La leyenda de Toro Bravo y Nube Azul (Indios Sioux)

Cuenta una vieja leyenda, que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Azul, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.
– Nos amamos -empezó el joven.
– Y nos vamos a casar -dijo ella.
– Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, o un talismán; algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos, que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar la muerte.
– Por favor -repitieron-¿hay algo que podamos hacer?
El viejo los miró y se emocionó al verlos tan jóvenes, tan enamorados y tan anhelantes esperando su palabra.
– Hay algo – dijo el viejo- pero no sé, es una tarea muy difícil y sacrificada.
– Nube Azul -dijo el brujo- ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos. Deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de luna llena. ¿Comprendiste?
– Y tú, Toro Bravo -siguió el brujo- deberás escalar la montaña del Trueno. Cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas, y solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva…el mismo día en que vendrá Nube Azul ¡Salgan ahora!
Los jóvenes se abrazaron con ternura y luego partieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte y él hacia el sur.
El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con las bolsas que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas, eran verdaderamente hermosos ejemplares.
– Y ahora qué haremos -preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre?
– No – dijo el viejo.
– ¿Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne? -propuso la joven. – No -repitió el viejo- Harán lo que les digo: tomen las aves y atenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.
El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse por el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.
– Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón, si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse el uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure: ¡VUELEN JUNTOS, PERO JAMÁS ATADOS!

Un matrimonio perfecto es la unión de dos seres: uno que ama más, y otro que ama mejor. El Amor es la mejor religión asequible.

Hermes Trismegisto, el tres veces grande Dios Ibis de Thot, dijo: “te doy Amor, en el cual está contenido todo el sumum de la sabiduría”.

¡Cuán noble es el ser amado, cuán noble es la mujer, cuando en verdad están unidos por el vínculo del Amor! Una pareja de enamorados se torna mística, caritativa, servicial. Si todos los seres humanos viviesen enamorados, reinaría sobre la faz de la Tierra la felicidad, la paz, la armonía, la perfección.


La vida es un espejo (Mahatma Gandhi)

Le Preguntaron a Mahatma Gandhi cuáles son los factores que destruyen al ser humano. Él respondió así: La Política sin principios, el Placer sin compromiso, la Riqueza sin trabajo, la Sabiduría sin carácter, los Negocios sin moral, la Ciencia sin humanidad y la Oración sin caridad. La vida me ha enseñado que la gente es amable, si yo soy amable; que las personas están tristes, si estoy triste; que todos me quieren, si yo los quiero; que todos son malos, si yo los odio; que hay caras sonrientes, si les sonrío; que hay caras amargas, si estoy amargado; que el mundo está feliz, si yo soy feliz; que la gente es enojona, si yo soy enojón; que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido. La vida es como un espejo: Si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa. La actitud que tome frente a la vida, es la misma que la vida tomará ante mí. “El que quiera ser amado, que ame”.

La vida después de la muerte en diferentes culturas

Autor: Marcela

Calculo de vidas pasadas >>

El ser humano a lo largo de la historia a considerado que la muerte es un paso al más allá. A su vez las distintas religiones mantienen la teoría que el mundo espiritual es tan real y palpable, como el mundo material. Por los testimonios, no por creencias o tradiciones, de personas que afirman haber muerto y regresado de manera conciente al útero materno, los yoguis tibetanos aseguran que los vivos proceden de los muertos. Las religiones occidentales tienen una concepción muy distinta de la muerte, consideran que la vida del más allá es espiritual y se sostiene eternamente, basada en las acciones que se han realizado en la vida terrenal. Por eso aquellos que llevaron una vida de codicia, de odio y de rencor serán relegados al mundo de las tinieblas, donde se liberarán de sus culpas, mientras que los que hayan llevado una vida justa y honrada, se ganarán el cielo.

Creencia egipcia:

Para los egipcios el mundo del más allá, el mundo de los muertos, es como un desierto dividido por un extenso río que corre a lo largo de unos 30 kilómetros de tierra cultivable, muy similar al Valle del Nilo, lugar donde ellos vivían. Del mismo modo que el Egipto faraónico, el mundo inferior llamado Duat, comprendía doce regiones. Cada una de ellas se relaciona con una de las doce horas de la noche. Estas doce regiones estaban habitadas por una gran cantidad de dioses, espíritus y muertos ordinarios. Estaban separadas por portones, cuidados por serpientes alzadas sobre su cola, atentas y ocultas, para evitar ser sorprendidas por insólitos muertos.
Los egipcios representaban al alma con la forma de un pájaro que tenía la cara del muerto. Esta alma voladora dejaba momentáneamente el cuerpo privado de su vida. Luego, el alma pájaro, regresaba a visitar a los familiares, y se las veía en los jardines y los árboles que se encontraban a la orilla del río Nilo. Su existencia se debía a las atenciones materiales y a la piedad que les ofrecían los vivos, ya que esta alma, viajera y apta para la felicidad, debía ser nutrida y colmada de obsequios. Si los muertos eran olvidados por los vivos, se convertirían en Bennu, un pájaro de los estanques, que volvería a la casa terrenal para atemorizar a quienes debían haberlos alimentado.

Creencia Hindú:

Para los hindúes, luego de la muerte, el alma pasa de la forma temporal al plano astral, para luego formar parte de otro cuerpo que puede corresponder a un ser humano, un animal, un insecto o inclusive una planta. El karma de cada uno determinará el cuerpo en el que se materializará el alma. Las acciones, buenas o malas, que se han realizado durante nuestra vida, determinará el karma de cada uno. Por eso si durante la vida se ha seguido por el camino del mal, el alma se reencarnará, como castigo, en un ser inferior, mientras que si se ha seguido una vida virtuosa, el alma, se reencarnará en un ser noble y perfeccionado. Según los hinduistas, las almas se reencarnarán tantas veces como sea necesario, hasta liberarse por completo del karma, y así perder el interés por la vida corporal. Luego el alma se disolverá en el Nirvana o se ligará con el Brahma.
También esta religión, sostiene que llegará un día en que el hombre no existirá más en la tierra, como cuando en un tiempo remoto no existía en el planeta.
Así como el hombre fue evolucionado, desde las formas más primitivas, como las plantas y los peces, llegará un día en el que se convertirá en un súper hombre, un ser superior. El ser humano se encuentra influenciado por las fuerzas cósmicas, y está en plena etapa de evolución. Las fuerzas cósmicas cambiarán la naturaleza actual del hombre, y de esa alma que surgió en un principio, no quedará nada humano.

