo  se  consigue por otros caminos; allí donde nunca impera  el  antiguo  Satán  de  la leyenda, cuyo verdadero nombre es el egoísmo. Jamás  te quejes de nada, domina tus sentidos; huye tanto de la humildad como de la  vanidad. La humildad te sustraerá fuerzas y la vanidad es tan nociva, que es como si dijéramos: pecado mortal contra el Espíritu Santo.