Creencia de los lamas Tibetanos:

Los tibetanos llaman Bardo al estado después de la muerte de las personas. Éstas, después de la muerte, se hallan en un estado de trance, que dura aproximadamente tres o cuatro días, durante este tiempo, se separa el cuerpo del plano humano. Esta etapa es el primer Bardo, que es llamado Chikkai Bardo o estado transitorio del período del fallecimiento, es acá donde aparece la Clara Luz, que es percibida por el alma en forma kármica, sin capaz de reconocerla aún. El período donde el alma empieza a percibir y reconocer su nuevo entorno, es el segundo Bardo, llamado Chönyid Bardo o Estado transitorio de la realidad. El último Bardo se llama Sidpai Bardo o Estado transitorio del renacimiento, que finaliza cuando renace en el mundo humano, en algún otro mundo o en uno de los reinos paradisíacos celestiales, el principio de la conciencia. La gran doctrina de liberación por medio de la visión y la audición se llama Bardo Thödol, que es el estado sugestivo y típico de todas las experiencias después de la muerte. El ser un humano fallecido, pasa a ser el único observador de un asombroso panorama de las visiones alucinatorias. El muerto, si no es un iniciado, cree que todavía tiene un cuerpo de carne y sangre. A partir del momento que entiende que ya, no tiene ese cuerpo, comienza desesperadamente a desear tener uno y a buscarlo, entra en el estado del renacimiento, cuando el incorpóreo, se convierta en carne. Los únicos que pasan directamente al paraíso o se reencarnan en este mundo de manera conciente y con una continuidad ininterrumpida, sin sufrir las alucinaciones de los Bardos, son los yoguis más iluminados.

Afirmaciones de los que pasaron el umbral:

Son muchos los que luego de haber entrado en una muerte clínica, han descubierto el límite espiritual de la vida y la muerte. La mayoría son estudiados por psicólogos y científicos que confirman esos testimonios. Uno de los casos cuenta, que un joven después de haber entrado en un estado de muerte clínica, debido a una insuficiencia renal y mientras los médicos luchaban por reanimarlo, se vio en un instante, parado y moviéndose rápidamente dentro de un espacio oscuro, que no tenía paredes, pero se parecía a un túnel. Cuenta que a pesar de no saber donde iba, ni para qué, sentía que algo importante lo esperaba al final, por eso deseaba llegar. Una vez en el final, ese lugar estaba lleno de luz, y había un hombre muy alto de cabellos rubios, vestido de blanco y que irradiaba, silenciosamente, una sensación de paz y amor.
Otro caso, cuenta la historia de una niña de nueve años que revivió, luego de padecer una muerte temporal por inmersión. Durante el estado espiritual, esta niña, conoce a una señora muy amable llamada Elizabeth, ésta la recibió afectuosamente y conversó con ella y le explicó que al no estar preparada para el mundo espiritual, no era su hora. Por eso, Elizabeth, quien podría ser su ángel de la guarda, le permitió volver a su cuerpo, en el momento justo que el médico terminaba la reanimación. El estudio de algunas de estas experiencias hace que los hombres de ciencia, hayan cambiado su punto de vista, dejando de lado su escepticismo científico, para estudiar profundamente, que ocurre en el momento justo en que se deja el cuerpo.


La Reencarnación en las Religiones

La idea de reencarnación o palingenesia, término correspondiente del griego palin (de nuevo) y génesis (nacer), concepto por el cual entendemos que el alma de una persona que ha vivido en la Tierra puede volver a tener un cuerpo de nuevo, ya sea en nuestro planeta u en otro de características análogas, está recogido desde los tiempos remotos y encierra el mayor código de Justicia Divina. Encontrando una doctrina completamente consoladora, eminentemente justa, dando sentido a la vida al ser la llave que Dios nos da para nuestra felicidad futura. ( Libro de los Espíritus P.222)

Sócrates y Platón ya eran reencarnacionistas. En países orientales, cuna de estos preceptos, encontramos el Budismo diciendo que; en las vidas posteriores, tendrás las consecuencias de la actual (ley de acción y reacción). Los Druidas, sacerdotes celtas, defendían la inmortalidad del alma y la palingenesia. Los Egipcios eran uno de los pueblos más antiguos que compartían este pensamiento, con grandes conocimientos espirituales. Aunque al igual que Pitágoras, creían en la metempsicosis, siendo esto, que el alma de un hombre podía reencarnar en un animal, por lo tanto estarían retrocediendo dentro de la escala evolutiva. Esta teoría fue rechazada por muchos teólogos como Tertuliano, que compartía pensamientos reencarnacionistas. Fue un líder de la Iglesia y un prolífico escritor, aunque ha sido el Espiritismo quien mejor ha esclarecido esta cuestión. (“El Libro de los Espíritus” P.611 a 613).

En la actualidad encontramos más de treinta y siete religiones y filosofías que aceptan la reencarnación, dos tercios de la población mundial también comulga con esta idea, según estudios de National Geographic, y cada vez está más difundido por occidente.
Existe un temor en muchos opositores por no querer regresar a la Tierra, y situándonos en esta posición, no amamos la vida. Si la gran mayoría de las religiones y doctrinas del mundo defienden que somos espíritus inmortales habitando un cuerpo de carne. ¿Por qué no podemos habitarlo más de una vez?
Dentro de la Iglesia Católica, los primeros cristianos defendían la palingenesia, especialmente los gnósticos, con una visión mucho más introspectiva que retrospectiva, espiritualmente hablando. Orígenes (185 a 254 d.c.), considerado uno de los Padres de la Iglesia, se pronunció muy elocuentemente acerca de la reencarnación, creando una corriente muy fuerte dentro de la misma Iglesia de su época, junto con Santo Tomás de Aquino, fueron uno de los tres pilares de la Teología Cristiana. Dentro del pensamiento de este hombre esclarecido encontramos un punto erróneo, pues pensaba que encarnar siempre era un castigo, olvidando la necesidad de educación de las almas.

Se reunió un sínodo en Constantinopla, en el año quinientos cuarenta y tres, condenando la preexistencia del alma, pero sobre todo querían posicionarse en contra de Orígenes, aunque sería el II Concilio de Constantinopla, del año quinientos cincuenta y tres, el que marcó una fecha histórica, a partir del cual, la reencarnación queda proscrita de los fundamentos eclesiásticos, terminando con la controversia Origenista y abrazando los dogmas de cielo e infierno y las penas eternas. Este concilio fue llevado a cabo tras un contexto realmente curioso e interesante:
El Imperio Romano estaba dividido entre la zona de oriente (Constantinopla), donde residía el Emperador Justiniano y occidente (Roma) lugar en el cual localizamos al Papa Virgilio.
A Teodosia, la mujer del emperador, de extraordinaria belleza y que había sido cortesana, le incomodaban sus antiguas compañeras, ordenando exterminar a más de 500 mujeres, razón por la cual le decían que reencarnaría en esclava negra y tendría muchas muertes violentas para pagar sus pecados. Con gran pavor exigió al Cesar que condenase la reencarnación como doctrina herética, ya que ella no quería reencarnar, tras lo cual Justiniano ordenó al Papa que realizara un concilio en Constantinopla, obligándolo a ir cuando en realidad los concilios se realizaban en Roma. Además muy pocos obispos compadecieron y los que fueron, amenazados por el Papa, para quién los deseos de Teodosia eran ley, votaron tres votos a dos en contra de la preexistencia del alma. A partir de entonces más de un millón de personas fueron asesinadas por defender estos ideales.

Los fundamentos de la reencarnación los podemos observar en muchos de los pasajes de las Escrituras, pero antes de profundizar conviene examinar el origen de los Evangelios. Cristo no ha escrito nada y sus palabras fueron transmitidas de boca en boca. Fue desde el año 60 al 80 cuando aparecen los primeros escritos: Marcos, Mateo, Lucas y posteriormente Juan, no obstante se conocen entre veinte o treinta escritos apócrifos. Comenzaron formando iglesias y grupos cristianos y cada comunidad tenia sus Evangelios con disputas dogmáticas, hasta que Teodosio da la supremacía al Papa Dámaso para poner termino a estas diversidades de opinión, el cual confía a San Jerónimo para que en el año 384 realizara la traducción del Antiguo y Nuevo Testamento, que pasarían a ser las reglas de la Iglesia. Este Santo se encontraba, como él mismo decía, con tantas versiones como copias. Esta traducción oficial “La Vulgata” fue modificada en distintas épocas por orden de los pontífices, como hemos narrado anteriormente, y la mano del hombre quedará presente en los textos.

La doctrina es clara y sencilla en sus principios esenciales de amor y fraternidad, eso nadie lo puede discutir, pero había un sentido oculto en los Evangelios, accesible a los discípulos y los iniciados, con un pensamiento mucho más profundo y una comprensión filosófica; entonces había razones para ocultarlo bajo el mito, el milagro y la parábola, lo que en su doctrina iba a chocar con las ideas reinantes y amenazar a las instituciones políticas y religiosas, por tanto las oscuridades del Evangelio fueron calculadas intencionalmente. Después la política se introdujo en el Evangelio, tras la conversión de Constantino, con lo que el pensamiento profundo se alteró.
Tras este análisis histórico de los textos, podemos comprender por qué, gracias a este sentido oculto de las parábolas, podemos identificar la enseñanza de la reencarnación en palabras de Jesús de Nazaret, cuando bajando del monte los discípulos le preguntaron: “¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?”. Jesús les respondió: “Es cierto que Elías debe venir y que habrá de restaurar las cosas, pero yo os digo, Elías ya vino y no lo reconocieron, sino que lo han hecho sufrir cuanto quisieron. Así también darán muerte al hijo del hombre”. Entonces los discípulos entendieron que hablaba de Juan Bautista. (San Mateo 17:9 al 13). Por lo tanto si Juan Bautista era Elías entonces el espíritu de Elías reencarnó en el cuerpo de Juan el Bautista.

También podemos identificar la transmigración del alma en el dialogo con Nicodemo: ”En verdad, en verdad os digo, nadie podrá ver el reino de Dios si no naciere de nuevo”. Pregunta Nicodemo: “¿Cómo puede el hombre nacer de nuevo siendo ya viejo?”. Explica Jesús: “Si un hombre no nace del agua y del espíritu no podrá entrar en el reino de Dios… (Juan cap3: 1 al 12). En ente pasaje se refiere Jesús claramente a la reencarnación: “Si no naciere de nuevo”.

Por otra parte cuando dice Jesús: “Si el hombre renace de agua y del Espíritu” aunque se crea que se refiere a lo que posteriormente seria el sacramento del bautismo, bajo este simbolismo, cualquier persona analítica identificaría la reencarnación. El cuerpo carnal está compuesto por un 70% de agua aproximadamente, con lo que al decir si el hombre no renace del agua se está refiriendo al cuerpo físico.
En otras circunstancias expone: “Lo que es nacido de carne, carne es y lo que es nacido de espíritu, espíritu es”.

Sólo queda aclarar la controversia con respecto a la “Resurrección”. La resurrección de la carne debemos entenderla como reencarnación, y la resurrección del espíritu, es la inmortalidad del alma. Cuando en los textos nos hablan de la resurrección de Lázaro, el caso de la hija de Jairo (Mateo 9: 18 al 26), y el hijo de la viuda de Naim (Lucas 7: 11 al 17); lo que ocurría técnicamente, era un fenómeno denominado catalepsia ( El Libro de los Espíritus P.422 a 424), por lo que no estaban realmente muertos, sino que permanecían adormecidos. Es contrario a la razón considerar que cuerpos volatizados, despedazados, incinerados…, puedan resucitar en un contexto material. Debemos analizar y mirar con los ojos del espíritu para comprender los textos. Cuando pretendemos estudiarlos literalmente, estamos sesgando nuestro libre albedrío, imponiéndonos barreras mentales de difícil superación tras el sepulcro.

“Nacer, Morir, Renacer de nuevo y progresar sin cesar, tal es la ley”.

Allan Kardec ilumina todas las religiones y filosofías. En la “Revue Spirite” (Mayo de 1858-Nº5 pag.136) nuestro ilustre codificador de Lyon, aclarando al diario L’Univers, dice que: “El verdadero carácter de esta doctrina es el de una ciencia y no el de una religión, y prueba de esto es que entre sus adeptos encontramos hombres de todas las creencias, sin renunciar a sus convicciones…”

León Denís nos dice: “El espiritismo no es una religión, aunque tiene consecuencias morales, pero aparece en el mundo con la antorcha en la mano y su luz va a iluminar y fecundar a todas las religiones. Es una creencia basada sobre hechos, progresa con la humanidad para unir a todos los seres elevándolos a una concepción cada vez más amplia de Dios, del destino y del deber”.

Sin pretender tener exclusivismo, los espíritus nos enseñan que podemos evolucionar por diferentes caminos. En la Tierra estamos encarnados espíritus con diferencia en evolución moral e intelectual, por eso encontramos diversidad de doctrinas, ya que según nuestra matriz espiritual, encajamos mejor en una creencia que en otra y lo que para una encarnación está muy bien, para otra puede resultar insuficiente. Entonces la persona buscará hasta encontrar lo que su razón pueda asimilar.Debemos ser consecuentes con nuestros pensamientos, ya que hay muchas religiones y poca religiosidad.

Querido lector con esta exposición puede sacar sus propias conclusiones, sin ánimo de ofender a nadie, pues todos somos realmente libres de pensar como nos plazca e identificarnos con el pensamiento acorde a nuestra conciencia.

Quería terminar con una frase de Mahatma Gandhi, alma ilustre que legó a la humanidad bendiciones como esta: “Para mi, las diferentes religiones son lindas flores provenientes del mismo jardín o son ramas del mismo árbol majestuoso, por tanto son todas verdaderas”.

Javier Gargallo


El energetismo

El cuerpo físico está compuesto por órganos, los órganos por células, las células por moléculas, las moléculas por átomos. Si nosotros descomponemos un átomo liberamos energía; eso es obvio.

De manera que, en última síntesis, el cuerpo físico se resume en distintos tipos y subtipos de energía.

¿Que hay más allá del cuerpo físico, existirá algo? ¿O seremos tan sólo un montón de carne, sangre y huesos?

Imposible, somos algo diferente, o tenemos algo distinto, pero, ¿qué será? Eso es lo que vamos nosotros a estudiar esta noche…

Obviamente, los científicos conocen la mecánica de las células vivas, pero nada saben sobre el Fondo Vital. Hasta ahora no han podido crear vida.

Si ponemos sobre una mesa de laboratorio las substancias químicas que se necesitan para crear un óvulo y un zoospermo, es decir, un par de gametos masculino y femenino no dudamos de que ellos pueden crearlos. Pero si se une ese zoospermo (creado por ellos, por los científicos), y ese óvulo, estamos absolutamente seguros de que jamás, tales gametos, podrían originar vida. No conocemos realmente ningún Frankenstein, excepto en las películas.

Se han hecho poderosos aviones que vuelan de un lugar a otro de la Tierra, pero no se ha
podido crear una simple semilla vegetal capaz de germinar.

En cierta ocasión, discutía un ateo materialista con un hombre religioso; el ateo se mostraba muy intelectual. El problema era muy sencillo, dijo el primero:

– “¿Quien fue primero el huevo o la gallina? Si fue la gallina, entonces, ¿el huevo de dónde salió? Si fue el huevo, ¿quién lo puso, no fue la gallina?”…

Total, es un círculo vicioso que no tiene terminación nunca. De pronto el religioso se dirigió
al científico y le dijo:

– “¿Usted podría crear un huevo?”.

Contestó el científico:

– “Sí, sí puedo; puedo hacerlo”…

– “¡Pues, hágalo!”

Como quiera que aquel ateo materialista era químico, hizo el huevo. Un huevo perfecto, artificial, más que maravilloso. Ya hecho, le dice el religioso:

– “Ahora echémoslo en una incubadora a ver si sale el pollo”.

Y lo echaron en la incubadora, pero el pollo no salió.

Vean ustedes que la ciencia no ha podido crear vida… De pronto aparece un sabio diciendo:

“Eureka, Eureka, sí estamos creando vida, hemos logrado crear una vida”… Responde el público con una gran carcajada. Realmente lo que han echo es partir de una pobre ameba y unirla, por ahí, a otro pedazo de organismo y sostenerlo durante unas cuantas horas, ¡y eso es todo el escándalo!

Tanto escándalo por un pedazo de ameba mezclada con otro pedazo de otra criatura. Pero, ¿crear la vida? A ver si es cierto que la crean; les ponemos las substancias químicas para que las hagan a ver si las hacen. Jugar con lo que la naturaleza ha hecho no tiene ningún valor, lo interesante sería crear vida y hasta ahora no la han creado.

Entonces, conoce la Ciencia, únicamente, la mecánica de las célula viva, pero no sabe manipular la vida; el Fondo Vital orgánico es el fundamento de la vida…

Los científicos nos podrían hacer transplantes, pero no podrían crear el Fondo Vital. En ese
campo, ellos juegan con lo que ya está hecho, pero no son capaces de hacer.

Podrían, por ejemplo, realizar la inseminación artificial y a una mujer estéril, por ejemplo, insertarle un par de gametos para que se forme dentro de la matriz de ella, una criatura, pero ellos no son capaces de hacer los gametos, aguardan que la Naturaleza se los haga; juegan con lo que ya está hecho.

Hacen, por ejemplo, injertos vegetales, y salen luego frutas grandes, maravillosas, pero con principios vitales adulterados; pero no son capaces de hacer, por ejemplo, una rama vegetal artificial para insertarla en una rama viva y tener con ella un cambio en toda la planta, eso no lo hacen…

Y entonces, ¿con qué autoridad se basan ellos como para negar a la Divinidad? ¿Con qué pruebas quieren que todo el mundo crea firmemente en la Dialéctica Materialista? No pueden demostrarlo; pero el religioso sí pueden demostrarlo; dice que “Dios es el fundamento de todo lo que existe”, y lo demuestra.

La Naturaleza entera sirve de documento para el religioso: aparecen las criaturas por todas partes, surge la vegetación, todo por obra de lo Divinal.

¿Podrían acaso los científicos materialistas refutarle eso al religioso? No hay ninguna forma de refutarlo. Ellos son incapaces de hacer, aunque sea, una simple semilla vegetal capaz de germinar.

Pero si no hacen una semilla vegetal, siquiera, con posibilidades de germinar, entonces, ¿en qué fundamentan sus dogmas materialistas? ¿Con qué bases se atreven a negar lo Divinal?

Obviamente, no tienen bases. Los religiosos han ganado la batalla; eso es obvio, porque los religiosos sí pueden demostrar, pero los científicos materialistas no están demostrando nada, no han podido desplazar a la Divinidad.

Pero, vamos un poco más adelante, después de esta breve digresión. El Fondo Vital Orgánico resulta interesante… Hace poco tiempo en Rusia, los científicos inventaron un lente que les permite ver el Fondo Vital, ahora lo denominan “Cuerpo Bioplástico”. Resulta interesante las fotografías del Cuerpo Bioplástico, que se está estudiando en relación con el organismo, que se está estudiando a parte del organismo…

Claro, el descubrimiento del Cuerpo Bioplástico dio al traste con la Dialéctica Materialista. En estos tiempos se comienza a experimentar, intensivamente, en Rusia, con la Parapsicología.

No hay duda de que la mayor productividad de material didáctico parapsicológico nos llega de Rusia, así no lo está informando las estadísticas. Entonces, significa eso que Rusia está saliendo de ese Materialismo y entrando en una era religiosa. Claro, eso molesta al régimen reciente de la China comunista, y ya ha llamado a Rusia, o se les ha dado a los soviéticos el calificativo de “religionizable”.

Quiero que ustedes sepan que si a una persona se le extrajera el Cuerpo Vital, moriría, eso es obvio. Sin embargo, el Cuerpo Vital no es el Yo, es tan solo el asiento de la vida orgánica; si nosotros fotografiamos el Cuerpo Vital, descubriremos que es el asiento de la vida, una especie de doble organismo, pues cada átomo del Cuerpo Vital, semeja totalmente, a cada átomo del Cuerpo Físico, pero este Cuerpo Vital o Cuerpo Bioplástico (como lo denominan los Rusos), no es el Yo.

Cuando alguien golpea una puerta se le interroga:

– “¿Quién es?’’.

Se le responde:

– “¡Yo!”. Pero bien, ¿qué cosa es el Yo, mis queridos amigos?

Algunas Escuelas suponen que hay dos Yo: uno lo denominan Superior; lo alaban, lo adoran le rinden culto, etc. Otro, es calificado de Inferior; tales Escuelas piensan que el Yo Inferior debe evolucionar hasta integrarse con el Superior…

Mucho se ha dicho también sobre el Yo subliminal del miedo, sin embargo, tenemos nosotros que decir que Yo Superior, Yo Inferior, son tan solo sección superior e inferior de una misma cosa. Tengamos una mesa cualquiera, tiene dos secciones: la superior y la inferior; así es el Yo.

Obviamente, tantas divisiones entre superior e inferior, resultan, en el fondo, completamente absurdas, porque el Yo es el Yo; y eso es todo.

Bien, aquí estamos presentes y cada uno de nosotros tiene su “querido Yo”. Es necesario que sepamos qué cosa es ese Yo. ¿Será Materia? ¿Será Espíritu? ¿Qué será? ¿O será Materia y Espíritu a la vez? Eso es lo que debemos conocer.

Algunos filósofos nos han hablado del Alter Ego, recordemos al Alter Ego de Cicerón… Cada cual es libre de pensar en relación con el Yo: los materialistas pensarán que el Yo es la Materia meramente.

Me parece que esta posición ya ha sido descartada por el nuevo pensamiento Ruso, que es diferente: ahora se da especial preferencia en Rusia, como ya dije, a la Parapsicología. La Dialéctica Marxista Materialista pertenece ya a un pasado, se ha vuelto extemporánea, está fuera de moda.

Se necesita una nueva forma de pensar dialéctica. Posiblemente entremos en el campo del energetismo, aquí, en la Nueva Era.

En todo caso, el Yo es energía, y esto lo puede demostrar la misma Física cuando descompone cualquier átomo: se libera energía, obviamente; si fraccionamos un átomo de almidón, o de hierro, o de aluminio, o de cualquier organismo que sea, incluyendo el humano, liberamos energía.

De manera que, en última síntesis, el organismo se resume en distintos tipos y subtipos de energía.

Por ese camino señalado por Aristóteles con el nombre de Entelequia, llegamos, indubitablemente, a la energía orgánica y a los valores.

El Yo, indudablemente es eso: energía; energía determinada y determinadora de antiguas y nuevas modalidades; energía determinada y determinadora de nuevas ondulaciones vibratorias, y eso está demostrado con cualquier aparato susceptible de captar las vibraciones del terrible Ego.

Energía es energía, ¿quién podría negar la energía? El cuerpo humano también podría volverse polvo (y de hecho se vuelve polvo), pero, ¿estamos seguros de poder destruir la energía? ¿Y habría alguien que haya descubierto algún sistema como para poder aniquilar la energía? ¿No sería alguien que esté aquí presente, en este auditorio?, pues, me gustaría conocerlo; si lo eres, tenga la bondad de ponerse de pie aquél que haya logrado acabar con la Energía Universal; quisiera conocer ese coloso, ese titán; mas, veo que no aparecen, ni por aquí, ni por allá, ni acullá.

La muerte del individuo no resuelve tampoco el problema. “La muerte no es más que una resta de quebrados”: si hacemos la operación ¿qué será lo que habría de continuar? Los valores, ¿verdad? (Y eso lo sabe cualquier matemático) Los valores continúan, pues, y son energéticos; esos valores continúan en el Espacio Psicológico; esos valores mismísimos, constituyen el Ego, el Yo, el mí mismo, el sí mismo.

Puede ser destruido un organismo físico (no importa la raza a la que se pertenezca), pero lo que no podríamos destruir serán los valores energéticos, lo que continúa más allá de la muerte son tales valores.

Mirando las cosas desde otro ángulo diríamos que nosotros somos puntos matemáticos en el espacio, que podemos servir de vehículo a determinadas sumas de valores; de manera que “la muerte no es más que una resta de quebrados”…

Cada uno de nosotros, los aquí presentes, repito, es un punto matemático que sirve de vehículo a determinadas sumas de valores energéticos, y la energía está demostrada; así que el Ego, es energía –es obvio–, determinada y determinadora; es incuestionable.

Pero debemos ahondar un poquito más en la cuestión de los valores. La ira, por ejemplo, sería un valor, la codicia otro valor, la lujuria otro, la envidia otro, el orgullo otro, la pereza otro, la gula otro; estos distintos tipos de valores, podrían analizarse más profundamente y es lo que queremos hacer.

En el Oriente a los distintos tipos y subtipos de valores se les da un calificativo: se les llama “agregados psíquicos”. Tales agregados pueden ser visibles y tangibles mediante técnicas o lentes especiales. Por ejemplo, en el Brasil hay, actualmente, placas fotográficas muy especiales, con las que se han estudiado distintas formas de energías que escapan del organismo humano; se ha podido, por ejemplo, fotografiar un pensamiento, ya se ha podido fotografiar el aura humana (no hay duda que alrededor del cuerpo humano existe aura, eso es indubitable).

En un futuro, los aparatos se perfeccionarán aún más, y se podrán fotografiar los valores energéticos de cualquier organismo, se podrán medir sus vibraciones, etc.

Estamos avanzando en el campo del energetismo: se inventan todos los días lentes cada vez más y más poderosos; hemos llegado a fotografiar el mesón K; hemos descubierto que el mesón K, no se comporta de acuerdo con la Ley de la Paridad. Tenemos entendido que la actividad de un Universo Paralelo, ubicado en una Cuarta Vertical, interfiere ya, directamente, en las zonas del mesón K. Así pues, se avanza en cuestión de óptica y no duden que muy pronto los valores energéticos serán fotografiados.

V.M. Samael Aun Weor


El Ego en el Mito de Osiris

Entre los antiguos egipcios el ego era representado bajo la figura de Seth y sus confederados. Este era el dios de la enfermedad, la tormenta y la confusión. Asesino del grande y buen dios Osiris, es finalmente vengado por el hijo de éste.
La leyenda de Osiris, así como las ceremonias que derivaron de ella, revisten una gran importancia. No sólo fueron el alma de la religión egipcia durante miles de años, sino que constituyen la fuente de inspiración para variedad de versiones y dramas similares que aparecieron por todo el mundo mediterráneo más adelante.
Paradójicamente, no existe un texto egipcio que contenga la relación completa e la leyenda de Osiris. Existen fragmentos grabados en estelas o anotaciones en papiros incompletos, pero es a los griegos, sobre todo a Plutarco, a quienes debemos el conocimiento de una versión completa de la “historia” de Osiris.
Algunos estudiosos opinan que este silencio de los textos egipcios en torno a una figura tan importante en su mundo, se debe a que su culto estaba asociado a una doctrina esotérica transmitida en secreto y vedada por tanto de ser transcrita en los textos oficiales.
Osiris “dios venerable, grande y bienhechor, príncipe de la eternidad” como lo llama un himno, fue generado en la misma forma que las otras deidades, pero está especialmente cerca de los hombres, es su maestro: su mito, sus misterios, su culto, guían la religión de todo Egipto durante miles de años.
Es sagrado, es santo, no se puede aludir directamente a su persona. Heródoto mismo rehusará hablar explícitamente de Aquél.
La leyenda que presentamos a continuación es una versión simplificada para beneficio del lector no técnico, y está basada sobre todo en los autores griegos, aunque también considera las fuentes egipcias, incluso la inscripción del templo de Edfú. Después de haberla revisado, pasaremos al análisis de la misma de acuerdo al sistema propuesto.
LEYENDA DE OSIRIS
Nuit, la diosa del cielo y Sibú, el dios de la tierra, tuvieron cinco hijos: Osiris, Harneris, Seth, Isis y Neftis.
El primero de sus hijos fue Osiris. Tenía un hermoso rostro de piel mate y oscura; era muy alto. Ra, el dios del Sol, su bisabuelo, mando lo llevasen a su corte y lo hizo educar tal y como conviene a un heredero del trono. Osiris creció aún más y más tarde se casó con Isis, su hermana y cuando llegó a ser rey, ella le ayudó activamente en todas sus empresas.
En aquellos tiempos los egipcios eran todavía semi salvajes.
Osiris les enseño a conocer las plantas que podían servirles como alimento, así como la forma de labrar los campos.
Isis, a su vez, los curó y atendió en sus necesidades. Les enseñó a vivir en familia e inventó el arte de tejer.
Osiris les enseñó así mismo el respeto debido a los dioses y el culto que debía rendírseles. Mandó a construir bellísimos templos y finalmente edificó grandes ciudades. Y aún hizo algo más por los hombres. Acompañado por Toth, el Seños de la Voz, les entregó eso tan maravilloso que es la escritura.
Osiris quiso ser también un gran conquistador, pero se adueño de los pueblos con dulzura y persuasión. Partió a través de toda el Asia y de toda a Tierra.
Desde entonces lo llamaron el Ser Bueno, Unnefem: el que se consagra ala salvación de los hombres. Pero estaba destinado a perecer a causa de la ingratitud y el espíritu del mal.
A su lado vivía su hermano: el impío, el violento Seth. Era el tercer hijo de Nuit y tenía la tez blanca y los cabellos rojos, tal como tienen la pelambre algunos asnos (por eso los asnos le han sido consagrados). Era muy violento de carácter, receloso, malvado.
Al regreso de Osiris, tuvieron lugar en Menfis grandes regocijos para festejar al viajero. Seth aprovechó esta ocasión para apoderarse del trono. Cual si fuera un buen hermano, invitó a Osiris a un gran banquete que ofreció en su honor, al que asistieron los oficiales adictos y cómplices de Seth. Mediante un ardid, logró que Osiris se introdujera en un cofre de madera especialmente preparado. En ese momento los traidores sellaron el cofre y lo arrojaron al Nilo.
Isis presa de gran aflicción buscó durante mucho tiempo, sin descansar jamás, el cofre de su amado. Por fin lo encontró en Biblos, Siria.
Entonces Isis se refugió en Buto, la ciudad que la vio nacer. Allí trajo al mundo a Horus y allí lo amamantó y allí creció.
Sin embargo Seth, cazando a la luz de la luna descubrió el cofre en el lugar apartado donde Isis lo había colocado. Al instante descuartizó el cuerpo de su hermano en trozos que dispersó al azar.
La desgraciada Isis, al enterarse de la nueva fechoría, volvió a emprender su doloroso peregrinaje en busca de los restos del cuerpo de Osiris. Poco a poco consiguió recuperarlos.
Cuando al fin recuperó aquellos pobres deshechos, la diosa Isis llamó a Neftis, su hermana, a Horus, su hijo querido, a Toth, el Ibis, y a Anubis, el chacal. Arregló los restos de Osiris, los embalsamó y los transformó en una momia imperecedera. Mediante ritos y fórmulas mágicas consiguieron la resurrección de Osiris.
Después de haber resucitado, Osiris habitó en los islotes arenosos del Nilo, sin envejecer jamás. Más tarde se marcho, cruzó los mares, hasta que al fin se elevo a los cielos, allí en la Vía Láctea. El Sol y la Luna lo iluminan con sus rayos.
Osiris no murió del todo en la Tierra. El hijo de Osiris nació después de la muerte de su padre, Isis lo trajo al mundo en los pantanos del lago Burlos.
Allí lo crió en soledad, sin que nadie supiera donde estaba, para protegerlo de las asechanzas y los ataques de Seth, el malvado. Algunas veces el niño, transformado en halcón, se alimentaba sirviéndose del pico. Horus continuó creciendo, aprendió a leer en los libros y estudiaba los papiros.
Horus se consagró por completo a la tarea de vengar a su padre. Reunió a su alrededor a los egipcios que habían permanecido fieles a Osiris y sin pérdida de tiempo se lanzaron contra los conjurados de Seth.
Estos, sorprendidos por el ataque, se metamorfosearon en gacelas, cocodrilos, serpientes, en fin, todos los animales impuros adictos a Seth.
La guerra no terminaba nunca; el combate continuaba sin que nadie resultara vencedor. Entonces los dioses hicieron comparecer a los dos rivales ante el tribunal y ambos aceptaron como árbitro a Toth, quien falló a favor de Horus.
Sin embargo, esto no puso fin a la lucha. Horus y sus seguidores continuaron combatiendo contra Seth y sus cómplices, los horribles monstruos. Una de las batallas está relatada a lo largo de los muros del templo de Edfú.
Seth escapaba siempre, pero por fin sus compañeros lo abandonaron y huyeron. Horus salió en su persecución y acabó con todos ellos. Desde entonces Horus fue el dueño legítimo de la tierra de Egipto.
A pesar de todo, Seth no ha muerto, a cada hora del día, se reemprende el combate entre los seguidores de Horus, dios de la luz y los servidores de Seth, dios de las tinieblas. Y cada vez que el Sol triunfa sobre las tinieblas y sobre las nubes tormentosas, los hombres celebran la victoria del valiente Horus sobre el odioso Seth, el de las astucias inagotables.
TRANSPOSICIÓN PSICOLÓGICA DE LA LEYENDA DE OSIRIS
Algunos autores han querido ver en este relato simplemente la lucha entre dos clanes, el de Osiris y el de Seth, ubicados al norte y al sur de Egipto respectivamente.
Otros sostienen que “se ha demostrado que existe un Egipto mitológico con sus ciudades y santuarios, una nación celeste que no tiene ningún vínculo con el Egipto geográfico terrestre. Se encuentran estas geografías “místicas” en todas las tradiciones esotéricas y Egipto no es la excepción. La “Jerusalem Celestial” de San Juan es un ejemplo.
Independientemente de que haya tenido o no una filiación histórica, analizaremos desde el punto de vista psicológico la historia en cuestión. Para el efecto procederemos primeramente a reducirla a sus componentes fundamentales y luego a subrayar los aspectos más importantes del desarrollo de la acción.
ELEMENTOS DE REPRESENTACIÓN PSÍQUICA
Los elementos de representación psíquica para la explicación de esta leyenda son los siguientes:

OSIRIS
“Dios venerable, grande y bienhechor”. Civilizador y Maestro, heredero del Sol, fuente de sabidurías, generosidad y poder. Es el verdadero Ser en el hombre.

SETH
Junto a sus “demonios rojos” es el ego pluralizado. El traidor que usurpa el trono de Egipto, nuestra propia tierra psíquica, que por derecho le corresponde a Osiris.

HORUS
La esencia o conciencia libre, no prisionera del “Yo”, fortalecida por las potencias superiores. Pequeña y desvalida al principio, debe crecer y robustecerse para enfrentarse al enemigo. Su carácter espiritual, así como su potencialidad para “ascender a los Cielos”, es inherente a su condición de Halcón. Horus es el dios con cabeza de Halcón, el ave del Sol. El ave simboliza al espíritu. El espíritu santo cristiano bajo la figura de una paloma, el águila azteca, el cóndor inca o el pájaro de fuego indostán nos conducen al cielo infinito.

ISIS
La Madre Divina, siempre virgen. “Dios como madre es amor”: del auténtico amor nace y se nutre nuestra conciencia; sus fuerzas consiguen reintegrar los valores perdidos y dan el vigor e impulso para la lucha que se corona con la resurrección del Ser en el hombre.

ANUBIS
La justicia divina, la ley en nosotros: el verdadero sentimiento de lo correcto y lo incorrecto.

THOTH
El señor del Verbo y del buen juicio.
ACCIÓN
Para facilitar la comprensión y el desarrollo de la acción en el mito, la hemos dividido en tres puntos, a saber:

1) Seth, el impío, con el auxilio de sus cómplices, asesina al noble Osiris, rey de Egipto y usurpa el trono del país. El ego y los yoes “viva personificación de los defectos que nos caracterizan”, fraccionan la conciencia y obstruyen la expresión del Ser, adueñándose de casi todos nuestros procesos psicológicos.

2) Horus, el poderoso hijo de Osiris, reúne a aquellos que permanecen fieles a su padre, se enfrenta a los ejércitos de Seth y logra vengar a su padre, acabando finalmente con el traidor. La esencia, asistida por las fuerzas superiores, debe luchar sin desmayar contra “los elementos indeseables que en nuestro interior cargamos” y erradicarlos de nuestra psiquis.

3) Osiris, nuestra verdadera naturaleza, el Ser, resucita glorioso de entre los muertos. Después de la muerte de los yoes que tienen encadenada nuestra conciencia, ésta, libre y resplandeciente, poderosa, puede retornar a su perdido origen cósmico.

Este es el esquema general que las fuentes egipcias nos revelan en sus escenificaciones sagradas, núcleo de su religión. Un antiguo y precioso registro de este culto data aproximadamente del año 1869 a.C. y procede de la ciudad de Abydos.
“El dios al salir del templo caía bajo los golpes de Seth; se simulaban alrededor de su cuerpo los lamentos fúnebres, se le enterraba según los ritos; después Seth era vencido por Horus, y Osiris, a quien era dad la vida, volvía a entrar en su templo tras haber triunfado de la muerte”
La terrible muerte de Osiris a manos del traidor Seth era ampliamente conocida, y el pueblo compartía el dolor de Isis, la que en paciente y doloroso peregrinaje buscaba los restos de su amado esposo. Muchos himnos que aún se conservan se componen de los lamentos de la desdichada Isis y aquellos lugares que la tradición decía, había recorrido en su tortuosa búsqueda, lo mismo que los sitios donde se creían recogió los pedazos de Osiris, fueron convertidos en santuarios o lugares sagrados.
Mientras tanto el infame Seth y sus ejércitos usurpaban impunemente el poder en Egipto, así como los procesos psíquicos negativos reinan en nuestra vida, dominan nuestro espacio psicológico.
Entonces aparece Horus, la esperanza, el Ave del Sol, la conciencia solar. Reúne a sus seguidores y asistido por los dioses inicia la larga y terrible lucha contra las huestes del violento Seth. Guerra interior que parece interminable pero que termina cuando por fin Seth es vencida y sus ejércitos dispersados y exterminados.
Una vez plasmado el mito en el ritual, la enseñanza que los devotos egipcios recibían era radical: Seth, el ego, debía ser decapitado y sobre su cadáver resucitaría, poderoso, Osiris, el Ser.
Así nos lo muestra el famosos texto litúrgico conocido como “El Papiro Dramático de Rameseum” (1800 a.C.). Este invaluable documento es una especie de guión o libreto para una representación teatral de índole religiosa, basada en el mito de Osiris y Seth.
La decapitación de Seth y sus aliados era presentada en la liturgia quitándole la cabeza a un macho cabrío y a un ganso, animales impuros. Seguidamente estas eran ofrendadas a Osiris.
Osiris, como es conocido, es personificado por el pilar sagrado llamado Djed. El pilar Djed es Osiris mismo. Cuando la columna está tendida en el suelo, es el dios quien está muerto; cuando es ritualmente lazada, la deidad regresa a la vida, resucita. Este gesto ritual nos recuerda aquella frase de los evangelios cristianos que dice: “…y así como Moisés levantó la vara en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado”. Así como aquel otro que ofrece convertir en “columna” del templo a aquel que sea fiel a Dios.
Así pues, Osiris, El Ser, surge de nuevo a la vida. Retorna a la manifestación aplastando el cadáver de Seth decapitado. Primero hay que morir para nacer y hay que nacer para ascender. La virtud y la conciencia deben brotar de los cuellos cercenados de Seth y sus demonios, así como la flor de loto surge inmaculada de entre el fango y la podredumbre.
No es sino entonces cuando el hombre es capaz de recitar el Papiro Nu o confesión negativa. Como podremos ver, sólo el Ser resurrecto, la conciencia imperecedera que ha erradicado de sí cualquier defecto del ego, podrá recitar:

“¡Salve, Dios grande, Señor de la Verdad y de la justicia. Amo poderoso!: Heme aquí, llegado ante ti”.
“¡Déjame pues contemplar tu radiante hermosura! Conozco tu Nombre mágico y los de las cuarenta y dos divinidades que te rodean en la vasta sala de la Verdad-justicia, el día que se hace la cuenta de los pecados ante Osiris; la sangre de los pecadores les sirve de alimento”.
“Tu nombre es: “EL SENOR DEL ORDEN DEL UNIVERSO” cuyos dos ojos son las dos Diosas hermanas”.
“He aquí que yo traigo en mi corazón la VERDAD y la JUSTICIA pues he arrancado de él todo el Mal”.
“No he causado sufrimiento a los hombres. No he empleado la violencia con mis parientes”.
“No he sustituido la Injusticia a la justicia. No he frecuentado a los malos. No he cometido crímenes”.
“No he hecho trabajar en mi provecho con exceso. No he intrigado por ambición. No he maltratado a mis servidores. No he blasfemado de los Dioses”.
“No he privado al indigente de su subsistencia”.
“No he cometido actos exagerados por los Dioses. No he permitido que un servidor fuese maltratado por su amo”.
“No he hecho sufrir a otro. No he provocado el hambre. No he hecho llorar a los hombres mis semejantes”.
“No he matado ni ordenado matar. No he provocado enfermedades entre los hombres”.
“No he sustraído las ofrendas de los templos. No he robado los panes de los Dioses”.
“No me he apoderado de las ofrendas destinadas a los espíritus santificados. No he cometido acciones vergonzosas en el recinto Sacro-Santo de los templos”.
“No he disminuido la porción de las ofrendas. No he tratado de aumentar mis dominios empleando medios ilícitos, ni de usurpar los campos de otro”.
“No he manipulado los pesos de la balanza ni su astil. No he quitado la leche de la boca del niño. No me he apoderado del ganado en los prados”.
“No he cogido con lazo las aves destinadas a los Dioses. No he pescado peces con cadáveres de peces”.
“No he obstruido las aguas cuando debían correr”.
“No he deshecho las presas puestas al paso de las aguas corrientes. No he apagado la llama de un fuego que debía arder”.
“No he violado las reglas de las ofrendas de carne. No me he apoderado del ganado perteneciente a los templos de los Dioses”.
“No he impedido a un Dios el manifestarse. ¡Soy puro! ¡Soy puro! ¡Soy puro!”.
“He sido purificado como lo ha sido el gran Fénix de Herakleópolis”.
“Pues yo soy el Señor de la respiración que da vida a todos los Iniciados el día solemne en que el Ojo de Horus, en presencia del Señor Divino de esta tierra culmina en Heliópolis”.
“Puesto que he visto culminar en Heliópolis el Ojo de Horus, pueda no sucederme ningún mal en esta región, ¡oh Dioses! ni en vuestra sala de la Verdad-justicia. Pues yo conozco el nombre de esos Dioses que rodean a MAAT, la gran Divinidad de la Verdad-Justicia”.

Tomado del libro “Una visión antropológica del ego” de Estuardo Guzmán


Obstáculos

Voy andando por un sendero.
Dejo que mis pies me lleven.
Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorte la silueta de una ciudad. Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae.
Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta ciudad. Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.
Me imagino que todo eso está en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa.
Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso. Temo… dudo.
Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto… Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando.
Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado. Me sorprende un abismo que detiene mi camino. Me detengo. Imposible saltarlo
Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que está allí para construir un puente. Nunca he sido hábil con mis manos… Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo… y resisto.
Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado… descubro el muro. Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños…
Me siento abatido… Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca… No dejaré que el muro impida mi paso.
Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire… De pronto veo, a un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad.
Me recuerda a mí mismo… cuando era niño.
Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja: -¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?
El niño se encoge de hombros y me contesta: -¿Por qué me lo preguntas a mí?
 
Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras… Los obstáculos los trajiste tú.

El té

Un importante catedrático universitario se encontraba últimamente en extraños estados de ánimo: se sentía ansioso, infeliz y si bien creía ciegamente en la superioridad que su saber le proporcionaba, no estaba en paz consigo mismo ni con los demás. Su infelicidad era tan profunda cuan su vanidad. En un momento de humildad había sido capaz de escuchar a alguien que le sugería aprender a meditar como remedio a su angustia. Ya había oído decir que el zen era una buena medicina para el espíritu.

En su región vivía un excelente maestro y el profesor decidió visitarle para pedirle que le aceptara como estudiante.

Una vez llegado a la morada del maestro, el profesor se sentó en la humilde sala de espera y miró alrededor con una clara -aunque para él imperceptible- actitud de superioridad. La habitación estaba casi vacía y los pocos ornamentos sólo enviaban mensajes de armonía y paz. El lujo y toda ostentación estaban manifiestamente ausentes.

Cuando el maestro pudo recibirle y tras las presentaciones debidas, el primero le dijo: “permítame invitarle a una taza de té antes de empezar a conversar”. El catedrático asintió disconforme. En unos minutos el té estaba listo. Sosegadamente, el maestro sacó las tazas y las colocó en la mesa con movimientos rápidos y ligeros al cabo de los que empezó a verter la bebida en la taza del huésped. La taza se llenó rápidamente, pero el maestro sin perder su amable y cortés actitud, siguió vertiendo el té. El líquido rebosó derramándose por la mesa y el profesor, que por entonces ya había sobrepasado el límite de su paciencia, estalló airadamente tronando así: ” ¡ Necio ! ¿ Acaso no ves que la taza está llena y que no cabe nada más en ella ?”. Sin perder su ademán, el maestro así contestó: “Por supuesto que lo veo, y de la misma manera veo que no puedo enseñarte el zen. Tu mente ya está también llena”.

Por: Marc E. Boillat de Corgemont Sartorio

El sabio

Un sabio, cierta tarde, llegó a la ciudad de Akbar. La gente no dio mucha importancia a su presencia, y sus enseñanzas no consiguieron interesar a la población. Incluso después de algún tiempo llegó a ser motivo de risas y burlas de los habitantes de la ciudad.

Un día, mientras paseaba por la calle principal de Akbar, un grupo de hombres y mujeres empezó a insultarlo. En vez de fingir que los ignoraba, el sabio se acercó a ellos y los bendijo.

Uno de los hombres comentó:

– “¿Es posible que, además, sea usted sordo? ¡Gritamos cosas horribles y usted nos responde con bellas palabras!”.

“Cada uno de nosotros sólo puede ofrecer lo que tiene” -fue la respuesta del sabio-.


Para pensar…

Escoge la montaña que deseas subir, no te dejes llevar por los comentarios de los demás, que dicen “ésa es más bonita”, o “aquélla es más fácil”. Vas a gastar mucha energía y entusiasmo en alcanzar tu objetivo, y por lo tanto eres tú el único responsable y debes estar seguro de lo que estás haciendo.

Saber como llegar hasta ella. Muchas veces, vemos la montaña de lejos, hermosa, interesante, llena de desafíos. Pero cuando intentamos acercarnos, ¿qué ocurre? Que está rodeada de carreteras, que entre tú y tu meta se interponen bosques, que lo que parece claro en el mapa es difícil en la vida real. Por ello, intenta todos los caminos, todas las sendas, hasta que por fin un día te encuentres frente a la cima que pretendes alcanzar.

Aprende de quien ya camino por allí. Por más que te consideres único, siempre habrá alguien que tuvo el mismo sueño antes que tú, y dejó marcas que te pueden facilitar el recorrido; lugares donde colocar la cuerda, picadas, ramas quebradas para facilitar la marcha. La caminata es tuya, la responsabilidad también, pero no olvides que la experiencia ajena ayuda mucho.

Los peligros, vistos de cerca se pueden controlar. Cuando empieces a subir la montaña de tus sueños, presta atención a lo que te rodea. Hay despeñaderos, claro. Hay hendiduras casi imperceptibles. Hay piedras tan pulidas por las tormentas que se vuelven resbaladizas como el hielo. Pero si sabes dónde pones el pie, te darás cuenta de los peligros y sabrás evitarlos.

El paisaje cambia, así que aprovéchalo.
Claro que hay que tener un objetivo en mente, llegar a lo alto. Pero a medida que se va subiendo, se pueden ver más cosas, y no cuesta nada detenerse de vez en cuando y disfrutar un poco del panorama alrededor. A cada metro conquistado, puedes ver un poco más lejos; aprovecha eso para descubrir cosas de las que hasta ahora no te habías dado cuenta.

Respeta a tu cuerpo. Sólo consigue subir una montaña aquél que presta a su cuerpo la atención que merece. Tú tienes todo el tiempo que te da la vida, así que, al caminar, no te exijas más de lo que puedas dar. Si vas demasiado deprisa, te cansarás y abandonarás a la mitad. Si lo haces demasiado despacio, caerá la noche y estarás perdido. Aprovecha el paisaje, disfruta del agua fresca de los manantiales y de los frutos que la naturaleza generosamente te ofrece, pero sigue caminando.

Respeta tu alma. No te repitas todo el rato “voy a conseguirlo.” Tu alma ya lo sabe. Lo que ella necesita es usar la larga caminata para poder crecer, extenderse por el horizonte, alcanzar el cielo. De nada sirve una obsesión para la búsqueda de un objetivo, y además termina por echar a perder el placer de la escalada. Pero atención: tampoco te repitas “es más difícil de lo que pensaba”, pues eso te hará perder la fuerza interior.

Prepárate para caminar un kilómetro más. El recorrido hasta la cima de la montaña es siempre mayor de lo que pensabas. No te engañes, ha de llegar el momento en que aquello que parecía cercano está aún muy lejos. Pero como estás dispuesto a llegar hasta allí, eso no ha de ser un problema.

Alégrate cuando llegues a la cumbre,llora, bate palmas, grita a los cuatro vientos que lo has conseguido, deja que el viento allá en lo alto (porque allá en la cima siempre hace viento) purifique tu mente, refresca tus pies sudados y cansados, abre los ojos, limpia el polvo de tu corazón. Piensa que lo que antes era apenas un sueño, una visión lejana, es ahora parte de tu vida. Lo conseguiste.
Haz una promesa .Aprovecha que has descubierto una fuerza que ni siquiera conocías, y dite a ti mismo que a partir de ahora, y durante el resto de tus días, la vas a utilizar. Y, si es posible, promete también descubrir otra montaña, y parte en una nueva aventura.

Cuenta tu historia. Sí, cuenta tu historia. Ofrece tu ejemplo. Di a todos que es posible, y así otras personas sentirán el valor para enfrentarse a sus propias montañas.”

Paulo Coelho